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Siria
Los peligros de la liquidación de Zeino Berri
08/08/2012 | Yassin Sueyha

[En el periódico Le Monde, del 7 de agosto de 2012, Florence Aubenas, enviada especial escribiendo desde el norte de Alepo, concluye así su reportaje: “El caso Berri, y más en general el de los prisioneros, es escrutado con atención por los observadores de la crisis siria: varias investigaciones internacionales podrían ser emprendidas sobre los métodos del ESL (Ejército Sirio Libre), entre ellas las violaciones de derechos humanos. Los rebeldes se dicen dispuestos a cooperar. El asunto Berri no ha acabado. En Alepo, existe otra gran tribu de chabiha, los Merdil. Está ya negociando con los rebeldes su rendición”. El texto de Yassin Sueyha publicado a continuación -que es una traducción de una contribución en lengua árabe- demuestra que en el seno mismo de la revolución existe un debate sobre las modalidades de conducta de una lucha frente a un régimen tiránico, de una rara violencia. Este texto es uno de las muy numerosas contribuciones. La existencia misma de este debate constituye una dimensión importante del proceso en curso de esta revolución antidictatorial.

Recordemos, lo que precisa Florence Aubenas en su reportaje, los chabiha -dicho de otra forma “fantasmas”- constituyen una milicia de mercenarios utilizada desde hace mucho por el régimen Assad. Inicialmente, en febrero y marzo de 2011, el régimen pensaba poder hacer callar y retroceder al pueblo insurrecto organizando contramanifestaciones, movilizando a las redes del partido Baas, haciendo desfilar al personal administrativo que “proclamaba su adhesión” a Bachar el-Assad. La policía intervino con, de forma creciente, el apoyo de las llamadas fuerzas de seguridad. Cuanto más se desarrollaba la insurrección, más los chabiha, los mercenarios implicados en múltiples tráficos (armas, drogas, etc.) y en la intimidación represiva, se han convertido en los soldados más crueles, sobre el terreno, del poder. Aseguran hoy en los barrios o en las aldeas la fuerza de choque que completa la de los tanques, los helicópteros, aviones y soldados del llamado ejército oficial.

Un comandante del ESL, de la región de Alepo, declara a Florence Aubenas: “Estos últimos meses, el gobierno ha encargado a los chabiha el trabajo que nadie más quería -ni podía- hacer en el país: aplastar las manifestaciones, a cualquier precio. En Alepo, han ganado tanto poder que se creen los amos. Nos vengaremos”. Diversos testimonios, desde hace meses, han descrito las exacciones de estos mercenarios-gansters, con ocasión de manifestaciones de médicos, de estudiantes, en los funerales o como ojeadores e informadores de las “fuerzas de seguridad”. La “venganza”, en Alepo, ha estallado cuando una parte del clan Berri, con el “padrino Zeino”, pequeño ejército que reagrupa a varios centenares de personas, ha sido hecha prisionera por el ESL. Lo que desembocará el 31 de julio en la ejecución de un cierto número de ellos; un video ha circulado posteriormente en la red.

En el flujo de una insurrección antidictatorial combatida por todos los instrumentos represivos de un poder clánico incrustado en su aparato de estado, que protege su propiedad, es inevitable que tengan lugar arreglos de cuentas. Estos actos de venganza pueden ser fácilmente utilizados por quienes tienen interés en presentar la revolución antidictatorial como un enfrentamiento entre “dos fuerzas militares”, ciertamente no equivalentes en el plano logístico. Lo que conduce a desdibujar la dimensión de revolución democrática antidictatorial en curso y a borrar de la realidad siria las múltiples manifestaciones pacíficas que continúan en todo el país, entre otras situaciones, con ocasión de los funerales. Esta revolución es entonces reducida, de forma fraudulenta, por algunos, a una fórmula, deseada por el régimen: “la batalla de Alepo, madre de todas las batallas”.

Las deserciones de los policías o de los militares -que proporcionan una parte considerable del armamento del ESL- traducen de forma gráfica la naturaleza misma de un sistema en el que los dirigentes, el clan Assad, han cooptado y controlado durante años a ejecutores, mantenidos y cómplices. Ejecutores de los que una parte, que frecuentaba y cohabitaba incluso con los chabiha, hoy intenta librarse de su pasado. Es bajo el impacto de una insurrección popular, alimentada por las desigualdades sociales, la injusticia y la arbitrariedad sin límites, que el edificio dictatorial se ha resquebrajado y ha bombardeado y destruido ciudades enteras. Lo que constituye la confesión misma de su naturaleza, de un aislamiento construido frente a una sociedad saqueada y aplastada.

Ciertamente, algunos espíritus retorcidos van a presentar, en un futuro próximo, la situación en Siria como algo que se resume en un enfrentamiento entre Assad y “fuerzas reaccionarias”, bien ligadas a potencias externas (de Turquía a Qatar pasando por la Arabia Saudita o las potencias occidentales), bien “nucleadas” por fuerzas islamistas, bien por las dos. A partir de ahí, la neutralidad sería algo positivo para algunos “antiimperialistas” autoproclamados, cuya principal “cualidad” consiste en ignorar la realidad de la sociedad siria y su historia.

La descomposición del poder dictatorial en Siria no puede sino conducir a una reorganización de las intervenciones “externas” de las fuerzas que han apoyado en el pasado al régimen de Assad (de la Francia de Sarkozy a Arabia Saudita o Turquía) o que continúan apoyándole para intentar negociar la permanencia de una presencia en el futuro (China, Rusia, Irán).

De ahí la importancia para la revolución antidictatorial de un rechazo a caer en los enfrentamientos confesionales o también en las “liquidaciones”; rechazos que son constituyentes de un proyecto efectivo de autodeterminación de la población de Siria.

A propósito de esto, es útil conocer las “normas de conducta” difundidas en las redes sociales sirias, esta mañana 7 de agosto de 2012. [Estas normas son el texto de un cartel en el que figura un soldado del ESL y una bandera siria ndt]. Su traducción es la siguiente:

Formo parte del Ejército Libre: “combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, si cometer agresión: Dios detesta a los agresores” El Corán, Surata II “La Vaca”- verso nº 190.

No agredo, pero me levanto contra la agresión.

No ataco más que objetivos militares.

Me comporto con la gente con dulzura y humanismo y respeto sus bienes.

Protejo a los civiles de la venganza y de su utilización como escudos humanos.

Nos hemos armado para protejeros.

El Ejército Libre”

El tono religioso de esta proclama es evidente. No comprender su origen en el combate llevado por el régimen Assad contra las llamadas fuerzas islamistas tiene que ver con la misma confusión que la que consiste en tratar de “guerra civil” una guerra realizada, desde hace más de diez y siete meses, por un poder estatal contra los civiles. Por otra parte, una parte de las deserciones -militares, políticas y administrativas- están estrechamente ligadas a reacciones de ejecutores del régimen frente a la represión masiva centrada en la población de sus regiones de pertenencia “comunitaria”. Encuentran ahí una razón al menos presentable de su ruptura con el régimen y de su deserción. Charles-André Udry]

Las escenas de la ejecución (el 31 de julio de 2012) del jefe del clan de Alepo Zeino Berri (descrito como uno de los jefes de los “Comités Populares” /1 en los medios lealistas) han creado una polémica inédita por su amplitud y su franqueza, ligada al debate capital entre pacifismo y lucha armada: ¿cuáles son los criterios legales, políticos, morales, e incluso nacionales, concernientes a la militarización de la revolución? ¿Cuáles son las reglas que garantizan su aplicación?

Algunos se han alegrado y han festejado la ejecución de Zeino Berri debido a su implicación, la de él y la de sus comparsas, en los tráficos de armas, de drogas y en el pisoteo de las leyes en Alepo y su región desde hacía años. Parece que ha tenido, con las milicias, un papel siniestro en Alepo en la represión de todas las manifestaciones de la oposición al régimen.

Otros han defendido una posición más moderada y no han puesto en cuestión la ejecución en si misma, sino más bien el proceso de aplicación de la sentencia. Al contrario, otros se han opuesto a esta ejecución y algunos la han condenado, a pesar del hecho de que Zeino Berri era uno de los jefes de los chabiha y de que hubiera sido una pesadilla metida en el corazón de la mayor parte de los alepinos.

Muchos debates se articulan alrededor de esta ejecución, algunos afectando al principio mismo de la ejecución, sin tener en cuenta el lugar, la época ni las circunstancias.

Otro debate concierne al comportamiento del Ejército Sirio Libre (ESL) en general y más precisamente las consecuencias políticas y mediáticas de algunas de sus actuaciones. Por otra parte, la discusión en el seno de la revolución siria sobre la opción armada y la lucha pacífica permanece inherente al desarrollo de la revolución.

Todos estos debates se caracterizan, en el ambiente tenso y violento actual, por intercambios de declaraciones a veces extremadamente duras, dureza hiriente, aunque natural frente a lo que viven y sufren los sirios.

Personalmente, haciendo abstracción de las características del personaje y de sus crímenes, me deprime ver la muerte de una persona [Z.Berri] convertirse en tema de un debate. Pero constato igualmente que quien lleva a cabo una guerra contra su pueblo coloca este tipo de tema en el corazón de la vida cotidiana de miles de sirios. Al final, el déspota es el responsable moral de lo que ocurre en Siria, esto sin disculpar o declarar inocentes a quienes han manchado sus manos de sangre, y particularmente cuando lo han hecho en nombre de la revolución, de la libertad y de la dignidad del pueblo sirio. La caída del tirano se ha convertido desde hace años en una necesidad nacional y humanitaria.

Nada es sencillo en las revoluciones y, seguramente, juzgar y tomar posición en relación a este tipo de actuaciones constituye el esfuerzo intelectual y moral más difícil.

¿Cómo se puede juzgar sin sofisma a quienes llevan una lucha a vida o muerte? ¿Y tener un juicio de valor correcto en tales condiciones inmorales? ¿Pueden los principios morales convertirse en circunstanciales y relativos? ¿Cuáles son entonces esas circunstancias? ¿Quién puede entonces ser reconocido apto, o competente, para determinarlas? ¿Qué sentido dar a la alta moralidad y en qué se convierte su valor real bajo el fuego, los bombardeos y la muerte?

E, inversamente, ¿donde fijar la frontera entre el tener en cuenta las circunstancias y el disimulo del error y del crimen?

¿Cuál es la legitimidad de la condena de un acto cometido por una parte si ignoramos deliberadamente el cometido por la parte adversa, aún si estas dos partes no pueden en absoluto ser puestas en pie de igualdad?

Las preguntas no tienen fin y causan perplejidad: ¿hay que responderlas o sentirse culpable de tener el lujo de disponer del tiempo y de la seguridad para, sencillamente, haberlas pensado?

Lo que ocurrió el 31 de julio con Zeino Berri, y con otros antes que él, es típicamente un comportamiento antropológico. Los humanos son en el fondo así: se encolerizan, se vengan, se esfuerzan por eliminar a sus enemigos y particularmente a sus enemigos existenciales.

Las revoluciones son también eso, incluso las que los románticos citan con énfasis y admiración.

¿Os imagináis un informe de Human Rights Watch sobre la revolución francesa? ¿Cuantos colaboradores nazis liquidó la resistencia francesa? ¿Cuantos hombres de la 5ª columna fueron ejecutados durante la guerra civil española? ¿Cuántos soldados de Batista y campesinos bolivianos fueron ejecutados por Guevara y sus camaradas? Y también... el cadáver de Mussolini colgado de un gancho de carnicero; Ceaucescu fusilado tras un simulacro de proceso...

No, esto no es una justificación sino que tiene por objetivo recordar a algunos, particularmente orgullosos, que hay que interrogarse sobre su legitimidad para reclamar a los revolucionarios sirios estar por encima de las reacciones humanas y de la historia de la humanidad. Por otra parte, ¿quién podría arrogarse ese derecho?

Abstracción hecha del valor moral o legal de la ejecución de Berri, o incluso de todas las demás ejecuciones o liquidaciones, lo que ocurrió ayer no ha sido en favor de la revolución, ni en el plano mediático, ni en el plano político. Las escenas [videos] han mostrado una vez más a los regimientos del ESL como unidades no disciplinadas, que disponen a su antojo de sus prisioneros.

Algunos dirán que mis opiniones son un golpe de espada en el agua, o son declaraciones puntillosas y altivas hacia los revolucionarios, y que esto no cambiará el impacto negativo de esos actos sobre la imagen de la revolución siria en el mundo.

La buena causa tiene necesidad de imágenes que expresen su valor. A ojos de muchas personas, algunas de las cuales son extranjeras, hayan tomado posición o no a favor de la revolución, la imagen de esos centenares de balas que han abatido a esos tres cuerpos pegados a la pared de una escuela no forma parte ciertamente de ellas.

Es probable que la ausencia de estructura política dirigente clara ante las unidades del Ejercito Libre sea uno de los factores que hacen difíciles estas tomas de posición. Pues es el papel de una estructura así organizar las medidas a tomar en este tipo de circunstancias (¿la creación de una comisión de la legalidad militar, por ejemplo?) de forma que se garantice una línea de conducta del ejército, y así su imagen, en primer lugar ante el pueblo sirio, luego ante el mundo.

En tanto que observadores, no tenemos el poder de decisión. Y todos los que se disputan la entrada en un lamentable gobierno de transición tampoco... A pesar de todo, la cuestión merece se planteada. [Esta contribución ha sido publicada, en lengua árabe, en la página web Al Joumhourieh, el 2 de agosto de 2012; traducido del árabe al francés para la página A l´Encontre por Jihan Al Ali].

Notas

1/ “Comités de barrio” creados por el régimen Assad para combatir a los llamados “terroristas” de la oposición.

http://alencontre.org/moyenorient/syrie/syrie-les-dangers-de-la-liquidation-de-zeino-berri.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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