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Empleadas de hogar
La deuda de la justicia
11/11/2019 | Isabel Otxoa

[El artículo que publicamos a continuación está incluido en una publicación de la Fundación Manu Robles Arangiz del sindicato ELA, que recoge el contenido de un seminario celebrado en Vitoria-Gazteiz los pasados 20 y 21 de junio sobre Nuevas formas de precariedad.]

Voy a dividir esta intervención en tres fases: en la primera presentaré los datos del sector, después mencionaré como se le ha tratado en cuanto a los derechos laborales y de Seguridad Social, y por último, comentaré la política del asunto.

La realidad laboral de las trabajadoras de hogar (TH), permanece aún fuera de los sistemas oficiales de recogida de datos, porque muchas encuestas las excluyen. Sus contratos de trabajo no están registrados de una manera sistemática que permita hacer estadísticas, porque aunque esté prevista legalmente la obligación de la parte empleadora de presentarlos para su registro, el organismo responsable, la Tesorería General de la Seguridad Social, se niega o evita hacerlo en muchas ocasiones.

Por mandato parlamentario, el Gobierno Vasco (GV) debía presentar un estudio sobre la situación laboral de las trabajadoras y sobre las necesidades que están cubriendo: el plazo terminaba en noviembre de 2017 y a fecha de hoy (21 de junio de 2019), no ha presentado nada. Muchos de los datos que voy a dar son de la Asociación de Trabajadoras de Hogar (ATH) de Bizkaia, la cual realiza todos los años una estadística de las condiciones laborales de las trabajadoras que pasan por la Asesoría. Son datos de 2018, muy precisos, ya que las personas que vienen a la Asesoría saben que lo que nos digan sobre su situación se planteará ante la parte empleadora convertido en reclamación.

El último estudio del GV, de mayo de 2011, calculaba que en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) trabajaban 89.423 personas en este sector. El 14% de las familias, unas 105.527 familias en total, disponía de una TH. En el pasado, las TH trabajaban para familias de clase media-alta, y aunque todavía son las que tienen el porcentaje más alto (el 30% de las familias de la clase media-alta tiene una TH), el 8,5% de las familias de clase baja-media también tiene. ¿Por qué? Porque es un empleo que cubre necesidades imperiosas de cuidado.

En cuanto a la distribución de las TH en la CAV, de acuerdo con el estudio del GV de 2011, el 63,6% era externa y autóctona, el 28,9% externa y extranjera, el 5,1% interna y extranjera y el 2,5% interna y autóctona. Este último dato probablemente es erróneo; en el trabajo interno las extranjeras suponen la inmensa mayoría. Sin embargo, podría ser cierto que las dos terceras partes de las trabajadoras externas son autóctonas, aunque no se corresponda con nuestras estadísticas. Nuestros datos se construyen a partir de las consultas, y hay que tener en cuenta que las externas-autóctonas vienen menos a la Asesoría, porque casi todas están trabajando a tiempo parcial y para casi todas su empleo no es el sostén fundamental de su familia.

Entre las personas cuidadas por una TH, un 60,83% es mujer. Las mujeres tenemos una esperanza de vida más larga, vivimos más, y muchas veces morimos solas o acompañadas de la trabajadora de hogar. Según el estudio de GV, cuando hay una TH, en el 33,5% de los casos es la única responsable del cuidado, y esto está relacionado con un dato de la ATH: el 88% de internas viven solas con la persona atendida. Esto tiene consecuencias laborales: el 28,4% no puede salir en todo el día, y en cuanto al descanso semanal, solo el 30,45% cumple la exigencia de la ley de librar 36 horas continuadas.

Históricamente, el trabajo de hogar y de cuidado se ha considerado como un no-trabajo. La discriminación de las TH se ha construido sobre una doble condición: el ser realizado por mujeres como tareas propias. La Ley de Contrato de Trabajo franquista excluyó de su protección al empleo de hogar, y se justificó así: “del trabajo del servidor doméstico no se obtiene ni mediata ni inmediatamente un bien tangible. Su función no viene más que a llenar una necesidad en la vida privada del amo de casa. Sin la realización del trabajo doméstico, la marcha de la producción nacional no sufriría entorpecimiento o menoscabo alguno”.

En 1985 se regula por primera vez como relación laboral con el Real Decreto 1424/85, pero en unas condiciones muy por debajo de los estándares del Estatuto de los Trabajadores (ET). Por ejemplo, la jornada de trabajo era supuestamente de 40 horas semanales, pero la parte empleadora podía exigir otras 40 horas como “tiempo de presencia” no retribuido. Fue en 2011 cuando llegaron las mejoras respecto a la situación anterior, aún insuficientes porque no se ha producido la equiparación con el resto de trabajos amparados por el ET.

