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Siria
Machacar a Homs: para castigar y asesinar
27/02/2012 | Thomas Cluzel

“Lo llaman el sótano de las viudas. Entre las camas improvisadas y los asuntos dispersos, de las mujeres tumbadas, asustadas, temblorosas, con sus niños hundidos en un horror absoluto. El horror de Homs. Blottie en la bodega, Noor 20 años: “Desde hace dos días ya no teníamos más que azúcar y el agua y mi marido fue a intentar encontrar comida. Fue rasgado en pedazos por un bús de mortero.” Aquí, todas las mujeres tienen una historia que decir. La misma historia. La de la muerte que viene sin avisar. Los colchones de espuma se apilan contra las paredes y los niños no vieron la luz del día desde que el asedio de la ciudad comenzó el 4 de febrero último. La semana pasada, un bebé nació aquí en el sótano. Se traumatiza su madre Fatima, 19 años, así que no puede amamantarlo. Su marido, un pastor, estaba en la campaña cercana cuando comienza el ataque a la ciudad. Y, desde entonces, no tiene más noticias él. Este sótano, el campo de las viudas, simboliza por sí solo la prueba soportada por estos aproximadamente 28.000 hombres, mujeres y niños que se aferran a la existencia. De los labios de cada uno y cada una surge la interpelación: “Porqué fueron abandonados por el mundo?” Abdel se acerca a mí, temblando, antes de suplicarme con los ojos atormentados: “Dile por favor al mundo que deben ayudarnos. Por favor, deben detener los bombardeos.”

Estas líneas, son los últimos escritos, domingo pasado, por Mary Colvin, 56 años, la gran reportera de la revista británica Sunday Times, muerta ayer en el bombardeo de la ciudad rebelde de Homs, así como su colega el fotógrafo francés Rémi Ochlik, 29 años.

El New York Times en una página entera consagrada a la memoria de los dos periodistas, reproduce lo que Rémi había escrito a su redacción en París: “Martes por la noche… Acabo de llegar a Homs… La situación parece increíblemente tensa y desesperada… Mañana… saldría para tomar fotografías.”

La corresponsal de guerra, que llevaba una máscara-ojo, desde que fue afectada por un resplandor de mortero, y el fotógrafo prodigio, el pirata y el ángel como los califica afectuosamente esta mañana el diario libanés L’Orient Le Jour, no habían informado a las autoridades de su presencia en territorio sirio. Una ocasión para que el régimen de Demasco hiciera un llamado de atención: si hay aún otros reporteros, otros testigos, hay que denunciarlos a las autoridades de inmigración. Mientras o morir o morir es la norma.

“Si conocieran a mi hija, sabrían que no había que impedirle trabajar”, dice por su parte la madre de Mary esta mañana en las columnas del diario norteamericano New York Times. “Habría sido una pérdida de tiempo. Era determinad y apasionada por lo que hacía. Era su vida. He aquí lo que era, y esto en que creía.” Entonces, por el valor a la verdad, están primeros los pueblos de Deraa, Hama, Homs, el de estas ciudades rebeldes que se ofrecen en holocausto sobre el altar de la libertad. Pero es también el de los periodistas que vienen a poner en riesgo su vida para servir a la verdad. Por ellos, concluye el diario de Beirut, somos un poco más humanos, un poco más dignos, cada día que pasa. Respeto.

Héroes ordinarios en el infierno de Homs

Es precisamente el título de un reportaje firmado Jean Pierre Perrin, corresponsal para Liberación de Francia. Reportaje que puede leerse en esta mañana del 23 de febrero de 2012.

“Al observar la ciudad, se diría que no respira ya. Las calles están libradas a la basura y a las ruinas. No hay una guía, a excepción de algunos combatientes o de un médico que corre para desafiar las balas de los francotiradores, que no renuncian a entrar para tranquilizar su familia. En la noche, algunos autos se atreven a aventurarse en las arterias arrolladas, generalmente en búsqueda de algunas comidas. Algunas muy raras luces son del pequeño centro de prensa, que las bombas destruyeron ayer, matando a dos periodistas. El centro de prensa, en realidad el único lugar donde se dirigen los sirios así como los raros periodistas occidentales que trabajan, comen y duermen, está administrado con mano de hierro por Abou Hanin, cuyo nombre significa “al padre de la Nostalgia”.

