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Portugal
Política de vodevil
10/07/2013 | João Camargo

Una intriga como la que se ha desarrollado en Portugal en las dos últimas semanas no podría haber sido escrita ni por el peor guionista de culebrones de todos los tiempos. La política y la democracia se han ido por la puerta. Portugal ha sido despojada de toda clase de lógica política y los sucesivos episodios y virajes a que asistimos cada día demuestran lo insostenibles que son el gobierno actual y su mayoría parlamentaria.

La semana anterior hubo una importante, masiva huelga de la enseñanza que dejó en suspenso los exámenes pendientes por la que el gobierno se vio forzado a suspender una serie de medidas y retroceder ante la lucha sindical. Después tuvo lugar una sonada huelga general, la cuarta a que se ha enfrentado este gobierno y la segunda que han convocado conjuntamente las dos confederaciones sindicales. Esta huelga fue todo un éxito, la más masiva desde que se constituyó el gobierno de coalición liberal-conservador. Conviene destacar algunos aspectos relacionados con esta huelga: la mayoría de la opinión la apoyaba, incluso entre quienes no la secundaron. Hasta la asociación patronal reconoció que había un montón de razones para covnocar una huelga general.

El lunes 1 de julio, Vítor Gaspar, ministro de Hacienda y alto cargo del Banco Central Europeo (supuestamente en excedencia), presentó su dimisión. En la carta que escribió mencionó la presión insuperable en relación con sus dos anteriores solicitudes de cese tras las dos protestas masivas contra la troika y el gobierno en septiembre de 2012 y marzo de este año. También señaló los repetidos errores de predicción de los resultados macroeconómicos, en particular la falta de vigor político que tenía para seguir implementando las reformas y recortes previstos en el memorando de la troika. Dijo que su cese reforzaría al gobierno y agradeció la amistad que le había mostrado el primer ministro, Passos Coelho. Sus previsiones fallaron de nuevo.

El primer ministro intentó ahuyentar rápidamente el espectro del hundimiento que se cernía sobre el gobierno y nombró ministra a la segunda de Gaspar en el ministerio, la secretaria de Estado del Tesoro, Maria Luís Albuquerque. El problema era que en los últimos meses Albuquerque había sido objeto de fuertes controversias en relación con operaciones de permutas financieras tóxicas que había llevado a cabo cuando era directora financiera de una empresa pública, REFER. Últimamente fue nombrada responsable gubernamental para investigar las pérdidas masivas de la empresa pública que había utilizado dichas operaciones financieras tóxicas, incluidas las que había ejecutado ella misma. En el curso de este trámite en el parlamento, el conjunto de la oposición la acusó de mentir. Las pérdidas para el erario público ascienden a miles de millones de euros, puesto que el Estado ha comprado estos activos tóxicos y cancelado acuerdos de miles de millones con los bancos.

Al día siguiente, Albuquerque debía asumir el cargo en la sede de la Presidencia de la República. El presidente es Cavaco Silva, exministro de Hacienda y exprimer ministro por el Partido Socialdemócrata (PSD, el principal partido de la coalición), responsable en gran parte de las decisiones que se adoptaron al ingresar en la UE y de las enormes cantidades de dinero recibidas para la transición económica previa a la adhesión. Es el político en activo más antiguo de Portugal, donde viene ejerciendo el poder desde hace casi 30 años.

Entonces cayó la bomba que hizo explotar todos los planes: Paulo Portas, jefe del partido menor de la coalición (CDS-PP, democristianos), presentó su dimisión al primer ministro, poniendo de manifiesto su decisión, irrevocable, de dejar el gobierno y declarando que “permanecer en el gobierno sería un acto de encubrimiento”. Portas, que también es un político de larga trayectoria y fue ministro de Defensa en el gobierno de Durão Barroso, es el líder del partido conservador, que obtuvo el 10% de los votos en las últimas elecciones. Era ministro de Asuntos Exteriores y se había encargado de presentar en el pazo de dos semanas el guion de un plan de recorte de 4.700 millones de euros del gasto público del Estado; una reforma que estaba pendiente desde el mes de febrero pero que se pospuso docenas de veces a causa de las luchas sociales masivas que tuvieron lugar en Portugal en los últimos meses. En su carta de dimisión, Portas atribuyó su decisión al nombramiento de Maria Luís Albuquerque para dirigir el ministerio de Hacienda, defendiendo que era necesario cambiar la política de “austeridad de toda costa” de Gaspar. Cuarenta minutos después, el Presidente de la República ratificó a la nueva ministra de Haciendia, Maria Luís Albuquerque.

Theaterpolitik

En la tarde del 2 de julio sucumbió finalmente el gobierno de coalición portugués. Ha sido un cadáver político y social durante un tiempo, pero la dimisión de Gaspar (el ministro de la troika) y de Portas (jefe del socio de coalición), precedida por la dimisión de Miguel Relvas (segundo del primer ministro y estratega político del PSD) en abril marcaban muy claramente su final definitivo. ¿O tal vez no?

Rápidamente empezó a caer la bolsa y a aumentar el interés del público, mientras todos los mensajes de Europa apuntaban la necesidad de proseguir con las reformas en Portugal. Barroso dijo que ya había signos de recuperación en Portugal (¿dónde?) y que el gobierno debía mantenerse. Recordemos que el desempleo en Portugal se sitúa oficialmente en el 17,6%, pero en realidad está más cerca del 25%, con un millón y medio de parados. El déficit presupuestario actual es del 10,6% del PIB, cuando a finales de 2012 era del 7,1%. Se prevé que la deuda pública alcanzará a finales de 2013 el récord de nada menos que el 138% del PIB. El año 2012 finalizó con una recesión del –3,2%. En el primer trimestre de 2013, la recesión se agravó, alcanzando el –3,9% del PIB. La austeridad está destruyendo al pueblo de Portugal y su economía, como sucede en otros países bajo este nuevo régimen social.

A las 20 horas del martes, 2 de julio, Passos Coelho se dirigió al país mediante una declaración pública emitida por televisión. Coelho anunció que no dimitiría, que deseaba aclarar los motivos de la dimisión de Portas y que por tanto no aceptaba la dimisión del ministro. En las calles hubo manifestaciones celebrando la caída del gobierno. El presidente de la República defendió la continuidad de la coalición o cualquier otra fórmula que asegurara la “estabilidad”, haciendo caso omiso del deseo de amplios sectores de la población de que dimitiera el primer ministro y se convocaran nuevas elecciones. Expresidentes de la República, exdirigentes del CDS y del PSD y el conjunto de la oposición, de los sindicatos y de los movimientos sociales exigieron públicamente la disolución del gobierno de coalición.

Portas no había informado a la dirección de su partido de que pensaba dimitir, y el congreso del partido estaba convocado para el fin de semana siguiente. Portas se reunió con la comisión política de su partido después de la alocución de Coelho y éste le denegó su apoyo en la votación sobre el abandono de la coalición. De todos modos, logró que le autorizara a reunirse con el primer ministro y tratar de recomponer la alianza.

Al día siguiente, la bolsa se hundió con la caída más grande desde 1998 (7%) y el interés de la deuda pública para préstamos a diez años aumentó del 3% al 8%. Sonaron las alarmas en toda la banca y los despachos empresariales. Frente a la reivindicación común de la calle y de todos los medios, la burguesía enviaba un mensaje claro: nada de elecciones, nada de dimisión. Entonces se desató una nueva campaña de miedo: la idea del segundo rescate inminente, que de hecho había precipitado las dimisiones. Coelho fue a Berlín por asuntos de gobierno y volvió el mismo día con garantías de la canciller Merkel y de su plena confianza en la continuidad de las políticas actuales. Ese mismo día tuvo lugar la primera de tres reuniones entre Passos Coelho y Portas. El presidente de la República pidió que ambos líderes permanecieran en el gobierno.

Durão Barroso declaró desde su despacho en Bruselas: “Los mercados han dado una lección a los portugueses”. Ellos son los únicos que pueden decidir cuándo cae un gobierno o cuándo se convocan elecciones. La “realpolitik” es un concepto del pasado; en la edad de la troika, lo que tenemos es “theaterpolitik”, en la que la relación de la población con los actores se reduce a la de mera espectadora.

Los portugueses han presenciado sobrecogidos el vergonzoso espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos: el ministro de Hacienda que dimitió porque no podía seguir aplicando sus políticas ciegamente destructivas; el nombramiento de una ministra acusada de mentir en el parlamento para que siga aplicando esas mismas políticas; la dimisión del líder del socio de coalición disconforme con tal nombramiento; la negativa del primer ministro a aceptar la dimisión y finalmente su victoria al forzar al ministro que había dimitido irrevocablemente (según sus propias palabras) un día antes a revocar su dimisión. Passos Coelho parecía haber ganado apoyo. ¿O tal vez no? A lo largo de la semana hubo pequeñas manifestaciones que reclamaban la dimisión del gobierno.

Romper la baraja

El sábado, tras las reuniones que tuvieron lugar a lo largo de la semana para dicutir un posible acuerdo con miras a mantener en vida la coalición moribunda, las direcciones del CDS y del PSD se reunieron en un hotel de Lisboa. Hubo manifestaciones en la ciudad, convocadas por la CGTP, el sindicato mayoritario, y cerca del palacio presidencial se congregaron varios miles de personas, pero los 43 ºC de temperatura en las calles impidieron que acudiera más gente. En Oporto y Funchal (Madeira), cientos de personas salieron a la calle exigiendo la dimisión del gobierno y la convocatoria de elecciones.

A las 19.30 de ese día, el primer ministro se dirigió al país en una conferencia de prensa celebrada en el hotel. Con Paulo Portas a su lado, que no abrió la boca, Pedro Passos Coelho presentó el nuevo acuerdo de gobierno de coalición: Portas, que había presentado su dimisión cinco días antes, pasaría a ser viceprimer ministro responsable de la coordinación de la política económica, las relaciones con la troika y la reforma del Estado; la recién nombrada ministra de Hacienda mantendría el cargo y además ascendería al rango de ministra de Estado; António Pires de Lima, un hombre de negocios que forma parte de la dirección del CDS, pasaría a ser ministro de Economía. El acuerdo todavía tenía que ser ratificado por el presidente de la República.

El socio menor de la coalición parece haberse llevado la palma en un episodio político que, aunque todavía no ha concluido, ni mucho menos, será recordado durante mucho tiempo como una infame sucesión de desvergonzadas maniobras palaciegas, especialmente cuando dejan de aplicarse las reglas de la democracia y la vergüenza ha abandonado desde hace tiempo las mentes y las decisiones de los partidos y los políticos que imponen el régimen de austeridad con el apoyo de la burguesía decadente. El congreso del CDS-PP se ha aplazado sine die y parece que este partido está ahora bajo el control exclusivo de las instrucciones de la troika, que lo ha forzado a retornar a un gobierno moribundo incluso después de los gestos teatrales de su líder, que ahora ha visto reforzado su poder a pesar de haberse revelado como alguien que haría cualquier cosa por conservar su poder. De hecho, el episodio ha puesto a prueba la coherencia política de este partido conservador y ha demostrado su total ausencia: la comisión política que había criticado la traición del líder cuando decidió romper la coalición por su cuenta, ratificó finalmente su nuevo nombramiento. Claro que en ese momento la decisión ya no estaba en manos del CDS-PP, sino que ya había sido adoptada por la troika y el presidente de la República, poniendo en evidencia lo que es ese pequeño partido: una palanca para la implementación de un nuevo régimen, aunque es posible (y probable) que acabe destruyéndolo.

Al abandonar el hotel, los coches oficiales fueron rodeados y perseguidos por un pequeño grupo de manifestantes y tuvieron que ponerse a salvo circulando en dirección contraria con la ayuda de la policía. No cabe duda de que en la semana entrante se producirán nuevos acontecimientos, ya que está a punto de consumarse el mundo surreal de la sustitución de la democracia por el gobierno directo de la troika y la población ha visto el episodio de los últimos días como un claro signo de la decrepitud de los partidos gobernantes.

Un resumen de la situación muestra lo lejos que está en estos momentos la población tanto el gobierno como sus políticas: tras las dos mayores manifestaciones de las últimas décadas en Portugal (15 de septiembre y 2 de marzo) contra la troika, la austeridad y el gobierno, la coalición ha intentado blindarse frente a las ondas de choque de las protestas masivas, posponiendo nuevas medidas de austeridad, pero al verse confrontada con la necesidad de forzarlas (en la próximas semanas vendrá la troika a Portugal para la 8ª evaluación del programa), las contradicciones internas de los partidos de la colación las ha llevado al colapso. De momento, el gobierno muerto ha sido resucitado como el monstruo Frankenstein. La crisis política no se ha superado, ni mucho menos, y la legitimidad del gobierno no es que esté en tela de juicio, simplemente carece de toda legitimidad. Solamente deciden la burguesía y la troika (especialmente esta última puede decidir la caída de un gobierno). La incompatibilidad de la democracia con la austeridad es en estos momentos un hecho incontestable y es probable que los próximos meses sean testigos de un rápido deterioro de la situación política y social.

7/07/2013

João Camargo es activista político del movimiento contra la troika

Traducción: VIENTO SUR





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