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Pakistán
Elecciones en un clima de tensión
15/05/2013 | Tino Brugos

El sábado 11 de mayo se celebraron las elecciones generales en Pakistán, denunciadas como anti-islámicas desde tiempo atrás por los Talibanes locales que llamaron al boicot de las mismas. A pesar de su violenta campaña, que ha incluido diversos atentados tanto suicidas como con coches-bomba, la votación se ha realizado en medio de un clima de temor pero con una tasa significativa de participación, situada en torno al 60% del cuerpo electoral.

Aunque han aparecido diversas voces denunciando fraude y manipulación de voto, los observadores internacionales han avalado el proceso calificándolo como correcto en términos generales, máxime teniendo en cuenta la existencia de fuertes presiones para que la consulta no llegara a realizarse.

El contexto

Hay algunos elementos a tener en cuenta para poder valorar estas elecciones. Quizás el más significativo sea el hecho de que se trata de la primera ocasión desde la independencia de 1947 en la que las urnas se abren paso tras agotar una legislatura parlamentaria. En efecto, hasta ahora la vida política del país ha estado marcada por una fuerte inestabilidad concretada en varios golpes de estado protagonizados por el Ejército que han interrumpido la vida parlamentaria de forma abrupta. A ese dato habría que añadir crisis políticas en las que se han enfrentado los diferentes poderes del estado. Todo ello ha complicado el desarrollo de la vida institucional hasta el extremo de que nunca antes un gobierno había podido agotar el periodo legislativo.

Otro elemento a tener en cuenta es la importancia de Pakistán tanto dentro del contexto político regional como en el conjunto del mundo islámico. Con sus 165 millones de habitantes supera, en términos demográficos, a potencias como Rusia o Japón; es el segundo estado musulmán más importante del mundo tras Indonesia, que cuenta con 170 millones de habitantes. Otro hecho a destacar: se trata del primer estado musulmán con acceso al armamento nuclear.

Pakistán es un país que, simplemente a partir de los datos anteriores, no puede pasar desapercibido. Sin embargo, una aproximación a obras dedicadas a su estudio nos ofrece títulos que se acercan más a la caracterización de un estado fallido que a una potencia. Sintomática la propuesta de Ahmed Rashid, Descenso al caos, u otras que hablan de deriva hacia el extremismo, al borde del abismo, peligro de desintegración, etc. Se trata de un estado que debe hacer frente a una serie de retos complicados como pueden ser el avance del islamismo combatiente, la crisis económica y energética permanente, catástrofes naturales recurrentes como inundaciones o terremotos, la presencia en el poder de unas élites depredadoras que patrimonializan el control del aparato de estado o la fragilidad de los gobiernos civiles, por señalar algunos de los más significativos.

Estos datos permiten valorar en su justa medida la importancia que tiene el hecho de celebrar elecciones en este país. Si de algo han servido esta convocatoria electoral ha sido para demostrar la existencia de una elevada legitimidad entre su propia población, que no ha dudado en participar a pesar de las serias amenazas lanzadas por los sectores islamistas militantes, que han mostrado su incidencia, real y nada desdeñable, aunque limitada. A falta de datos definitivos se habla de 84 millones de votantes de los que 36 millones habrían sido mujeres, un dato realmente significativo si se tiene en cuenta que en buena parte de las zonas tribales pastunes algunas fuerzas se pronunciaron por prohibir su participación

Las propuestas electorales

Tradicionalmente la vida política del país ha venido girando en torno a dos grandes partidos, la Liga Musulmana, de carácter conservador y con fuerte influencia islámica, y el Partido Popular de Pakistán, que en la década de los sesenta del pasado siglo se presentaba como progresista y socialista islámico. Las campañas de su dirigente histórico, Zulficar Ali Bhuto, se centraban en el slogan de pan, ropa y vivienda (roti, kapra or makan) que pretendía garantizar las necesidades básicas de la población. Lo cierto es que ambos partidos forman parte de un sistema oligárquico compuesto por 42 familias tradicionales que desde el surgimiento del estado han venido acaparando los puestos más importantes del aparato del estado.

Se podría hablar de un bipartidismo imperfecto ya que generalmente, con las alternancias correspondientes, ambos partidos han funcionado como la base que garantiza el funcionamiento del sistema político. A ellos habría que añadir otros partidos menores como el MQM, hegemónico en Karachi, que representa los intereses de la población emigrada de la India en el momento de la partición; o el Partido Awami, con presencia en las zonas pastunes. En ambos casos se trata de fuerzas laicas aunque representan a sectores sociales enfrentados. Junto a ellos están otras fuerzas menores de carácter islamista en sus diversas variantes sectarias (Jamiat Islami, Jamiat Ulema Islam y Jamiat Ulema Pakistan) que, aunque minoritarias, gozan de una influencia social significativa. En ocasiones alguna de estas fuerzas ha actuado como elemento de apoyo de cara a la formación de gobiernos provinciales o como apoyo parlamentario.

La década de los noventa estuvo marcada por un predominio civil, aunque inestable. Hubo dos gobernantes que se turnaron en el poder, ambos estuvieron en dos ocasiones dirigiendo el gobierno. Se produjeron cuatro consultas electorales y se consolidó un bipartidismo entre la Liga Musulmana, que acabó escindiéndose, y el PPP dirigido por Benazir Bhuto, hija de Alí Bhuto. Esta fase culminó con el golpe de estado de Musarraf que, como en casos anteriores, fue una fase intermedia que acabó dando paso al actual período de predominio civil.

Los resultados

Tres días después de la celebración de la consulta todavía no existen resultados oficiales definitivos. La Comisión Electoral de Pakistán, el organismo encargado de controlar la consulta anunció que hasta la mitad de esta semana no habrá resultados definitivos. Al mismo tiempo intentaba llamar a la calma y reducir importancia a las denuncias de fraude. Para justificar esta lentitud se han alegado dificultades técnicas y la necesidad de verificar los resultados antes de hacerlos públicos. Esto no ha impedido que diversos medios den como vencedor de los comicios a la Liga Musulmana de Nawaz Sharif, quien anunció su disposición a buscar acuerdos con otras fuerzas ante la posibilidad de no contar con una sólida mayoría parlamentaria.

Está por ver quien se hace con la segunda posición, bien el candidato del PPP Zardari, a quien las encuestan daban resultados malos debido a su falta de carisma, o al Movimiento por la Justicia con el que se presentaba el jugador de cricket Inram Khan. Esta última ha sido la candidatura que se ha presentado como alternativa a los partidos tradicionales.

La candidatura de Inram Khan ha hecho una campaña que ha estado basada en la denuncia de la corrupción, los cortes de electricidad y la petición de negociaciones con los líderes tribales pastunes para reducir los niveles de violencia, partiendo de su deseo de retirar a los militares de las áreas tribales (FATA). Al mismo tiempo condenaba los bombardeos con drones o vuelos no tripulados, anunciando su deseo de pedir a los norteamericanos el final de su uso generalizado como hasta ahora. Su candidatura se apoyaba en sectores medios de extracción urbana, franjas jóvenes y grupos vinculados al mundo del deporte. Según las previsiones sus resultados serán bastante limitados con aproximadamente 30 escaños de un total de 272. Si se confirman las revisiones, tendría una fuerza grande en la provincia de Khyber-Pakhtunwa. En todo caso, Imram Khan emerge como nuevo líder opositor aprovechando su popularidad y tirón mediático.

Un dato a destacar es la escasa información que se tiene sobre la situación en Baluchistan y su impacto en las votaciones. Se trata de la zona más compleja del país, donde en estos momentos se superponen varios enfrentamientos: entre nacionalistas y Ejército, baluchis y refugiados pastunes, así como entre los grupos sectarios sunnitas y la minoría hazara de confesión chiita. Los informes existentes hablan de una participación menor en las votaciones. Tanto en Baluchistán como en Khyber los Talibanes se han hecho presentes en la campaña con numerosos atentados incluso el mismo día de las elecciones. Todos los partidos laicos han sufrido el acoso de los fundamentalistas, en especial el Partido Awami al que los Talibanes han intentado poner fuera de juego con atentados contra sus sedes y algunos de sus mítines.

15/05/2013





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