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Líbano
"La economía rentista del Líbano ha generado niveles extremos de desigualdad"
22/11/2019 | Lydia Assouad

Por primera vez desde el final de la guerra civil, en 1990, las y los libaneses están unidos en una revuelta, independientemente de sus orígenes sociales, geográficos o religiosos. Las y los manifestantes piden el fin de un régimen político corrupto, mantenido por una élite que les ha negado durante demasiado tiempo la oportunidad de vivir decentemente.

Las reivindicaciones de las y los manifestantes no son sorprendentes cuando se miran las cifras. Líbano es uno de los países más desiguales del mundo, junto a Chile, Brasil o Sudáfrica. En un estudio publicado por el Laboratorio sobre las Desigualdades Globales (World Inequality Lab https://wid.world/es/pagina-de-inicio/), pude estimar la distribución del ingreso nacional libanés entre 2005 y 2014. Los resultados hablan por sí mismos: el 1% más rico percibe el 25% de los ingresos. A modo de comparación, en Francia, donde la desigualdad aumenta y está en el centro del debate público, el 1% más rico recibe el 11% de los ingresos. Otra estadística elocuente en el Líbano: el 0.1% más rico (3,700 individuos) se apropia del 10% de los ingresos. Equivale a lo que recibe el 50% más pobre (casi 2 millones de personas).

Este pequeño grupo de ultraricos, que coincide en gran medida con la clase política, tiene niveles de ingresos similares a los de los más ricos de los países ricos. Los más pobres, por el contrario, tienen niveles de ingresos comparables a los de los más pobres de los países pobres. Esta polarización parece haber exacerbado un sentimiento de desconexión entre la clase dominante y el "resto". Las y los chiítas de la ciudad de Tiro en el sur y los sunitas del norte, en Trípoli, han encontrado finalmente lo que tienen en común: la élite política obtiene rentas colosales a su costa.

Falta de transparencia

Esta concentración extrema de ingresos no es un fenómeno nuevo y existe desde al menos 2005, año a partir del cual están disponibles los primeros datos fiables. ¿Por qué, entonces, las desigualdades estaban previamente ausentes del debate público? Una primera razón es la notable falta de datos socioeconómicos básicos del Líbano. El último censo data de 1932. El secreto bancario existe desde 1956. ¡El último estudio que estima la distribución de los ingresos antes del mío data de 1960! Esta falta de transparencia ha facilitado la difusión de un discurso que subestima el alcance de las desigualdades.

En segundo lugar, el sistema político, basado en una división de poderes entre religiones, alienta a los ciudadanos a identificarse principalmente con su secta y no con su clase. Las élites tienen interés en mantener y reforzar estas identidades que les permiten realizar transacciones privilegiadas dentro de su secta y controlar su región respectiva. Esto amplifica las rentas que reciben de los sectores financieros e inmobiliarios, en los que descansa la economía libanesa. A cambio, estas élites brindan a sus comunidades diversos servicios: trabajos, matrículas para estudiar y atención médica. Las y los libaneses no intentaron derrocar al régimen antes porque, en ausencia de un estado capaz de proporcionar servicios públicos básicos, prefirieron recibir estas ayudas, en lugar de no recibir nada.

Se estableció un círculo vicioso en el Líbano: la economía rentista libanesa, junto con la casi ausencia del Estado, ha generado niveles extremos de desigualdad que, a su vez, han aumentado la dependencia libanesa de los "servicios" proporcionado por las élites sectarias. Esto permitió a estas últimas mantener el apoyo de la gente, mantenerse en el poder y, por lo tanto, continuar enriqueciéndose. Lo que ha aumentado las desigualdades. Y así, la dependencia del sistema en su conjunto ...

Una oportunidad historica

Para romper este círculo vicioso se necesitó nada menos que una crisis económica, una enorme deuda pública, años de gestión deplorable y la opción del gobierno por la austeridad. Sin embargo, esta ruptura ofrece una oportunidad histórica para realizar los principales cambios estructurales necesarios para evitar el inminente desastre económico, pero también para romper el estancamiento político en el que Líbano se encuentra desde el final de la guerra civil.

El Líbano tiene otras posibilidades además de la austeridad para gestionar su crisis de deuda pública: negociar un alivio de la deuda con los acreedores, que en su mayoría son bancos libaneses conectados con la élite política, y aumentar los ingresos a través de la introducción de impuestos progresivos sobre la renta y el patrimonio. Para esta segunda opción, el sistema tributario libanés se puede mejorar considerablemente. El impuesto sobre la renta personal se basa en un sistema arcaico, que grava cada fuente de ingresos por separado, reduciendo así su progresividad y la cantidad total de ingresos recaudados. Las tasas aplicadas a los más ricos son muy bajas en comparación con el resto del mundo: 21%, contra 37% en los Estados Unidos o 45% en Francia.

Con respecto al patrimonio, una opción sería imponer un impuesto excepcional al capital privado. Este impuesto se aplicaría probablemente a una base muy amplia. Si observamos la riqueza de los multimillonarios, el lado visible del iceberg, representa en promedio el 20% del ingreso nacional entre 2005 y 2016, frente al 10% en los Estados Unidos y el 5% en Francia. Para quienes piensan que tal medida sería una locura en los Estados Unidos o en Francia, debe recordarse que en el Líbano, el patrimonio de los más ricos proviene de rentas ineficientes: secar la fuente sería beneficioso para la gran mayoría. Los montos recaudados permitirían debilitar el sistema clientelista y emprender grandes inversiones en infraestructura, educación y salud. Estas medidas estructurales podrían responder a la principal demanda de las y los manifestantes: la posibilidad de tener un futuro.

Lydia Assouad. Estudiante de doctorado en la Escuela de Economía de París.

18/11/2019

https://www.lemonde.fr/idees/article/2019/11/18/l-economie-rentiere-libanaise-a-engendre-des-niveaux-d-inegalite-extremes_6019538_3232.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur







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