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En Revista Viento Sur166

el desorden global
Puerto Rico
Una lucha basada en asambleas populares locales y en la diáspora
Jack Aponte

Tras las masivas movilizaciones populares que obligaron al antiguo gobernador Ricardo Richy Roselló a dejar sus funciones a principios de agosto, los grandes medios americanos han desviado su atención de Puerto Rico. Sin embargo, la energía que sustentaba el levantamiento político no se ha malgastado. Al contrario, esta energía va en aumento y ahora está canalizada hacia asambleas de pueblos, una nueva forma de compromiso político que tiene atractivo para el pueblo portorriqueño de cualquier opción política: desde quienes habitan en el archipiélago a quienes están en la diáspora (establecida en Estados Unidos y que engloba alrededor de cinco millones de personas, mientras que la población radicada en el archipiélago de Puerto Rico se eleva a 3,5 millones), en un movimiento que puede transformar la sociedad portorriqueña a largo plazo, más allá del derrocamiento de un político en particular.

La primera asamblea popular, que reunió cerca de 80 participantes, se celebró a mediados de julio en Ponce, a unos 40 kilómetros al sudoeste de San Juan, el epicentro de las masivas protestas que empezaron en respuesta a la publicación de mensajes intercambiados en Telegram entre Roselló y sus amigos políticos en los que se burlaban y denigraban a las personas a las que debían servir. En parte, la asamblea de Ponce se organizó para permitir que las personas que no tenían medios para estar en San Juan pudieran participar en los acontecimientos importantes que ocurrían en el país. Quienes organizaron la asamblea, incluyendo a estudiantes del campus local de la Universidad de Puerto Rico, respondían también a una pregunta emergente en el espíritu de la población portorriqueña que participaba y asistía a las manifestaciones: “¿Qué va a pasar después de la dimisión de Ricky?”

El relativo desinterés de los grandes medios de comunicación por Puerto Rico puede dar la impresión de que las masivas protestas llegaron de ninguna parte. Pero los problemas que empujaron a la gente portorriqueña a las calles este verano no empezaron con Roselló, ni se han acabado con él. El terreno para las manifestaciones de julio en Puerto Rico estuvo precedido de años de preparación y organización política, y ahora dan fuerza a unas asambleas populares en pleno auge.

Crear espacios democráticos para traer un verdadero cambio a Puerto Rico

Las asambleas se convocan para ofrecer un espacio verdaderamente participativo, horizontal y democrático en el que la gente pueda compartir sus preocupaciones, expresar sus frustraciones y temores y estar presentes, así como colaborar en la elaboración de propuestas para abordar las numerosas luchas y obstáculos a los que el pueblo portorriqueño del archipiélago y del exterior tienen que hacer frente. Algunas asambleas han empezado a formar comités para trabajar en las principales cuestiones que han surgido a lo largo de estos encuentros.

El orden del día de las asambleas se fija y está dirigido por los y las participantes, aunque haya surgido una tendencia a articularse alrededor de temas comunes:

- Auditoría de la enorme deuda pública portorriqueña, de la que mucha gente asegura que es ampliamente inconstitucional y que debería ser anulada o reembolsada por los verdaderos responsables: los políticos corruptos y los financieros oportunistas, antes que el pueblo portorriqueño.

- La disolución de la Comisión de Control Fiscal (Fiscal Control Board, sometida al poder estadounidense) que fue creada para reestructurar la deuda y asegurar su devolución íntegra cualquiera que sea el coste humano. Establecida por la administración Obama y llamada con mofa La Junta en Puerto Rico, la comisión es ampliamente considerada como ilegítima y no responde a los intereses de la mayoría de la población portorriqueña.

- La lucha contra la corrupción del gobierno a todos los niveles: desde las administraciones locales hasta el sistema federal estadounidense que, a fin de cuentas, supervisa la política de este Estado Libre Asociado.

- La necesidad de una nueva Constitución portorriqueña y de nuevas formas de gobierno que sirvan mejor a la democracia.

- Los graves problemas que afectan a la educación pública, desde la escuela elemental al sistema universitario público.

- Y las luchas que desarrollan actualmente las organizaciones feministas y las comunidades LGTBQ+ contra los elevados índices de violencia contra las mujeres, las personas homosexuales y las transgénero.

En estas asambleas predominan menos los debates respecto a qué relación con Estados Unidos sería más útil a Puerto Rico: estatuto de Estado o el estatuto actual. Sin embargo, se trata de una cuestión que es el principal factor de diferencia entre los dos partidos que han dominado la política portorriqueña durante las últimas décadas. Mientras que los dos principales partidos se concentran principalmente en la cuestión del estatuto, las asambleas se centran en los problemas que afectan a la vida cotidiana de la población portorriqueña, muchos de los cuales se derivan de la situación colonial que continúa intacta cualquiera que sea la opción elegida por uno de los dos partidos en relación al estatuto de Puerto Rico (Partido Popular Demócrata vinculado al Partido Demócrata y Nuevo Partido Progresista).

