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Sanciones contra Irán
Los oprimidos, las primeras víctimas
23/10/2013 | Praxies

Hace casi dos años que las sanciones contra Irán se acumulan e intensifican. Las sanciones más importantes corresponden a la reducción de las exportaciones de petróleo, las transacciones bancarias y financieras internacionales, las sanciones contra sectores clave de la industria como la petroquímica y la prohibición de la importación de materias primas, maquinaria de producción y de ciertos productos específicos.

El embargo del petróleo y la pérdida de ingresos en divisas ha llevado al país a una especie de trueque (recíproco) para importar los productos necesarios. Esto puede llevar a Irán al mismo destino catastrófico que Irak (“programa petróleo por alimentos”) tras la primera guerra del Golfo.

Las sanciones al Banco Markazi de Irán (Banco Central iraní) y las transacciones de divisas a través de la sociedad Swift han causado la perturbación de alrededor del 90% del comercio exterior del país. Todo esto ha provocado la subida de los precios de los productos básicos y necesarios. Así, algunos productos, en particular los medicamentos, se han vuelto raros o muy raros.

Un número importante de enfermos que no podía permitirse comprar sus medicamentos en el mercado “negro” ha perdido la vida. Sin duda, las medidas de represión económica golpean a la población que sufre todo ello. En casi dos años, las sanciones han debilitado a millones de familias y provocado numerosas víctimas.

Está claro que los efectos directos e indirectos de las sanciones sobre la situación económica y las condiciones de vida de los trabajadores y de las personas desfavorecidas son trágicos. Por una parte, al incremento de la inflación implica la subida de los precios de los productos cotidianos; por otra, debido a los costes muy elevados de las materias primas y de los equipamientos necesarios para la producción. Como consecuencia de ello, el nivel de producción ha caído, los talleres y las fábricas han cerrado y el paro, junto a la precariedad del empleo, se han intensificado.

La disminución de los ingresos petroleros ha llevado al gobierno a reducir la financiación y la inversión en proyectos económicos gubernamentales y provocado la reducción de las inversiones extranjeras.

Las sanciones impuestas han causado el empobrecimiento de la cesta de la compra de las familias y acentuado los problemas de malnutrición. Conllevan el aumento del paro, la precariedad de los empleos, la disminución del nivel de la sanidad pública, etc. Las sanciones pesan mucho en la vida cotidiana de la clase obrera, de forma que su situación es crítica.

El estado de urgencia y el embargo

Hay que subrayar que algunos meses antes de las elecciones presidenciales, el régimen ocultaba aún el impacto y las consecuencias desastrosas de las sanciones. Por el contrario, quería demostrar que el embargo había dado nacimiento a una epopeya nacional encaminada a llegar a la autosuficiencia económica. Por ello, el régimen no reconocía públicamente las catastróficas repercusiones del embargo sino que, al contrario, quería mostrar la ineficacia de las sanciones, lo que ha llevado a los Estados Unidos y los países occidentales a intensificarlas aún más, hasta el punto en que el gobierno no podía seguir negándolas. Así, la política gubernamental ha contribuido al aumento de las medidas de represión económica que afectan a la población.

La ausencia de un mínimo de control democrático de la sociedad sobre el balance del régimen ha creado un foso entre la República Islámica y el pueblo. Y mientras la población agoniza debido al embargo, hay sectores económicos poderosos que se benefician de esta situación y monopolizan las importaciones. Esos sectores constituyen, de alguna forma, una poderosa mafia económica-militar estatal. Tienen la posibilidad de acumular beneficios gracias a la economía sumergida. Por consiguiente, se puede decir con certeza que las sanciones impuestas pesan y aplastan a la mayoría de las personas desfavorecidas.

Las políticas neoliberales y las consecuencias nefastas de las sanciones (en las condiciones de vida del pueblo) permitieron al régimen declarar “el estado de urgencia” tomando como pretexto el embargo y continuar implantando sin dificultades su política económica neoliberal y su programa macroeconómico. Fue precisamente el gobierno de Ahmadineyad el que, utilizando esta situación particular (estado de urgencia ligado al embargo), comenzó a desarrollar su política neoliberal reduciendo en los presupuestos las partidas destinadas a los servicios públicos y a la protección social. A este respecto, el FMI felicitó al gobierno de Ahmadineyad por su “éxito”, subrayando que de ese modo llevaba al país hacia el Nuevo Orden Mundial y no dudando en presentar a Irán como un modelo para otros estados.

Esto nos muestra claramente que, no solo el embargo no es un obstáculo para la política económica del régimen sino todo lo contrario. El régimen se beneficia del embargo para seguir privatizando aún más, suprimir las subvenciones y reducir la protección social y los salarios de los trabajadores, lo que supone una doble penalidad para la clase social más frágil. Ya se puede constatar el crecimiento de la pobreza y la miseria entre los obreros y la gente desfavorecida.

Rohani, “la apertura exterior” y la “reconciliación nacional

Por otra parte, la estructura, los eslóganes y la orientación política (el programa económico...) del gabinete del nuevo gobierno confirma claramente que está determinado a continuar con las “reformas estructurales” en la economía. Esta nueva fase de la política neoliberal consiste en mejorar los negocios. Hay que señalar que el actual presidente se benefició del descontento de la población respecto al precedente gobierno y de las amenazas de intervención militar, que constituyó una ganga para este nuevo presidente, que fue elegido apoyándose en algunos eslóganes reformistas. En realidad, la mayoría del electorado votó a H. Rohani, supuestamente moderado, con la esperanza de así evitar el embargo y el riesgo de intervención militar contra Irán. Se está lejos de las reivindicaciones expresadas por los manifestantes durante la insurrección de 2009. Para estas últimas elecciones, los opositores al régimen han renunciado a las exigencias planteadas en las manifestaciones de protesta de 2009 (que fueron consecuencia de la victoria fraudulenta de Ahmadineyad en las elecciones presidenciales de junio de 2009).

Como resumen se puede decir que el peso del embargo y de la propaganda del régimen designando al “enemigo exterior” como la causa de las dificultades económicas han ocultado las críticas hacia el régimen.

Se ha creado una especia de “reconciliación nacional” entre el pueblo y el régimen, de forma que ahora el foso entre las dos partes ha sido en gran parte reabsorbido, sin que, por otra parte, se haya dado ningún cambio serio de la política llevada a cabo por el gobierno. En este clima en el que reina la ilusión, las conquistas y la lucha son reemplazadas por una oleada de expectativas hacia los dirigentes.

Durante ese tiempo, las sanciones jugaron un papel determinante en el la consolidación de las fracciones y de los movimientos que querían constituir un frente político con el fin de capitalizar el descontento popular, en consonancia con el gobierno actual, para garantizar “la paz social y la armonía”. Hay que señalar que durante el movimiento de protesta tras las elecciones de 2009, había fracciones que querían impedir la radicalización del movimiento a cualquier precio.

Antes de las últimas elecciones (2013), estos “reformistas” así como las demás fracciones en el interior o al margen del poder, participaban en la maquinaría de la propaganda oficial del régimen hablando del estado de urgencia en que se encuentra el país ¡para hacer necesaria una “reconciliación nacional” y optar por la elección de un presidente moderado y sabio!

Un “frente nacional” que quiere mezclar a opresores y oprimidos

Actualmente está en marcha una campaña titulada “¡No al embargo!”. Se trata de una campaña nacional que intenta crear un frente nacional contra la opresión y la amenaza exterior. Esta campaña intenta ocupar el espacio político y recuperar todos los potenciales sociales y políticos e incluso el descontento de la población. Sin embargo, la contradicción fundamental de esta campaña reside en que sus partidarios y sus dirigentes recurren a la retórica “presión de las sanciones sobre la vida de la gente” a la vez que promueven políticas neoliberales. Más en concreto, la “Cámara de Comercio”, una de las principales instituciones comerciales y financieras, que coordina intereses de la burguesía y del Estado por intermedio de expertos y cuadros superiores gubernamentales, tiene un papel de primer orden en la conducción de esta campaña (sin olvidar la presencia de los intelectuales y de la “pseudo oposición” al régimen).

Esta campaña ha puesto a los oprimidos y a los opresores en el mismo plano. Necesariamente se trata de una forma de desarmar a los trabajadores que son las verdaderas víctimas del embargo. La función de esta campaña es justamente el refuerzo de la “reconciliación nacional”. Pero, no hay que olvidar que las sanciones han acentuado las desigualdades sociales y que la lucha contra esas sanciones remite inevitablemente a la lucha de clases. Hay que señalar que las sanciones han afectado negativamente a la vida cotidiana de todos y todas, y por ello, los trabajadores y los oprimidos tienen dificultades para organizarse y luchar.

Todo lo anterior muestra que las sanciones no solo no han debilitado al régimen (que decían que era su objetivo) sino que, muy al contrario, le han reforzado. Por supuesto, una contradicción así no es casual ni se debe a un error de cálculo. Forma parte fundamental de la estrategia de las potencias imperialistas que intentan debilitar el poder del pueblo por todos los medios, para hacer avanzar su propia alternativa política. El caso de Irak es un ejemplo histórico. La primera y la segunda guerras del Golfo muestran claramente los objetivos estratégicos de las sanciones contra Irak que aumentaron mucho la presión sobre el pueblo y sirvieron para preparar el terreno para la guerra y la intervención extranjera.

Los países que preconizan las sanciones contra el pueblo iraní e incluso que amenazan al país con una intervención militar, esos países, es decir Estados Unidos e Israel (con el pretexto de la voluntad de impedir a Irán adquirir armas nucleares) tienen muchas más armas nucleares y son las mayores potencias nucleares del mundo. Durante los últimos decenios, esos dos países han estado implicados en numerosas guerras y masacres contra otros pueblos.

Por otra parte, la insistencia del régimen iraní en disponer de la energía nuclear es un pretexto para mantener su soberanía y su poderío. Y gasta en ello sumas enormes, colosales, que tienen un impacto importante en el plano económico y político. Todo ello, cuando se conocen las consecuencias desastrosas de los accidentes de centrales nucleares como Tchernobyl o Fukushima. No hay duda, la energía nuclear es una amenaza mortal contra la vida humana y los ecosistemas naturales. Por tanto, no es la garantía del futuro sino, muy al contrario, una amenaza para la humanidad.

Llamamiento. Por el levantamiento de las sanciones.

Puesto que los gobernantes y los grandes de este mundo no funcionan más que en función de sus propios intereses y no están guiados más que por sus beneficios, no pedimos a los dirigentes de los Estados Unidos (u otro país) que cambien su política y levanten las sanciones. En cambio, contamos con la voluntad y la fuerza del pueblo oprimido para defender sus reivindicaciones. Pedimos a todos los partidos y fuerzas progresistas, a los intelectuales de los países que han preconizado las sanciones contra Irán que reaccionen frente a esta situación reivindicando el levantamiento de las sanciones.

Solicitamos a nuestros compañeros y compañeras de todo el mundo que luchen contra las políticas neoliberales, las armas de destrucción masiva, la intervención imperialista (humanitaria o punitiva) y las sanciones económicas. Hay que remarcar que las sanciones económicas y las intervenciones extranjeras engendran la guerra y la represión -cuya realidad tiene una dimensión sistémica- y matan, en sentido propio y figurado, todas las posibilidades de esperanza colectiva de cambiar nuestras condiciones de vida. Pedimos igualmente ser solidarios con nuestro combate común, pues la solidaridad internacional es una baza muy importante en la lucha. Demandamos a los trabajadores y los militantes que se organicen y lleven a cabo la lucha emancipatoria.

15/10/2013

Artículo publicado en persa en la revista en línea praxies: http://praxies.org/?p=2959 . Traducido de la versión publicada en http://alencontre.org/moyenorient/iran/iran-des-sanctions-contre-les-opprime%C2%B7e%C2%B7s.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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