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A propósito del libro de Thomas Coutrot
Para una política del trabajo
08/11/2019 | Juan Sebastian Carbonell

[En el discurso patronal y gubernamental, a menudo, liberar el trabajo, quiere decir liberar el capital de las obligaciones del derecho laboral y favorecer la autorregulación de las empresas. A diferencia de este discurso, Thomas Coutrot sostiene que la liberación del trabajo puede ser un futuro deseable del que la izquierda debería apropiarse. CT]

La organización capitalista del trabajo transforma las actividades productivas en un trabajo molesto, es decir, peligroso para los cuerpos y los espíritus. Los testimonios sobre el sufrimiento en el trabajo son legión. De alguna manera, la ola de suicidios en las empresas solo es la expresión más extrema de este fenómeno. Para el autor, no hay nada que esperar del Estado:

“La estrategia del Estado emancipador fracasó. En su versión socialdemócrata se hundió en el acompañamiento al neoliberalismo. Su visión leninista engendró una pesadilla peor que el capitalismo”.

Mejor aún: para cambiar la sociedad, hay que cambiar el trabajo: “No es suficiente producir más riqueza: es necesario determinar cuál y producirla de otra forma”. Es un criterio inapelable: ninguna corriente del movimiento obrero del siglo XX pensó formas verdaderamente emancipadoras del trabajo y, paradójicamente, es la patronal la que habría obtenido el monopolio del discurso sobre la organización del trabajo.

No se producirá el fin del trabajo

En la primera parte del libro, Thomas Coutrot traza una retrato de la situación del trabajo y de las personas asalariadas hoy en Francia apoyándose en sus propios trabajos en la Dares 1/ y también en los trabajos más recientes de economía y sociología del trabajo.

Lo propio del trabajo es su inventiva: incluso en los contextos obligatorios en los que está prescrita, cuyo ejemplo paradigmático es el trabajo industrial, hay improvisación y creación de reglas autónomas e informales. En esto, el trabajo puede ser una actividad satisfactoria o como dice Marx, desarrollar plenamente las capacidades humanas. Pero las estadísticas de Ministerio de Trabajo citadas por el autor dicen que que el trabajo solamente contribuye al bienestar de un tercio de las personas activas en Francia, mientras que contribuye al malestar para la mitad.

Además los accidentes laborales y los problemas de salud -mental o física, contribuyen a que el trabajo se vea como una actividad penosa. Finalmente, la empresa neoliberal habría desplazado, inclinando las reformas gubernamentales a su favor, el eje de las relaciones profesionales desde la sección a la propia empresa, favoreciendo la autoridad de la patronal en las opciones organizativas. Uno de los ejemplos es la introducción de nuevas tecnologías que degradan las condiciones de trabajo y de salud de las personas trabajadoras como sucede con el reconocimiento de voz en los almacenes de logística, bien documentado en los medias y en la sociología del trabajo.

¿Qué lugar ocupa el trabajo en una economía en la que una de sus tendencias es la automatización del trabajo? En contra de los lugares comunes mediáticos y políticos -desgraciadamente compartidos por una parte de la izquierda 2/ - Thomas Coutrot realiza un cuadro exacto de la extensión y de las consecuencias de la automatización del trabajo. Da un ejemplo esclarecedor: los cajeros automáticos y el desarrollo del comercio en línea hicieron temer la desaparición de miles de empleos; sin embargo, el empleo en el sector del comercio aumentó más del 20%.

En realidad, en el plano macroeconómico, “en general, las fases de aceleración de la productividad coinciden con un crecimiento aún más rápido de la producción; por tanto, del crecimiento del empleo”. Sin duda, con ello no quiere decir que algunos oficios no estén en peligro de extinción debido a la automatización de ciertas tareas; simplemente quiere decir que no se producirá el fin del trabajo.

Desde la izquierda que se reclama de Marx, el “fragmento sobre las máquinas” de sus Gründrisse, ha alimentado su discurso sobre el fin del trabajo. Recordemos con Thomas Coutrot que se trata de un manuscrito de Marx que no tenía un enfoque demostrativo (al contrario que El Capital), en el que buscaba poner sobre el papel sus propias reflexiones. Michael Heinrich invita con razón a una lectura prudente del “fragmento” e incluso ve este texto como un manuscrito en el que Marx comete varios errores que, finalmente, corregirá en El Capital 3/.

