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Tribuna viento sur
Ihardunaldi feministak: Bai, salda badagola (aquí sí que hay caldo)
07/11/2019 | Begoña Zabala González

Nuestra prioridad es fortalecer la estructura interna del Movimiento Feminista. La nuestra es una práctica rebelde, transgresora, que solo se entiende dentro de un cuerpo colectivo. Nuestra revolución tiene nombre de mujer*. Tiene nombre de precaria. Tiene nombre de país. Nuestra revolución nace desde las grietas y rescoldos creados por el propio sistema que está intentando absorber nuestras luchas, mercantilizarlas y criminalizarlas ¡Que tengan claro que hoy y aquí nos van a tener enfrente. [1]

Lo señalado son unas pequeñas frases que pretenden enfatizar algunos de los tantos aspectos que salieron en las Jornadas, y es parte del comunicado final de la propia organización. Era leído en un momento de mucha euforia, los minutos finales del domingo tres de noviembre, después de una numerosa y bullanguera manifestación que recorrió Durango. La representación internacionalista –Rojava, Catalunya y Abya Yala- ya había saludado entre vítores y grandes aplausos. El comunicado empezaba diciendo y cantando la conocida letra del grupo de Santurtzi “Eskorbuto”, convertida en uno de nuestros himnos manifesteros: ¡Cuidado, cuidado! Os avisamos: Somos muchas más que cuando empezamos. Atronaba Landako de emoción y ganas de pelea. Organizar la rabia y tejer complicidades, era el mensaje de organización. Salda badago, fue un paraguas terminológico que sirvió para todo y, efectivamente cualquier éxito o dificultad se contestaba con esta frase, que a veces se convertía en Saltsa badago.[2]

La euforia presente, las buenas energías, las ganas de seguir en las luchas, de organizarse, de gritar a los cuatro vientos nuestras victorias, tenía su explicación. Tres mil mujeres inscritas, llenazo total en Landako, debates a todo trapo, mesas redondas en el salón grande con asistencia de hasta dos mil quinientas mujeres, en perfectas condiciones de audición y traducción, en el lenguaje de signos y en euskera y castellano y con retransmisión en streaming... ¿qué más se puede pedir?.

Ah! Si! Se comía de lujo. Cada día nos llegaban legumbres y frutas de la zona, alimentos totalmente ecológicos, de producciones agrícolas locales, y en el mismo local de las mesas redondas, en un abrir y cerrar de ojos, lo que eran 2.500 sillas, se convertían en un comedor para 1.700 comensales. El mismo local a la tarde-noche se convertía en una barra con deliciosos bocadillos, para pasar a los momentos de ocio, fiesta, bokatas, canciones, bertsoak, conjuntos musicales, DJs y lo que se tercie. Y en el tema de dormir, se garantizó sitio para 900 chicas, en aulas y polideportivos de centros de estudio, colectivos, con duchas incluidas. Hay que decir que el modelo furgoneta estaba bastante extendido y los viajes a localidades cercanas, especialmente a Bilbao y a Donostia, también fue una solución para las que no cuentan con cuerpos fácilmente adaptables a furgos o esterillas.

Si estoy comentando estas cosillas, que alguien pretende que son minucias de infraestructuras varias, es para resaltar el carácter de la organización alternativa: auzolan (trabajo en común) a tope, todo el mundo haciendo turnos para repartir las tareas que no necesitan mucha especialidad, mucho trabajo asumido por las asistentes y por muchísimas mujeres de Durango y zona, alimentos de cercanía, ecológicos, comida vegana.... y todo esto con buen humor y mucha tolerancia, pues a veces no todas las cosas salen bien a la primera. A la segunda, eso sí, no fallan.

La hora de los debates

Evidentemente las ganas y los temas de los debates eran muchos, abundantes, variados y muchas veces confrontados. Había empeño para entrarle al tema y todas sabíamos que había bastante caldo para repartir y compartir.

La estructura de mesas redondas, con posibilidad de asistencia de todas las inscritas, resultó un buen mecanismo para escuchar las ponencias. No, desde luego, para debatir, no sólo por el tamaño del espacio, sino por el tiempo disponible, después de un promedio de cinco intervenciones. Así que se trataba de escuchar y apuntar lo escuchado.

Luego había más espacios, casi en todos los temas, para debatir en los talleres y ponencias, en grupos más pequeños.

