aA+
aA-
Grabar en formato PDF
Egipto
El ejército tiene la piel dura
02/09/2012 | Samar Al-Gamal

Sabe usted, el presidente en este país, por los próximos 50 años, debe ser un militar. Los dirigentes de la guerra priman sobre los demás”, así se lo habría confiado el antiguo presidente Anuar Al-Sadat al escritor Hassanein Heikal. Los militares reinaban ya desde hacía un cuarto de siglo sobre el país. Pero cuando se produjo esta conversación en 1957, Sadat establecía una distinción entre los militares de julio de 1952 y los de octubre de 1973. También habría dicho: “La generación de julio no es ya adecuada y es tiempo de que entregue las riendas a la generación de octubre”.

Jubilando al ministro de Defensa, el mariscal Hussein Tantawi, y al jefe del Estado Mayor, Sami Anan, el recientemente nombrado presidente Mohamad Morsi ha puesto fin al papel de esta generación de octubre a la que Sadat había entregado las riendas. Morsi es, en efecto, el primer civil en acceder a la magistratura suprema desde el derrocamiento de la monarquía por los Oficiales Libres en 1952, y parece claro que ha debido haber negociaciones entre la presidencia y los militares a propósito de esos cambios a la cabeza del ejército.

Durante la revolución que ha hecho caer a Mubarak, sucesor de Sadat, y a lo largo de estos 18 meses de la transición, los egipcios en revuelta gritaban: “Abajo el poder militar”, llamando a los militares a entregar el poder a los civiles. Estas palabras iban más allá de una simple protesta contra una transición mal gestionada. Dan una descripción precisa de la situación en Egipto desde que el ejército llegó al poder con la revolución de julio. Una élite militar que no volvió a los cuarteles como deseaba el primer presidente Mohamad Naguib. Al contrario, los Oficiales Libres y sus herederos se implantaron sólidamente ocupando los puestos más importantes en el seno del Estado. Y cada vez que un general se jubilaba, le concedían un puesto en un aparato administrativo del Estado. La discusión que Sadat tuvo con Heikal acabó con la elección de Hosni Mubarak como vicepresidente. Durante los tres decenios que este último pasará en la cabeza del Estado, los militares estarán en primera fila de las instituciones estatales, una estrategia.

La remodelación iniciada por Morsi aparece pues como una decisión histórica, puesto que por primera vez, desde la creación del Estado egipcio moderno, unos jefes militares son despedidos por una autoridad civil elegida. Es también la primera vez que la legitimidad de las urnas está por encima de la legitimidad de las victorias militares. La legitimidad de Naguib y de Nasser era el golpe de 1952, la de Sadat era la guerra de octubre contra Israel. En cuanto a Mubarak, basó su legitimidad en el ataque aéreo que sirvió de cobertura a las tropas egipcias para atravesar el Canal de Suez, del que era su arquitecto. Morsi, por su parte, saca su legitimidad de la voluntad de la calle, de los ciudadanos que han votado por él en mayo pasado.

La remodelación iniciada por Morsi en el seno del ejército ha sido vista sin embargo como una etapa para “fraternizar” al país, es decir, reforzar el papel de los Hermanos Musulmanes de donde proviene. Los dirigentes militares despedidos no han sido reemplazados por miembros de la hermandad y por otra parte, han recibido honores. Tantawi ha recibido la muy prestigiosa Orden del Nilo que le vale ser tratado como un jefe de Estado, y Anan ha recibido la Insignia de la República. Los demás dirigentes reemplazados han recibido puestos importantes en el seno de la administración como el de Director General del Organismo del Canal de Suez.

Este cambio en la cabeza del Estado, seguido de otro a la cabeza del ejército, no pone sin embargo fin al poder de los militares.

Según el profesor de ciencias políticas Rabab Al-Mahdi, “es cierto que la institución militar no está ya a la cabeza del ejecutivo, pero esto no significa el fin de su papel político. Continúa jugando un papel entre bastidores”.

Y están ya muy presentes en la administración y en la economía. Hecho revelador, 16 de las 27 provincias de Egipto están dirigidas por generales o coroneles. Y 13 de los 25 jefes de barrio de El Cairo son militares, sin contar los municipios

Se les encuentra en Ministerios como el de Medio Ambiente y Transportes, en las compañías de aguas y de petróleo.

Los oficiales retirados dirigen tres sectores muy importantes como la agricultura, la urbanización y el turismo. Dirigen igualmente fábricas de pastas, de aceite y de agua mineral. El historiador Mohamad Al-Gawadi habla de un cambio de papel y no de un debilitamiento del papel del ejército, y basa su visión en las actividades económicas de las fuerzas armadas que siguen siendo por otra parte un tabú. Estas actividades representarían entre el 25% y el 40% de la economía. No se sabe cómo las decisiones que se refieren a los proyectos de inversión gigantes son tomadas en el seno del ejército, cuanto cuestan esos proyectos y quien recoge sus beneficios, pues el ejército procura disimular todas las informaciones que tienen que ver con sus intereses, lo que hace de él un Estado dentro del Estado, sobre todo cuando sus actividades se escapan a todo control del ejecutivo.

Parece pues exagerado hablar el fin de los militares, según Seifeddin Abdel-Fattah, profesor de ciencias políticas en la Universidad de El Cairo. “El ejército continuará jugando un papel político y continuará así suscitando preguntas”, concluye.

22/08/2012

http://hebdo.ahram.org.eg/arab/ahram/2012/8/22/leve1.htm

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





Facebook Twitter Telegram RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons