aA+
aA-
Grabar en formato PDF
A l'encontre  
Guerras internas, fuerzas islamistas hiperoscurantistas, imperialismo..,
¿Qué praxis internacionalista?
14/08/2014 | Claude Gabriel

En los momentos actuales, más de una decena de países conocen una guerra interna que implica a fuerzas islámicas radicales. O más exactamente fuerzas místicas, fanáticas, radicalmente retrógradas, desde Afganistán a Malí, de Pakistán a Nigeria, en Siria, Irak, en Somalia, Libia, etc. Las causas históricas son evidentes: herencia de una pobreza mantenida por los mecanismos imperialistas, hundimiento del estado (generalmente autoritario) por razones recientes o más antiguas y dilución de las ideologías nacionalistas-socialistas que marcaron esas regiones desde los años 1960 hasta comienzos de los años 1980.

El perfil de esas fuerzas no es rigurosamente el mismo si se compara Al Qaeda, EI, Boko Haram y otros. Los contextos políticos y las sociedades imprimen sus contingencias. Pero dos cosas les reúnen. La negación total de toda apertura cultural incluso nacional en beneficio de una reconstrucción global de la vida colectiva fundada en una suma de prohibiciones religiosas pseudo fundamentalistas. Todo esto nos recuerda el "Cuando oigo la palabra ‘cultura’, saco mi revólver". Concomitantemente, una guerra absoluta contra las mujeres. Siendo percibido el menor espacio no codificado como una brecha para la impureza de las mujeres. Lo que equivale a secuestrarlas. Así se juntan la destrucción de los yacimientos arqueológicos, los autos de fe, los rigurosos códigos en el vestir, amenazas de castigos sexuales, ataques contra las escuelas de niñas, prohibición de campañas de vacunación (Nigeria), ejecuciones sumarias, destrucción de toda vida pública, etc...

La barbarie está por tanto ahí, bajo una forma nueva, nacida del embrollo del mundo postcolonial, de dictaduras militares falsamente progresistas, de formaciones sociales muy segmentadas en el plano religioso, de la arrogancia americana y sionista (estado de Israel), de la gran debilidad del movimiento social, obrero y antiimperialista en los países occidentales, etc.

Pero casi se tienen ganas de decir: poco importa, demasiado tarde. El monstruo está presente y a la ofensiva. Tiene sus causas, sus orígenes, sus determinaciones, como hubo otros monstruos específicos en otros tiempos. Podemos acusar al pasado, vilipendiar las causas objetivas, auto-reprocharnos no haber hecho nada (o poco) en nuestros propios países frente a la responsabilidad de nuestros estados. Pero ¿qué pesan esas ensoñaciones para las decenas de millones de personas aterrorizadas, perseguidas, asesinadas, para los países en los que esas bandas intentan destruir todo pasado, toda historia? ¿Y esas decenas de millones de mujeres y niñas condenadas a una vida de prisión absoluta?

No nos engañamos, la guerra está ahí y está programada. Pero los avances militares islamistas en Siria, Irak, Nigeria, Libia, la descomposición política de Afganistán, el caos irreductible de Somalia, el desborde de Nigeria hacia Camerún muestran la extensión del fenómeno y su continuidad geopolítica. Los efectos dominó son tanto más fuertes en la medida en que frente a esas ofensivas los estados y sus ejércitos en la mayoría de los casos son incapaces de realizar contraofensivas por sí solos.

Pensar que esto no lleva a una guerra ampliada que implique a los ejércitos de las grandes potencias (bajo formas diversas) sería un poco ingenuo. La operación francesa de Barkhane que toma el relevo regional tras la operación Serval estrictamente maliense es un elemento anunciador de lo anterior. Esta agravación de los conflictos en un encadenamiento geográfico no puede dejar indiferentes a las grandes potencias capitalistas. Todo eso no hará evidentemente de su intrusión masiva una intervención progresista. El petróleo, el gas, el uranio, el cobalto u otras cosas juegan su papel en todo esto. Pero hay un momento en que los asuntos geoestratégicos se ponen por delante de cualquier otro interés. La dislocación de regiones enteras no ha sido jamás una situación aceptable por mucho tiempo, ni en el pasado ni hoy en la hora de la mundialización. Pues la barbarie llegada a un cierto grado es la antinomia del mercado. El capital prefiere dictaduras con estados estables y fuertes, capaces de retener a los pueblos y de establecer una especie de compromiso con el business.

No quedarse solo en la protesta

Estaremos frente a la guerra. Tenemos que prepararnos para ello política y prácticamente. La liberación de las poblaciones, la destrucción de la barbarie, el salvamento de las mujeres será la primera explicación, la del "mundo libre" como de costumbre. Pero ¿quién en esos países tendrá en cuenta que su suerte actual es el resultado de más de un siglo de dominación, de sórdidos recortes coloniales, de exasperación de las divisiones religiosas o étnicas cuando se trate de entrever una eventual salida del infierno? Por supuesto en esas regiones con una historia distorsionada por la dominación, no son intervenciones militares exteriores las que pueden restablecer el "vivir juntos" y la democracia. Pero ¿quién se preocupará de ello allí cuando se trate de simplemente revivir, cuando ninguna otra solución política y militar endógena ha sido posible?

No podremos satisfacernos con una explicación que trate solo sobre la avaricia occidental. Habrá que encontrar nuestro lugar en ese conflicto que no sea una postura simplemente denunciadora, sino activa, militante, independiente. No simplemente bajo la forma de protestas formales aquí, sino al lado directamente de las poblaciones concernidas, material y políticamente. ¿Podrán servir positivamente las experiencias realizadas durante el conflicto yugoeslavo? ¿Será posible el contacto directo con corrientes combatientes, laicas y progresistas? No estaremos en el campo de los ejércitos occidentales, pero la barbarie mística (sin duda generada por dos siglos de historia) no tiene nada que ver con ningún antiimperialismo. Nuestro detestar a esos "locos de dios" debe ser total y sin ambigüedad. Tenemos pues la obligación de elaborar una praxis internacionalista e internacional, que hoy, sin duda, es inmensamente difícil de definir y de poner en práctica. Pero sería necesario.

4/08/2014

alencontre.org/societe/guerres-internes-forces-islamistes-hyper-obscurantistes-imperialisme-quelle-praxis-internationaliste.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





Facebook Twitter Telegram RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons