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In memoriam
Guillermo Almeyra, militante crítico
22/09/2019 | Redacción y Eduardo Lucita

Este domingo nos hemos enterado de que ha fallecido Guillermo Almeyra, a los 91 años de edad. Nacido en Buenos Aires (Argentina) fue un militante anticapitalista e internacionalista de toda la vida. Al mejor estilo de los viejos revolucionarios comunistas, vivió en muchos países tratando de construir proyectos políticos. Desde su Argentina natal a Brasil, pasando por Yemen del Sur o Italia, hasta Mexico DF, Almeyra participó en múltiples debates y actividades desde el marxismo revolucionario. Su trayectoria simboliza las vicisitudes de una generación que se tomó muy en serio la construcción de un socialismo diferente a la brutalidad estalinista. Desde viento sur, mandamos nuestro pésame a la familia y amigos de Guillermo y recomendamos la lectura de sus memorias, tituladas “Militante crítico. Una vida de lucha sin concesiones”, en donde relata una vida llena de lucha por cambiar el mundo de base. A continuación, publicamos el texto que publicÓ en La Jornada antes de fallecer y el obituario de su compañero Eduardo Lucita.

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Mi ultima batalla

Guillermo Almeyra

El miércoles de esta semana me caí y me rompí la cabeza del fémur de la pierna derecha.

Los médicos encararon enseguida la posibilidad de operarme y colocarme una prótesis artificial.

Desgraciadamente tuve una crisis respiratoria que les hizo desistir de sus propósitos iniciales porque podría morir en la operación.

Los médicos de Reanimación del hospital de Marsella, la Timone, reconsideraron mi situación global y estimaron que probablemente no llegaría al fin de esta semana y que, si lograba ese milagro, sólo después se podría considerar la posibilidad de una futura operación de la pierna. En una reunión de familia con mi compañera de hace sesenta años que estuvo conmigo en todas las situaciones riesgosas y mi hijo, un joven ecologista, anticapitalista muy claro en sus conceptos y decisiones, resolvimos basarnos en la estimación de los médicos. Superar el fin de semana y mejorar mis pulmones: esta podría ser, por consiguiente, mi última batalla.

En 1943 llegué a la militancia socialista aunque estaba en un liceo militar. Volvería a hacer todo lo que hice y repetiría todo lo que dije desde entonces (salvo algunas de las tonterías que cometí entre 1962 y 1974, años de mi expulsión del trotskismo posadista por divergencias políticas que compartía con mi compañera). Luché en cuatro continentes. Milité en partidos y creé revistas y periódicos políticos en seis países. Fui expulsado de varios países por mi actividad revolucionaria. Cuando volví legalmente a México, de donde fui expulsado durante la presidencia de Díaz Ordaz, trabajé en la División de estudios de posgrado de la Facultad de ciencias políticas y sociales de la UNAM, desempeñándome como coordinador de estudios latinoamericanos y colaboré en el periódico Uno Más Uno, entonces dirigido por Manuel Becerra Acosta.

Cuando Carlos Payán y Carmen Lira, entre otros, crearon La Jornada, trabajé en ese medio y en el posgrado en desarrollo rural integrado de la UAM Xochimilco. En el mismo periodo fundé junto con otros maestrías de ciencias sociales en la Universidad Nacional Autónoma de Guerrero y (siempre con otros) elaboré la carrera de historia y de sociología para la UACM. Escribí -o colaboré a la redacción de- unos cincuenta libros. Tuve un hijo y planté árboles en México y en Nicaragua. Tengo el honor de haber dejado una ínfima huella en los movimientos obreros de Argentina, Brasil, Perú, Italia, México, República Socialista Árabe de Yemen del Sur.

Mis artículos de La Jornada son reproducidos por varios medios europeos y latinoamericanos. Desde mi adolescencia defiendo a los trabajadores y al pueblo, los recursos naturales, la relación civilizada y pacífica entre las naciones y la lucha por la democracia que implica enfrentar al Estado burocrático del capitalismo de Estado o del gran capital financiero e industrial.

Revolucionarios hay muchos pero pocos se proponen la eliminación del sistema de explotación; aunque en los partidos comunistas, sobre todo en los años treinta y cuarenta, militaron personas abnegadas y de enorme valor, las líneas y el funcionamiento de sus direcciones perpetuaban el sistema capitalista en escala nacional y mundial. Critiqué esas direcciones y esas políticas estalinistas que sobrevivieron en gobiernos y partidos que no eran estalinistas.

Discuto francamente y no temo quedar en minoría pero, al mismo tiempo, busco reunir a los revolucionarios anticapitalistas de todas las tendencias con los de mi propia corriente, los marxistas ecosocialistas revolucionarios. Como he dicho en uno de mis libros, soy copernicano, newtoniano, darwinista, marxista, leninista, trotskista, pero de forma laica y sin abandonar la crítica de los errores de los maestros.

Pese a tanto y al terrible peligro que vivimos en escala mundial de destrucción ecológica de las bases de la civilización y de guerra nuclear que haría volver al mundo a la Edad de Piedra, estoy convencido que la Humanidad tendrá un futuro mejor y de la posibilidad de asegurar a todos trabajo, educación, sanidad, un ambiente sano, alimentos y agua de calidad, derechos democráticos, seguridad y respeto para las mujeres y el cese de toda discriminación.

