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Siria
Las acciones populares siguen siendo la forma principal de la resistencia del pueblo sirio
21/05/2012 | Khalil Habash

El movimiento popular en Siria no se ha retirado de la calle, de las universidades y de los lugares de trabajo a pesar de la represión multiforme del régimen, tanto política como militar. Las detenciones y el número de víctimas no dejan de aumentar, habiendo superado este último los 11.000 muertos, mientras que el número de personas desplazadas en el seno del país y el número de refugiados en el extranjero crece cada día. El jefe de la Cruz Roja ha declarado recientemente que un millón y medio de personas tenía necesidad de una ayuda humanitaria.

La no aplicación del plan Annan, la farsa de las “elecciones libres y justas” del 7 de mayo de 2012, la cuestión del Batallón Faruk (en Homs “ligado” a Arabia Saudita), así como el aumento de los ataques terroristas criminales durante los últimos meses han, simultáneamente, hundido el país en una espiral de violencia y en la incertidumbre.

El plan Annan y la represión del régimen

Ninguna de las exigencias del plan de Kofi Annan, nombrado el 23 de febrero de 2012 como “emisario conjunto de las Naciones Unidas y de la Liga árabe sobre la crisis en Siria”- plan que es el resultado de un compromiso en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, entre de una parte Rusia y China y de la otra los Estados Unidos, el Reino Unido y Francia -ha sido respetada.

El régimen, al contrario, ha proseguido su represión criminal. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha demandado y obtenido el despliegue de un destacamento de observadores militares no armado que pueda llegar hasta 300 unidades (están actualmente en Siria 189) a fin de controlar la aplicación del alto el fuego. Este último ha entrado, formalmente, en vigor como elemento del plan Annan el 12 de abril pasado.

Para recordar, digamos que el plan llama igualmente a un fin inmediato “de las violencias”, a la entrega de una ayuda humanitaria, a la apertura de un proceso que permita a la oposición presentar pacíficamente sus reivindicaciones, a la liberación de los detenidos políticos, a la autorización para los periodistas a entrar en el país así como la garantía de que las manifestaciones puedan desarrollarse pacíficamente.

El escepticismo del movimiento popular y de una gran parte de la oposición hacia el plan de Annan -que se basaba en la sospecha de que conocería una suerte similar a la de las iniciativas desarrolladas en el marco del protocolo de la Liga árabe o de la infame misión de observación presente en diciembre de 2011- ha sido por consiguiente confirmado. Los diferentes grupos de oposición en Siria han expresado sin embargo en numerosas ocasiones su voluntad de continuar respetando las disposiciones del plan Annan.

Robert Mood, antiguo jefe de estado mayor del ejército noruego, responsable de la misión de la ONU, ha confirmado de hecho el acuerdo de la oposición con las disposiciones del plan Annan. Ha declarado: “Puedo decir a partir de mi actividad sobre el terreno que los (grupos de oposición) con los que he podido reunirme me han declarado que estaban dispuestos a respetar el plan Annan en seis puntos, incluso el Ejército Sirio Libre, en el plano local, así como los Comités de Coordinación Locales”.

¿A quién corresponde pues la responsabilidad de los enfrentamientos armados permanentes entre los diferentes destacamentos del ejército sirio, las llamadas fuerzas de seguridad del clan Assad y grupos del Ejército Sirio Libre? Antes de responder a ello, hay que subrayar una vez más que estos enfrentamientos militares no son de lejos las únicas expresiones del conflicto entre la población y el régimen dictatorial; aunque ocupen un lugar de relieve en los medios internacionales.

Estos enfrentamientos son única y exclusivamente responsabilidad de las fuerzas del régimen. El plan Annan exige formalmente que el gobierno retire sus tropas y deje de utilizar armas pesadas en las zonas habitadas. Está muy explícitamente escrito que el gobierno debe primero detener (la represión) y que luego una discusión sobre el cese de las hostilidades podría abrirse con “la otra parte” y el mediador. En realidad, hasta hoy, el régimen ha proseguido sus masacres cotidianas contra la población civil. El régimen sirio no cumple su compromiso de retirar sus fuerzas de las zonas habitadas.