Muy a vuela pluma, se puede señalar que en la primera mesa, “Agenda compartida para poner las vidas en el centro y soberanías”, se ponían en común aproximaciones a estos temas que nos acercan a las pensiones, a los cuidados, a las alternativas alimentarias, y a la soberanía y también a nuevas reflexiones en la perspectiva de género desde planteamientos de clase. Después estos temas se desarrollarían más específicamente en talleres y debates en espacios reducidos. Las pensionistas, emplazaron al movimiento feminista a apoyar y a participar en una huelga general en el mes de enero, que planteará la cruda realidad de las pensiones, y específicamente las de las mujeres. En general todas las ponencias giran en torno a tener una existencia digna de ser vivida y las trabajadoras no domesticadas aprovecharon para denunciar que el trabajo de interna equivale a trabajo esclavo y se debía agitar por su derogación.

La tarde de ese primer día había una mesa estrella, -Decolonialidad- por ser la primera vez que se planteaba y por aportar unas nuevas miradas de las mujeres inmigrantes y racializadas. Decolonialidad como término funcionaba a modo de paraguas genérico de luchas anticolonialistas. Solo el hecho de incluirlo como eje y dar entrada a cinco ponencias específicas en la mesa –con independencia de los debates y talleres- ya ha supuesto un hito en las Jornadas de Euskal Herria. Más veces se había hablado de las mujeres inmigrantes, en anteriores jornadas, pero muy en concreto de la situación específica en la que se ven, de las condiciones de trabajo, de acogimiento, de papeles, de agresiones,.... Esta vez este espacio ha venido cargado de teorizaciones bastante novedosas y muy en consonancia con las teorías y prácticas de las anticolonialistas, entroncando en tal palabra, decolonialistas, descolonialistas y anticolonialistas. Hemos podido oír así, de primera mano, estos planteamientos por parte de mujeres, que en su mayoría, están aquí y plantean la necesidad de argumentar el feminismo desde la colonialidad del discurso, del poder, del feminismo. Hablan y se denominan a sí mismas como racializadas. Y en su discurso ocupa un lugar importante la blanquitud, como espacio y/o sujeto de privilegios. Por supuesto, hablan desde el sujeto o quizá la sujeta feminista. Incluyen en sus prácticas y lo argumentan y propagan los espacios no mixtos, es decir, sólo de racializadas, o de algunas racializadas.

Han sido unas aportaciones valiosísimas, interesantes y transgresoras, que han impactado fuertemente. Y como siempre suele pasar en estos casos, y más a nosotras que tantos vínculos estamos queriendo mantener con las latinoamericanas, han aparecido en forma de interlocutoras algunas mujeres emblemáticas de pueblos originarios que han tejido puentes de entendimiento y unión. Más allá de la exclusión o la organización no mixta, han mostrado la coincidencia y la unión. Que nadie se pierda en este tema, aquí de verdad que hay caldo, y del bueno. Y muchas mujeres vascas se sintieron muy cerca de planteamientos anticolonialistas. Euskal Herria ¿también colonizada? Habrá que ver muchas cosas. ¿Y Catalunya? ¿Y Andalucía-Alandalus? También hay quien rechaza frontalmente estos planteamientos, y no me estoy refiriendo a las voces que asumen la legitimidad del antiguo imperio español o de la actual España denominada constitucionalista.

Los cuerpos y las sexualidades fue la tercera mesa. Esto sí que es un clásico en nuestras jornadas. Y se utiliza la palabra clásico con orgullo y un punto para la veteranía. Sin embargo siempre se están reactualizando estos debates, y en todo caso, cientos de jóvenas nunca han oído estos debates. Alguien planteó si se puede ser heterosexual y feminista. Alguna apostilló que el lesbianismo es un plus de feministicidad. Pues habrá que debatirlo y mirarlo con tranquilidad.

A la tarde del sábado, nuevamente mesa redonda con un tema clásico: construyendo vidas libres de violencias. Sin embargo, ofrecía nuevas posibilidades. Quizá sería la mesa más novedosa dentro de un parámetro clásico. ¿Todavía se pueden decir cosas nuevas sobre las violencias machistas en los tiempos que corren? Parece que sí: desde nuevas formas de repensar las violencias y su contestación; pasando por la exitosa y provocativa, a la vez que crítica, formulación del colectivo Farrukas y sus encapuchamientos, con su consigna estrella “El miedo va a cambiar de bando”; aterrizando en Euskal Herria de forma muy situada con el título de “Justicia feminista”, en relación a las violencias machistas sufridas en el período y al amparo del denominado conflicto vasco y para señalar bien alto y bien claro que no se ha obtenido ni un ápice de reconocimiento para tantas mujeres que se niegan a subsumirse como víctimas; entrando de lleno en los procesos de sanación, en procedimientos colectivos de encuentros interiores que pueden acercar a situaciones de buena vida; y, finalmente, -tengo que confesar que la presentó el grupo feminista a la que pertenece la que suscribe- para poner en la picota las políticas institucionales que pretenden afrontar los temas de violencia, malamente feministas y enfrentarlas a las prácticas feministas, genealogía incluida, desde las primeras jornadas de Euskadi, allá por el año 1977. El hilo que ha recorrido este bloque queda reflejado en la profunda desconfianza y rechazo que siente el movimiento feminista a los actuales procesos judiciales e institucionales y la necesidad por parte del movimiento de dictar una dinámica propia, que no re-victimice y culpabilice a las mujeres, cualquiera que sea su situación vivida. La agencia en las disputas por parte de las mujeres y del propio movimiento, es primera línea de acción.

