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Debates sobre la "reconducción"
Los supuestos de la “reconducción”
05/07/2011 | Pablo Stefanoni

Que se haya abierto alguna rendija para el debate es sin duda una buena noticia. Y la idea de esta columna es tomar algunos de los ejes del manifiesto de la reconducción circulado por estos días que ha ocupado buena parte de los medios de comunicación.

Para comenzar: sin duda hay un empantanamiento del proceso de cambio, pero ello ocurre por una serie de razones, y si la idea es buscar vías de revitalización del cambio, deberían abordarse.

En ese marco, la idea de reconducción es problemática, y no se trata solamente de un debate filológico. La reconducción tiene implícita una serie de supuestos que minan en gran medida sus propios objetivos. Quizás el principal es el mito de los orígenes. La idea de “volver” al punto de partida emotivo/insurreccional de 2000 ó 2003 -mediante un pronunciamiento político/intelectual- hoy no es posible, ni tampoco lo es la repetición del estado de ánimo “revolucionario” y de la indignación moral de ese entonces.

La idea de una revolución que se desvió de sus objetivos iniciales no es nueva y termina repitiendo ciertos esquemas acerca de las revoluciones traicionadas que condenan a las direcciones e idealizan a las bases.

También se exagera la agenda de octubre, que eran dos consignas movilizadoras -muy disruptivas para ese entonces y con mucha potencialidad- pero no un programa de gobierno, como por momentos parece desprenderse de las ideas acerca de la reconducción. Strictu sensu, el Gobierno cumplió con esas dos medidas. Ahora, que su aplicación no sea “consecuente” debería abrir una discusión de mayores proporciones en relación a la dificultad para llevar a la práctica los programas políticos en Bolivia, los déficits institucionales, los repliegues corporativos y también -como plantea el documento- las carencias democráticas del Gobierno, que no son ajenas a las propias carencias dentro de los “movimientos sociales”.

En realidad, el segundo problema de la idea de reconducción es que parece que todos los problemas hubieran surgido desde que quienes firman el texto abandonaron las filas oficialistas: yo -que también participé de este Gobierno- creo que todos esos problemas acompañaron desde el comienzo al proceso de cambio, sólo que la lucha contra la oposición conservadora, las expectativas de los hoy reconductores y el clima épico general no permitieron visualizarlos. Que antes había debate por todos lados y que hoy fue cancelado no tiene mucho de evidencia empírica.

Parte de los actuales problemas -y la sensación de estancamiento más general- tiene que ver con algo que planteamos en otros momentos y que algunos de quienes hoy firman rechazaron: la necesidad de traducir los discursos maximalistas en reformas consistentes. Por ejemplo, si la agenda del segundo mandato fuera “simplemente” una revolución educativa y sanitaria, el proceso de cambio estaría saldando dos de los problemas más angustiantes de la mayoría de los bolivianos y más aún de las mayorías nacionales indígenas. Y estas dos “revoluciones” harían más por la descolonización que los ríos de tinta sobre las potencialidades “otras” de nuestro proceso de cambio.

Ya más en concreto, no deja de sorprender -para mí gratamente- que el 70% del documento (por poner unas proporciones figurativas) tenga un contenido nacionalista democrático; sólo que eso va contra lo que algunos -no todos- de los firmantes venían sosteniendo. Es obvio que la propuesta de endurecer las posiciones ante las transnacionales requiere un Estado más fuerte, no más débil, y que tal objetivo no parece muy consistente con la propuesta de destruir el Estado-nación.

Finalmente, es claro que no hay un punto de convergencia entre quienes participan del proyecto de reconducción. Basta ver el énfasis nacionalista del documento con la posición “movimientista” (por los movimientos sociales, no por el MNR) de quienes participaron de la entrevista publicada este domingo en Página Siete. Varios de los párrafos parecen calcados de las posiciones que viene sosteniendo -y firmando- Andrés Soliz Rada, sólo que él no llena de flores discursivas a su propuesta de capitalismo de Estado. Y a ello se suma la misma contradicción que hay en el Gobierno: las ansias de desarrollo con un vivir bien tan impreciso como supuestamente antidesarrollista. El documento mantiene la misma ambivalencia.

Me parece improbable que los “movimientos sociales” realmente existentes vayan a romper con “su” Gobierno, aunque éste se haya apartado supuestamente de los rumbos heroicos del comienzo. Y si esa separación ocurre en algún momento, responderá a causas sociopolíticas y dinámicas políticas/corporativas muy alejadas de los llamados ideológicos o los pronunciamientos intelectuales... pero al menos -como decíamos al comienzo- se abrió un debate. Acotado, pero mejor que nada.

Pablo Stefanoni es periodista





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