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Desahucios
Amarga victoria
13/11/2012 | Miguel Romero

Toda la baraúnda político-mediática que se ha montado sobre los desahucios y todo el drama de sus víctimas, algunas de ellas quizás ilusionadas ahora por la posibilidad de que puedan aliviarse sus padecimientos, no deberían desplazar un logro y una lección fundamental para la lucha social y política. A saber: por primera vez desde el comienzo de la crisis, el gobierno, la leal oposición y la banca -que constituyen una “mini troika”, versión doméstica de similar catadura que la “oficial”- van a retroceder en los postulados que vienen aplicando en un tema sustancial y van a hacerlo como consecuencia de la presión de una movilización social.

No cabe duda de que será un retroceso miserable respecto a la magnitud del problema. Que además viene acompañado de una cacería descarada de beneficios directos e indirectos por la “mini troika” y de argumentos indecentes hasta la náusea: ahí tenemos al ministro de Economía proclamando: “Que ninguna familia de buena fe se quede sin techo”, o a los portavoces de la banca dispuestos a paralizar los desahucios en casos de “extrema necesidad”, o a los equipos consensuadores del PP y del PSOE buscando el nivel de “vulnerabilidad” que daría acceso a los alivios precarios de la futura ley, mientras se calientan la boca con supuestos objetivos que ni rozan lo que están consensuando (“el objetivo es que nadie se quede sin casa”, dice Rubalcaba, cuando sabe que la ley que está negociando no tendrá efectos retroactivos y dejará sin casa, al menos, a las más de 400.000 familias que ya la han perdido desde el comienzo de la crisis) o incluso Rouco Varela, un personaje particularmente repulsivo, que por la mediación milagrosa de la Virgen de la Almudena, pasó de echar de su basílica, no hace tanto tiempo, a gente que luchaba contra los desahucios a incluirlos en sus plegarias el pasado día 9.

No cabe duda de que los desahucios han constituido una expropiación gigantesca y un formidable negocio para la banca, que se ha hecho a precio de saldo con inmuebles a los que encontrará beneficios, directamente o vía el “banco malo”, más las hipotecas cobradas, más las deudas imputadas a las víctimas de contratos/estafas. Y no cabe duda que lo que se está consensuando en la futura ley no es, como debiera ser, que los acreedores indemnicen a los deudores, sino formas de alivio parcial de la situación de una parte de las víctimas, a las que además tienen la desfachatez de seleccionar según sus criterios de “buena fe” o “extrema necesidad”.

Pese a todo este barrizal, pese a todo lo que quedará por hacer para mantener y reforzar la solidaridad con las familias en riesgo de desahucio, hay recordar y valorar que si los desahucios han pasado de ser tragedias privadas invisibles a un acontecimiento público que conmociona a la sociedad y ha obligados hasta a los poderes establecidos a intentar salvar la cara por medio de un consenso de circunstancias, ha sido gracias a iniciativas locales que nacieron en Barcelona y Murcia cuando aquello parecía un tema marginal, y encontraron después un catalizador y un sembrador en el 15M.

Así, de aquellas dos iniciativas ejemplares, hemos pasado a más de cien PAH, movidas por la pura solidaridad en su sentido más auténtico y cercano: con el vecino, muchas veces inmigrante, víctima de una injusticia flagrante.

Las PAH son ahora organismos vivos, plurales, siempre a disposición de quienes los necesitan, que conciben la solidaridad como una ayuda mutua e igualitaria entre quienes están hoy amenazados de desahucio y quienes les ayudan a impedirlos y quizás necesiten esa ayuda mañana. Así se construye realmente la cultura política de “lo común”, una cultura y una moral antagonista del capitalismo neoliberal.

Las PAH no obedecen a ninguna estrategia, a ninguna vanguardia, no tienen aparatos profesionales, ni apenas recursos económicos… En términos contables han obtenido resultados muy modestos: unos 500 desahucios paralizados a escala de Estado, unos 150 en Madrid, cuando en el segundo trimestre de este año ha habido 526 desahucios diarios. Pero en términos políticos este movimiento ha conseguido, desde abajo, una victoria, con el regusto amargo de la manipulación política y mediática que la acompaña, pero victoria finalmente, porque sólo cuando ellos retroceden, nosotros podemos avanzar. Está bien recordarlo en vísperas del 14N.

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR





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