Extensión de las asambleas populares

Desde la primera asamblea en Ponce se han celebrado asambleas en otras comunidades de Puerto Rico, especialmente en San Juan, Mayagüez, Carolina, Caguas, Bayamón, Lares y Luquillo. Varias de estas comunidades han acogido múltiples asambleas, algunas semanales, y otras están previstas para las próximas semanas y meses. Y fieles a la naturaleza cada vez más diaspórica del pueblo portorriqueño, las asambleas se han extendido rápidamente más allá del archipiélago portorriqueño con eventos que se han celebrado, o que están previstos, en Nueva York, Pitt, Wash, Phoenix y la bahía de San Francisco. Incluso ha habido asambleas telefónicas, conferencias telefónicas destinadas a poner en contacto a miembros de la diáspora portorriqueña de diferentes regiones entre sí y a los habitantes de Puerto Rico.

Ana Portnoy Brimmer es poeta y militante que vive en Newak, Nueva Jersey, y es miembro de los comités de comunicación de las asambleas de Luquillo y Mayagüez, su ciudad natal. Ana Portnoy Brimmer describe las asambleas como una “transición estratégica de las protestas que han derrocado a Roselló hacia la reflexión, la reorganización colectiva y la creación de espacios basados en la democracia participativa con el fin de desarrollar agendas para las luchas locales y nacionales”.

Las asambleas no están organizadas por una única organización, si bien muchos organismos y organizadores veteranos contribuyen al trabajo: Centros de Apoyo Mutuo, Comedores Sociales, Comuna Antilla, Jornada “Se acabaron las promesas”, Colectivo Feminista en Construcción y el Frente independentista Boricua de Nueva York entre otros.

El compromiso político anterior de quienes participan varía considerablemente. Rafael Agosto-Miranda, miembro de la Boricua Resistance de Nueva York y uno de los organizadores de la asamblea de esta ciudad, ha declarado que muchos antiguos militantes están presentes; la asamblea de la ciudad de Nueva York también ha atraído a numerosas personas que anteriormente nunca habían participado en la organización. “Las asambleas son perfectas para personas cuyo nivel de compromiso puede variar, pero que por lo menos quieren comprometerse de alguna forma”.

Para muchas personas organizadoras y participantes, la condición de colonia es la principal causa de la situación actual de Puerto Rico. “Desde hace 101 años, el colonialismo [referencia al 101 aniversario de la intervención de Estados Unidos en Puerto Rico en] nos enseña que el pueblo portorriqueño no puede cuidarse por sí mismo, es la primera lección que tenemos que aprender”, dice Agosto-Miranda. Sin embargo, esto no significa que el estatuto colonial deba dominar el orden del día de las asambleas, tanto más cuanto que este enfoque corre el riesgo de alejar de entrada a los potenciales participantes. “Hablar de la corrupción lleva necesariamente a los debates sobre nuestro estatuto. Pero esos debates no se tendrán nunca si, de entrada, no abrimos la posibilidad de debatir a todo el mundo”.

Al igual que las protestas que derribaron a Roselló, los centros de gravedad y la fuerza de estas asambleas no surgen de la nada. Como han destacado sus organizadores y participantes, sus raíces van desde el movimiento antiausteridad de los indignados que empezó en España en 2011 hasta el movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos poco después; desde el éxito de la lucha contra la base militar de EE UU de Vieques (la isla-municipio de Puerto Rico, a 16 kilómetros de la isla principal) hasta las huelgas de estudiantes en la Universidad de Puerto Rico que se han sucedido varias veces estas últimas décadas.

Pero una de las influencias más importantes y que más frecuentemente se citan en relación a la formación de las asambleas, así como de las masivas protestas que las precedieron, quizás es la autoorganización y la solidaridad que surgió en Puerto Rico después de la devastación del huracán María en 2017.

Cuando los gobiernos fracasan, los portorriqueños

y portorriqueñas se ayudan mutuamente

Después del huracán, muy pronto se hizo evidente que ni el gobierno portorriqueño ni el gobierno federal estadounidense vendrían en su ayuda. Andrew S. Vargas, miembro de El Grito de Sunset Park, un grupo comunitario que se organiza en Brooklyn y alrededores en respuesta a las diferentes formas de opresión social y económica, asegura que esa falta de apoyo gubernamental precedió al huracán María y continuó durante y después de la tempestad.

“El gobierno no existió de forma significativa en la vida cotidiana de la gente durante mucho tiempo. Y el pueblo portorriqueño aprendió que no teníamos necesidad de organismos gubernamentales, que podíamos organizarnos, que podíamos ocuparnos de nuestras comunidades, que podíamos poner nuestros recursos en común y cuidar de las personas más vulnerables”, dijo Vargas. “Creo que apenas estamos comenzando a ver cómo nos cambió el huracán María”.

Esta autoorganización se mantiene actualmente bajo la forma de asambleas en las que la gente se reúne para organizar y exigir el cambio que tanto necesitan.