El régimen ha continuado, al mismo tiempo, con su objetivo de apuntar a los organizadores de manifestaciones y los miembros de la oposición, en particular los que luchan en el seno de los Comités de Coordinación y que defienden una Siria democrática, laica y antiimperialista.

Además, el señor K. Annan ha señalado que personalidades conocidas por ser favorables a estrategias no violentas destinadas a derrocar el régimen han sido detenidas por las autoridades. El caso del intelectual palestino-sirio Salameh Kaileh, que había sido ya encarcelado por el régimen en el pasado, constituye una ilustración de esta situación. Ha apoyado incondicionalmente la revolución siria, desde su comienzo, a la vez que criticaba, por diferentes razones, tanto al Consejo Nacional Sirio (el CNS, una oposición basada principalmente en el exterior del país ) como al Comité Nacional de Coordinación (CNC) para un cambio democrático (principalmente basado dentro del país), como no realmente representativos de las masas revolucionarias. Ha afirmado que ninguno de los dos tenía confianza en la capacidad del pueblo para realizar cambios, ni que éste podía derrocar al régimen.

El llamamiento del Consejo Nacional de Coordinación (CNC) para que se emprendan reformas y se abra un diálogo con el régimen a fin de poner en pie cambios deja de lado el momento revolucionario, así como las aspiraciones del pueblo. Asímismo el llamamiento por una intervención militar del Consejo Nacional Sirio (CNS) muestra igualmente una falta de confianza en la capacidad del pueblo sirio para realizar cambios.

El silencio inaceptable sobre la Coalición Watan

El caso de Salameh Kaileh es interesante porque sus posiciones, evocadas más arriba, reflejan una tendencia amplia y profunda de los militantes y grupos que actúan en Siria, como la Coalición Watan que representa a 17 organizaciones de izquierda.

Ésta es completamente ignorada por los medios regionales y occidentales, así como por una parte de la “izquierda” en Occidente.

El régimen, de hecho, ha tomado por objetivo de forma principal a las personas que comparten sus posiciones, asesinándolas, deteniéndolas o empujándolas al exilio. Las detenciones realizadas durante las últimas semanas han tenido por objetivo personas como Mahmud Issa, un abogado de la oposición y militante de la ciudad costera de Tartus; los dos hijos de Fayed Sara, una personalidad de la oposición que fundó la Asociación de Periodistas Sirios, así como la red de médicos para curar a los heridos.

Un aumento del número de manifestaciones y de acciones de resistencia popular, de la juventud en particular, ha sido observado en el curso de las últimas semanas en todo el país.

Numerosas “manifestaciones relámpago” han sido organizadas así como manifestaciones en el espacio público y en lugares que hasta ahora no habían sido conocidos por haber sido lugares de importantes movilizaciones.

El eslogan “Stop a las masacres, queremos construir una Siria democrática y civil” ha sido esgrimido por primera vez por una joven activista. Se mantenía sola frente al parlamento. Esta consigna ha sido repetida en todo el país por grupos de jóvenes militantes tras su detención por los servicios de seguridad.

Las universidades siguen constituyendo centros de resistencia. La universidad de Alepo ha sido el lugar de una importante manifestación de estudiantes, hace algunas semanas. Ha sido violentamente reprimida por las fuerzas de seguridad que han asesinado a cuatro personas y detenido a centenares.

Los trabajadores han sido también objetivos de la represión. En el curso del mes de diciembre de 2011, se desarrollaron en Siria campañas exitosas de desobediencia civil así como huelgas generales. Se paralizaron importantes partes del país, mostrando así que la movilización de la clase trabajadora y de los explotados se encuentra en el corazón de la revolución siria. Es por esta razón por la que la dictadura, con el objetivo de romper las dinámicas de la protesta, ha despedido a más de 85.000 trabajadores entre enero de 2011 y febrero de 2012 y cerrado 187 fábricas (según cifras oficiales).

Así pues, al contrario de lo que pretenden uniformemente los medios, las acciones populares siguen siendo la forma principal de la resistencia del pueblo sirio. Esta realidad no gusta sin embargo al régimen que intenta presentar a todos los miembros de la oposición como extremistas islamistas controlados por el régimen saudí. Es por esta razón por la que los ha tomado por objetivo desde el comienzo de la insurrección.