Para quienes sostienen el fin del trabajo, Marx defendería en este texto que con el desarrollo de los medios de producción, el tiempo de trabajo ya no sería la medida del valor y que habría una desconexión entre trabajo y riqueza social. Sin embargo, a pesar del desarrollo de los medios de producción, hay una permanencia inmediata del trabajo. El trabajo podrá ser reducido al mínimo en ciertas industrias -como en las industrias manufacturera-, pero siempre está presente de una forma u otra:

“Nada se produce sin trabajo humano: incluso en las fábricas más automatizadas, es necesario personal para poner en marcha, supervisar y reparar las máquinas” .

En las industrias de producción en serie, el trabajo también está presente en la medida en la que automatización, a menudo, solo redistribuye el trabajo concreto.

Se constata también una extraña convergencia entre los discursos de la patronal sobre la innovación tecnológica de las Gafam (acrónimo de Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) y los discursos de algunos marxistas sobre el capitalismo cognitivo y el trabajo digital 4/. Ambos están de acuerdo en decir que estas empresas extraen sus beneficios del trabajo gratuito suministrado por quienes los usan. Sin embargo, el autor recuerda que la mayor parte de los beneficios de grupos como Google o Facebook no provienen del trabajo digital gratuito de quien los usa sino de la renta pagada por las empresas anunciantes.

Como lo recuerda Nick Srnicek, la mano de obra gratuita que serían las y los usuarios de las plataformas digitales solo es una fuente, entre muchas otras, de la producción de datos 5/. Además, se pregunta Srnicek, si las interacciones sociales en Internet pueden ser asimiladas a una forma de trabajo, ¿dónde están los encargados? ¿Cómo se mide el tiempo de ese trabajo? ¿Cuáles son las formas de racionalización del proceso de producción?

Los debates más o menos metafísicos alrededor del trabajo de las y los usuarios de Internet, paradójicamente, enmascaran el verdadero trabajo detrás de las plataformas: el de los micro-trabajadores y trabajadoras, documentado recientemente por Antonio Casilli, con una remuneración de algunos céntimos por esas micro-tareas, sin embargo, necesarias para el buen funcionamiento de los algoritmos 6/.

Estas críticas dirigidas a quienes sostienen el fin del trabajo, sean de izquierdas o de derechas, son beneficiosas. No obstante, no compartimos sus palabras cuando afirma que algunas plataformas podrían desempeñar un “papel social y ecológico útil” como AirBnb o BlaBlaCar.

Por una parte, favorecen la extensión de la mercantilización de algunos aspectos de la vida cotidiana como compartir trayectos de viaje o la vivienda y más recientemente, “experiencias” como una velada compartida entre amistades o rituales religiosos indígenas. Por otra parte, lejos de estar en un posición de compartir, quienes vendes estos servicios a través de plataformas buscan encontrar una fuente de ingresos para paliar los bajos salarios 7/. En resumen, las plataformas pueden tener efectos nefastos, como es el caso de AirBnb que contribuye a vaciar los centros de las ciudades de sus habitantes 8/.

Los errores de la izquierda sobre el trabajo

Dos corrientes de la izquierda se reparten el discurso sobre el trabajo: una corriente productivista y partidaria de la organización científica del trabajo y una corriente cooperativista-autogestionaria preocupada por la democracia en el trabajo.

Para Thomas Coutrot, esta división remite a la tensión presente en Marx entre un enfoque emancipador y un enfoque crítico con el trabajo. Para el primer Marx, libre de la división del trabajo, el trabajo permitía el desarrollo de las facultades humanas, mientras que para el segundo Marx, el trabajo sería lo que caracteriza al dominio de la necesidad, lo que hace de la lucha por la reducción del tiempo de trabajo el corazón de la lucha de los trabajadores y trabajadoras. Es especialmente este último Marx el que ha sido leído por la izquierda del siglo XX.

Robert Linhart mostró cómo la joven Rusia soviética abrazó el taylorismo, visto como una forma de sacar el país del marasmo económico y como un medio para recuperar el “atraso” económico del país 9/. En Europa del Oeste, el movimiento comunista se alinea con Moscú y defiende que la organización científica del trabajo (OCT) es un sistema aprovechable para el movimiento obrero porque iguala las condiciones de trabajo:

“La abolición de la libertad en el trabajo anuncia el triunfo de la libertad en la sociedad...”