El Decreto 1.620/2011, habla de la “pernocta” o acompañamiento nocturno, y no le atribuye ningún valor económico, tampoco hay un derecho claramente establecido al descanso diario. Hay más desigualdades, pero quiero plantear algún trato igual que resulta injusto: la extinción del contrato por muerte de la persona empleadora es muy frecuente en el empleo de hogar, Según nuestras estadísticas casi una tercera parte de las internas pierde el empleo por ese motivo y sólo generan derecho a una mensualidad como indemnización, independientemente de su antigüedad. En el área mercantil de la economía, esa causa de cese afecta a un número ínfimo de personas por lo que no ha solido plantearse como problema. Otro ejemplo, son el derecho a las vacaciones anuales de un mes, no acumulables según el Estatuto. Muchas de las trabajadoras de este sector son extranjeras, y esta visión eurocéntrica y protectora, no les sirve. Están excluidas de la Ley de prevención de Riesgos Laborales.

Quiero mencionar también, la Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres de 2007. En esta ley estatal no se menciona ninguna medida para mejorar la situación de las TH, que es el único sector laboral en el que casi todas son mujeres. Por ejemplo, antes y después de esa Ley, en caso de maternidad se las despide sin derecho a readmisión. Como no tienen prestación por desempleo desde la que accede a la prestación por maternidad, la pierden y se quedan en la calle. El despido por maternidad es un poco más caro, 33 días en vez de 20 de indemnización. Si en lugar de despido le llaman “desistimiento”, te puedes ir con tus 12 días de indemnización, tu embarazo y tu falta de alta en la Seguridad Social.

Desde el año 1969, las TH tenían un Régimen especial de Seguridad Social que no permitía el alta con una jornada inferior a 18 horas semanales, en caso de baja por enfermedad o accidente estaban los primeros 28 días sin cobrar, y en caso de baja por cualquiera de esas causas, e incluso por maternidad, el pago de la cuota pasaba a cargo de la trabajadora. Era un sistema que quería expulsar a las TH de la protección de la Seguridad Social.

En 2012, la Reforma de la Ley 27/2011 integra a las TH en el Régimen General (RG) como sistema especial, con cotización desde la primera hora y cálculo de la base por tramos. Los tramos, son franjas de salario, a las que adjudica una base de cotización. La reforma fue pactada con los sindicatos mayoritarios a nivel estatal, CCOO y UGT, y se acordó que la equiparación con el RG en materia de cotización por salarios reales y cobertura de vacíos de cotización para el cálculo de las pensiones se aplazaría hasta el 1 de enero de 2019. Pero, en 2018 el PP consigue en la Ley de Presupuestos del Estado un nuevo aplazamiento hasta 2024. Fue la gota que colmó el vaso, y empezó una lucha estatal potente. A día de hoy, tenemos en marcha una campaña para denunciar que muchas trabajadoras están cotizando muy por debajo del salario mínimo que les corresponde, sin que las responsables de la Seguridad Social muevan un dedo para remediarlo.

La discriminación de las TH es un problema político, y una cuestión de intereses. El empleo de hogar sin derechos es una forma de ahorrar en gasto social: no es una cuestión de errores de concepto y de falta de comprensión del valor del trabajo que se hace en las casas.

Quiero subrayar, que el reclamar “todos” los derechos para las trabajadoras de hogar y cuidados, es un objetivo imposible. La relación laboral de trabajo de hogar, y más si es para cuidar, no puede garantizar todos los derechos, ya que la estructura de la relación laboral tiene en si misma el problema. Y el problema es que la manera de cuidar no puede ser la actual: una persona contrata a otra de manera individual en la privacidad de su hogar, y para satisfacer sus necesidades necesita negar las de la otra, la trabajadora. Reclamar todos los derechos tiene un gran sentido político. Es decir: no admitimos que se sacrifique a nadie, el sistema actual no sirve. Hace falta un proyecto transversal, reorganizar los tiempos y espacios sociales, de tal manera que las necesidades de cuidado se tengan en cuenta en el diseño de los espacios en los que vivimos, en el empleo de todas las personas y también hacen falta servicios de cuidado.

Volviendo a la actualidad, tenemos que dejar de estigmatizar a las TH como el modelo de seres explotados. El trabajo doméstico y de cuidados, el trabajo de limpieza, orden, provisión de alimentos, atención a las personas que no se valen por si mismas, es necesario, es normal, está bien hacerlo. Algunas personas, cobran un salario por todo eso. Son las TH. No podemos seguir con un discurso en el que abuso, inferior, precaria, esclava, … sea lo primero que se asocia al sector, victimizándolo por sistema. Lo que el trabajo tiene de malo son las deficiencias en la protección legal y las condiciones en las que se realiza, pero no son para todas iguales. Muchas trabajadoras no se reconocen en este discurso.

En la enseñanza, el comercio, la hostelería, la limpieza, también hay precariedad, y lo que nos planteamos son objetivos concretos de lucha para dar la vuelta a la situación. Tomemos los problemas y derechos pendientes en el trabajo de hogar y cuidados, y hagamos lo mismo.

Octubre 2019

https://www.mrafundazioa.eus/es/articulos/gai-monografikoak-57-nuevas-formas-de-precariedad-y-negociacion-colectiva

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