El huracán María también activó la diáspora. Viendo la catástrofe que sucedía en Puerto Rico, no podíamos y no quisimos quedarnos en silencio o sin hacer algo; exigimos medidas por parte del gobierno federal, pero sobre todo actuamos por iniciativa propia organizando respuestas totalmente comunitarias, recogiendo fondos y repartiendo alimentos directamente a los miembros de nuestra familia, a nuestras amigas y amigos y a las colectividades más necesitadas.

“La gente de la diáspora sufrió por no poder reunirse con su familia durante semanas, meses, por no poder comunicarse, por no poder enviar víveres porque eran robados o abandonados en los almacenes”, explica Katherine Adames Rodríguez, una militante y organizadora de Ponce que ahora vive en Oakland, California. Entre el huracán y la corrupción que no ha hecho más que empeorar con el Consejo de Control Fiscal...; no solo la población portorriqueña del archipiélago sino también la de la diáspora han dicho: “Estos cabrones se ríen de todo, tenemos que tomar las cosas en nuestras manos”.

Muchas de las personas organizadoras ven la respuesta de la diáspora como un giro en la relación entre la población portorriqueña del archipiélago y la que vive en Estados Unidos. “Teníamos el sentimiento de que la diáspora estaba a la altura de la situación en el momento en el que la isla se veía necesitada”, recuerda M. Vargas. “Tengo la impresión de que nos hemos vuelto a reunir como una familia”.

Esta nueva conexión se ha extendido a las asambleas. “Somos un pueblo transnacional; la nación portorriqueña no se limita a un espacio circunscrito a una isla o a unas fronteras; transcendemos a eso”, dice Vargas. “Si queremos construir un movimiento para el futuro de Puerto Rico, esta transcendencia debe ser integrada en ese movimiento”.

La diáspora se organiza en el continente

Las asambleas del continente están especialmente bien colocadas para determinar los protagonistas que tienen un impacto negativo sobre Puerto Rico, pero que están radicados en el continente americano. Rodríguez describe cómo los miembros de la diáspora de la región de la bahía californiana se plantean ejercer presión sobre Ana Matosantos, miembro del Consejo de Control Fiscal nombrada por el gobierno estadounidense, cuyo gabinete de asesores está radicado en Sacramento (capital de California). Como dice la señora Rodríguez, Ana Matosantos podría inquietarse por la imagen de su empresa si el público empieza a oponerse a la Comisión de Control, podría abandonarlo.

Del otro lado del país, Agosto-Miranda dice que quienes participan en la asamblea de la ciudad de Nueva York, han tratado sobre el número de fondos especulativos cuyas transacciones han contribuido a la deuda masiva portorriqueña y que tienen su sede en esa ciudad y pertenecen a consejos de administración de otras sociedades que están establecidas allí.

Mientras tanto, Diáspora en Resistencia, un grupo que ha ayudado a organizar asambleas telefónicas, ha continuado organizando la campaña “Speak Truth Power” (“Dile la verdad al poder”) para que la gente se dirija al poder ejecutivo y al poder legislativo de los estados para que pidan a los miembros del Congreso estadounidense anular Promesa (Puerto Rico Oversight Management Economic Stability Act, promulgada por Obama en agosto de 2016 y que pretende gestionar el pago de la deuda), efectuar una auditoría o anular la deuda y la retirada definitiva de Puerto Rico de la Jones Act Maritime Law de 1920 (que establece todas las relaciones relativas a los intercambios marinos de Estados Unidos y Puerto Rico en especie).

Hay muchas esperanzas y proyectos para lo que vaya a salir de las asambleas populares, que en septiembre han entrado en su tercer mes. Quienes las organizan y participan en ellas esperan que estarán en condiciones de fomentar el cambio en las prioridades más importantes, como la anulación de la deuda de Puerto Rico y la supresión del Consejo de Control Fiscal. Con ese objetivo, la gente está empezando a trabajar en la creación de una red de asambleas que permita a las comunidades participantes comunicarse y coordinarse en un frente unido a pesar de las distancias geográficas y la separación demográfica, sin perder la responsabilidad democrática fundamental y el carácter participativo del movimiento. De esta forma, las personas participantes esperan desarrollar una alternativa a largo plazo a las estructuras de gobernanza y a la ayuda actual que no funciona o no existe, favoreciendo un espacio permanente e inclusivo para un verdadero compromiso político del pueblo portorriqueño tanto en el archipiélago como en la diáspora.

Agosto-Miranda espera que si se continúa trabajando conjuntamente, la gente portorriqueña se dará cuenta que ni quiere ni tiene necesidad del sistema actual y encontrará nuevos modos de mantenerse fuera de este sistema. Además, espera “que la gente se dé cuenta de que la descolonización es una realidad, no solamente un concepto”, dijo. “Es un proceso real que se lleva a cabo en este momento y que seguirá hasta que Estados Unidos se vaya, esperémoslo”.

Jack Aponte es portorriqueño residente en Oakland, California

http://alencontre.org/ameriques/americnord/usa/porto-rico-la-lutte-se-poursuit-avec-des-assemblees-populaires-locales-et-dans-la-diaspora.html

Traducción: viento sur







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Ateneu L'Harmonia
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Barcelona. 14 de diciembre de 2019, 12:00h
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