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Pakistán
El extremismo creciente, la guerra contra el terrorismo y la vida de las mujeres
04/08/2011 | Bushra Khaliq


Génesis del extremismo

Hace sesenta y dos años, cuando surgió Pakistán de la división de la Unión India en 1947, la mayoría de la población de esta región no era fundamentalista. Las estructuras del estado, aunque débiles, ofrecían posibilidades de desarrollarse como un país democrático, pero debido a las repetidas interferencias de los regímenes militares, el estado comenzó a adoptar la ideología islámica, dando mayor espacio a las fuerzas extremistas religiosas para que promovieran en el país su proyecto antidemocrático.

Los regímenes militares mimaron y fomentaron partidos políticos religiosos y grupos sectarios. Arabia Saudita y Kuwait, bajo el patrocinio directo del estado, gastaron millones de petrodólares en fortalecer estos partidos y grupos. Las fuerzas islamistas poco a poco fueron arrollando a las fuerzas democráticas y progresistas y consolidando su espacio socio-político en el país. Se establecieron escuelas religiosas (madrasas) para atraer y reclutar yihadistas. Las madrasas surgieron como setas por todo Pakistán, sobre todo en las zonas tribales, y fueron un verdadero caldo de cultivo del fundamentalismo religioso.

En la Constitución del país se introdujeron cláusulas proislámicas que imponían restricciones a los derechos de las mujeres y limitaban su posibilidad de participar en la vida social. Se promovió la cultura del burka y se encerró a las mujeres dentro de las cuatro paredes de la casa. En nombre del Islam, se introdujo la segregación en función del género a todos los niveles. El dictador militar General Zia-ul-Haq promulgó leyes discriminatorias contra las mujeres para complacer a las fuerzas religiosas. Se establecieron tribunales islámicos paralelos para "saudizar" la Constitución. Con la Ley de la prueba, se estableció que el testimonio de una mujer valía la mitad que el de un hombre. La carga de la prueba en caso de violación se trasladó a la mujer, mientras que en caso de embarazo no deseado a causa de una violación, frecuentemente la víctima era sometida a la pena de azotes, cárcel y muerte por lapidación. Los movimientos de mujeres y las fuerzas progresistas, dentro de sus limitadas posibilidades, respondieron a estas brutales medidas del estado de barbarie, pero no consiguieron detener el terrible ataque de las fuerzas extremistas.

Guerra contra el Terrorismo

Después de los ataques del 11 de septiembre y la posterior guerra de EE.UU. contra el terrorismo, las madrasas siguieron creciendo, al igual que la influencia de las fuerzas extremistas. A pesar de que las madrasas suponen sólo el 7 % de las escuelas primarias en Pakistán, su influencia se ve ampliada por las deficiencias de la educación pública y por la religiosidad innata de la mayoría de la población. En estos momentos hay registrados en el país más de 15.000 seminarios religiosos, con más de 55.000 maestros y un millón y medio de estudiantes. Esta enorme cantidad de adalides de la religiosidad se ha desplegado por todos los rincones del país, clamando por la yihad en contra de todo lo que según ellos es antiislámico.

Este crecimiento incontrolado del fundamentalismo religioso no ha sido consecuencia solamente de la guerra de EE.UU. contra el terrorismo o de las políticas de las agencias de inteligencia de Pakistán, sino que también se debe al completo fracaso de los gobiernos tanto civiles como militares para resolver ninguno de los problemas básicos de la clase obrera pakistaní. Los sucesivos regímenes han sido incapaces de acabar con el control socio-político-económico del feudalismo y la naturaleza completamente explotadora de los capitalistas de pakistaníes.

La actual guerra contra el terror de los EE.UU. ha demostrado ser contraproducente y ha alimentando aún más el fundamentalismo religioso en Pakistán. La población civil está pagando un alto precio por la guerra contra los talibanes. En los ataques con aviones no tripulados y en las operaciones del ejército paquistaní han muerto miles de personas inocentes, especialmente mujeres y niños. Alrededor de dos millones de personas tuvieron que huir de las zonas de conflicto del valle de Swat en 2009. Entre los refugiados internos las mujeres se llevan la peor parte. En Pakistán, la mayoría de la población considera que es una guerra contra los musulmanes, más que contra los terroristas. Es realmente difícil para las fuerzas de izquierda y progresistas convencer a la gente de que la guerra contra el terrorismo es estrictamente cuestión de la agenda a largo plazo del capitalismo.

