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Entrevista a Anna Gabriel
Una solución dialogada en Catalunya, cada vez más lejos
01/11/2019 | Juan Tortosa

[Desde su exilio en Ginebra (Suiza), la ex diputada de la CUP Anna Gabriel responde en esta entrevista a las preguntas que le hace Juan Tortosa para el periódico solidaritéS]

Juan Tortosa (JT) : ¿Cómo valoras la sentencia a los representantes catalanes?

Anna Gabriel (AG): La lectura detenida de la sentencia permite constatar diferentes aspectos, aunque para no extendernos mucho, resaltaremos tres: en primer lugar, que en ningún momento existieron los elementos del tipo penal para condenar por rebelión -golpe de estado con armas- pero que el procesamiento por ese tipo de delito en la fase de instrucción permitió inhabilitar desde el primer momento a los presos politicos. Con lo cual se ha impedido que, pese a haber sido reelegidos por el pueblo, puedan representar a los electores. Además, también ha contribuido a expandir un relato, en el interior pero también a nivel internacional, que lo que habia sucedido en Catalunya en los últimos tiempos era un golpe de estado y, por lo tanto, situándolo en el terreno de la delincuencia y no de la política.

En segundo lugar, también se puede apreciar que el juicio no sirvió para contrastar pruebas, sino que solo los testigos del Estado y de las fuerzas y cuerpos de seguridad se han tenido en cuenta. El ejemplo es que se acusa a los presos de organizar a la gente para la votacion del 1 de octubre, cuando son miles de personas las que se autoorganizaron para ejercer el derecho a voto, y no necesitaron órdenes de ningún tipo. Y asi lo expresaron en el juicio. Han sido decenas de observadores internacionales y juristas de prestigio quienes, habiendo seguido el juicio, han apreciado que no puede considerarse un juicio justo.

En tercer lugar, la condena por sedición se basa en las movilizaciones masivas en la calle y en el hecho que no se dejó actuar a los cuerpos y fuerzas de seguridad para impedir el referéndum (es importante precisar que la convocatoria de un referéndum sin cobertura legal fue despenalizada en 2005).

Lo que se ha condenado con hasta 13 años de cárcel es el hecho de manifestarse y expresarse. Lo que se ha condenado es una expresión de disidencia politica, la base de cualquier democracia.

La sentencia es la voluntad de no dejar ningún espacio a la contestación política del proyecto de Estado centralista y nacionalista del Estado español. Ni tan solo se recoge en positivo la voluntad de diálogo del independentismo. Es una sentencia muy política y muy preocupante. 

J.T.: ¿Qué te parece la respuesta de la sociedad catalana a la sentencia y sus formas de organización de las manifestaciones ?

A. G.: En un país de casi el mismo tamaño que Suiza las manifestaciones han sido cotidianas, en todo el territorio, sumando a cientos de miles de persones. Pero es que además hay que saber que estas movilizaciones masivas se producen desde 2010. No creo que en este momento haya movilizaciones comparables en ningún país de Europa. Eso tiene que hacer reflexionar: ¿cómo puede ser que nos consigan convencer que lo del independentismo es una deriva burguesa de una zona rica del Estado, de gente dirigida por unos políticos radicales? El carácter popular y continuado de las manifestaciones nos demuestra que hay un proyecto democratizador en Catalunya que, desgraciadamente, no es mayoritario en el conjunto del Estado. Aunque tenemos que valorar muy positivamente las concentraciones de apoyo que se han hecho en todo el Estado, muy a menudo con amenazas muy serias de la extrema derecha violenta.
En general, el aparato mediático y el diplomático del Estado distorsionan el carácter del movimiento popular en Catalunya que, siendo masivo, es fuertemente progresista.

Por otro lado, las imagenes que hemos visto, sobre todo en Barcelona, de daños a mobiliario urbano, tienen que ponerse en contexto: la violencia policial ha causado cientos de heridos, algunos muy graves, cientos de detenidos, 47 encarcelados. . Estamos obligados a cuestionarnos si los operativos policiales pretendian evitar la tension o, más bien, al contrario. La respuesta a eso de una parte de la gente, sobre todo jóvenes, tiene que hacernos ir al origen del conflicto y no solo a su expresión. Ese es el reto: ¿queremos analizar qué pasa en Catalunya y darle una respuesta politica y negociada? O solo nos quedaremos en las imágenes sesgadas de los altercados en Barcelona para condenarlas y quedarnos tranquilos ? La primera es una opcion responsable. La segunda es peligrosa y preocupante. 

J. T.: La "cuestión catalana" es un tema central en las próximas elecciones españolas. ¿Qué implicaciones tendran para Catalunya?
 
A. G.: Como decía, la cuestión catalana es un proyecto democratizador en sí mismo. Que plantea poder decidir en referéndum qué relación se quiere mantener con el Estado español. Pero que plantea tambien otro modelo de sociedad, donde la capacidad de decidir de la población sobre muchos otros aspectos, sociales y económicos, sea mucho más central. 

La Constitucion española se votó en 1978, en un contexto de violencia de extrema derecha y de ambiente postdictatorial, y prevé defender con el ejército la unidad de España. Es una Constitución que, aunque prevé la defensa de los derechos sociales, laborales o la igualdad, no ofrece ningún sistema de garantias para defender esos derechos.

Desgraciadamente, casi todos los partidos de matriz estatal que se presentan a estas elecciones insisten en que la unidad de España no se discute. Porque así lo proclama la Constitución y no aceptan que sean las urnas las que decidan sobre la relación entre los territorios. Pero, en cambio, no tienen ningún proyecto de defensa de la Constitución respecto a los derechos sociales. Al contrario, son partidos muy, muy conservadores en cuestiones como los derechos de la mujer, la migración o las políticas de vivienda o salud. ¿Dónde queda en ese caso la defensa de la Constitución?
 
Por lo tanto, en estas próximas elecciones puede ser que el escenario se dibuje todavía peor, con un ascenso muy importante de la formación Vox, extrema derecha nostálgica del régimen franquista. Con una mayoría muy importante de diputados que creen que la cárcel es la única respuesta. Y puede ser que tengamos más represión, más cárcel, más violencia de la extrema derecha. A veces pienso que si los brigadistas internacionales que vinieron a defender la República vieran lo que está sucediendo se pondrían muy tristes. 40 años de dictadura en una sociedad, efectivamente, deja a una sociedad muy mermada a nivel democrático.

10/2019

Entrevista de Juan Tortosa para solidaritéS (Suiza)

Traducción: viento sur





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