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Guerra en Oriente Medio
Falsos justicieros, verdaderos imperialistas
04/10/2014 | Jacques Babel

“El liderazgo americano es la única constante en un mundo incierto”. “América es el líder mundial en la lucha para debilitar y destruir el grupo terrorista conocido bajo el nombre de Estado Islámico”. Frases de Barack Obama que dan una idea de la verdadera preocupación del poder estadounidense en Medio Oriente: recuperar su estatus quebrantado de potencia imperial.

En la coalición contra el Estado Islámico/Daesh, el gobierno de Estados Unidos ha reunido a una buena parte de las potencias occidentales para una guerra que se pretende de “sin tropas sobre el terreno”: Francia, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, el Reino Unido... La mayor parte de esos Estados quieren limitar su intervención militar a Irak, cuyo nuevo gobierno les pedido ayuda de forma oficial. Sin embargo, en Siria los Estados Unidos cuentan con la colaboración de los aviones saudíes, de los emiratos árabes y de los jordanos. Así pues, los bombardeos aéreos prosiguen en Irak y comenzaron en Siria la noche del 22 al 23 de septiembre, destruyendo instalaciones del EI (centros de mando, instalaciones petroleras) en particular en la región de Raqqa. Atacan también al Frente Al-Nusra, rama de Al Qaeda y que, hasta el presente, no se identificaba con la toma de territorios y el terrorismo de masas del EI, sino que concentraba su acción contra las tropas del régimen, cometiendo exacciones en ese marco. En adelante, las dos fuerzas tienden a converger.

Legitimación internacional... y dudas

Esta enésima operación imperialista en Medio Oriente ha intentado legitimarse ante la Asamblea General de las Naciones Unidas surfeando sobre el horror legítimo que provocan los crímenes del EI. Se apoya también en la resolución unánime del Consejo de Seguridad del 16 de agosto que reclamaba el desarme y la disolución inmediata del Estado Islámico y del Frente Al -Nusra.

Pero esta resolución no precisaba qué tipo de operación militar podía derivarse de la misma. Rusia por ejemplo, igual que Irán, no está de acuerdo con operaciones en Siria que no se desarrollen en cooperación con el régimen de Bachar Al-Assad. Turquía, por su parte, tras haber protegido a las fuerzas yihadistas y haber comprado el petróleo vendido por el EI (igual que el régimen sirio) va claramente arrastras, se hacen la remolona, temerosa de que las fuerzas kurdas puedan salir reforzados de la situación.

Y mucha gente en el mundo duda en voz alta de la eficacia de intervenciones militares tan estrepitosas como imprecisas en sus objetivos, y del engranaje sin fin en el que se reciclan las grandes potencias, defensores marciales (y muy parciales) de los derechos humanos...

Por su parte, la población siria acoge con frialdad los ataques americanos. Ponen abiertamente en cuestión la eficacia de bombardeos contra una fuerza tan flexible como el EI. Asimismo, los testimonios en Raqqa inducen a pensar que los edificios bombardeados habían sido previamente evacuados por los yihadistas. En cambio, citan campamentos de beduinos bombardeados sin razón aparente y, sobre todo, subrayan que la ofensiva del EI contra la región kurda de Kobané en la frontera turca prosigue sin trabas, mientras que los y las combatientes kurdos del PYD y PKK luchan en condiciones desesperadas sin ninguna ayuda en armamento.

Construir la solidaridad de los movimientos populares

Para los revolucionarios sirios, lo esencial es reforzar las fuerzas locales no confesionales -que siguen siendo numerosas a pesar de las masacres- que luchan a la vez contra el régimen criminal y contra el EI que lo es también. Son ellas las que pueden impedir al régimen reocupar las zonas que el El abandonaría en su huida, quienes pueden instalar y organizar a las poblaciones desplazadas, y que pueden atraer a una parte de los jóvenes que se han sumado al yihadismo, no por ideología sino por la imposibilidad de obtener armas contra el régimen de otras organizaciones.

Del lado iraquí, es urgente poner fin a la corrupción y a la confesionalización del régimen, para que las poblaciones puedan sumarse a objetivos comunes de soberanía, de libertad y de justicia social.

Más que nunca los dirigentes de las grandes potencias que hablan de humanidad con voz temblorosa, actúan de hecho por su propio interés a corto plazo.

Es responsabilidad del movimiento obrero y democrático exigir, a quienes tengan los medios para ello, que proporcionen ayuda a los movimientos populares que luchan por su libertad sobre el terreno, y construir marcos independientes de cualquier estado, que organicen la solidaridad internacional, de pueblo a pueblo.

http://www.npa2009.org/actualite/guerre-au-moyen-orient-faux-justiciers-vrais-imperialistes

L’Anticapitaliste hbdo- 258 (02/10/2014)

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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