Por todo ello, la guerra contra el terrorismo no sólo ha ayudado a que el extremismo crezca aún más, sino que también ha creado un ambiente en el que es más difícil el trabajo de las fuerzas progresistas y defensoras de los derechos de las mujeres. La agenda de los derechos de las mujeres ha sido en gran medida relegada. Cualquiera que se atreva a hablar de los derechos de las mujeres es calificado de antiislámico y prooccidental. La ocupación imperialista de Irak y Afganistán le proporciona al fanatismo religioso una justificación política para su empeño en que el estado y la sociedad estén aún más determinados por la religiosidad.

Las mujeres como objetivo de los extremistas

El rápido crecimiento del extremismo religioso ha hecho que la vida de las mujeres en Pakistán sea más miserable y la opresión más dura. Los grupos extremistas están aplastando las pocas libertades y derechos democráticos que antes tenían las mujeres. Se ha prohibido la educación de las niñas, calificándola de "conspiración occidental". Los talibanes de la zona de Swat han quemado, destruido o cerrado más de 300 escuelas para niñas. Se ha prohibido la presencia de las mujeres en los mercados y en las tiendas. Se han impuesto normas de vestimenta estrictas. En la provincia de la Frontera Noroccidental de Pakistán, las mujeres deben ir completamente cubiertas, de pies a cabeza. Incluso las niñas de ocho y nueve años tienen que seguir estas normas. No se permite a las mujeres participar en las actividades políticas y no pueden votar en las elecciones. Las mujeres se han convertido en una comunidad invisible en las zonas controladas por los grupos religiosos fundamentalistas. Incluso después de que estos grupos hayan sido expulsados de estas áreas por los militares, la situación de las mujeres sigue siendo la misma.

Las mujeres se han convertido en el objetivo de los grupos militantes locales, que tratan de imponerles su propia versión del Islam. Estos grupos quieren establecer en Pakistán un gobierno de estilo talibán. Han estado atacando y bombardeando las tiendas de música y las escuelas para niñas, aterrorizando a las mujeres para que no salgan de sus casas. Han prohibido el trabajo de las mujeres en los sectores público y privado.

Las mujeres en Pakistán ya carecen de los más elementales derechos democráticos, políticos y económicos. En muchas partes del país, tienen que enfrentarse a tradiciones y costumbres centenarias. Los crímenes de honor, la discriminación social y económica, la represión, la violencia doméstica, las leyes discriminatorias y el acoso sexual son problemas comunes a los que se enfrentan las mujeres.

El régimen de Musharraf hizo declaraciones grandilocuentes sobre la legislación para proteger los derechos de las mujeres. En realidad, la Ley de Protección de la Mujer, sirvió de poco para mejorar las condiciones de la clase obrera y las mujeres pobres. El gobierno del PPP también ha hecho declaraciones similares sobre mejorar la situación de los derechos de las mujeres, pero las mujeres tienen pocas esperanzas en que estas declaraciones se materialicen. Es cierto que ha introducido recientemente leyes contra el acoso sexual en el lugar de trabajo, que evidentemente suponen una medida positiva, pero lo que hace falta es un paquete legislativo constitucional que abarque los derechos socioeconómicos y políticos de las mujeres y permita su integración en la sociedad.

La alianza entre el extremismo y el feudalismo

En la sociedad patriarcal pakistaní, las mujeres son un mero símbolo del honor y la dignidad de la familia. Los miembros femeninos de la familia son considerados propiedad privada de sus parientes. Bajo la cultura feudal imperante las mujeres son confinadas a la casa, para salvaguardar el honor y la dignidad de los hombres. Está muy extendida la idea de que si a las mujeres se les permite salir de la casa para educarse, comprar o trabajar, la sociedad se convertirá en "inmoral e indecente". Incluso un hombre musulmán corriente, que no se considera fundamentalista, cree que las mujeres que dicen lo que piensan y reclaman sus derechos son culpables de promover la inmoralidad y la indecencia en la sociedad.