Su vida está especialmente amenazada y se expone a informar cueste lo que cueste hasta el final. Acepta llevar a los periodistas a los raros lugares donde la vida del barrio todavía se manifiesta un poco. Sabe comprender, en función de las horas del día, la ronda incesante de los obuses. Al volante de su coche, en las calles menos expuestas, se concentra circulando suavemente. Y luego brutalmente, lanza su vehículo en la tormenta de acero, recorriendo las calles agrietadas y fangosas a una velocidad que desafía la razón, sin nunca mostrar la menor nerviosidad. Para Abou Hanin, lo que desea el régimen no es tanto tomar la ciudad sino castigarla: “La ciudad sólo se defiende por algunos centenares de combatientes. Con los sus tanques y sus millares de soldados, Bachar AL-Assad puede apoderarse cuando lo desea. No lo que quiere en primer lugar, es castigarlo. Destruir a Bab Amro, el último barrio insumiso de Homs, es destruir, el corazón de la revolución. Aquí el machaqueo es tan violento que el silencio es raro”, concluye el periodista. Y con todo, entre dos salvas de obús, se escucha el cantar de los gallos, singular y único recordatorio que la vida no renunció en la ciudad agonizante y que persiste cueste lo que cueste.

* Este texto es la transcripción de la “Revista de prensa internacional” del 23 de febrero de 2012, a las 7:25 en France Culture.


Una solidaridad efectiva con los insurrectos sirios es la prioridad

Charles-André Udry

La redacción de La Breche/A l’encontre plantea una cuestión simple: ¿la prioridad para los socialista-revolucionarios no consiste en aumentar las manifestaciones de solidaridad con la movilización del pueblo sirio? Este pueblo lucha desde hace casi 12 meses contra la dictadura de Assad, que aterroriza, tortura, asesina y persigue en “hospitales” a los heridos para liquidarlos, en un sentido literal.

Creer que tal resistencia popular -con millares y millares de muertes, con decenas de millares de personas detenidas y torturadas, con decenas de millares de heridos apenas aseados, con cientos de millares de personas sujetas a un hambre organizada por el régimen dictatorial- pueda ser el resultado el “manipulación exterior” está incluida en la idiotez tradicional de los adeptos de las “teorías conspirativas”. Son los que decían que en 1968, en Checoslovaquia, los “capitalistas alemanes” (“Libro blanco” de documentación) habían dirigido la movilización por un “socialismo de rostro humano”; luego de un levantamiento que duró hasta la intervención de los tanques soviéticos en agosto de 1968.

Que fuerzas sociales y políticas diferentes existen en la resistencia siria está incluido en la evidencia. Porqué, después de 40 años de régimen dictatorial, no iba a surgir una clase de “vanguardia popular” que respondiera: “presentes, estamos dispuestos a llevar la lucha para el socialismo”. ¡Este hipotético pueblo de boy-scouts -imbécil pues, como los adeptos a las “teorías conspirativas” y distante de toda idea de socialismo democrático- debería dar respuesta a algunos excéntricos “antiimperialistas”, alfombrados en la comodidad de algunos países europeos en crisis, y también a cualquier Bonaparte sui generis del estilo Chávez en Venezuela. Una triste broma que revela el decaimiento, por efecto de impostura, del pensamiento crítico y materialista en sectores autodenominados de la “izquierda radical”. Tal enfoque, más allá de sus delirios políticos, remite también a una concepción de “revoluciones democráticas” que se asemeja mucho a las “conquistas del poder por el pueblo”, bajo la tutela del ejército soviético, en Polonia o Hungría después de la Segunda Guerra Mundial.

También están aquellos que consideran más importante denunciar una posible intervención militar imperialista, antes que desarrollar una solidaridad concreta con los distintos componentes de un pueblo sirio que lucha y resiste, pagando un precio enorme, insoportable.

Ni que decir que nos oponemos a una intervención militar extranjera. No obstante, la prioridad no reside en la denuncia de esta hipotética intervención, sino en las distintas formas de solidaridad con los insurrectos sirios. En cuanto a las injerencias, ningún conflicto en esta región está libre; en todo caso, corresponde al pueblo sirio “administrarlas” y enfrentarlas.

Además, la denuncia obsesiva de una intervención se hace en el momento en que, detrás del decorado de las palabrerías diplomáticas internacionales, la apuesta de las potencias imperialistas y sus fuerzas regionales (de Turquía a Qatar) puede resumirse en una fórmula: poner a punto una “salida a la crisis” -reduciendo al pueblo destrozado en peón del tablero diplomático- como en Yemen, donde un semi-Saleh sucede a Saleh.

Es decir, garantizar un cambio guardando las estructuras esenciales del aparato de Estado de la dictadura para garantizar la “estabilidad en la región”. Y eso para que cada uno pueda reorganizar, de manera competitiva, sus intereses: de Francia a los Estados Unidos, de Qatar con sus aliados a Turquía, pasando por Rusia y China. No incluir estas cuestiones en el análisis, equivale a revelar la inepcia del pensamiento que quiere ser “socialista” y el rechazo práctico de una ética que se base en la capacidad de distinguir entre opresores y oprimidos. Los que, ciertamente, no conforman un bloque igual.

La Brèche/A l’encontre http://alencontre.org/

Traducción de Correspondencia de Prensa germain5@chasque.net





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