El batallón Al Faruk y la intervención saudita, o contestar las raíces de la revolución

Los principales miembros de la oposición no han dejado de llamar a la unificación de los diferentes grupos armados activos en Siria bajo una autoridad civil ante la cual deberían rendir cuentas.

Las acciones del Ejército Sirio Libre (ESL) deberían también ser coordinadas por los grupos de oposición locales, a fin de que pudieran servir a los objetivos de la revolución.

Desde el 5 de mayo de 2012, algunos esfuerzos han sido realizados para coordinar las actividades de diversos grupos armados en Siria estableciendo un Consejo Militar Unificado. El ESL ha negociado con diferentes facciones con la esperanza de persuadirles de unirse a un organismo así.

La dirección del ESL les ha declarado que no pondría trabas a su libertad de acción en sus zonas respectivas. Les ha prometido también que no interferiría en sus actividades sobre el terreno, pero que asegurarían simplemente la relación entre ellos y actuaría como una organización paraguas.

Estas tentativas, a pesar de numerosos progresos, no han tenido éxito hasta hoy. Una de las principales razones que explica este fracaso, además de la falta de coordinación y el débil equipamiento de los grupos de oposición armados en Siria, reside en las intervenciones de ciertos países vecinos, en particular la Arabia Saudita y Qatar.

Estos últimos intentan desviar la revolución siria, llevándola por el camino de sus propios objetivos limitados a sus intereses propios en la región y no en los de los sirios. Las direcciones conservadoras de esos países quieren intervenir en Siria de forma análoga a lo que han hecho en Egipto y en Túnez para circunscribir el proceso revolucionario, por ejemplo, apoyando financieramente a los Hermanos Musulmanes y a los salafistas en Egipto, o también a Ennahda y otras fuerzas más minoritarias en Túnez cuando las elecciones.

Fuerzas que no se oponen a los intereses imperialistas occidentales así como a sus clientes y juniors partners en la región; desean restringir las consecuencias políticas, sociales y económicas de las revoluciones. Cuando Arabia saudita y Qatar han intervenido militarmente en Bahrein para aplastar el movimiento popular.

Arabia saudita ha ayudado financiera y políticamente a un grupo particular: el batallón Al Faruk en Homs. Los miembros de la oposición siria son conscientes de esta situación y la han condenado.

En parte debido al comportamiento del batallón Faruk, 24 diferentes grupos armados han comenzado a trabajar conjuntamente en Homs.

En un e-mail dirigido al presidente del CNS, Burhan Ghaliun, el representante de esos 24 grupos armados ha criticado el monopolio del batallón Faruk sobre las tomas de decisiones en zonas que controlaban, en particular en el barrio Khalidiyeh de Homs así como en el centro de la ciudad en Al-Qusayr. Ha condenado también las tentativas del batallón de someter por la fuerza a cualquiera que se encontrara fuera del mando de éste, adoptando lo que llama una “política de la porra” cuando trataba con otros combatientes.

El batallón ha sido también acusado de hacer uso de una violencia injustificada, provocando importantes pérdidas de vidas humanas, tanto contra sus adversarios como contra los grupos antirégimen que no figuran bajo la apelación Al Faruk. Los castigos y las puestas en guardia llamadas ligeras del batallón Al Faruk a combatientes de Bab al-Sibaa han llevado a la muerte de cinco mártires.

En ese mismo e-mail, el representante de los 24 grupos ha declarado que las prácticas del batallón Al Faruk son “dirigidas” (sugeridas) por quienes les proporcionan los fondos, en particular los sauditas. Añade que el fundamento de la crisis en la ciudad de Homs proviene de que grupos, que recibían sumas desiguales, provenientes directamente de Arabia saudita, tenían órdenes que les exhortaban a apuntar a los barrios lealistas y a exacerbar los conflictos confesionales, mientras que otros eran incitados a combatir al CNS.

Los dirigentes sobre el terreno han subrayado que el hecho de recibir ayuda proveniente de Arabia saudita contenía condiciones implícitas tendentes a actuar de forma diferente a lo que la resistencia popular efectiva deseaba.

