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Tribuna VIENTO SUR
Die Linke: Un paso más hacia la adaptación
13/03/2014 | Manuel Kellner

Es cierto que, hasta nueva orden, el partido Die Linke (La Izquierda) sigue siendo la primera referencia política para quienes se politizan hacia la izquierda en Alemania. En su programa no solo figuran toda una serie de reivindicaciones y propuestas que van en interés de los trabajadores y trabajadoras, de los marginados, las mujeres y la juventud y propugnan un desarrollo ecológicamente sostenible, sino también el objetivo de superar el capitalismo mediante un proyecto de sociedad socialista y democrática. Además, el partido parece haber superado la crisis electoral que sufrió entre 2011 y 2013, y en los sondeos alcanza el 11 % de los votos y comienza por tanto a acercarse a su mejor resultado, el de 2009, en que había obtenido un 11,9 % en las elecciones federales alemanas.

Sin embargo, también es cierto que el partido experimenta desde el comienzo –como ya le sucedió a su precursor, el PDS/Linkspartei– una fuerte presión a favor de la adaptación al sistema. En el land de Brandeburgo participa en el gobierno liderado por el partido socialista (SPD) y se corresponsabiliza de una política de gestión de la crisis capitalista en detrimento de los explotados y oprimidos y de las bases naturales de la supervivencia humana. En plena negociación con los conservadores de la Democracia Cristiana (CDU/CSU) para formar la nueva coalición gubernamental a escala federal, el SPD había declarado públicamente que en adelante ya no descartaría por principio formar una coalición con Die Linke. A partir de entonces, la dirección de Die Linke se ha esforzado por acercarse al SPD y a los Verdes con vistas a las próximas elecciones federales de 2017, y por demostrar que va en serio y está dispuesto a asumir sus responsabilidades.

Para poder llegar a ser un partido de gobierno a escala federal, Die Linke debería renunciar a cuestiones básicas de su identidad y su perfil político, cosa que no será fácil: en primer lugar, debería aprobar las intervenciones del Bundeswehr (ejército federal) en cualquier parte del mundo. En segundo lugar, habría de aceptar los programas de austeridad aplicados a la población de los países económicamente más débiles de la Unión Europea (UE), empezando por Grecia. En tercer lugar, tendría que estar a favor del “freno al endeudamiento” y la disciplina presupuestaria en Alemania, y por tanto de medidas de privatización y austeridad y de nuevos regalos a los bancos y las grandes empresas. En cuarto lugar, debería demostrar su fidelidad a las instituciones establecidas, al sistema parlamentario burgués y a su centro de gravedad intocable: la propiedad privada de los multimillonarios. Finalmente, tendría que demostrar su capacidad para marginar a las fuerzas decididamente anticapitalistas en su seno.

En este sentido, a mediados de febrero de 2014, en su congreso de preparación de las elecciones al Parlamento Europeo, Die Linke dio sin lugar a dudas un paso adelante, al menos en lo que respecta a su programa electoral y a las elecciones de candidatas y candidatos que presentará en su lista. Ya antes del congreso, una comisión de unos 80 o 90 miembros encargada de proponer las candidaturas al congreso incluyó únicamente a Tobias Pflüger, militante antimilitarista y miembro de la corriente de la Izquierda Anticapitalista (Antikapitalistische Linke – AKL), entre los seis primeros de la lista, concretamente en el segundo puesto. Nuestro camarada de la ISL/1, Michael Aggelidis/2, también miembro de la AKL y asimismo de Syriza Alemania, aunque muy aplaudido por su discurso en que insistió en la necesidad de las movilizaciones de solidaridad internacional contra la Troika, quedó eliminado al no obtener ni un solo voto. Eso ya no auspiciaba nada bueno para el congreso.

En efecto, Gregor Gysi, presidente del grupo parlamentario del partido en el Bundestag (parlamento federal), junto con los jefes de la corriente millérandista y favorable a la participación en un futuro gobierno, el Forum demokratischer Sozialismus (FdS), y los representantes de las grandes delegaciones del este de Alemania, se había preparado a conciencia. Al final no fueron elegidos candidatos ni Tobias Pflüger ni Sabine Wills, ambos muy conocidos por su postura muy crítica hacia la UE y por su participación en los movimientos extraparlamentarios. En los primeros puestos de la lista, los que tienen posibilidades de obtener un escaño, no figura ningún miembro de la AKL, y el candidato situado más a la izquierda es Fabio Demasi, en el puesto nº 6, colaborador de Sarah Wagenknecht y miembro de la Sozialistische Linke (SL), es decir, de una corriente bastante heterogénea de perfil reformista de izquierda.

En cuanto al contenido, ha ocurrido lo mismo que con las candidaturas: las posiciones decididamente anticapitalistas y contrarias a aceptar el marco institucional de la UE quedaron marginadas en el congreso. Esto no afecta tanto al programa propiamente dicho para las elecciones europeas, que consta de unas 80 páginas y contiene toda una serie de pasajes muy aceptables junto a otros más ambiguos o dudosos, sino ante todo a su preámbulo, cuyo proyecto había sido redactado por miembros del ala izquierda lafontainista, anticapitalista y reformista de izquierda, integrados en la comisión encargada de elaborar los documentos del congreso. Gregor Gysi y los suyos habían lanzado una polémica pública contra este preámbulo en los grandes medios de comunicación, que emprendieron una campaña contra el “radicalismo desmesurado” del texto.

