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Siria
Kofi Annan y los observadores internacionales en Siria
19/04/2012 | Ghayath Naisse

La resolución de la ONU sobre el gobierno sirio no le impide a éste continuar masacrando a la población en revuelta. Las tentativas de recuperación por Arabia Saudita y Qatar complican más la tarea a los revolucionarios. Pero la lucha para poner fin al régimen de Assad continúa.

En trece meses de revolución siria, la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU había hecho tres declaraciones. Esta vez, el Consejo ha adoptado finalmente, el 14 de abril, la resolución nº 2042 con la aprobación de los gobiernos ruso y chino. Esta resolución autoriza el despliegue de observadores en el país. Cinco de ellos llegaron ya el día siguiente y finalmente se esperan… 30 observadores.

Al término de una escalada feroz de la represión en numerosas ciudades sirias, el gobierno sirio había anunciado unilateralmente un alto el fuego el 12 de abril. Pero sus operaciones militares no se han detenido en forma alguna.

La resolución 2042 se produce tras la nominación de Kofi Annan como emisario especial para Siria, mandatado por la ONU y la Liga de Estados Árabes. Ha presentado una iniciativa en seis puntos: la detención de la violencia por todas las partes, la retirada del ejército de las ciudades, la liberación de los prisioneros, el permiso de entrada de los medios y periodistas, y la apertura de un diálogo entre el gobierno sirio y la oposición. El viernes 13 ha conocido un aumento significativo de las manifestaciones contra el régimen, los comités locales de coordinación han señalado 750 puntos de protesta.

El 14, las fuerzas armadas del poder han disparado balas reales durante los funerales de los manifestantes muertos la víspera en Alepo, matando de nuevo a una veintena de civiles. Los bombardeos han vuelto a producirse en los barrios rebeldes de Homs, Idlib, Deraa y en el campo alrededor de Damasco.

La misión de Kofi Annan refleja, en realidad, un compromiso –ciertamente cambiante- entre las grandes potencias, americana y europea de un lado, y rusa y china del otro. Pero la revolución siria no tiene solo una dimensión internacional, debida a la importancia geoestratégica de Siria, reviste también una dimensión regional, de ahí la posición visiblemente más agresiva de los países reaccionarios árabes con a su cabeza el corazón del oscurantismo en la región, es decir, la Arabia saudita y su acólito Qatar que intentan crear una alianza con el gobierno turco con vistas a armar de forma masiva y con armamento pesado a los pocos pequeños grupos armados que les son cercanos. Empujan igualmente al ejército turco a crear una zona “de seguridad”. Pero este planteamiento ha quedado infructuoso hasta hoy. Sin embargo estos países reaccionarios intentan recuperar la revolución siria o desviarla de su trayectoria por al menos dos razones: romper el eje Teherán-Damasco para debilitar a Irán, e impedir la victoria de una revolución social y democrática en Siria para que no se convierta en un ejemplo a seguir para sus pueblos.

El viernes pasado, la jornada de manifestaciones ha sido colocada bajo la consigna de “Una revolución para todos los sirios”. Es la marca de una madurez política que hace fracasar la tentativa de recuperación. Señalemos de paso que la influencia mediática y política de Qatar y de Arabia saudita por medio de sus medios de propaganda Al Jazira, Alarabya y otros “medios”, ha sido en gran medida debilitada y desacreditada ante los ojos de las masas en revuelta. Lo mismo ocurre para su protegido, el Consejo Nacional Sirio, que se ha transformado a pesar de su apoyo masivo en un organismo que va perdiendo peso, y no es hoy más que una oficina de prensa.

Es el tiempo de la desilusión, el pueblo sirio rebelado frente a un régimen sanguinario, ha aprendido de forma concreta y sangrienta a reconocer a sus verdaderos amigos y enemigos, ha podido comprobar el callejón sin salida al han intentado llevarle las fuerzas de la contrarrevolución.

La clase obrera y los explotados están en el corazón de la revolución. Por esta razón, la dictadura ha despedido a más de 85.000 obreros de enero de 2011 a febrero de 2012, y ha cerrado 187 fábricas (según cifras oficiales), para romper una dinámica contestataria propia a la clase obrera siria.

Si estamos contra toda intervención militar en Siria, aunque ésta sea en hipotética estos momentos, somos, y sin condiciones, solidarios con la revolución popular siria. La posición de algunos grupos de “izquierdas” que ponen solo el acento en la condena de una intervención militar imperialista y la implicación de los países reaccionarios árabes, no es otra cosa a ojos de los militantes de la izquierda revolucionaria siria que un apoyo a una dictadura burguesa y sanguinaria, y una traición al combate de las masas trabajadoras y explotadas por la libertad, la igualdad y la justicia social.

¡Viva la revolución siria!

¡Viva el socialismo desde abajo!

18/04/2012

http://www.npa2009.org/content/kofi-annan-et-les-observateurs-internationaux-en-syrie

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR







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