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Crisis en Ucrania
Gracias, Unión Europea, por desmembrar Ucrania
20/03/2014 | Marco Lojo Jiménez

La intoxicación informativa que vivimos a este lado de un nuevo e imaginario “telón de acero”, nos obliga a utilizar la dialéctica en toda su profundidad para poder ver las responsabilidades de cada una de las partes en conflicto. Frente a la supuesta “neutralidad” deseada por cada actor para encarnar lo que Zizek define como “universalidad concreta”, debemos hacer un ejercicio de reflexión más allá de los grandes titulares con los que se mata la verdad y, con ella, a buena parte de la población ucraniana (rusófila o no) que vive con incertidumbre los acontecimientos precipitados desde las legítimas protestas de “Euromaidan” hasta la actual tensión geopolítica que ha desencadenado el referéndum y secesión de la región de Crimea del mapa de Ucrania a favor de Rusia.

“Euromaidan”: de las esperanzas de “lo mejor de Europa” a un gobierno neonazi

Negar que había un legítimo sentimiento de protesta por parte de una población ucraniana harta de la corrupción y de la falta de oportunidades en un país en el que desde la independencia en 1991 ha visto como baja en picado su nivel de vida, parece tan poco cabal como afirmar que tales sentimientos y protestas legítimas no fueron utilizados por la derecha y la ultraderecha ucraniana, alentados y financiados por la Unión Europea, para hacer caer al gobierno saltándose la propia legalidad vigente y forzar una entrada de dicho país en la OTAN en un breve plazo de tiempo.

Las primeras reacciones a favor de Euromaidan por parte de académicos brillantes como Ulrich Beck, Slavoj Zizek o Zygmunt Bauman firmando una carta en que se afirmaba que “Euromaidan representa lo mejor de los valores europeos” y la “necesidad de un Plan Marshall por la UE para Ucrania” las denunció el sociólogo ucraniano Volodymyr Ishchenko por su “nivel de incomprensión, simplificación y falsificación de las muy contradictorias protestas ucranianas, que contiene muy peligrosas tendencias, las cuales son legitimadas por estos supuestos académicos.” Dicho sociólogo, de forma clarividente, escribe “(…) tampoco se puede reducir el Euromaidan a una revuelta fascista, como frecuentemente muestran los medios de comunicación rusos. El nivel de autoorganización en las protestas y ocupaciones es impresionante, y las masivas movilizaciones convocan a cientos de miles de personas que no forman parte de ningún partido político ni organización civil, que esperan conseguir un cambio fundamental persiguiendo el sueño europeo. Sin embargo, la única representación política en las protestas proviene de los tres principales partidos de oposición: uno de ellos es el ultraderechista Svoboda, y los otros dos (liderados por Arseniv Yatseniuk y Vitali Klitchko) están llenos de políticos que se han desacreditado estando en el gobierno tras la “Revolución Naranja” y que están muy bien conectados con la oligarquía ucraniana.”

Si bien la mayoría de la población de Kiev y gran parte del país quería que cayese Yanukovich (sobre todo tras que la Rada promulgara de leyes recortando los derechos de reunión y manifestación y los primeros muertos en la plaza) y se firmase el acuerdo con la Unión Europea para permitir el libre tránsito con ésta y una flexibilización de la política de visados, es más que dudoso que tal población (inclusive la del oeste del país) haya querido el crédito internacional bajo las condiciones del FMI de reducción de pensiones y subida del precio del gas en el mercado doméstico, el final de la implantación del ruso como idioma cooficial en aquellas regiones del este en el que una mayoría de la población lo habla o la repentina petición de adhesión a la OTAN bajo la provocación a Rusia y lae amenazas y persecución institucional a personas de dicha nacionalidad o descendientes de rusos. Ni que decir tiene, por otra parte, que tampoco parece como deseable por la población del conjunto de Ucrania (ya que, no lo olvidemos, el actual gobierno no viene legitimado por las urnas, sino por un pseudo “golpe de Estado”) que tres ministros del actual gobierno “de facto” en Kiev provengan de partidos de extrema derecha y neonazis como “Svoboda” y “Pravky Sektor”, uno de ellos ocupando un puesto nada más y nada menos que en el Consejo de Seguridad Nacional.

“Fuck the EU” (Que se joda la UE): de los malos aliados y los muertos incómodos

Aunque el grito de “Fuck the EU” es plausible que se haya oído en alguna ocasión en alguna de las cientos de manifestaciones que se celebran en Grecia por las condiciones leoninas del pago de deuda a la que se le somete a este país que pertenece desde hace casi tres décadas a la Unión Europea, la famosa frase fue dicha por la vicesecretaria de Estado norteamericana Victoria Nuland al embajador de EEUU en Kiev en conversación telefónica, sobre el papel del opositor Klitshko elegido por Alemania para el que sería nuevo gobierno de Ucrania.

De las diferentes versiones en distintos medios de comunicación, no se menciona el escandaloso hecho de que la diplomacia sea utilizada para “conspirar”, literalmente, contra el gobierno soberano de un país. Si bien se hace eco de la posible participación del espionaje ruso en dicha filtración, no se entra en que desde EEUU y la UE se esté realizando esfuerzos conducentes a cambiar un gobierno de la noche a la mañana para sus propios fines.

El papel de la Unión Europea como potencia de segunda clase se evidencia en este caso. Esta organización supranacional y los gobiernos que participan en la misma se auto-envilecen participando en conspiraciones con supuestos aliados que les espían sin menor reparo y sin la menor queja (sl caso de la agencia NSA de EEUU, que espiaba a la UE en una red mundial, denunciado por el exilado en Rusia Snowden, no ha supuesto por dicha institución ninguna queja firme diplomática), para luego fotografiarse con miembros de partidos ultraderechistas de partidos como “Svoboda” quienes afirmaban que el gobierno de Yanukovich era una “mafia ruso-judía” y que había que “liquidar físicamente a todos los intelectuales ruso-parlantes y ucranófobos”.

Frente a la petición de condena del Parlamento Europeo (resolución del 13 de diciembre de 2012) del partido Svoboda por sus “presupuestos racistas, antisemitas y xenófobos”, la Unión Europea, lejos de ser la potencia “libertadora” y “liberal” con la que se le quiere identificar, ha incumplido sus propias resoluciones para intervenir torticeramente sobre un asunto en el que se ha demostrado no estar a la altura. Para contentar a sus aliados norteamericanos, no duda en poner en peligro su situación de dependencia energética de Rusia, importar de un tercero su propia agenda, dar legitimidad a una protesta social y prometer unas ayudas que no es capaz de otorgar ni legitimar a los países que sí pertenecen a su estructura supranacional. Y encima, aliándose con “amigos” como los dirigentes de Svoboda, como ejemplo del pensamiento “liberal” y de los derechos humanos que dice sostener…

Por si esto fuera poco, cada vez se crean más dudas sobre si realmente los francotiradores que acabaron con la vida de decenas de personas, pertenecían al gobierno de Yanukovich. Recientes testimonios no afines al extinto gobierno Yanukovich –se habla de una enfermera de Euromaidan- afirman que las heridas de balas que acabaron con la vida de los policías antidisturbios contienen la misma “marca” que las producidas por los diferentes francotiradores. Es evidente, que las ejecuciones de opositores por los francotiradores, más si cabe en una visita de diplomáticos de la Unión Europea, no beneficiaba en absoluto al gobierno Yanukovich. El hecho de que ni la Unión Europea ni el actual gobierno de Ucrania haya querido realizar una investigación, hace aumentar más las sospechas sobre para quién trabajaba realmente unos francotiradores de los que “nadie” se hace responsable.

Crimea: legitimar al “oso ruso”, condenar a Ucrania sin salida al mar

Aunque, obviamente, la Rusia de Putin no despierte simpatías –lejos de consolidarse un modelo social y aun no siendo un gobierno títere como el de Yeltsin, siguen surgiendo oligarcas mafiosos de un régimen que explota la idea nacionalista sin resultados para los trabajadores-, la amenaza de una estructura de la OTAN en su patio trasero es, como ha advertido algún analista, como “poner una base de misiles en Canadá”. Si con ello, consideramos que en Crimea la población mayoritariamente es descendiente rusa o rusófona, y que tiene cedido un acuerdo para mantener la flota rusa en su territorio en el Mar Negro, pues es obvio que Rusia también reaccionará a esa incursión de Ucrania a favor de la Alianza Atlántica.

Bajo la excusa de “proteger a los nacionales rusos”, Rusia se ha dedicado tras toda esta vorágine de acontecimientos a trasladar tropas fronterizas y a introducir soldados de sus propias bases en Crimea. La deserción de varios oficiales ucranianos al bando ruso es una muestra de cómo la precipitación de acontecimientos está provocando un conflicto interétnico en donde apenas había un cierto equilibrio bajo la bandera de la independencia nacional de Ucrania.

El resultado del referéndum se conocía prácticamente antes de celebrarse. De esta crisis, en que han intervenido tres potencias (UE, Rusia y EEUU) jugando caprichosamente con un país, han terminado “rompiendo el juguete”. De un lado, pérdida de soberanía marítima. De otro, un conflicto económico sin solventar y un posible conflicto interétnico, resultado de la intolerancia de los diferentes imperialismos –yanqui, ruso o europeo- y la máquina de destrucción masiva llamada “medios de comunicación”.

Conclusión: de aquellos barros, estos lodos

Las encuestas publicadas por Rafael Poch en La Vanguardia –además de sus valiosas crónicas, en las que se basa buena parte de este artículo- muestran cómo la mayor parte de la población ucraniana se muestra a favor de la paz, de las buenas relaciones con Rusia y la Unión Europea, fuera de ninguna alianza militar –ni rusa ni atlántica- y de su independencia nacional.

El apoyo de la Unión Europea a la derecha y la ultraderecha ucraniana, representantes de una oligarquía de la que abjuraban la mayoría de los manifestantes de Euromaidan, les va a costar a los ucranianos pasar a la condición de sub-colonia europea de una Europa en crisis, generándoles unos costos económicos enormes –más allá de los que ya sufrían-, aplicándoles las mismas recetas que ya nos aplicaban al resto de europeos del sur. Les va a costar la pérdida de su integridad territorial. Les va a costar, sobre todo, el paso de una riqueza cultural de mezcla de pueblos diversos –rusos, tártaros, ucranianos- a una construcción racista de Estado-nación. Les va a costar, además, la condena de que a la exigua izquierda que queda no afecta al estalinismo no pueda levantar cabeza entre la persecución y la deslegitimación, en un espacio copado por la ultraderecha y las falsas ilusiones.

Afirmaba Slavoj Zizek en un artículo mucho más lúcido que su adhesión al manifiesto pro-euromaidan, que se oscurecía deliberadamente la responsabilidad de Milosevic en la desmembración de la antigua Yugoslavia, no por ser esa especie de “encarnación del mal” que las potencias occidentales le adjudicaron sino porque su proyecto de “Gran Serbia” contradecía las bases de equilibrio de poderes territoriales que el proyecto de Tito concibió para los “eslavos del sur”. A pesar de que la Federación Yugoslava quedaba prácticamente reducida a Serbia y Montenegro, escribía Zizek: “Aquéllos que "abandonaron" Yugoslavia estaban reaccionando al nacionalismo serbio —es decir, a aquéllos grupos de poder que se estaban esforzando por liquidar el legado de Tito. Así, el peor nacionalista anti-serbio está de pie más cerca al legado de Tito que el presente régimen de Belgrado, qué se mantiene, ante todos los "secesionistas", como el sucesor legítimo y legal de la Yugoslavia anterior.”

De la misma manera, los rusos de Crimea no son los primeros “traidores” a la idea de una Ucrania libre e independiente, sino el nuevo poder asentado sobre los cadáveres de los manifestantes y ciudadanos de Kiev, que, lejos de defender la independencia nacional y una lucha contra la corrupción, han dejado de lado a la Ucrania del Este y el Sur –echando para atrás el proyecto de cooficialidad del ruso en las regiones en las que se asienta un porcentaje amplio de población que utiliza dicha lengua- y liberado a la “zarina del gas”, Yulia Timochenko, en un alarde de sumisión al nuevo “amo” supuestamente garante de su independencia: la servil y manifiestamente incompetente Unión Europea.

17/03/2014

Marco Lojo Jiménez

Fuentes

Artículos de Rafael Poch en el periódico La Vanguardia, en http://blogs.lavanguardia.com/berlin/author/rpoch

-“Horizonte ucraniano”

-“La flor ucraniana de la Señora Nuland”

-“El cuaderno de Kiev”

-“El cuaderno de Odessa”

-“Las chispas prenden sin querer”

-“Así respira Ucrania”

-“El kaganato de Kiev y otras historias”

-“Ucranianos occidentales y ultras dominarán el nuevo gobierno de Kiev”

-“Presentado un proyecto para acelerar el ingreso de Ucrania en la OTAN”

“Las claves para comprender la crisis de Ucrania y sus posibles soluciones”, de Francisco J. Ruíz González, Fundación Ciudadanía y Valores, febrero 2014, en http://www.funciva.org/uploads/ficheros_documentos/1391597294_las_claves_para_comprender_la_crisis_de_ucrania_y_sus_posibles_soluciones.pdf

Artículos de Volodymyr Ishchenko, LeftEast, traducidos para Socialismo o Barbarie, en http://www.socialismo-o-barbarie-org

-“La guerra civil, aunque no inevitable, es ahora una amenaza real”

-“Apoyar a los ucranianos sin legitimar a la extrema derecha y los políticos desacreditados

“Ucrania: no a las oligarquías”, Guillermo Almeyra en Rebelion, http://rebelion.org/noticia.php?id=182004

“El legado de la historia en los conflictos actuales”, Tino Brugos en Viento Sur, http://www.vientosur.info/spip.php?article8845

“OTAN, ¿la mano izquierda de Dios?, Slavoj Zizek, http://www.geocities.ws/zizekencastellano/artOtan.html

“Multiculturalismo, o la lógica cultural del capitalismo multinacional, Slavoj Zizek, http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/S%20Zizek%20Multiculturalismo.pdf





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