Era sobre todo una frase de ese texto la que estaba en el punto de mira de esta campaña de denuncia; la que caracterizaba la UE de “potencia neoliberal, militarista y en gran parte no democrática”. Al calificar la UE de esta manera, el texto no propugnaba el repliegue nacional, sino la construcción de otra Europa desde abajo, pero así y todo fue atacado de “antieuropea”. En el congreso, el pasaje citado fue suprimido con los votos de una amplia mayoría, siendo la AKL y otra pequeña corriente de izquierda (Geraer Dialog/Sozialistischer Dialog) las únicas que no aceptaron las tramposas fórmulas “de compromiso”.

De este modo, el ala izquierda consecuente se quedó aislada, e incluso algunos miembros de la AKL, sobre todo diputados y miembros de la dirección, llamaron a la moderación afirmando que no había que “exagerar” las divergencias porque al fin y al cabo había una base sólida de posiciones comunes en el partido. En el congreso intervinieron y votaron en contra de la enmienda que proponía reintroducir el párrafo suprimido. Parece por tanto que la corriente de la AKL experimentará otros procesos de diferenciación y desafiliación, después de haber perdido ya a los compañeros y compañeras agrupados en torno a Sarah Wagenknecht, que al abandonar la AKL hace un tiempo constituyeron la asociación Freiheit durch Sozialismus (Libertad por el Socialismo, llamada irónicamente “FdS bis”).

Si examinamos el programa para las elecciones europeas en su conjunto, así como las declaraciones públicas de los portavoces del partido y de su grupo parlamentario en el Bundestag, encontraremos una ambigüedad característica: por un lado, se rechazan las bases constitucionales de la UE recogidas en los tratados de Maastricht y Lisboa, al igual que las políticas de los partidos mayoritarios en el Parlamento Europeo y del Consejo Europeo de los gobiernos, así como las de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo pero, por otro, se acepta la UE como un marco que puede servir para preservar la paz y organizar el progreso social y ecológico. En vez de comprometerse a batallar por la creación de nuevas instituciones europeas verdaderamente democráticas, construidas sobre la base de las movilizaciones y la autoorganización de las masas populares que conduzcan a una asamblea constituyente elegida democráticamente y a la elaboración participativa de una constitución europea que responda a los intereses de las poblaciones, se propone una reforma de la UE. En el centro de las propuestas se sitúa la reivindicación de ampliar los derechos del Parlamento Europeo. Esto no difiere mucho de las posiciones planteadas por la socialdemocracia, y en particular por su presidente europeo, Martin Schulz, en su libro “Der gefesselte Riese. Europas letzte Chance” (“El gigante maniatado. La última oportunidad de Europa”).

Es probable, o al menos posible, que nuestra orientación desde hace tiempo –reunir a las fuerzas anticapitalistas dentro y fuera del partido Die Linke para reflexionar juntos, elaborar y articular posiciones y emprender iniciativas comunes, además de participar conjuntamente las movilizaciones extraparlamentarias– pueda concretarse próximamente. En Berlín acaba de constituirse una nueva organización anticapitalista (Neue antikapitalistische Organisation, NaO) y se ha iniciado un proceso para impulsarla en todo el país. La NaO ya se ha dirigido a la AKL proponiendo un encuentro para discutir de la situación tras el último congreso de Die Linke y para hablar de eventuales iniciativas comunes, como por ejemplo la creación de un foro anticapitalista (Antikapitalistisches Forum) abierto a los interesados, sean o no miembros del partido.

Hay que decir que ya se han producido bajas de miembros del partido Die Linke, frustrados por los resultados de su último congreso. Urge por tanto crear estructuras que permitan evitar una pérdida desordenada de militantes y ofrecer un nuevo marco para el compromiso militante, siendo conscientes del hecho de que Die Linke todavía no ha vivido su “agosto de 1914”y que todavía no hay espacio para un nuevo partido situado a su izquierda.

10/03/2014

El autor es miembro de la internationale sozialistische linke (isl – izquierda socialista internacional, una de las dos organizaciones de la IVª Internacionale en Alemania) y de la Redacción de la revista Sozialistische Zeitung (SoZ)

Notas:

1/ Diversos miembros de la isl, una de las dos organizaciones de la IVª Internacional en Alemania, militan en el partido Die Linke. La isl participa en el pequeño reagrupamiento de la NaO (Nueva Organización Anticapitalista) y acaba de proponer un proceso de fusión a la otra organización de la IVª Internacional en Alemania (Revolutionär-Sozialistischer Bund –RSB– Liga Socialista Revolucionaria).

2/ Michael Aggelidis, miembro de la isl, fue diputado de Die Linke al parlamento regional de Renania del Norte-Westfalia de 2010 a 2012. Después de que el grupo parlamentario de Die Linke hubiera votado en contra el presupuesto de 2012 del gobierno minoritario del SPD y los Verdes, este parlamento se disolvió y en las elecciones subsiguientes Die Linke ya no logró superar la barrera del 5 % de los votos, con lo que dejó de estar presente en dicho parlamento regional.





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