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Fiscalidad europea
Los cazadores cazados
14/01/2013 | APEX

Pregunta: ¿cuándo comenzó a acelerarse la competencia fiscal en Europa que hoy desata las polémicas en torno a la salida de Francia de Bernard Arnault
(patrón de LVMH) y Gérard Depardieu, entre otros? Respuesta: en las décadas de 1980 y 1990… La libre circulación de capitales, la constitución de una zona
económica única, la existencia de una moneda parcialmente común, las facilidades dadas a la deslocalización de los holdings financieros… Todo eso
se ampara en tratados y decisiones políticas convalidadas por los parlamentos nacionales.

Empezando por:

1 - El Acta Única Europea de 1986, que dio manga ancha a la libre circulación de capitales y mercancías. Reforzó la dimensión de “zona de libre
comercio” de Europa.

2 - El Tratado de Maastricht, de noviembre de 1993, que completó la definición jurídica de la Unión, sus instituciones y sus principales objetivos.
Concretó además las condiciones de la adopción de la moneda única (criterios de convergencia que condicionan la entrada de un país en la zona del
euro): entre otras, una tasa de inflación que no supere en un 1,5 % o más la de los tres países con la inflación más baja; un déficit
presupuestario inferior al 3 % del PIB; un endeudamiento público inferior al 60 % del PIB.

Así hemos llegado a esta Unión Europea de construcción totalmente liberal, sin convergencia de regímenes fiscales, especialmente de los impuestos sobre el
capital y de los tipos del IVA. De ahí la pregunta: ¿cómo es posible que una institución tan ambiciosa, capaz de cuadrar los gastos públicos nacionales y
de fijar de un modo tan rígido ciertos indicadores “fundamentales” de los Estados miembros, no haya pensado desde el principio en hacer converger las
fiscalidades nacionales? ¿Un olvido? ¿Una amnesia aritmética en torno al hecho de que el déficit público resulta de la diferencia entre gastos e...
ingresos?

Por supuesto que no.

La característica del librecambismo liberal radica precisamente en hacer que compitan las “cargas variables” que pesan sobre la rentabilidad del capital,
los derechos sociales y, desde luego, la fiscalidad. Y es justo esto lo que se hizo con pleno conocimiento de causa. Y pese a los trabajos reiterados de
diversas comisiones fantasma sobre la aproximación fiscal, ¡seguimos esperando! Como dice el proverbio: “Las promesas solo comprometen a quien se las
cree”. En este mismo sentido, recordemos las numerosísimas promesas, desde los años ochenta, de una Carta Social que empujaría al alza los derechos
sociales. Sin embargo, estos derechos no han hecho más que menguar desde entonces.

Fue por tanto, efectivamente, en las décadas de 1980 y 1990. La historia vuelve como un bumerán para dar en la cabeza a quienes la hicieron. Para
“descubrir” que las decisiones a las que contribuyeron en gran medida, a pesar de todas las críticas, facilitan la huida fiscal. ¿Ha hecho mal Depardieu?
Desde luego, pero ¿para qué ofuscarse si uno mismo ha participado con cuerpo y alma en esta estructura política que desde hace años permite a las
multinacionales privar al tesoro público de centenares de miles de millones de euros a escala de la Unión y favorece las deslocalizaciones? ¿Por qué ahora
se rasgan las vestiduras al ver el telediario de la noche, después de aceptar en las décadas de 1980 y 1990 una Europa que permite crear sociedades
fantasma en Luxemburgo o en los Países Bajos? ¡Un poco de memoria, ya está bien!

13/1/2013


http://alencontre.org/europe/fiscalite-europeenne-les-arroseurs-arroses.html

Traducción: VIENTO SUR





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