El tiempo del Movimiento Feminista

La última mesa redonda se dedicaba al movimiento feminista y a sus preguntas más urgentes para situar el diagnóstico y las líneas de organización y retos importantes para estos momentos. La dinámica se alteró un tanto y así se dio paso a ocho grupos, que respondieron sucesivamente a tres preguntas realizadas en torno a los temas señalados. Después, en grupos de número más reducido se debatió sobre lo expuesto.

Este tema era un debate muy esperado. Las recientes movilizaciones masivas y numerosas, con fuerza y radicalidad y con las nuevas pretensiones de articular una huelga feminista que han arrastrado al mayor de los éxitos al movimiento feminista, requiere de una reflexión más que profunda y con muy larga mirada. Se puede decir que en la Mesa, y en los grupos, se inició un hilo de debate y se conoció algo de los planteamientos que mantienen grupos organizados feministas: AMUGE, de feminismo gitano, Asamblea de Mujeres de Bizkaia (BEA), PAFI de Bayona, Bilgune Feminista, Lanbroa, Marcha de Mujeres del Mundo, Neska gazteak (Chicas jóvenes) y Feministaldea.

Debido a la estructura del debate en este caso no hubo ni tiempo para digerir el tema, apenas para escuchar más allá de lo que cada una ya traía desde casa. La llamada final en el comunicado a la organización cotidiana y a la estructuración de los grupos, por encima de las diversidades y diferencias, da una pista del sentir mayoritario y general. Euskal Herriko Mugimendu Feminista es más que una sigla que hace llamamientos puntuales, ya que está representando una práctica muy unitaria y a la vez diversa y plural de las organizaciones del movimiento en Euskal Herria. Llamados frecuentes a la coordinación para las grandes movilizaciones, unido a la necesidad de descentralizar las acciones por zonas y pueblos, que ya han sido ensayadas con éxito, también eran elemento común. Un cierto rechazo a la supremacía de la ciudad, capital-centrismo, para situarnos también en los zonas, barrios y pueblos, y zonas rurales, se refleja en la realización de las propias jornadas en Durango, ciudad ciertamente, pero lejos de las turistizadas capitales vascas y más cerca del mundo rural.

Y como final señalaré tres cosas importantes que han recorrido las jornadas.

El euskera como lengua nacional originaria y seña de aspiración a una Euskal Herria que hable euskera ha sido central en este espacio. El hecho de estar en Durango, donde en las calles se habla de forma normalizada euskera, también ha aportado lo suyo. El esfuerzo de la organización y de todos los grupos para utilizar el euskera, cuanto más, y en primera instancia, ha sido ejemplar. Los medios vascos y las redes sociales también han ayudado mucho.

La presencia de cientos de jóvenas, algunas jovencísimas, augura una larga vida al feminismo organizado y rebelde. Ya no hay duda de que se han recogido los testigos y se está haciendo la transmisión. Estas jóvenas hablan euskera en su mayoría y se organizan en grupos propios, y quieren espacios no mixtos, a la vez que confluyen en los amplios.

Se ha visto, vivido, sentido y escuchado de forma importante a las mujeres racializadas inmigrantes, de cualquier parte del mundo del Sur global. Y esto se debe a una práctica interesante y creciente que lleva años de organización y luchas feministas, tanto conjuntas como en espacios propios.

Aparecerán reflexiones, debates, balances, posicionamientos. Y sobre ello seguiremos dando cuenta. Mientras tanto nos quedan las luchas: 25 de noviembre, movilizaciones y huelga de pensionistas en enero, 8 de marzo, 28 de junio.... hasta apurar los últimos caldos.

7/11/2019

Begoña Zabala González, forma parte de la redacción de la web viento sur


[1] Se utiliza mujer* para incluir mujeres, lesbianas, bolleras, trans. Es un ensayo provisional a la espera de mejores o más clarificadoras expresiones.

[2] Se puede ver en esta misma revista el artículo de la autora sobre la organización previa de las Jornadas , y consultar la página de la organización de las Jornadas , donde también aparece toda la programación.





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