Las elecciones presidenciales del 25 de mayo no estabilizarán el país. Es preciso que la población de todas las regiones se pronuncie sobre las principales opciones y determine sus derechos sociales y nacionales sobre la base de la independencia del país.

Tras la caída del presidente Yanukovich se ha pasado de una fase de movilización, de una población que en gran parte desconfiaba de todos los partidos, a un gobierno de partidos desacreditados que hablan en su nombre; de ahí también la sobrerrepresentación de los componentes más organizados en el seno del movimiento, la derecha y la extrema derecha, implantadas principalmente en el oeste y el centro del país. Esta reducción refuerza la tesis de “golpe de Estado fascista” apoyado por Occidente contra Rusia y de su amenaza para las poblaciones rusófonas, a las que Putin acude a defender.

Esta tesis maniquea, como lo demuestra la búsqueda de salidas negociadas de la crisis en el plano internacional, oculta un orden mundial menos binario y, también, una situación interna más abierta a diversas posibilidades. El predominio de la lengua rusa, los lazos económicos (de comercio o de empleo) con Rusia e incluso la nostalgia de la URSS que caracteriza a las regiones industriales del este, no implican forzosamente que el régimen de Putin resulte atractivo ni que la población de esas regiones sea insensible a las movilizaciones de Maidán, y todavía menos la ausencia de un sentimiento nacional ucraniano. Las manifestaciones de Maidán, lejos de ser simplemente “proeuropeas”, adquirieron un carácter masivo como protesta contra las prácticas presidencialistas y autoritarias del régimen, la corrupción y la represión, temas sensibles en toda Ucrania. Lo que hace falta es que las poblaciones de las regiones orientales no se sientan amenazadas por las decisiones de Kiev en el aspecto socioeconómico y lingüístico.

A pesar de la proclamación de una “República nacional de Donbass”, acompañada de la ocupación de edificios públicos por grupos militantes “violentos” (ahora calificados de “terroristas” cuando lo que hacen es reproducir lo que las fuerzas radicales de Maidán ya hicieron en Kiev o en las regiones occidentales y del centro del país/1), nada está decidido del todo. A diferencia de Crimea, las poblaciones rusófonas ucranianas de estas regiones votaron masivamente por la independencia en 1991, y si no se han movilizado ampliamente en la estela de Maidán, tampoco lo han hecho en contra. Incluso las recientes ocupaciones de edificios públicos y los llamamientos a celebrar referendos parecen ser obra de fuerzas “prorrusas” minoritarias. Sin embargo, la opción final de esta población dependerá de las respuestas socioeconómicas y políticas de Kiev.

Putin ha aprovechado las prácticas agresivas de la extrema derecha y el voto malhadado que abolió el estatuto de la lengua rusa (aunque su aplicación fue bloqueada rápidamente por el presidente interino) para precipitar un referendo en Crimea. Las poblaciones locales no han tenido tiempo ni medios para darse cuenta de que no estaban amenazadas por Maidán y por Kiev, pero Maidán y el nuevo gobierno, o el parlamento que destituyó por mayoría a Yanukovich, no han hecho nada por asociar todas las regiones del país a un proyecto de consolidación democrática, sino todo lo contrario. Para ello habría hecho falta –haría falta– zafarse de las oposiciones binarias explosivas, acompañadas de la guerra verbal entre Moscú y Bruselas, que amenazan con desatar una nueva guerra del gas o incluso enfrentamientos violentos.

Afrontar los problemas reales y rechazar la guerra

La primera guerra que hay que rechazar es la de las propagandas mentirosas, la guerra verbal de las grandes potencias (y de sus coros políticos o mediáticos), tanto si se trata de Rusia como de las instituciones euroatlánticas. La percepción de los peligros explosivos en Ucrania, en un contexto que ya no es el de la guerra fría, ofrece sin embargo la oportunidad de una salida negociada; pero para ello hay que poner las cosas en su sitio, sacando a relucir los problemas reales que están en el origen de la crisis desde el mes de noviembre.

Yanukovich fue elegido en un proceso, calificado internacionalmente de correcto, a favor de una orientación de “neutralidad” del país. Lejos de ser simplemente “prorruso” trató de preservar la independencia de Ucrania equilibrando las dependencias, incluso con respecto a China. La causa de su creciente descrédito y de su caída fue su propia política tal y como era vista por la población: por un lado, las prácticas cada vez más presidencialistas y autoritarias de la “familia” oligárquica que él encarnaba y, por otro, el enriquecimiento personal frente al empobrecimiento del país, por mucho que también hubiera bastantes otros oligarcas amasando fortunas; también, su manera de tomar decisiones y de ejercer presiones personales, como su decisión de no firmar el acuerdo de asociación con la UE sin ningún debate en el parlamento, sin ningún mandato por parte de éste y después de haber hecho campaña a favor del mismo; sus negociaciones opacas con la extrema derecha; la violencia de sus diversas fuerzas de seguridad; sus vacilaciones entre la negociación con los dirigentes de la oposición (y con los manifestantes) y la criminalización y los ataques mortales contra las protestas… Sin duda, fue el ataque que causó decenas de muertes entre el 18 y el 20 de febrero el que dio al traste con todas las conversaciones en la cumbre frente a una muchedumbre que exigía la destitución del presidente.

Desde entonces no han cesado las acusaciones recíprocas con respecto a los responsables de aquellos hechos, que hicieron que bastantes oligarcas y diputados de la mayoría se volvieran en contra del presidente y se pusieran del lado de Maidán. Los primeros resultados de la investigación iniciada al respecto acusan a las fuerzas de seguridad comandadas por Yanukovich y la implicación de Rusia (que Moscú niega)/2. El parlamento ucraniano ha solicitado a la Corte Penal Internacional una investigación y una orden de detención contra Yanukovich. La legitimidad de la elección de un presidente no impide su caída antes de plazo, igualmente legítima, aunque se haya producido sin elecciones de por medio.

Pero también hay que poner en evidencia el desastroso callejón sin salida en la que metía a Ucrania la “Asociación Oriental” propuesta por la UE, forzándola a elegir entre la firma de unos acuerdos de asociación ultraliberales (sin adhesión a la UE) o las relaciones económicas con Rusia/3. Si el presidente ucraniano hubiera denunciado estos dilemas ante el parlamento y el conjunto de la población, si hubiera permitido un debate sobre las distintas opciones poniendo de manifiesto los efectos de los diferentes acuerdos para el país –sea con la UE, con el FMI o con Rusia–, no cabe duda de que seguiría en el poder. Asimismo podría haber apoyado mediante movilizaciones populares su repetida demanda de negociación entre Ucrania, Rusia y la UE, rechazada en noviembre por la UE y ahora propuesta por EE UU y Rusia.

Esta última prefiere de lejos la negociación a la guerra. Las cuestiones a tratar serían, por un lado, la venta de energía –la dependencia actual de la UE con respecto al gas ruso también supone para Moscú un mercado esencial– y, por otro, la neutralidad militar de Ucrania fuera de la OTAN, previa retirada de las tropas rusas de las fronteras ucranianas. Sin embargo, también hay que plantear la posición de Ucrania entre la UE y Rusia. Es una cuestión tanto externa como interna: la economía y las poblaciones del oeste y del centro están más relacionadas con la UE, mientras que las del este lo están con Rusia (tanto en materia de empleo como de intercambios comerciales). Sin embargo, la firma de un acuerdo de libre comercio con la UE en el marco del proyecto de “Asociación Oriental” significa, además del desmantelamiento de los restos del Estado social en Ucrania, su definitiva desindustrialización, sin duda desastrosa para las regiones orientales. No es evidente que Putin quisiera recuperar esas empresas totalmente caducas. Una cosa distinta sería apoyarse en la presión de esas regiones a fin de establecer garantías para la distribución de gas hacia la UE, de la que un 80 % pasa por Ucrania.

Moscú prepara y quisiera imponer un proyecto de constitución, del mismo modo que las potencias euroatlánticas redactaron la de Bosnia en Dayton... Propugna la creación de una federación abierta, formada por entidades regionales con capacidad para mantener relaciones con los Estados vecinos. Contrariamente al desastre de Bosnia-Herzegovina, es preciso que el conjunto de la población ucraniana se asocie a una verdadera Asamblea Constituyente. Lejos de ser un paso hacia su desmembramiento, el reconocimiento de la diversidad del país, en un contexto en que la población sigue apegada masivamente a su independencia, podría garantizar la estabilidad. Es ante todo la igualdad de derechos sociales y nacionales en todo el territorio y para toda la población, en la diversidad de lenguas, la que puede consolidar el país.

Lejos de los tambores de guerra, parece que "Austria -que preside el Consejo Europeo- está realizando consultas bilaterales sobre la neutralidad de Ucrania tanto con Rusia, como con algunos de los candidatos a la presidencia de Ucrania y con Suiza, que ahora mismo ostenta la presidencia de turno de la OSCE/4. El primer ministro ucraniano Arseni Yatseniuk no se ha opuesto a una nueva Constitución que permita cierta "descentralización" del país.

Incluso si Putin está muy mal situado para dar lecciones de democracia, es necesario tomar al pie de la letra su propuesta de consulta popular; no como en Crimea, bajo el despliegue de las tropas rusas, sin debate y sin opciones plurales sino en base a una autoorganización pluralista de masas de la población de todas las regiones asociadas en una Asamblea Constituyente ucraniana.

Si ese fuera un escenario posible, sería preciso una fuerza política para ponerla en práctica. ¿Existe esa fuerza política en la escena ucraniana?

