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TRIBUNAVIENTOSUR
Un debate “nacional” bajo el síndrome de Podemos
27/02/2015 | Jaime Pastor

¡Hay que renovar el aire, huele a muerto!”, El Roto

En efecto, como diagnostica acertadamente el lúcido viñetista de El País, el mal llamado “debate sobre el estado de la nación” ha sido en esta ocasión un espectáculo percibido por una mayoría de la sociedad como el último acto de un Parlamento cuya representatividad ha ido deteriorándose de manera acelerada desde que las pasadas elecciones europeas anunciaron el principio del fin del bipartidismo dinástico. El ya viejo eslogan “No nos representan” ha vuelto a estar presente en el inconsciente colectivo de esta institución, asociado al fantasma de Podemos y, ahora también, al de un Ciudadanos que empieza a abrirse camino con la ayuda de algunos medios y en perjuicio de UPyD y del PP.

Comenzó Mariano Rajoy con su visión idílica de la realidad económica y social española, recurriendo al fetiche del “crecimiento económico” y al eufemismo de la “recuperación”, queriendo ocultar que estamos pagando todavía el “rescate” bancario y que nos encontramos a la cabeza de la eurozona en cuanto al grado de desigualdad social que han ido profundizando sus políticas austeritarias durante los últimos años. Junto a ese optimismo interesado dedicó apenas dos minutos a la corrupción y mostró de nuevo su disposición a recurrir al fundamentalismo constitucional frente al desafío catalán. Eso sí, como estamos en tiempos preelectorales, hizo las promesas de rigor, incluida la creación de tres millones de empleos, el apoyo a sectores como el automóvil y las infraestructuras y varios guiños a esa parte de la autodenominada clase media que todavía se resiste a reconocer que el ascensor social ha dejado de funcionar.

No debemos menospreciar, por desgracia, la intensa labor propagandística que desde medios como una televisión pública cada vez más degradada se está haciendo para que ese relato interesado de que “estamos saliendo de la crisis” vaya calando en una parte de la población que se ubica dentro del “votante económico” y que ansía ver luz al final del túnel. Esta ilusión, unida a la movilización de su base electoral mediante el miedo a Podemos y la defensa de la unidad de España, podría ayudar al PP a mantenerse como el primer partido de ámbito estatal en las encuestas.

Pedro Sánchez se estrenó como portavoz del PSOE para hacer una crítica documentada de los estragos sociales que ha provocado el gobierno del PP, obviando el papel de Rodríguez Zapatero desde mayo de 2010 en ese camino de servidumbre voluntaria a los poderes financieros, a Merkel y a la troika, así como los pactos que han ido suscribiendo PP y PSOE. Entre éstos, el más lamentable es el que le ha llevado a firmar, con el pretexto de los atentados en París, una nueva reforma “antiterrorista” que, además de seguir ampliando la lista de figuras a incluir en la “teoría del entorno”, incluye la pena de “prisión permanente revisable”, la cual, como ha denunciado José Luis Díez Ripollés, “es una cadena perpetua, y de las más duras”. (http://www.eldiario.es/andalucia/Jose-Luis-Ripolles-Derecho-Penal_0_360114085.html).

Por mucho esfuerzo que ha hecho el líder del PSOE en adoptar un perfil social y pese al apoyo con que cuenta desde el grupo PRISA para subir en unas encuestas “cocinadas” a su gusto, el lastre del pasado y la presencia entre bastidores de la “vieja guardia” de Felipe González y Alfredo Rubalcaba, sin obviar la presión procedente de Susana Díaz, difícilmente le ayudarán a ganar credibilidad como alternativa de gobierno frente al PP. Una influencia, por cierto, que se ha dejado notar en la defenestración por la vía rápida del hasta ahora líder del PSOE madrileño, Tomás Gómez, al que no tenemos ningún aprecio, pero que no por eso se justifica, como ha defendido sin rubor alguno Felipe González en un artículo reciente (“Madrid: superar la endogamia”, El País, 19 de febrero de 2015), que se salten todas las reglas de la democracia interna en nombre de unas expectativas electorales inciertas. Con mayor razón cuando luego Pedro Sánchez no se ha atrevido a suspender como parlamentarios a los ya imputados Chaves y Griñán.

En todo caso, las elecciones andaluzas del 22 de marzo van a ser el primer test de cuál puede ser el nuevo mapa político partidario. Habrá que ver hasta qué punto la decisión de Susana Díaz de adelantarlas le permite alcanzar la fuerza suficiente para mantenerse en el Gobierno, aunque sea con un apoyo desde fuera de IU, y, lo que va a ser más difícil, presidir la remontada de un PSOE a escala estatal cuyo liderazgo quiere mantenerlo bajo su tutela.

En cuanto a Alberto Garzón, hay que reconocer que hizo un discurso crítico, bien trabajado e incisivo, en el que junto a la denuncia de la corrupción esbozó propuestas concretas como las relacionadas con el trabajo garantizado y la creación de un millón de puestos de trabajo ligados a la puesta en pie de otro modelo productivo y a una hoja de ruta alternativa frente a la impuesta en la eurozona. No faltaron el rechazo de privatizaciones como la de AENA, del Estado penal en marcha (ley mordaza y pacto antiyihadista), ni tampoco la solidaridad con el pueblo griego y la propuesta de “un gran acuerdo europeo sobre la deuda”. El problema con Izquierda Unida es, de nuevo, el de la credibilidad que puede tener esta formación para ser alternativa frente a “la casta” cuando sigue afectada por conflictos internos derivados de escándalos como el de las tarjetas de Bankia, así como por las distintas alianzas que ha mantenido con el PSOE en Andalucía o el PP en Extremadura. A esto se suma que la salida del sector encabezado por Tania Sánchez de esta formación en la Comunidad de Madrid ha contribuido a agravar su crisis de identidad y no parece que la nueva imagen que representa Garzón vaya a ser suficiente para contrarrestar el efecto Podemos.

