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Afganistán
El fraude de las marionetas de Washington
04/09/2009 | Yvan Lemaître

Según los últimos resultados parciales, sobre el 35% de los votos, publicados el 29 de agosto por la comisión electoral puesta en pie por el presidente saliente Hamid Karzai, este último obtendría el 46,2% de los votos, contra el 31,4% para su rival y antiguo jefe de la diplomacia, Abdulá Abdulá.

Si estos resultados se confirmaran, se tendría que organizar una segunda vuelta en octubre. Esto basta para que Karzai acuse al emisario americano, Richard Holbrooke, de haber actuado entre pasillos en su contra para que tenga lugar una segunda vuelta. ¡Confesión cínica de que son los americanos quienes manejan los hilos, que él no es más que su marioneta!

Abdulá Abdulá denuncia un “fraude masivo”, el “atiborramiento de las urnas”. Según los datos oficiales, no habría más que doce millones de afganos en edad de votar y sin embargo, a la salida de la campaña de inscripción electoral, se contaban ¡17 millones de electores!. Hoy, la comisión electoral no es capaz de dar la cifra precisa del número de electores. Pero, en el conjunto, la participación electoral habría sido, en efecto, muy débil, en particular en el este y el sur, entre el 10% y el 20%.

Las presiones y las amenazas de los talibanes de impedir las elecciones no han podido ejercerse más que porque se apoyaban en la desmoralización de la población ante la impotencia del poder, la corrupción, el tráfico de drogas, la violencia de una guerra cada vez más mortífera.

Las presiones

Cualesquiera que sean, al final, los resultados oficiales, incluso si como es lo más probable, Karzai gana, está en curso una crisis política. “El mismo régimen que ha organizado este fraude masivo será impuesto a Afganistán por cinco años suplementarios”, denuncia Abdulá Abdulá para justificar sus propias ambiciones. “Además de todos los problemas que tienen este gobierno y esta administración, estará el de la legitimidad”.

La mascarada democrática organizada por las tropas de ocupación, esta “impostura” denunciada por los talibanes, lleva al opuesto del objetivo perseguido. Lejos de legitimar la ocupación y el fantoche poder afgano, contribuirá a desacreditarles aún más.

Es, con toda evidencia, un fracaso de la política de Obama, obligado, a mayor o menor corto plazo, a franquear una etapa más en la intensificación de la guerra. Es por otra parte lo esencial del discurso del Primer ministro británico, Gordon Brown, el 29 de agosto, a las tropas británicas a las que prometió refuerzos en hombres y material. Una huida hacia delante, que ha costado la vida ya a más de 200 soldados británicos, más que en Irak.

La guerra es así cada día más impopular tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. No hay más salida para los pueblos de Afganistán, para la democracia, que la retirada de todas las tropas de ocupación.

2/09/2009
www.npa2009.org/
Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR






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