Desde su base en Homs, próxima a la frontera libanesa (a menos de veinte kilómetros), el batallón Al Faruk está bien situado para conseguir armas pesadas en ciudades como al-Qaa e Irsal (al noreste del Líbano), vía centros salafistas del norte del Líbano.
¿Significan estos hechos que la oposición siria es un instrumento de los gobiernos occidentales y saudita, como dicen algunos? ¿La represión de las fuerzas de seguridad sirias así como del ejército estarían por consiguiente justificadas?

Primero hay que recordar que la represión del régimen comenzó desde el primer día de las protestas, hace más de 14 meses. Apuntó sin cesar, y en primer lugar, a los civiles, cuando no existían grupos armados, que aparecieron en reacción contra la represión del régimen. En gran medida, con el objetivo de defender a sus familias y sus barrios. En fin, como hemos escrito más arriba, el plan Annan exigía claramente la retirada del ejército sirio de las ciudades y de las zonas habitadas, exigencia que no ha sido respetada.

El batallón Faruk está, además, situado en ciertas partes de Homs solamente. Ha sido condenado por los otros 24 grupos presentes en la ciudad cuando el movimiento popular sirio ha rechazado toda intervención extranjera así como el recurso a los conflictos confesionales. Reducir al revolución siria a un solo grupo armado equivale sencillamente a ignorar sus dinámicas sociales y políticas, democráticas, así como los orígenes de la insurrección.

La mayor parte del movimiento popular sirio sigue siendo, sin duda alguna, independiente de esas intervenciones extranjeras y prosigue su lucha por una Siria democrática, civil, social y antiimperialista.

La parodia electoral

La represión toma también otras formas, en particular la organización de una parodia de elecciones cuando numerosas ciudades y regiones viven en un estado de sitio militar.

El régimen ha organizado, el 7 de mayo pasado, pretendidas elecciones libres y con “pluralidad de partidos” con vistas a constituir un nuevo parlamento.

Los candidatos y partidos no eran diferentes de las elecciones pasadas, a pesar de la pretensión según la cual las nuevas leyes sobre las elecciones y la constitución de nuevos partidos así como la supresión del artículo 8 de la Constitución (de 1973, que afirmaba que el Baas es el “dirigente del estado y de la sociedad”) abrirían la vía para elecciones multipartidarias.

Los candidatos de la antigua oposición oficialmente reconocida, el Frente Nacional Progresista (FNP), han participado en las elecciones de este año en una lista llamada coalición de la unidad nacional. El FNP comprendía anteriormente a los partidos de los “trabajadores y campesinos” de Siria. Esta vez, con excepción del Baas, ningún partido ha sido autorizado a presentar candidatos en todas las provincias del país.

Los otros dos partidos que participaban en estas elecciones eran los comunistas, bajo la bandera del Partido de la Voluntad del Pueblo, dirigido por Qadri Jamil, y el Partido Social Nacionalista Sirio (PSNS), dirigido por Ali Haydar, bajo la bandera del Frente Popular para el Cambio y la Liberación. Estos dos partidos han sido y son leales y apoyos del régimen actual.

La mayor parte de los candidatos a estas elecciones no han publicado programas electorales, contando la mayoría con imágenes y algunas frases vagas. Numerosos sirios se han burlado de los candidatos, presentándoles como marionetas en manos del régimen e ilustrando su desprecio pegando en las calles fotografías de los mártires revolucionarios conocidos como candidatos alternativos en estas elecciones.

El movimiento popular así como diversos grupos de oposición han boicoteado estas elecciones afirmando que una participación significaría comprometerse con el régimen y reconocer su legitimidad. Se han organizado manifestaciones y huelgas en oposición a estas elecciones.

Ciertos videos muestran a niños insultando a Bachar antes de tirar falsas papeletas; simulacros de elecciones que ponen en escena electores corruptos, urnas atiborradas y proclamas sobre la “libertad” de voto; ciudadanos gritando los nombres de quienes han “votado con sus vidas” en el levantamiento.

