El deslizamiento político hacia la derecha en Cantabria, apenas constituye en realidad un fuerte cambio en el signo político del electorado. Es el resultado de la caída del icónico personaje Miguel Angel Revilla, el hasta ahora presidente de la Comunidad Autónoma y líder del partido regionalista PRC. Supone el primer paso en el hundimiento de su formación política que ha pasado de tener 14 escaños en el parlamento a los 8 obtenidos en la presente legislatura. Una caída de un 54,7%, que le impide reeditar el pacto que ha mantenido con el PSOE para gobernar Cantabria y que marca el inicio de su final político. Y, lo que es aún más significativo, ha perdido la mayoría en 18 de los municipios rurales en que dominaba, algunos de los cuales debido al paso del anterior alcalde y candidato a las filas del PP con anterioridad a la convocatoria de elecciones.
El Partido Regionalista Cántabro (PRC), fundado en el año 1978, es una formación populista que dice orientar su acción “a la escucha del pueblo”, teniendo siempre en cuenta la defensa del “progreso y la aplicación de la autonomía de Cantabria” . Ha pactado tanto con el PP como con el PSOE, aunque sólo este último le cedió la presidencia del gobierno. Con una ideología “ni de izquierdas, ni de derechas”, presume de ciertos tonos progresistas en defensa de la justicia social y presenta un fuerte carácter personalista. Su base son los sectores conservadores de la pequeña burguesía de la Comunidad, especialmente sectores ganaderos y turísticos (hosteleros). Su política desde la presidencia ha estado marcada por el gracejo de su presidente y la creación de redes clientelares usando la obra pública y las subvenciones de la PAC. El desgaste político de su gobierno en las últimas legislaturas, la pérdida de credibilidad de su propuesta política, residenciada en las mismas fórmulas del pasado, la defensa de lo rural y del sector ganadero y el énfasis en las conexiones del AVE a Madrid o del tren a Bilbao, obviando problemas como el cambio climático; su implicación en escándalos de corrupción, así como el desgaste de la figura de Revilla, que ha seguido en la brecha, sin sustituto alternativo, hasta los 80 años, todo esto ha llevado al abandono paulatino de su base social, que en tiempos de incertidumbre abraza fórmulas más conservadoras y seguras para el mantenimiento de los privilegios que antes le garantizaba el PRC.
El PP es el claro vencedor junto a Vox. Puede gobernar la autonomía en minoría o, con Vox, en mayoría absoluta, aunque en estos últimos días Revilla ha mostrado su predisposición a facilitar su investidura. Recoge los votos de Ciudadanos y del PRC, el primero de los cuales desaparece de la escena política.
Por su parte, Vox consigue 35.625 votos y pasa de 2 a 4 escaños en el Parlamento autonómico. De estar en 3 ayuntamientos obtiene presencia en 19, algunos tan importantes y referenciales para la izquierda como Torrelavega, Reocin, Reinosa, Camargo, los Corrales de Buelna y Castro Urdiales.
El PSOE consigue 1 escaño más en el Parlamento Autonómico, insuficiente para reeditar su pacto de gobierno con el PRC; en líneas generales pierde ediles en los Ayuntamientos y tendrá que ceder alcaldías relevantes como Camargo, Santa Cruz de Bezana y Piélagos.
Podemos e IU, a pesar de sus expectativas, incapaces de extraer ninguna lección de los límites institucionales y del escaso impacto de las ya limitadas medidas sociales de su gobierno con el PSOE en el Estado español, basaron su campaña en acceder al gobierno autonómico, incluso pactando con el PRC, porque según ellos era “la forma de cambiar las cosas”. No han conseguido acceder al parlamento y retroceden en votos con respecto a las anteriores elecciones. A nivel municipal, mantienen el concejal del Ayuntamiento de Santander y, aunque consiguen concejales en Laredo, Reocin o Torrelavega, los pierden en otras localidades y en general muestran una tendencia al retroceso en representación y apoyos.
En cuanto a los ayuntamientos, en los que se advierte un desplazamiento de votos desde el PRC al PP, es interesante reseñar lo ocurrido en el Ayuntamiento de Torrelavega, donde aparte de la victoria del PP y la entrada de Vox con dos concejales, desaparece una candidatura de izquierdas en torno a la Asamblea Ciudadana por Torrelavega (ACPT), que tenía dos concejales y cuyo proyecto estalló poco antes de la presentación de la candidatura a las elecciones. Sus concejales han ido a parar a IU-Podemos, que no tenía representación, aunque no recoge la totalidad de los votos de aquella. La crisis de ACPT, sostenida desde viejas fórmulas estalinistas y personalistas, presentaba cierta respuesta social y radical a las políticas del PSOE-PRC en el ayuntamiento, que no llenarán las políticas más gobernistas de IU-Podemos.
Finalmente aparece un partido como Cantabristas, un fenómeno gelatinoso producto de los tiempos que corren, que se presenta para “defender nuestros pueblos, nuestros paisajes, nuestra cultura y nuestros servicios públicos”, así como “contribuir democráticamente a la formación de la voluntad política del pueblo cántabro”. Consigue 5.470 votos en el parlamento de Cantabria, provenientes de una juventud despolitizada y descontenta con el papel de los partidos de izquierdas.
Así pues, se presenta un panorama nada alentador, que muestra, como en el resto del Estado, la vuelta al bipartidismo, con un refuerzo importante de las derechas del PP y de VOX, el PSOE en caída y el inicio del fin de un partido como el PRC y de su actual presidente. Con una izquierda triturada y en retroceso, se han cerrado las expectativas progresistas que abrió el ciclo electoral de 2015. Con este panorama y en medio de una crisis económica y social persistente, en donde sectores crecientes de la clase trabajadora ven empeorar sus condiciones de vida, toca extraer balance de los límites institucionales y la necesidad de reorganizarse bajo un proyecto ecosocialista y feminista que impulse la recomposición del tejido social y sindical para enfrentar al capitalismo.
Mar Sangrador, militante de Anticapitalistas Cantabria