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27S, huelga mundial por el clima
Un viernes para actuar
25/09/2019 | Alfonso Caño

27 de septiembre 2019. Un viernes para actuar en respuesta al llamamiento global de huelga mundial por el clima que, en nuestro entorno, impulsa la Alianza por la Emergencia Climática. Millones de personas, principalmente jóvenes (primer elemento de optimismo, reflejo de que la escuela está cumpliendo su cometido de formar jóvenes con espíritu crítico), han mantenido todos los viernes del año una tensión creciente en las calles que, tardíamente, ha atraído la atención de los medios de comunicación. Y todavía muchos de estos medios intentan desviar la atención de la ciudadanía, y centran su interés, por ejemplo, en la activista sueca Greta Thunberg, a la que convierten en una especie de icono anecdótico, en lugar de analizar la situación de colapso climático a que se dirige el planeta debido al calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero.

Como parte de la campaña a favor del clima se están presentando mociones en los ayuntamientos para que declaren la emergencia climática y, desde el ámbito local, asuman la responsabilidad de actuar urgentemente para frenar el cambio climático que se nos anuncia irreversible, si se supera el aumento de 1,5ºC de temperatura media. Los partidos EAJ-PNV y PSE están votando sistemáticamente en contra de esas mociones, lo que está dejando en evidencia la debilidad y el postureo de la declaración de emergencia climática que proclamó el lehendakari Urkullu el pasado 30 de julio. Declaración de emergencia que Ekologistak Martxan tildó de “lenta”, pues plantea 2050 como horizonte para descarbonizar Euskadi. Declarar la emergencia climática y distanciar a 2050 la meta para solucionar el problema es, cuando menos, una contradicción clamorosa. La clase política no está a la altura, y no ha tomado conciencia de la fuerza de la juventud que reclama un futuro y una vida sostenibles. Parece que sólo tienen oídos para los lobbies económicos. No quieren asumir el marrón de dar malas noticias a la ciudadanía y, de alguna manera, reconocer que nos han estado mintiendo hasta ahora con sus optimistas propuestas de crecimiento continuo para alcanzar el bienestar, un desarrollo armónico y una sociedad ambientalmente justa y sostenible.

El voraz modelo capitalista de producción y consumo que ayudan a sostener es el origen de la degradación de los ecosistemas, de la extinción de las especies, del cambio climático, del patriarcalismo que hace recaer en las mujeres los cuidados, del continuo aumento de la pobreza, de la explotación infantil en los países menos desarrollados, del neocolonialismo y del agotamiento de los recursos… Se ha despejado la duda acerca de las causas. Por fin, la clase científica está abandonando su cómoda posición neutral y está dando a conocer el arsenal de conocimiento que ha acumulado durante décadas (segunda señal de optimismo, que rompe el mito de la imparcialidad de la ciencia y la tecnología), que demuestra que el modelo de crecimiento continuo que ha impulsado la actividad humana es el causante del colapso global al que se dirige la biosfera. Y, atención, también están señalando con claridad cuáles son los límites planetarios de los recursos y de la capacidad de los ecosistemas para actuar como sumideros de los desechos que generan nuestras sociedades. Estas verdades resultan incómodas a quienes pretenden situar la salida al colapso en una versión reverdecida del capitalismo, vía milagro tecnológico.

Las multinacionales y las clases dirigentes van camino de perder la pelea por el relato negacionista. Un ejemplo: la encuesta a la ciudadanía de la Unión Europea muestra que el cambio climático ocupa ya el segundo puesto (en 2018 ocupaba el quinto puesto) entre sus preocupaciones. Un 89% de las españolas y españoles encuestados lo considera “un problema extremadamente serio”. No parece que una ciudadanía crecientemente informada vaya a reducir su inquietud, a pesar de las campañas de reverdecimiento corporativo que están llevando a cabo empresas y gobiernos.

El nivel de conciencia y de activismo está creciendo. Ya no se trata sólo de una preocupación de los países del norte rico, como se decía hace unos años acerca de los movimientos ecologistas. Es el momento de las alianzas entre estos movimientos, los feminismos, los sindicatos, los movimientos por la justicia social, el altermundialismo, los solidarios internacionalistas, etc. (y éste puede llegar a ser el tercer componente de optimismo, que genere sinergias de trabajo en común y de confluencia). El colapso civilizatorio lo están padeciendo ya las personas más pobres, una gran parte de las mujeres, las personas excluidas, las migrantes, las ancianas… A la extinción de millones de especies y la pérdida de biodiversidad, la acidificación de los mares, el deshielo de los polos, los macroincendios y el aumento de los episodios climáticos destructivos o el desplazamiento de millones de refugiados climáticos, se deben sumar la creciente pobreza, el machismo y la degradación de los sistemas democráticos. Todos estos son síntomas de una enfermedad llamada capitalismo, uno de cuyos tentáculos más graves y extendidos es el patriarcado.

Desde el Euskal Gune Ekosozialista pensamos que la declaración de emergencia climática debe implicar a todos los actores sociales y políticos, comenzando por la ciudadanía de a pie y el nivel municipal. Va a costar un gran esfuerzo cambiar las estructuras y las inercias políticas y económicas, pero en nuestras manos está poner la vida en el centro y asumir los cuidados. Como dice Yayo Herrero, “mirar desde el prisma de la sostenibilidad de la vida nos lleva a asumir la urgencia de ponernos de acuerdo”. Pero, ¿de acuerdo para qué? Para poner en marcha ya nuestra sociedad en un proceso de transición que -deseamos- sea socialmente justa, ecológicamente sostenible, democráticamente decidida y generosa con las generaciones futuras.

19/09/2019

Alfonso Caño es miembro de Euskal Gune Ekosozialista





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