Los habitantes de la mayor parte de las provincias sirias no ha participado de hecho en la votación debido a las condiciones de seguridad y porque la mayoría de los electores estaba contra el régimen.

El resultado de estas elecciones no ha sido una sorpresa: las listas de los partidarios del régimen han ganado alrededor del 80% de los escaños en todas las provincias del país, dejando menos del 20% de los escaños para candidatos elegidos bajo banderas “independientes”, pero que no dejan de ser menos favorables al régimen.

Además de su criminal represión, el régimen continúa ignorando la voluntad del pueblo sirio, expresada en las calles del país, ahí donde nadie puede imponerle sus decisiones, por la democracia y la libertad.

Ataques terroristas, inseguridad e intervenciones extranjeras, ¿a quién interesa y a quién condenar?

El frente Al-Nusra, un grupo islamista oscuro, desconocido antes del levantamiento sirio, ha publicado un video el 12 de mayo de 2012 en el que reivindica la responsabilidad de los dos atentados suicidas que han tenido lugar el 10 de mayo en Damasco, matando a 55 personas e hiriendo a cerca de 400.

El grupo ha reivindicado igualmente su responsabilidad por precedentes ataques, entre ellos las dos explosiones el 27 de abril en Damasco que provocaron la muerte de numerosas personas, así como otras dos explosiones mortales en la capital y dos en Alepo, en el norte del país. En todos los casos, el régimen y la oposición se acusan mutuamente de la responsabilidad de estos actos.

El reconocimiento de estos actos por este grupo islamista desconocido no ha convencido completamente sin embargo al pueblo sirio porque el régimen le ha acostumbrado a este tipo de acciones, acusando a oscuros grupos islamistas de haberlas realizado, cuando realmente él mismo las había encargado. Así ocurrió, en el curso del año pasado, en numerosas acciones pretendidamente terroristas, pero organizadas en realidad por los servicios de seguridad, como había ocurrido en los años 1980 cuando diferentes grupos de oposición estaban en lucha contra el régimen autoritario.

Lo que es sin embargo cierto, es el rechazo en las calles, por parte de la oposición siria y del movimiento popular, de esas acciones terroristas. El viernes 11 de mayo de 2012, numerosos sirios en el curso de manifestaciones han acusado al régimen de haber perpetrado esas explosiones con el objetivo de frenar el levantamiento. Se puede leer en esas manifestaciones eslóganes como: “Nuestra revolución no tiene nada que ver con esos ataques terroristas del régimen”.

La responsabilidad última de esas acciones terroristas corresponde sin embargo al régimen. Se puede decir lo mismo en lo que se refiere a la inseguridad en el país, así como de las intervenciones extranjeras de todo tipo.

Y esto para un régimen que ha repetido hasta la saciedad que aportaba la estabilidad al país y que garantizaba su soberanía. El comportamiento criminal del régimen ha llevado al país a la situación en que se encuentra hoy. Es culpable de los sufrimientos del pueblo sirio que demanda solo la libertad y la dignidad, o, en otros términos, la democracia y la justicia social. ¿Porqué se ha negado el régimen a escuchar al pueblo? No para defender la causa palestina, el arabismo, el laicismo del estado o para oponerse a los Estados Unidos y a los imperialistas sionistas, como afirma de concierto con sus partidarios en Occidente y en la región. Sino, en realidad, ¡para defender a una mafia clientelista, militar, autoritaria y un régimen burgués que no ha dudado en colaborar con los gobiernos imperialistas occidentales en el pasado!

No asistimos a una guerra civil en Siria, porque eso significaría reconocer la propaganda del régimen y aceptar separar el proceso revolucionario sirio de las insurrecciones y de las movilizaciones diversas que se desarrollan, con altos y bajos, en el mundo árabe.

A lo que asistimos de hecho en Siria es a un levantamiento del pueblo por la democracia, la justicia social y una independencia real contra un dictadora y su régimen criminal. ¡Viva la revolución siria y gloria a nuestros mártires!

14/05/2012

Traducido por Faustino Eguberri para VIENTO SUR de la versión en francés publicada en
http://alencontre.org/moyenorient/syrie/les-actions-populaires-restent-la-forme-principale-de-la-resistance-du-peuple-syrien.html








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