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Afganistán
La guerra sigue su curso
19/10/2011 | Tino Brugos

El verano finalizó y la guerra en Afganistán continúa su curso ascendente. Se han sucedido acontecimientos que han puesto de relieve las dificultades que el conflicto supone para los Estados Unidos, obligados a anunciar una retirada que se presenta complicada y que puede dar como resultado una humillante derrota y el retorno de los talibanes al poder. Quedan muy lejos ya las bravuconadas de George Bush cuando alardeaba de la capacidad norteamericana para sostener dos conflictos al mismo tiempo: Irak y Afganistán. Ahora, con la relativa pacificación de Irak, la potencia imperial se las ve y se las desea para atender un único frente.

Durante los últimos meses se han repetido los atentados mortíferos de los talibanes contra las tropas de ocupación, tanto en áreas rurales como en zonas tan seguras como Kabul y alrededores. Sin embargo, de todas las noticias ofrecidas por los medios, algunas destacan por iluminar aspectos que suelen pasar desapercibidos y otras por el impacto político que causan. Así, de entre las novedades más significativas de las últimas semanas, hay que hacer referencia a un artículo en la revista Time en el que se denuncia la existencia de grupos paramilitares que practican la guerra sucia en Afganistán. /1

Guerra sucia en suelo afgano

Aunque no hay guerra limpia, ni conflicto sin atrocidades, durante todos estos años apenas se han hecho públicas denuncias sobre la presencia de grupos paramilitares que hagan el trabajo sucio de las fuerzas ocupantes. Hasta ahora se han denunciado errores de los vuelos no tripulados que han bombardeado familias enteras mientras celebraban bodas u otros acontecimientos sociales, pero en esta ocasión Time se hace eco de la existencia de una milicia local dirigida por el comandante Azizullah que opera en la zona de Bermal, provincia de Paktika. Elemento novedoso, la milicia está al servicio del gobierno de Karzai y su comandante funciona como un verdadero señor de la guerra en su zona de operaciones, donde se ha forjado una imagen de crueldad sin que ninguna autoridad sea capaz de controlar o limitar sus operaciones militares.

Los testimonios de asesinatos indiscriminados se remontan al año 2009 y ni el gobierno afgano ni los extranjeros presentes en la zona han sido capaces de detener sus acciones. Las informaciones señalan que Azizullah dirige un grupo formado por unos cuatrocientos combatientes que son en su mayoría guardias de seguridad. Se les acusa de asesinatos extrajudiciales, secuestros de jóvenes y abusos sexuales así como extorsión a la población civil. Según diversas informaciones, incluidas las filtraciones de Wikileaks, Azizullah sería un guardia de seguridad empleado en las fuerzas especiales del Ejército Afgano. Su origen tajiko explicaría los ataques continuados sobre poblaciones pastunes, lo que está provocando un rechazo masivo y la desafección de la población hacia un gobierno central que no es capaz de protegerles.

Este episodio es significativo porque rompe la imagen que ofrece la propaganda oficial de una reconstrucción de la estructura del estado basada en principios y valores democráticos. La realidad indica que el gobierno de Karzai está recurriendo a soluciones de la vieja época anterior a la retirada soviética, cuando los agentes del Khad (servicio de inteligencia) salían a las áreas rurales a combatir a la insurgencia islamista o volviendo a fomentar la presencia de verdaderos señores de la guerra capaces de imponer su propia ley sobre el territorio que controlan. La organización Human Rigths Watch indica que existen informaciones creíbles que confirman la existencia de este señor de la guerra y sus atrocidades.

Por su parte, fuentes norteamericanas han señalado que la presencia de Azizullah en la zona ha incrementado la seguridad, aunque a costa de una represión desproporcionada e indiscriminada que amenaza con hacer que la población gire hacia la insurgencia. Señala HRW que milicias semejantes existen en otros puntos del país y practican de forma sistemática actos de rapiña sobre la población civil, pero que las investigaciones y denuncias se ven dificultadas porque se trata de grupos favorables a los intereses oficiales del gobierno de Kabul.

El propio Azizullah se ha dirigido a los medios de comunicación para señalar que su trabajo consiste en matar talibanes y explica que su persona está siendo objeto de una campaña de descrédito por parte de Al Qaeda y los talibanes, que no han podido eliminarle hasta ahora.

El asesinato de Rabani

A finales de septiembre saltó la noticia de la muerte de Burhanudin Rabani, presidente del Alto Consejo para la Paz, organismo oficial encargado de canalizar las negociaciones con la insurgencia talibán. Su muerte se produjo como consecuencia de un atentado suicida cometido por una persona de su entorno que llevaba una bomba bajo el turbante. La figura de Rabani era importante ya que se trataba del fundador del partido Jamiat Islami, copiado del modelo pakistaní del mismo nombre y cercano a los planteamientos ideológicos de los Hermanos Musulmanes. Fue de los primeros en denunciar el avance comunista en los años setenta e iniciar la lucha de los mujaidines contra las tropas soviéticas a partir de la invasión de 1979. En aquella época contaba con el apoyo de los servicios de seguridad de Pakistán (ISI), que eran los encargados de repartir las ayudas internacionales proporcionadas, entre otros, por los Estados Unidos. La retirada soviética y la caída del gobierno aliado que dejaron convirtió a Rabani en presidente de Afganistán, aunque de manera efímera, ya que pronto estallaron las luchas por el poder entre los diferentes grupos islamistas y Pakistán decidió apoyar a los estudiantes talibanes frente a un gobierno dirigido por un tayico que no se sometía a sus intereses.

Tras la invasión del año 2001 Rabani volvió a jugar un papel clave al tratarse de una persona sobre la que existía un consenso acerca del papel que podía jugar para integrar a la minoría tayica en las estructuras del nuevo estado.

El gobierno de Karzai, en sus inicios, abrió un espacio a la presencia tayica aunque pronto comenzaron las disensiones, que culminaron con una ruptura entre Karzai y los miembros más conocidos de la Alianza del Norte, como el ex Ministro de Exteriores Abdalá Abdalá. Aunque las diferencias son muchas, siguen existiendo elementos que mantienen el nexo entre todas estas facciones: la lucha contra los talibanes y la búsqueda del reconocimiento por parte de los norteamericanos. En este sentido la figura de Rabani jugaba un papel central, ya que servía para seguir manteniendo una imagen de unidad antitalibán entre las fuerzas que en el año 2001 prepararon la llegada de las tropas norteamericanas. Su presencia contribuía a amortiguar los enfrentamientos y permitía a Karzai mantener la ficción de que aquella unidad seguía siendo efectiva. Su desaparición abre el camino para que las disensiones entre los antiguos socios crezcan y se hagan cada vez más públicas y patentes. Un hecho que contribuirá a erosionar las estrechas bases sobre las que se asienta el poder de Karzai.

La muerte de Rabani es también un mensaje de la insurgencia talibán, que parece aplicar de este modo la doctrina medieval de matar al mensajero. En efecto, su eliminación parece ser una señal de la importancia que conceden los talibanes a una salida negociada. Se puede decir que con la desaparición de Rabani están cerrando ellos mismos una puerta que consideran falsa. Su idea de una victoria total les lleva a despreciar el posible papel mediador que debería haber jugado el ex Presidente. Malas noticias para Karzai que tendrá dificultades para encontrar sustituto y también porque el atentado anuncia una disposición por parte de los talibanes a incrementar la lucha en lugar de buscar salidas intermedias.

El acuerdo con la India

En los primeros días de Octubre se hizo pública la firma de un acuerdo de cooperación entre la India y Afganistán. Una noticia que ayudará a cambiar algunos de los datos geopolíticos que se producen en la región. Es sabido que Afganistán mantiene unas relaciones de creciente tensión con Pakistán que hunden sus raíces en el contencioso del Pastunistán (la reclamación por parte de Afganistán de las tierras pastunes de Pakistán) y que en la fase actual se centran en la acusación por parte afgana de que buena parte de la insurgencia talibán cuenta con el apoyo indisimulado de los servicios secretos pakistaníes (ISI).

El valor de la noticia hay que ponerlo en relación con el cambio de alianzas que se está produciendo en la región. Durante estos diez años los Estados Unidos han venido presionando a Pakistán para que colabore con el esfuerzo militar contra la insurgencia islamista. Los datos han ido mostrando la ambigüedad permanente en la que se mueve Pakistán, culminando con el descubrimiento de que Bin Laden se escondía en suelo pakistaní con la aparente complicidad de sectores de los servicios secretos de ese país.

La reacción de Pakistán tras el operativo que permitió eliminar a Bin Laden ha sido la de alejarse de la tutela norteamericana, presionado entre otros sectores, por sus propias fuerzas integristas. Aunque no se vaya a producir una ruptura radical, todo hace pensar que Pakistán se desliza hacia la influencia de China, país con el que mantiene relaciones amistosas desde la época de la Guerra Fría. En la actualidad ambos países mantienen fluidos intercambios económicos y China está realizando inversiones y obras importantes como la construcción de una base naval en el puerto de Gwadar, en Baluchistán, cerca de la frontera con Irán. Para el ejército pakistaní esta base está llamada a jugar un papel estratégico en el futuro ya que queda lejos de la frontera con la India y por lo tanto garantiza una retaguardia segura en caso de enfrentamiento con su vecino.

Por su parte, Afganistán pretende garantizar su propia soberanía ante los deseos de Pakistán de convertir al país en una zona bajo su influencia. El acuerdo con India va a modificar las relaciones de fuerza en la zona, por lo que no es posible que se haya producido sin el aval previo de los norteamericanos. El citado acuerdo anuncia la colaboración del Ejército Indio en la formación y entrenamiento de las fuerzas afganas, un hecho que suscitará todos los recelos del mundo en Pakistán, que ve cómo su mayor enemigo se sitúa a sus espaldas cortando la posibilidad de desarrollar lo que los militares pakistaníes denominan la profundidad estratégica del país, es decir, avanzar su influencia en Afganistán para poder resistir en caso de conflicto con la India.

18/10/2011

Tino Brugos
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1.- Ver: http://www.time.com/time/world/article/0,8599,2096079,00.html Existe versión en castellano del artículo en : http://www.sintesiscorrientes.com/notix/noticia/09306_la_guerra_sucia_amenaza_con_llevar_a_afganistan_de_vuelta_al_pasado-1.htm





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