Ni la izquierda productivista, ni la izquierda autogestionaria se plantearon seriamente la cuestión de la organización del trabajo, de su contenido y de la democracia en la producción. Sin embargo, Thomas Coutrot recuerda que algunas corrientes de la patronal quisieron repensar la organización del trabajo de modo diferente a los principios tayloristas 10/. La escuela de recursos humanos es uno de sus principales ejemplos. Las experiencias llevadas a cabo por Elton Mayo muestran que prestar atención al personal trabajador hace aumentar la productividad. Igualmente, el psicólogo Kurt Lewin demuestra que cuando la plantilla decide las modalidades de organizar la producción, estas decisiones pueden ser mejores que las de la dirección. Más recientemente, el discurso sobre la “empresa liberada” quiso erigirse como una alternativa al leanmanagement (Gestión de proyectos sin pérdidas. NdT) y a sus nefastas consecuencias sobre las personas asalariadas.

Reducción de las prerrogativas de la dirección, más autonomía en el entorno del trabajo y más responsabilidades para las personas asalariadas son algunas de las características de estas “empresas liberadas”. Sin embargo, la palabra de las personas asalariadas solo se “libera” en la medida que converja con los intereses del accionariado. En realidad, la mayoría de los modelos alternativos de la empresa chocan con el poder accionarial. En los diferentes ejemplos estudiados por el autor, “la asimetría entre capital y trabajo se mantiene”. Sin embargo, estos diferentes modelos de gestión representan para Coutrot “un avance no insignificante” para pensar en la organización del trabajo.

¿Qué política para el trabajo?

En la última parte del libro, Thomas Coutrot propone una política del trabajo. El movimiento obrero (partidos y sindicatos) habrían prestado poca atención a la cuestión del contenido del trabajo mismo. Habría sido incapaz de pensar un trabajo que no sea el “trabajo fraccionado”, centrándose, sobre todo, en el precio de la subordinación salarial y –en el momento de mayor poder– en el tiempo de trabajo. ¿Cómo se explica esto?

Para el autor, las razones de la incapacidad de la izquierda para pensar otra forma de trabajo son, más que nada, teóricas. Apoyándose en la relectura de Marx de Moishe Postone, dice que la izquierda se habría quedado prisionera de una concepción del trabajo y del capitalismo en la que los dos están imbricados: el trabajo depende del crecimiento del capital y la clase trabajadora depende del capitalismo para sobrevivir. El trabajo, en lugar de estar en la raíz de la superación del capitalismo, es uno de sus principales engranajes. Además, volviéndose abstracto, el trabajo domina al personal trabajador de manera impersonal y objetiva.

Thomas Coutrot se une a una larga tradición de de trabajos sobre la “crítica del trabajo” 11/, para las que el movimiento obrero, incluyendo las corrientes revolucionarias, son prisioneroa de la abstracción del trabajo. Los “estados obreros” del siglo XX, aunque ya no son economías capitalistas, no habrían abolido la abstracción del trabajo. Al contrario, la habrían impulsado más lejos.

La democracia política y la democracia económica (es decir, la democracia en los centros de trabajo) parecen opuestas en el discurso dominante. La primera se pararía en la puerta de las empresas en nombre de la eficacia económica. Sin embargo, el autor recuerda que no solamente la información circula más libremente en una organización horizontal, sino que cuanto más igualitaria es una organización, más eficiente resulta . Además, el autoritarismo de la esfera económica se difundiría en la esfera pública. Cuanto menos autonomía tiene la gente asalariada, menos participa en la vida pública de su comunidad. Algunos trabajos han comenzado a mencionar el posible vínculo entre el ascenso de la extrema derecha y las transformaciones del trabajo 12/. Thomas Coutrot va en la misma dirección comparando el voto para el Rassemblement national y la autonomía del trabajo en los ayuntamientos que más votaron a Marine Le Pen. Más que cualquier “inseguridad cultural”, sería la inseguridad económica y las condiciones de trabajo degradadas del sector asalariado popular las que favorecen la abstención y el ascenso de la extrema derecha.

Sin embargo, las propuestas del autor suscitan prudencia en varios puntos. En varias ocasiones, destaca el hecho de que las organizaciones horizontales son más eficaces económicamente. Sin embargo, la búsqueda de esta eficacia económica solo puede ser justificada en el marco de la competencia entre empresas. ¿Precisamente, una verdadera crítica al trabajo abstracto no tendría que defender más bien la búsqueda de otras finalidades? Si es necesario defender los efectos cualitativos del trabajo en el mundo social y no en una empresa guiada exclusivamente por la búsqueda de beneficios, esto únicamente puede entrar en contradicción con la existencia del accionariado y la propiedad de la empresa. De la misma forma, Thomas Coutrot no dice nada sobre la forma en que estos islotes de organizaciones horizontales pueden y podrán sobrevivir en un océano de trabajo abstracto.

En lugar de democratizar el trabajo democratizando la sociedad, de entrada, sería necesario intentar democratizar el trabajo -transformando las fábricas en laboratorios de participación democrática- para democratizar la sociedad. Sin embargo, las propuestas del autor parecen claramente insuficientes para poder establecer una verdadera política del trabajo. Para él, sería necesario que el comité de empresa (convertidos hoy en comité social y económico) disponga de derecho a veto sobre las decisiones de la empresa o que negocie con el accionariado una “acuerdo permanente sobre los objetivos fundamentales de la empresa”.

Sin embargo, cabe recordar que la historia de la representación de la parte asalariada en la empresa muestra que nunca hubo un verdadero modelo de “control obrero” en Francia; aparte de raras excepciones (como los delegados obreros en la seguridad de las minas a finales del siglo XIX), la patronal 13/ veía con muy malos ojos cualquier cuestión planteada por el sector obrero sobre la organización del trabajo. El propio autor dice que “(las instituciones) del capitalismo tienen como característica fundamental encerrar el trabajo vivo en el puño de hierro del trabajo abstracto”. La gobernanza democrática de la empresa que menciona el autor parece incompatible con la existencia misma de patronales y accionariados.

Democratizar la sociedad democratizando el trabajo no puede limitarse a reducir el tiempo de trabajo. También hay que cambiar “la forma cómo el tiempo transcurre en el trabajo”, como dice Simone Veil citada por Coutrot. Pero el lugar que concede este último al tiempo de trabajo puede causar asombro. A menudo, la organización del tiempo de trabajo no se limita a una simple división entre tiempo en el trabajo y fuera del trabajo, entre un tiempo sometido a la organización científica del trabajo y un tiempo liberado del trabajo. Más bien, las transformaciones del tiempo del trabajo hacen que este debe ser pensado como un marco temporal más amplio que incluya el tiempo fuera del trabajo y otras temporalidades sociales.

Para muchas personas asalariadas la jornada de trabajo ya no tiene sentido. Las modificaciones del tiempo de trabajo estos últimos años van hacia la flexibilidad y una disponibilidad temporal mayor, convirtiendo el tiempo fuera del trabajo en un tiempo potencialmente trabajado según las necesidades de las empresas. En este sentido, las reivindicaciones sobre el tiempo de trabajo no se reducen a pedir reducir el tiempo durante el que estás sometido a la autoridad patronal, sino también a pedir que el trabajo no se apropie libremente de los cuerpos y los espíritus.

En fin, para Thomas Coutrot, existen resistencias a la abstracción del trabajo; especialmente, el trabajo colaborativo y el care (www.care.com/es). El trabajo colaborativo usado por las comunidades de hackers han producido experimentos interesantes de organización horizontal del trabajo. Algunas experiencias de trabajo colaborativo pueden ser origen de comunes, es decir, de experiencias colectivas a compartir alrededor de reglas más o menos explícitas 14/.

En cuanto a la ética del cuidado, desde el punto de vista del autor, esta es una forma de resistencia a la abstracción del trabajo. Llama al reconocimiento y a su democratización. Sin embargo, ¿cómo el cuidado va a poder resistir su puesta en venta en el marco del mercado laboral bajo la forma de nuevos empleos feminizados del sector terciario, y por tanto a su dominación por el trabajo abstracto, sin que eso implique una vuelta delcuidado a la esfera doméstica?