Cambio de fase y mutaciones

Todos los partidos sufren los efectos de Maidán. Y se pasa de un oligarca a otro…/5.

En la práctica, el Partido de las Regiones está en proceso de descomposición (o de recomposición opaca), con visibles divisiones internas sobre el camino a adoptar heredadas del viejo régimen: las negociaciones entre Rusia y la UE -jugando con unos y otros para aumentar el precio de la subasta- han alimentado las dudas en su seno entre la búsqueda de compromisos negociados o la imposición de un estado de guerra y la represión frontal de las manifestaciones. Finalmente, sobre todo tras las oleadas represivas, la mayoría de diputados del Partido de las Regiones basculó del lado de Maidán y contra Yanukovich. Pero, en ausencia de elecciones legislativas es difícil medir sus consecuencias prácticas.

El PC ucraniano, que ha conocido diversas crisis y mutaciones desde la caída de la URSS, es víctima tanto de su herencia estalinista como de sus propias decisiones ambivalentes. Aún cuando en las últimas elecciones alcanzara cerca del 10% de votos (fundamentalmente en las regiones del Este y entre la población más anciana), situándose muy cera del partido de extrema derecha Svoboda, por el momento sigue siendo marginal, sin que se sepa a ciencia cierta el nivel de su presencia en las regiones del Este: fue neutralizado por el régimen de Yanukovich cuando quiso marcar distancias con el mismo llamando a un referéndum sobre el Acuerdo de Asociación con la UE y se posicionó abiertamente contra Maidán al que asimiló a su ala extrema-derecha, de la que recibía agresiones y amenazas físicas. Votando a favor de las leyes que criminalizaban en bloque las movilizaciones en Maidán en enero de 2014, rompió con las masas que protestaban y con la izquierda de Maidán. Señalarlo no implica, de ningún modo, aceptar la violencia de la extrema derecha ni justificar la prohibición de este partido.

En cuando a la extrema derecha, ya se trate del partido Svoboda (Libertad) o de los reagrupamientos en el seno del Pravyi Sektor (Sector de derecha), construye su popularidad más sobre su capacidad de estructurar acciones como la toma por asalto de edificios públicos o la de defensa de las manifestaciones contra la violencia de los Berkut (milicias del régimen) que sobre sus programas. Pero la transición de los asaltos a las elecciones o de la calle al gobierno -con dos ministros (un tercero dimitió) además de un Procurador General- no es banal. Los diplomáticos occidentales, tan contentos a la hora de mostrar su apoyo hipócrita al Maidán "proeuropeo" hasta la caída de Yanukovich, sin disociarse de la extrema derecha y de sus prácticas, actualmente están confrontados a partidos que resultan embarazosos, aunque éstos, por su parte, están en plena evolución.

De una parte, y según sus componentes o incluso en el seno de los mismos, pueden pasar "del buzo al traje"/6 y avanzar hacia el objetivo de adquirir una "respetabilidad" en vista de las alianzas, del reconocimiento internacional y de escaños en el parlamento pero, de otra, o según otros componentes, existen resistencias a la institucionalización. La extrema derecha, tanto en Ucrania como a nivel internacional, si bien se caracteriza como tal por su matriz racista, se diferencia también en función del "enemigo principal" del momento y del perfil ideológico que funda la "nación"/7.

Las tensiones aumentan entre el ministro del interior Arsen Avakov y Pravy Sektor: tras el desmantelamiento de los Berkut, el parlamento ha exigido el desarme de los militantes de ese partido y de todo grupo paramilitar. Pravy Sektor, por su parte, acusa a Avakov de dar cobertura al asesinado de un dirigente de su organización, Olesksandr Mouzytcho, encontrado acribillado a balas el 24 de marzo, que como Dimitri Yarosh (otro dirigente suyo) era objeto de acusaciones de Moscú y de una orden de arresto internacional como sospecho de alentar atentados antirusos, sobre todo en Chechenia.

Pero en la práctica, Pravy Sektor, cuyos miembros no dudan en exhibir las siglas SS, se ha transformado en un partido político y su comandante en jefe, Dimitri Yarosh, se ha declarado candidato a la presidencia del país. Para contrarrestar la propaganda de Moscú dirigida a las poblaciones rusófonas, en las regiones del Este pone el acento sobre la independencia de Ucrania y su neutralidad frente a cualquier acercamiento con la "decadente" UE/8 o con Rusia. El otro partido de extrema derecha, Svoboda, que cuenta con más del 10% de escaños en el parlamento, se ha posicionado contra los rusófonos "asiáticos" y a favor de una Ucrania "europea", al precio de una ruptura con el Frente Nacional del que estaba próximo. En Internet, en los análisis de la derecha rusa contra el "golpe fascista" de Kiev domina la tesis de complot judeo-internacional sospechoso de infiltrar todas las formaciones "proeuropeas". Pero los sondeos indican sobre todo una pérdida de influencia de Svoboda de la que Pravy Sektor podría verse beneficiado en las elecciones locales o legislativas. No obstante, por el momento, su candidato a las presidenciales no alcanza más que el 2% de los votos.

Elecciones presidenciales sobre el telón de fondo de la catástrofe económica

El miércoles 28 de marzo, Moscú anunció la anulación unilateral de todas las "ayudas" otorgadas en diciembre al presidente Yanukovich para que renunciara a firmar el acuerdo de asociación con la UE. Esto significa, de una parte, la puesta en cuestión del préstamo ruso de 15.000 millones de dólares y, de otra, que en adelante Ucrania deberá comprar el gas ruso al precio 485 dólares los 1000m3 frente a los 268 dólares anterioes. Teniendo en cuenta el retraso en el pago, Moscú calcula las deudas de Ucrania con Rusia en 11.000 millones de dólares.

El arriesgado juego de ajedrez ruso combina, como en Crimea, la presencia de tropas con las ofertas tarifarias ventajosas a las poblaciones rusófonas. La UE deja en manos del FMI la tarea de "salvar" el país de la suspensión de pagos por medio del incremento del 50% del precio de la energía y de la congelación de los salarios y de las pensiones de funcionarios, junto a las amenazas de la guerra del gas.

EL FMI acordará, un préstamo de cerca de 15.000 millones de dólares al país, negociando al cabo de dos años otros posibles nuevos tramos que lleguen hasta alcanzar 28.000 millones de dólares; una ayuda que deberá servir… para pagar el gas ruso, mientras que los oligarcas quedan exentos de impuestos.

Justamente, son estos oligarcas quienes controlan el poder y los partidos en Ucrania, lo que da al país un cierto pluralismo, incluso mediático, en contraste con Rusia donde el Estado de Putin controla a los oligarcas. Y el descrédito de los partidos, sin que aún emerjan alternativas creíbles a partir de las movilizaciones populares, da peso a los "outsiders" políticos que prometen el oro y el moro…, y una cierta moderación: según estimaciones del sociólogo Volodymyr Ishchenko, en Kiev, "el candidato más serio a la elección presidencial del 25 de mayo no es otro que el Sr. Petro Prochenko, el "rey del chocolate", uno de los hombres más ricos del país…"/9, a favor de quien viene a desistir el antiguo boxeador Klichkó. La impopularidad de los presumidos "dirigentes" de Maidán va camino de confirmarse, incluso para la antigua presidente, Yulia Timoshenko, figura emblemática de la "revolución naranja" de 2004, y de quien la UE confiaba en su popularidad.

Estando todo eso en cuestión, las elecciones presidenciales, en caso de que se den, no lograrán pacificar el país. Porque el país está al borde de la explosión; si bien sería posible lograr destensarla a condición de que todas las poblaciones se siente defendidas y protegidas en plan de igualdad. Es necesaria una amnistía para todos los manifestantes en todas las regiones a condición de que cese la violencia, y redirigir las movilizaciones hacia temas comunes a toda la población; ¿qué derechos sociales y nacionales en la diversidad de un país unificado?

Otros Maidán, esta vez extendidos por todo el país, podrían desarrollar estos temas. La ventaja de Ucrania es la popularidad que tiene su independencia en la diversidad de las culturas. Pero se trata de un Estado joven. No podrá consolidarse sin una implicación profunda de toda su población contra todo tipo de dominación, tanto internas como externas.

10/04/2014

Notas

1/ Leer Le Monde, “Les prorusses de Donetsk veulent rejouer Maidan”, de Piotr Smolar, 10/04. Ukraine : les prorusses de Donetsk veulent rejouer Maïdan http://www.alvinet.com/actualite/ar...

2/ Ucrania implica a Ianoukovitch y a Russie en las matanzas … tempsreel.nouvelobs.com

3/ Leer "La société ukrainienne entre ses oligarques et à sa Troika"

4/ Neutralidad militar: Autriche aconseja a Ucrania | International | RIA … fr.ria.ru/world/20140331/200843403.html ?

5/ Le Monde Diplomatique, avril-2014, "l"Ukraine, d"une oligarchie à l"autre », de Jean-Arnault Dérens y Laurent Geslin www.monde-diplomatique.fr/20...

6/ Leer Le Monde: « les nationalistes ukrainiens, du treillis au costume », 28/03 www.actualite24h.com/.../les... ?

7/ Leer Le Monde Diplomatique, abril 2014, Corentin Léotard, Le national-conservatisme s"ancre dans la société hongroise.

8/ http://www.youtube.com/watch?v=ED0D...

9/ Cf. nota 5, "Ukraine, d"une oligarchie à l"autre”.

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