Si no pudiese vencer esta batalla difícil que estoy librando, que estas banderas pasen a quienes me siguen en la carrera. ¡Vivan los trabajadores mexicanos! ¡Viva el internacionalismo proletario! ¡Unámonos todos y construyamos una alternativa al capitalismo!

20/09/2019

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Un militante de cuatro continentes y un amigo entrañable

Apenas un recuerdo muy personal

Eduardo Lucita

No por no esperado el desenlace dejó de golpearme. Pasada la mañana de este domingo me llega la noticia de que Guillermo Almeyra Casares (Manuel) no pudo con lo que él mismo llamó días atrás su última batalla. No se equivocó, su físico, no su capacidad intelectual que seguía intacta, no resistió el último esfuerzo.

Lo conocí hace tantas décadas que ya no recuerdo cuándo ni dónde. Lo frecuenté más seguido a su regreso del exilio de la última dictadura, cuando junto con Adolfo Gilly, Alberto J. Plá y Carlos A. Brocatto lanzamos el proyecto de Cuadernos del Sur. Con el tiempo las relaciones políticas se hicieron más fraternales y personales y construimos una profunda amistad.

Nos reuníamos periódicamente en su casa del barrio de Floresta primero y luego en la de Boedo; en las dos ,lo que impactaba era el aire mediterráneo impuesto por Anaté en su decorado y los miles de volúmenes que poblaban sus bibliotecas que viajaron de un país a otro. Como me impactó, ya en sus últimos días en Buenos Aires, ver las estanterías vacías. Había donado todo su contenido al CEDINCI, hoy una sala de este Centro de Documentación de la Ideas de Izquierda lleva su nombre.

Internacionalista consecuente, militó en numerosos países de cuatro continentes, solía decir que era un argentino no practicante. Un socialista revolucionario, un militante crítico como él mismo se autodenominara, que no se ataba a ningún dogma ni ejercitaba ningún culto de personalidad. Portador de una cultura exuberante, que excedía largamente sus conocimientos y formación política, también de una memoria prodigiosa que cultivó hasta los últimos momentos. Periodista reconocido internacionalmente. Muy generoso y amigo de los amigos. Pero también un polemista inclaudicable y sin concesiones. Son conocidas sus tenidas con, entre otros, Atilio Borón y el Sub. Comandante Marcos. Algunas veces, no muchas, me enviaba sus borradores, que yo trataba de sugerir limara los puntos más ásperos, no siempre lo conseguía, alguna vez Anaté, su compañera de décadas, me lo agradeció, no le gustaba que se empeñara una y otra vez en polémicas sin fin, que incluso rozaban lo personal. En una oportunidad le pregunté por qué era tan duro; sin darme tiempo a argumentar me contestó: “yo no tomo prisioneros”…

En sus últimos años en Buenos Aires hablábamos por teléfono diariamente. Sabiendo que soy tempranero y que a las 7h ya tengo leído el diario, llamaba por las mañanas entre las 7 y la 8 y pasábamos revista a las noticias nacionales e internacionales. La diferencia era que yo tenía leído un diario de aquí pero a eso él le agregaba que ya se había anoticiado con periódicos de México, Italia y Francia… también siempre tenía novedades de Cuba, incluso muchas veces noticias que se harían públicas días o semanas después. Nunca supe cuál era ese hilo rojo que cultivaba con La Habana.

Lo ayudé en varios trámites, ante la ANSES y otros organismos, previos a su viaje definitivo a Marsella para estar junto con su único hijo. Por su ya crítico estado de salud no pudo viajar en avión, debió hacerlo en barco, pero la empresa no lo aceptaba como pasajero si no llevaba su propio respirador artificial, un grupo de amigos le regaló un equipo portátil y así pudo viajar. Como la internet en el barco es muy cara, en las semanas previas preparó varios artículos sobre cuestiones atemporales para cubrir sus columnas dominicales en La Jornada de México mientras durara el viaje.

El día anterior a su partida almorzamos juntos y allí me confesó que tenía temores de no llegar vivo a destino. Finalmente sí lo hizo y peleó varios años más. Cuando llegó a Marsella, después de 23 días de navegación, me llamó para darme sus nuevas coordenadas y me dijo que estuvo a punto de tirarse al agua varias veces, que el viaje le había resultado interminable.

Una vez acomodado en su destino final reanudamos el ritual de las conversaciones telefónicas, claro ya no diarias sino quincenales, y volvimos a pasar revista a las situaciones, a comentarme mucho más en detalle de Europa y a cambiar ideas sobre lo que fuera. En los últimos meses tuvieron un nieto, semanas después de nacer ya Guillermo comenzó a pedirnos libros en castellano para niños. Seguro pensaba que a él ya no le quedaba tiempo para leérselos pero por las dudas quería tenerlos…

A partir de hoy sé que ya no espero ningún llamado. No tendré más a quién consultar sobre algunas propuestas, sobre algún acontecimiento histórico o sobre algún borrador de artículo. O sobre el futuro, algún futuro. En este plano a partir de hoy me siento más solo.

Querido compañero y amigo Guillermo, no te olvidaremos. Hasta la Victoria Siempre.

22.09.19





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