El libro de Thomas Coutrot es una aportación importante a los debates sobre el lugar del trabajo en la sociedad. Las reformas gubernamentales de los últimos años van hacia una autorregulación de la empresa, reforzando las prerrogativas de la patronal en la organización del trabajo. Con la idea de democratizar el trabajo, transformando lo lugares de trabajo en laboratorios de democracia, rehabilita una una tradición injustamente olvidada por el movimiento obrero.

Además, a contracorriente de las fuerzas políticas que anuncian de forma ritual el fin del trabajo, Coutrot sitúa el trabajo en el centro de la sociedad. Esta centralidad es para él de orden antropológico. “El trabajo está en el origen del vínculo social” porque es la cooperación en el trabajo la que crea ese vínculo. A pesar del malestar que provoca hoy (despidos, paro, enfermedad profesional, etc.), el trabajo sigue creando sociedad. Quizás hay que agarrarse a esta centralidad para convertirla en una palanca hacia la transformación de la sociedad.

24/10/2019

http://www.contretemps.eu/politique-travail-coutrot/?fbclid=IwAR1mfbiOEmN25s2m0PWeERHZ_do_PEGAAlK22qkstDCwZ1zl9hURABI0m5A

Thomas Coutrot, 2018, Libérer le travail. Pourquoi la gauche s’en moque et pourquoi ça doit changer, Paris, Seuil, 2018.

Notas

1/ Dirección de animación a la investigación, estudios y estadísticas del Ministerio de Trabajo.

2/ Juan Sebastian Carbonell, 2018, “La sociologie implicite du Comité invisible”, L’Homme & la Société, n° 208, p. 249-268.

3Michael Heinrich, 2013, “The ‘Fragment on Machines’ : A Marxian Misconception in the Grundrisse and its Overcoming in Capital”, en Bellofiore Riccardo, Starosta Guido et Thomas Peter D. (dir.), In Marx’s Laboratory. Critical Interpretations of Grundrisse, Leiden, Brill, p. 197-212.

4/ Kylie Jarrett, 2018, “Des salaires pour facebooker” : del feminismo a la cyber-explotación -entrevista con Kylie Jarrett”, Période : URL : http://revueperiode.net/des-salaires-pour-facebooker-du-feminisme-a-la-cyber-exploitation-entretien-avec-kylie-jarrett/

5/ Nick Srnicek, 2018, Capitalisme de plateforme. L’hégémonie de l’économie numérique, Lux Éditeur.

6/ Antonio A. Casilli, 2019, En attendant les robots. Enquête sur le travail du clic, Éditions du Seuil.

7/ Alexandrea J. Ravenelle, 2017, “Sharing economy workers: selling, not sharing”, Cambridge Journal of Regions, Economy and Society, Volume 10, Issue 2, p. 281-295, https://doi.org/10.1093/cjres/rsw043

8/ Johanna Dagorn, Matthieu Rouveyre, 2018, “La mixité sociale en prise avec la réalité AirBnb”, Fondation Jean Jaurès.

9/ Robert Linhart, 2010[1976], Lénine, les paysans, Taylor, Éditions du Seuil, Paris.

10/ El autor recuerda también que no es ningún “altruismo lo que motiva la “humanización” del taylorismo , sino que las huelgas obreras obligan a la patronal a actuar o o porque busca nuevos métodos de aumentar la productividad del trabajo.

11/ / Alastair Hemmens, 2019, The Critique of Work in Modern French Thought. From Charles Fourier to Guy Debord, Palgrave Macmillan.

12/ /Violaine Girard, 2013, “Au-delà du vote FN. Quels rapports à la politique parmi les classes populaires périurbaines?”, Savoir/Agir, vol. 26, no. 4, p. 23-27.

13/ / Jean-Pierre Le Crom, 2003, L’introuvable démocratie salariale : le droit de la représentation du personnel dans l’entreprise, 1890-2002, Paris Syllepse.

14/ / Esta teoría aunque seductora está mal ilustrada por el autor. Toma la gestión de la alcaldía de Barcelona por Ada Colau como un ejemplo de defensa de los comunes, gestión criticada por los movimientos sociales a la izquierda de Podemos.

Traducción viento sur





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