aA+
aA-
Grabar en formato PDF
El negocio de los fármacos
Tamiflú: ¿un medicamento inútil? No para los accionistas de Roche
05/05/2014 | Gilles Godinat

El artículo del prestigioso British Medical Journal (BMJ), publicado el 10 de abril presenta un estudio del grupo Cochrane (expertos independientes) que pone en cuestión la utilidad del antiviral oseltamivir, conocido bajo su nombre comercial de Tamiflu, y denuncia una operación de puro beneficio. Este nuevo escándalo concerniente a la industria farmacéutica, Roche en particular, pone en evidencia la avaricia como motor principal del Big Pharma.

Aún cuando esta conocida clase de medicamentos antivirales no tenía ningún éxito debido a su eficacia muy limitada, Roche lograba un golpe de “marketing” de 11,5 millones de euros, vendiendo enormes cantidades de su producto directamente a los gobiernos, con el pretexto de prevenir una amenaza de pandemia del mal conocido virus gripal A H1 N1, defendiendo que el Tamiflu era el único remedio eficaz contra ciertas complicaciones como la neumonía. Suiza lo ha comprado gastando 4 millones de francos (Confederación y cantones), “y si habría que volver a hacerlo, se haría”, confiaba a la prensa D. Koch, el responsable de la división de las enfermedades de transmisión de la Oficina Federal de la Salud Pública, probable víctima del virus “Roche influenza”... Del lado de Swissmédic, la agencia de control de los medicamentos, las declaraciones son más matizadas, pero ni hablar de poner en cuestión el principio de precaución con reservas obligatorias de Tamiflu en caso de pandemia.

¿Una impostura?

Sin embargo, según los autores del reciente estudio del grupo Cochrane, sobre la base de datos clínicos muy modestos, Roche ha vendido millones de comprimidos de esa molécula que no tienen ningún efecto preventivo demostrado, ni sobre los síntomas graves ni sobre la mortalidad. Además, el coordinador de esta investigación, Tom Jefferson, pone el acento sobre los efectos secundarios severos del Tamiflu (nauseas, vómitos, problemas psíquicos), soslayados por la industria farmacéutica. En resumen, ninguna prueba de eficacia, pero efectos negativos bien reales. Habrán sido precisos cuatro años de duras batallas para que Roche acepte publicar algunos datos, amenazada con acciones judiciales por ciertos gobiernos. Evidentemente, el gigante farmacéutico suizo se defiende enarbolando nuevos estudios favorables a su causa, acusando incluso al grupo Cochrane -¡colmo de la arrogancia!- de inexperiencia.

La polémica alrededor del Tamiflu se remonta a hace varios años, con las primeras publicaciones del British Medical Journal poniendo en cuestión la eficacia de esta molécula: 48 horas después del comienzo de la infección, el medicamento no tiene ya más que un efecto placebo. Pero el trabajo de lobby de Big Pharma es de tal potencia que ni la OMS ni la UE han puesto en pie procedimientos para exigir un aumento de la transparencia del medio muy cerrado de los “laboratorios” farmacéuticos.

Desde los años 1930, pero sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, estas sociedades han adquirido una dimensión internacional con la industrialización de la producción de los antibióticos. Con el desarrollo de los blickbusters, moléculas que garantizan una cifra de negocios anual que supera el millardo de dólares, solo una veintena de firmas se han impuesto como multinacionales del sector, generando actualmente una cifra de negocios de más de 1.000 millardos de dólares por año, que se ha triplicado en quince años.

Big Pharma, un peligro para la salud

En su reciente libro Big pharma : une industrie toute puissante qui joue avec notre santé (Big Pharma: una industria todopoderosa que juega con nuestra salud), Las Arènes, 2013, Mikkel Borch-Jacobsen describe el cínico marketing de moléculas peligrosas, los ensayos clínicos manipulados o disimulados a causa de malos resultados, “expertos” ligados a conflictos de intereses, agencias sanitarias complacientes o pasivas, sistemas de farmacovigilancia (supervisión) poco reactivos, una información médica sometida a determinadas influencias, graves carencias éticas. Numerosos testimonios y documentos habían llamado ya la atención desde hace dos decenios sobre esas prácticas inaceptables, cuyos principales escándalos han quedado saldados mediante acuerdos financieros.

El Dr. Bernard Dalbergue, un médico empleado durante años por Big Pharma, denuncia también su comportamiento sin escrúpulos en su reciente libro: Omerta dans les labos pharmaceutiques (Omerta en los laboratorios farmacéuticos), Flammarion 2014. Glaxo Smith Kline (GSK), uno de los gigantes del ramo, ha tenido que pagar 90 millones de dólares para poner fin a las actuaciones judiciales por su peligroso antidiabético Avandia y 150 millones de dólares por práctica abusiva. Boehringer-Ingelheim ha pagado 90 millones de dólares por marketing ilegal. Eli-Lilly ha frenado una investigación por corrupción pagando 29,4 millones de dólares. Por no hablar de Diovan, antihipertensor de Novartis, medicamento cuya cifra de negocios ha alcanzado 6 millardos de dólares en 2010, que ha sido denunciado por sus efectos peligrosos.

Una sola solución: el control público

Ha habido numerosos asuntos (Vioxx, Mediator), en los que la industria farmaceútica ha “ignorado” efectos secundarios peligrosos. Se da también el caso de medicamentos cuyo beneficio es muy marginal para los enfermos, como el anticancerígeno Erbitux, pero que hacen ganar mucho dinero. El Tamiflu es su caricatura: ningún efecto, grandes beneficios. En 2008, Jörg Blech había denunciado ya los aspectos más chocantes de esas prácticas en Les inventeurs de maladies : manœuvres et manipulations de l’industrie pharmaceutique (Los inventores de enfermedades: maniobras y manipulaciones de la industria farmacéutica) (Actes Sud).

Cuando las multinacionales intentan imponer su ley con la ayuda de acuerdos internacionales negociados en secreto para enfrentarse a las débiles veleidades de los gobiernos de ejercer el menor control sobre sus actividades, y sobre todo para facilitarles el acceso a nuevos mercados y reducir el lugar y el papel del sector público, es urgente para la sociedad civil la lucha por el control público de la investigación, de la producción y de la venta de los productos farmacéuticos. Debemos poner término a los estragos sociales y medioambientales provocados por esos gigantes. Los medicamentos deben ser considerados como un bien común y su producción debe estar asegurada por el sector público a fin de garantizar investigaciones orientadas hacia las necesidades sociales más urgentes, a precios que garanticen su acceso a todos y todas.

No hay más que un único remedio eficaz contra la nocividad de la industria farmacéutica: ¡su control público!.

Artículo publicado en la revista bimensual de solidaritèS (Suiza), nº 247

Más información :

Lo que la saga Tamiflu nos cuenta sobre los ensayos clínicos y la industria farmacéutica. Ben Goldacre, The Guardian, 10 April 2014

http://www.saludyfarmacos.org/lang/es/2014/04/16/lo-que-la-saga-tamiflu-nos-cuenta-sobre-los-ensayos-clinicos-y-la-industria-farmaceutica/





Facebook Twitter Telegram RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons