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Siria
No criticad a la revolución, lo hace lo mejor que puede
27/07/2012 | Majed Kayali (Al-Mustaqbal)

Quienes, como el poeta Adonis, rechazan al régimen a la vez que formulan reservas hacia la revolución no ayudan a esta última. En un país marcado por años de opresión y de ausencia de libertad es impensable que la oposición se comporte según las “normas suecas”.

Ninguna de las revoluciones de la “primavera árabe” ha sido tan violentamente criticada como la de Siria. Desde sus comienzos se ha puesto en duda su legitimidad, se ha regateado sobre sus consignas, se ha señalado con el índice sus alianzas con el extranjero y atacado sus métodos operativos. No hay ni que decir que la revolución es en sí una puesta en cuestión de la realidad política y social. Igualmente que la revolución tiene también necesidad de ser puesta en cuestión. El problema está en que la crítica que ha sido hecha de la revolución siria no está siempre bien fundada.

Desde muy pronto, algunos le han negado su legitimidad. Le han reprochado levantarse contra el “frente de rechazo y de resistencia” (expresión consagrada en el vocabulario nacionalista árabe para designar a los países oficialmente en guerra contra Israel), y de proceder de un complot extranjero o de planes sionistas e imperialistas. Y esto sin preguntase sobre el sentido de los términos “rechazo” y “resistencia” que en realidad, remiten al amordazamiento de la sociedad y a la confiscación de las libertades individuales.

Esta visión crítica de la revolución supone que no nos encontramos ante todo un pueblo sino ante bandas manipuladas y proyectadas a un primer plano por apoyos extranjeros. Este tipo de “crítica” no nos interesa. Lo que nos interesa, en cambio, es la crítica argumentada y anclada en la realidad de los hechos. Esta puede llevar a rechazar al régimen a la vez que se formulan reservas hacia la revolución. El mejor ejemplo de quienes están en esta línea es quizá el poeta Adonis (pseudónimo de Ali Ahemed Said Esber, gran poeta sirio-libanés). En numerosas ocasiones ha declarado su hostilidad al régimen y su adhesión a la idea del cambio, a la vez que formulaba reservas en cuanto a la revolución.

No se equivoca cuando dice que una revolución no debe solo hacer caer un régimen, sino igualmente producir un cambio de las estructuras sociales y culturales. Esto nos lleva a interrogantes legítimos sobre la ausencia de contenido laico de la revolución, sobre su carácter cada vez más militarizado y sobre su falta de visión sobre el estado a construir una vez que caiga el régimen. Sin embargo, Adonis olvida que los bloqueos políticos, sociales y culturales de los países árabes han sido fruto de los regímenes tiránicos y que la caída de éstos constituye, por consiguiente, la condición necesaria para permitir el desarrollo de las sociedades. Ejerciendo una dominación absoluta y monopolizando el campo político, el régimen sirio ha cerrado cualquier otra opción que la revolución para llegar a un cambio.

De otra parte, Adonis olvida que una revolución se parece a la sociedad en la que se desarrolla y corresponde al nivel del desarrollo político, social y cultural de sus componentes sociológicos. Sin embargo es el régimen sirio y nadie más quien ha rebajado el nivel de la conciencia política y degradado los discursos, él, que controla la educación desde la escuela primaria a la universidad, las organizaciones de juventud, desde los scouts hasta los sindicatos estudiantiles, y que tiene igualmente el control de la vida intelectual, los medios y las instituciones culturales. Nos encontramos ante una sociedad siria que ha sido privada durante decenios de vida política y de libertades. Es pues vano esperar que el pueblo sirio actúe según normas suizas o suecas.

En la crítica de Adonis, hay como una visión arrogante. Se pone de hecho por encima del pueblo llano, de los analfabetos, de los desfavorecidos que no comprenden los términos de laicismo, del liberalismo y de la modernidad. También, parece más preocupado por las derivas de la revolución que por los crímenes del régimen, que persiste en matar, destruir y entregar el país a la violencia. Es preciso quizás recordar que la revolución siria se desarrolla en condiciones extremadamente difíciles. No dispone casi de ningún verdadero apoyo, ni a nivel regional ni a nivel internacional. Además, comparada a las demás revoluciones árabes, paga un precio exorbitante en número de muertos, de heridos, de personas detenidas, de desaparecidos, de casas destruidas, de bienes dilapidados y de degradación de la situación económica.

Algunas voces de izquierda querrían que la revolución fuera enteramente de izquierdas, pero no hacen nada para contribuir al debate. Algunos laicos querrían que fuera completamente laica sin a pesar de ello implicarse para hacerla laica. Algunos liberales querrían verla conforme a sus ideas a la vez que niegan la legitimidad de sus demandas de libertad. Finalmente, nacionalistas panárabes querrían que se pusiera al servicio de sus causas pero reprochan a la mayoría de la población siria querer romper sus cadenas (más que combatir al sionismo). Sin hablar de los pro-palestinos que querrían que fuera propalestina cuando ellos mismos no actúan en favor de Palestina.

Esto no quiere decir que la revolución siria esté por encima de las críticas -muy al contrario. Comete errores en abundancia y tiene necesidad de ser criticada a menudo a fin de corregir el tiro y elevar el nivel de su discurso. Pero la crítica debe en primer lugar reconocer su legitimidad y tener por objetivo hacer triunfar sus reivindicaciones, que son justas.

26/07/2012

http://www.courrierinternational.com/article/2012/07/26/ne-critiquez-pas-la-revolution-elle-fait-de-son-mieux

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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