Como era evidente, el gran ausente en el parlamento era Pablo Iglesias. Por eso ha sido acertada su decisión de ofrecer una intervención alternativa en torno a “el otro estado de la nación” antes de que se cerrara el debate. El discurso del líder de Podemos fue largo y denso y recorrió muchos temas de la actualidad política: entre ellos, la denuncia del empleo basura, del empobrecimiento de millones de personas y del mayor enriquecimiento del 1%; rechazo de la tiranía de la deuda y propuesta de reestructuración de la misma; apuesta por las energías renovables, la economía verde y del bien común y por el I+D+i; crítica del sistema de cuidados, en perjuicio de las mujeres; plan de rescate ciudadano, ley orgánica de derecho a la vivienda, reforma y suficiencia fiscal; denuncia del sistema de la corrupción como forma de gobierno, urgencia de un cambio de modelo productivo y defensa de un “patriotismo de la gente” frente a los falsos patriotas que se llevan el dinero a Suiza, todo esto unido a la propuesta de que “en Europa hay que negociar, no se puede renunciar a más soberanía”.

No es difícil compartir la mayor parte del discurso de Pablo Iglesias no tanto por la novedad de esas propuestas, coincidentes muchas de ellas con las defendidas desde hace tiempo por IU, sino sobre todo porque, pese al daño que ha podido hacer el acoso mediático y partidista a Monedero, la gran fuerza de Podemos sigue estando en que es una formación outsider, limpia de corrupción y capaz de mantener la ilusión y la confianza necesarias en que puede “ganar” y aplicar ese programa haciendo así posible un “cambio” que suponga efectivamente romper con el régimen.

Las recientes elecciones autonómicas internas en Podemos han demostrado, además, que la pluralidad en sus órganos de dirección se ha ido abriendo paso y esperemos que esto ayude, gestionando acuerdos y desacuerdos muy probablemente transversales en función de los temas a debate, a ir superando la lógica de bloques y a practicar una mayor deliberación y decisión colectiva.

El éxito de la Marcha del Cambio del pasado 31 de enero ha confirmado también que muchos Círculos continúan vivos y dispuestos a mantener la tensión participativa en su ámbito territorial y sectorial respectivo.

Asimismo, la implicación en un buen número de pueblos y ciudades, entre ellas algunas emblemáticas como Barcelona y Madrid, en candidaturas de unidad popular está favoreciendo también el mestizaje con otros sectores procedentes del 15M, de movimientos sociales e incluso de formaciones políticas en proceso de reciclaje. El enorme esfuerzo de elaboración programática que se está haciendo en estos ámbitos, al igual que en el autonómico, también podrá contribuir a ir complementando los ejes principales del discurso que hasta ahora ha desarrollado Podemos con otros más ligados a las distintas realidades autonómicas y locales. Quizás así se superen viejas polarizaciones en torno a democracia frente a eficacia, a activistas frente a expertos o a lo urgente frente a lo importante.

Con todo, algunas ausencias en el discurso de Pablo Iglesias llaman la atención: apenas hubo mención a las personas inmigrantes y a ese cementerio que sigue siendo el Mediterráneo, no hubo ninguna referencia a la contrarreforma del aborto que, aun atenuada, quiere aprobar el Gobierno y tampoco, por no hablar del siempre obviado proceso de paz vasco (mencionado en el parlamento por los representantes de PNV y Amaiur), se aludió a la defensa del derecho a decidir para criticar la sentencia reciente del Tribunal Constitucional sobre la ley de consultas catalana y la jornada del 9 de noviembre pasado. Cuestiones todas ellas que están en la agenda política, que no se pueden ignorar y que habría que asumirlas esforzándonos por ir cambiando en torno a ellas el sentido común dominante. También echamos en falta una referencia explícita a lo que nos estamos jugando también aquí, pese a las diferencias, con la prueba de fuerzas que se está desarrollando en Grecia y que sin duda la derecha y la mayoría de los medios van a tratar de utilizar en contra del “sí, se puede” romper con el austeritarismo vigente en la eurozona.

En resumen, ha empezado definitivamente la campaña electoral: la ventana de oportunidad sigue abierta, pero desde arriba y desde fuerzas hasta ahora periféricas como Ciudadanos van a tratar de cerrarla. Habrá que dedicar, por tanto, mayores esfuerzos que en el año transcurrido desde la irrupción de Podemos para que esta formación sea capaz de responder a esta oportunidad histórica y no defraudar las grandes esperanzas depositadas en ella. Y tendremos que hacerlo buscando articular el frente electoral con el de la movilización social, siendo clave en esto el trabajo en común que debería desarrollarse desde los Consejos Ciudadanos y los Círculos.

Jaime Pastor es profesor de Ciencia Política de la UNED y editor de VIENTO SUR





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