Los extremistas están empeñados en imponer a las mujeres su código ético en nombre de las enseñanzas islámicas. El feudalismo aplica su código de moralidad en nombre de la tradición y la costumbre. Pero a la hora de aplastar los derechos de las mujeres los dos están de acuerdo y, lamentablemente, los dos abundan en Pakistán. Alrededor del 70 por ciento de la población de Pakistán vive en zonas rurales, donde la gente pobre, especialmente las mujeres, no puede controlar sus vidas. No pueden elegir con quién se van a casar. Hay una gran presión en contra de educar a las niñas y se enseña a las mujeres que en nombre de la moral deben tolerar normas opresivas. Sus vidas están prácticamente gobernadas por la nefasta asociación del feudalismo y el islamismo. La inicua influencia de ambos ya no se limita a las zonas más atrasadas del país, también está ganando terreno en las grandes ciudades y en los pueblos.

Es cierto que el estado ha introducido algunas leyes para poner freno a la práctica de tradiciones y costumbres inhumanas, pero estas legislaciones son incapaces de acabar con la práctica de tradiciones lesivas para las mujeres, sobre todo en las zonas rurales. Por ejemplo, en 2005 se introdujo una ley que declara los asesinatos por honor crímenes atroces e impone como castigo la pena de muerte. Pero esta ley tan dura y la pena de muerte no reducirán el número de crímenes de honor. En 2007 se recogieron más de 800 casos. El número real de casos es varias veces mayor. Mientras que costumbres como la swara y la vani están prohibidas por ley, su práctica continúa. Estas costumbres se practican en algunas partes del sur de Punjab y la Provincia Noroccidental

Estas costumbres permiten que se regalen niñas pequeñas como forma de resolver las disputas entre familias rivales. Por ejemplo, si una persona es acusada de asesinato y quiere solucionar el conflicto con la familia del difunto, puede ofrecer a su hija o a su hermana para obtener el perdón. Las niñas, de dos o tres años, son cedidas a la familia rival. Esta costumbre se utiliza para resolver todo tipo de disputas sin la intervención de las leyes o la policía del país. Otras tradiciones son el matrimonio infantil y el intercambio de esposas. También continúan los matrimonios forzados y los matrimonios con el Sagrado Corán, a pesar de que haya leyes y un amplio consenso social en contra de ellos.

El matrimonio con el Sagrado Corán es una costumbre que existe entre las familias feudales de Sindh. Consiste en que los hombres de la familia se niegan a permitir que las mujeres se casen y para ello declaran que se han casado con el Corán. La razón principal de esta costumbre es quedarse con la parte de la tierra que de lo contrario perderían con el matrimonio de la hija o la hermana. Existen las leyes, pero estas tradiciones y costumbres salvajes e inhumanas siguen en auge. La creciente ola de fundamentalismo, junto a las consecuencias de la guerra contra el terrorismo, están haciendo la vida de las mujeres más miserable, aplastando sus derechos fundamentales y universales.

Lo que realmente hace falta es una lucha de clases unitaria contra el terrible sistema capitalista que, para mantenerse, está fomentando el extremismo religioso y el feudalismo. El capitalismo, que se alía con el feudalismo y el extremismo, no es capaz de crear las condiciones para que las mujeres puedan gozar de plenos derechos, libertad e igualdad. La necesidad actual es un socialismo democrático que ofrezca garantías de igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres. Las mujeres en Pakistán sólo podrán disfrutar de plena libertad y autonomía en una verdadera sociedad socialista, libre de toda explotación, represión y discriminación.

Febrero 2010


Bushra Khaliq es Secretaria General del Teléfono de Ayuda a las Mujeres Trabajadoras, con sede en Lahore, Pakistán. Web: www.wwhl.org.pk

Traducción: VIENTO SUR





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