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Entrevista a Gilbert Achcar
Arabia Saudita-Irán: ¿de la guerra fría a la guerra caliente?
05/10/2019 | Julien Salingue

[Los levantamientos árabes del año 2011 y el proceso de desestabilización regional que desencadenaron combinados con la pérdida de la hegemonía estadounidense tras la derrota política y militar en Irak, han contribuido a aumentar las rivalidades entre potencias regionales, con Irán y Arabia Saudita a la cabeza. En Siria, Yemen, Irak, Líbano… los enfrentamientos diplomáticos, políticos y/o militares entre Arabia Saudita e Irán se han multiplicado aunque sus tropas no se enfrenten directamente y oficialmente no haya guerra entre los dos países.

Es lo que autoriza a hablar de guerra fría entre las dos potencias regionales sin, evidentemente, relativizar el carácter eminentemente caliente de las guerras en Siria y Yemen, que provocan centenares de miles de víctimas, con millones de personas desplazadas y situaciones humanitarias absolutamente catastróficas. Una guerra fría mantenida por dos actores de motivaciones diferentes: del lado de Irán, la voluntad expansionista es manifiesta en Irak, Líbano o en Siria, mientras que del lado saudita domina el ultraconservadurismo y la voluntad de que no cambie nada.

El sábado 14 de septiembre, los bombardeos de las instalaciones petroleras saudíes cometidos por drones armados de misiles, hicieron temer lo peor, con la amenaza de una conflagración regional y de una guerra caliente. En el momento actual, y podemos alegrarnos de ello, este salto que sería una catástrofe suplementaria para los pueblos de Medio Oriente no se ha producido. J. S.]

¿Cómo interpretar los recientes bombardeos de las instalaciones petroleras saudíes?, ¿cuáles son sus posibles implicaciones?

Gilbert Achcar: Oficialmente son bombardeos organizados por las fuerzas hutíes en Yemen, como represalia a los continuos bombardeos de su país por la coalición dirigida por los saudíes. En cualquier caso es lo que se ha dicho. Pero evidentemente, y esto no es un misterio para nadie, es cierto que Irán está implicado. Si no es mas que, como dicen los americanos, porque una parte de esos bombardeos provendría de Irak, incluso directamente de Irán, pero de esto no sabemos nada. Pero incluso si los drones salieron de Yemen, e incluso parece que ha habido misiles de crucero implicados, es difícil de creer que los hutíes tengan medios tecnológicos para hacer eso sin la colaboración de Irán.

Por tanto está claro que es en primer lugar y ante todo un mensaje de un Irán que ha optado por llevar las cosas a sus límites frente a Estados Unidos, sabiendo que la administración Trump, y el propio Trump, no están en una posición que les permita asumir el riesgo de una conflagración de la región. Así pues, Irán está forzando las cosas frente a Estados Unidos y sus aliados regionales de forma permanente: es el sentido fundamental de lo que ha ocurrido con este bombardeo. También se trata de subrayar la vulnerabilidad del reino saudita y mostrar que todo ataque contra Irán podría provocar, como consecuencia, un ataque masivo sobre Arabia Saudita, y en particular, lo que está muy bien calculado, sobre el petróleo, lo que desencadenaría una crisis económica de gran amplitud a escala mundial. Con este bombardeo relativamente limitado se ha producido una subida del 20% de los precios del petróleo en 24 horas, así que se puede imaginar lo que ocurriría en caso de conflagración regional.

Uno de los aspectos, que hay quien lo ha encontrado sorprendente, es que tanto del lado saudita como del lado estadounidense, las encendidas declaraciones han sido seguidas de muy pocos efectos, de una cierta contención, incluso de una voluntad de apaciguamiento…

Todo el mundo sabe que en estos momentos Trump esta obsesionado por su segundo mandato, por la posibilidad de ganar unas segundas elecciones. Por tanto, no asumirá el riesgo de ser responsable de una gran catástrofe en los próximos meses; algo que Irán comprende muy bien, y por ello lleva las cosas al límite de la provocación al mismo tiempo que mantiene la duda de quién bombardea, de forma que Estados Unidos tenga la posibilidad de no responder. Aunque Estados Unidos diga que Irán es el responsable de los bombardeos, no hay pruebas tangibles, y por ello Trump puede permitirse no responder y hacer lo que está haciendo, que es una prueba de debilidad, aunque el discurso de su administración consista en decir que la fuerza de Estados Unidos está en la contención de la que dan pruebas, con el envío de tropas para reforzar la protección del reino saudita.

En cuanto a Arabia Saudita, no hay que olvidar que no es Israel y que no hace nada sin la luz verde explícita de Estados Unidos; y aún menos después de lo que acaba de ocurrir, que muestra su vulnerabilidad frente a Irán. Para ellos sería una aventura insensata lanzarse a una operación militar sin el permiso, y sobre todo sin el apoyo, la participación, incluso la dirección de Estados Unidos. Es posible imaginar a un aliado de Estados Unidos como Israel implicándose en acciones unilaterales: Israel es capaz de hacerlo, tiene una tradición de autonomía militar; aunque dependa estrechamente de Estados Unidos, no son un simple peón, a veces hay desavenencias entre Israel y su padrino. Arabia Saudita es completamente dependiente de Washington, sobre todo cuando se trata de enfrentarse a una potencia regional como Irán.

Dices que Irán quiere llevar la tensión al máximo. ¿Cuál es su objetivo? ¿Está solo en contexto del enfrentamiento regional que dura desde hace varios años con Arabia Saudita como consecuencia de los levantamientos de 2010-2011 o las cosas van más allá?

Hay varios niveles entremezclados en este asunto, incluyendo lo que ocurre en el interior mismo de Irán. El hecho de que este ataque se de justo antes de la reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas, en el momento en que todo parecía indicar que Trump intentaba tener una reunión con el presidente iraní Rohani, puede indicar que se trata de una acción de los Guardianes de la Revolución que son, si se puede decir así, el ala dura del régimen iraní y la fuerza que se ocupa de todo lo que se refiere a las acciones exteriores. Habían afirmado que no querían que tal encuentro tuviera lugar, y puede tratarse de una forma de sabotear toda perspectiva de reunión Trump-Rohani. Hay que tener en cuenta esta dimensión.

Pero más en general es una forma para Irán, y muy en particular para el ala expansionista del régimen iraní que no deja de extender sus peones a escala regional, de marcar un punto, de reforzar un poco más la imagen y la influencia de Irán en la correlación de fuerzas regional, de mostrar el límite de la cobertura, de la protección americana. Hay por tanto varias formas de leer el mensaje que se ha enviado.

Y más globalmente aún, es una reacción frente a una administración estadounidense que ha rescindido el acuerdo que había sido firmado con Teherán, una administración que ha aumentado las sanciones, unas sanciones que hacen daño, cosa que no hay que subestimar. La economía iraní padece sus consecuencias, lo que alimenta el descontento social y como hemos visto estos últimos años, un ascenso de los movimientos sociales en Irán. Es por tanto una respuesta del sector más duro del régimen, una respuesta que atiza los sentimientos nacionalistas en la población iraní. Su ideología principal de cara a la población local, a diferencia de sus aliados regionales, es el nacionalismo, más que le integrismo islámico chiita, como hemos visto recientemente con el gran desfile militar de Teherán y todas las gesticulaciones que le han acompañado.

¿Hay un riesgo de conflagración regional, o el conjunto de los actores están en una lógica de demostraciones de fuerza, con la conciencia de que deben contenerse a fin de evitar perder todo el control de la situación?

Del lado iraní se está probando, se tensa la situación hasta que parece llegar a un límite más allá del cual resultaría inevitable una respuesta. Pero no llegan hasta ahí puesto que en ese caso, por ejemplo, habrían reconocido que han sido ellos quienes habían organizado o realizado los bombardeos sobre Arabia Saudita. Por tanto se mantiene la indefinición, sabiendo que Trump no tiene ninguna gana de implicarse en una aventura militar: lo saben y se aprovechan de ello, lo que es lógico desde su punto de vista.

Pero también se sabe muy bien que en este tipo de juego es imposible controlarlo todo. Puede haber un patinazo que genere una espiral fatal, y por tanto está claro que en este caso se juega con fuego. Y por ello los países aliados de Estados Unidos, en particular Europa, están muy inquietos. Porque Europa está en primera línea a la hora de sufrir las consecuencias de una espiral así, incluyendo de forma particular el nivel del precio del petróleo: si se dispararan los precios del petróleo Europa sufriría consecuencias bastante más desastrosas que Estados Unidos, que ha visto con el petróleo de esquisto cómo sus capacidades de producción volvían a niveles que no se habían alcanzado desde hacía mucho tiempo. Por tanto, en caso de dispararse los precios del petróleo, será Europa quien más sufra las consecuencias desde el punto de vista de su balanza comercial.

De ahí el gran temor de los dirigentes europeos, y de ahí también la actitud de Macron, que ha jugado el papel de intermediario entre Trump y Rohani. El presidente francés ha comprendido que Trump quiere ponerse en una dinámica de apaciguamiento, obsesionado como está por ganar el premio Nobel de la paz igual que Obama. Macron invitó al ministro de Asuntos Exteriores iraní durante la cumbre del G7 de Biarritz a finales de agosto (evidentemente, con el acuerdo de Trump, en caso contrario habría sido una provocación), y estuvo activo en la preparación de un encuentro entre el presidente iraní y el presidente de Estados Unidos. Y eso que ahora las cosas están muy críticas, aunque con Donald Trump no hay que excluir nunca nada, ya que ha mostrado de sobra que puede ser imprevisible en todos los terrenos, incluso en la diplomacia. Si Trump ve que tiene interés para él, intentará realizarlo. La cuestión que se plantea hoy concierne más bien al lado iraní: si Rohani está dispuesto a reunirse con Trump, la reunión se realizaría, pero Rohani tiene un problema con el ala dura del régimen iraní que pone como condición a cualquier reunión la supresión de las sanciones contra Irán.

Una última pregunta sobre Israel. Netanyahu tiene problemas internos que arreglar, pero puede sorprender en esta ocasión la escasa reacción tras los bombardeos sobre Arabia Saudita, si se tiene en cuenta que para los dirigentes israelíes el tema de la amenaza iraní, a menudo calificada de amenaza existencial, está omnipresente.

Los problemas internos de los que hablas son uno más de los elementos de la situación. Se ha hablado de la posición de Trump, pero la de Netanyahu es muy poco confortable. En el momento en que tuvo lugar el ataque, tenía muchos otros problemas que arreglar y, por el momento, las cosas están paralizadas en Israel. Pero si volvemos a la cuestión de Irán, lo que se puede decir es que Israel puede tomar iniciativas militares en su entorno cercano, pero a una distancia como la de Irán, además con Hezbolá, del que sabe que también tiene drones y misiles en abundancia, no puede hacerlo sin la aprobación estadounidense. Irán es un trozo demasiado grande para que cualquiera de los aliados de Estados Unidos en la región pueda tomar el riesgo de algún tipo de iniciativa sin la aprobación de Washington.

27/10/2019

https://npa2009.org/actualite/international/arabie-saoudite-iran-de-la-guerre-froide-la-guerre-chaude-entretien-avec

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur





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