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País Valencià
Objetivo compartido, realidades diferentes
14/09/2019 | Antoni Infante

Versión original en catalán: Objectiu compartit, realitats diferents!

La Assemblea Nacional Catalana organizó un debate en la 51ª edición de la Universitat Catalana d’Estiu con el título "Cómo articulamos la construcción de los Països Catalans en el contexto de cada territorio". Desde el País Valencià y en representación de la Plataforma pel Dret a Decidir, realicé mi intervención en torno a cuatro ejes:

1. Revertir el marco cognitivo que ha convertido los Països Catalans en una simple extensión de Catalunya.

2. Explicar nuestras singularidades.

3. Construir un proyecto ilusionante de País Valencià.

4. El concepto de factibilidad. Hablar menos, hacer más.

1. Revertir el marco cognitivo

Desde el País Valencià (PV) hace más de 50 años que en espacios como este de la Universitat Catalana d’Estiu (UCE) vamos contando que la botella de la realidad nacional de los Països Catalans (PP CC) está medio llena. Reiteramos una y otra vez la catalanidad del PV. Nos basamos en la lengua y cultura, en la historia común, en los vínculos socioeconómicos, en la lucha común y en el hecho de compartir el mismo enemigo... pero no parece que avancemos demasiado. Si Joan Fuster recogió el nombre de Països Catalans, en plural, haciendo referencia a lo que nos une, pero también a nuestras singularidades, nosotros, especialmente desde los años 80, hemos simplificado tanto su definición que hemos ayudado el estado a construir un marco conceptual que, cuando la gente escucha PP CC, sólo entiende expansionismo catalán. George Lakoff ya nos enseñó que los valores morales pesan más que cualquier tema concreto y Frank Luntz nos recuerda que lo importante no es lo que dices, sino lo que la gente entiende.

En el PV, el estado y sus medios, además de muchas estrategias desnacionalizadoras similares o idénticas a las empleadas en Catalunya y en las Illes Balears y Pitiüses, han logrado resignificar, para la mayoría, el concepto de PP CC y convertirlo en algo peyorativo, negativo, ajeno y enemigo. La respuesta mayoritaria por parte de quienes defienden el concepto ha sido, en la mayoría de las ocasiones, simple y reactiva, aceptando el marco conceptual impuesto, siendo incapaces de ofrecerlo al conjunto de la sociedad como un proyecto ilusionante, cayendo una vez y otra en la trampa de la problematización. Hoy el concepto es no sólo minoritario: es marginal. Es tan marginal que, incluso, está arrastrando otro concepto que nos es vital, si queremos tener alguna posibilidad de revertir la situación a medio plazo: el concepto de País Valencià.

Lejos de tratar de revertir este marco cognitivo, hace décadas que vamos aplaudiendo entre nosotros cada afirmación de catalanidad en nuestros espacios de confort, en los que estos postulados suenan como la verdad revelada, pero cada vez más alejada de la realidad social. Pero me parece que eso no pasa sólo en el PV. Josep Barberà, presidente de Esquerra Republicana del PV, el 17 de julio escribió en Nacional.Cat: "Ahora mismo hay, es cierto, más independentistas que nunca en Catalunya; pero, también, el porcentaje de independentistas fusterianos ha caído en picado, y los mapas de los Països Catalans en las webs de asociaciones soberanistas no dejan de ser una reminiscencia romántica".

Mientras seguimos entrampados en un concepto que se nos ha vuelto en contra, a nuestro alrededor van pasando cosas de gran importancia social. En las últimas décadas hemos vivido varias revoluciones o cambios en profundidad los cuales han modificado las condiciones sociales y técnicas de la comunicación y la intervención política: la involución neoliberal, la revolución digital, la televisión por cable, el desarrollo de internet, la eclosión de las redes sociales, las fake news...

Debemos tener en cuenta todos estos cambios, y cómo afectan a la vida y a la percepción de las personas, si no queremos intentar construir la República Confederal los PP CC del siglo XXI con herramientas políticas y conceptuales del siglo XX. Sin embargo, también hemos tenido la revolución democrática e independentista en Catalunya. Una revolución que, entre otras muchas cuestiones, ha dejado claro que no sólo llevamos ritmos políticos propios, sino que somos sujetos políticos diferenciados. Verbalizar estas diferencias son el primer paso para poder construir un futuro compartido.

Esto significa que no podemos seguir actuando como si los PP CC fueran la realidad desde la que partimos, sino que más bien son un objetivo al que llegar. Si Catalunya ha avanzado hacia su independencia, no ha sido por enarbolar constantemente la bandera de los PP CC, sino por ofrecer como proyecto la República Catalana, llena de contenido social. Creemos que al menos desde el PV debemos hacer lo mismo: un proyecto del PV, desde el PV y desde la globalidad del PV, con sus 34 comarcas y sus 5 millones de habitantes.

2. Explicar nuestras singularidades.

El PV no ha sido nunca una simple extensión de Catalunya. Es cierto que el prestigio del catalán como lengua de la élite fue capaz de homogeneizar la avalancha de las olas repobladoras y que, desde este punto de vista, podemos afirmar la catalanidad del país, pero el modelo social acabaría imponiendo unas singularidades que hoy es absurdo esconder, cuando, además, bien gestionadas, podrían ser bien enriquecedoras.

Siguiendo el historiador y catedrático Antoni Furió, podemos decir que la complejidad de la conquista, con un conflicto de más de 100 años entre la corona de la casa de Barcelona y la nobleza aragonesa, dio lugar a un reino valenciano cultural y lingüísticamente catalán y socialmente híbrido, con una mayor preeminencia del régimen feudal y del poder nobiliario. En este modelo está la génesis de buena parte de nuestros problemas lingüísticos y de nuestra singularidad. Una mayor escisión de las clases sociales, que haría que la clase dirigente fuera, desde el siglo XV, y muy especialmente desde las Germanías, menos fiel a la lengua y cultura propia, a las formas pactistas de hacer y mucho más proclive a la aceptación de las monarquías castellanas primero, del estado centralista Borbón después y del proceso constitutivo de la españa actual desde el siglo XIX.

Además, hace 312 años sufrimos un acontecimiento negativo importantísimo y cualitativamente diferente al resto de los PP CC. En el PV, la guerra de sucesión y entre potencias europeas tuvo características de guerra civil y la perdimos como pueblo valenciano. Destacaré tres consecuencias de gran alcance que forman parte de lo que podemos llamar nuestra anomalía nacional: la definitiva escisión nacional, cultural, lingüística, además del modelo social, entre la oligarquía y el pueblo; la imposición más prusiana que jacobina del modelo castellano y protoespañol (centralista, militarizado y reaccionario); y la imposibilidad de poder modular en nuestro país el capitalismo como sistema económico emergente en el ámbito mundial. Dado que el capitalismo español es sobre todo extractivo, nuestra economía siempre ha sido diseñada desde el estado/capitales, como territorio de donde obtener trasvases de rentas.

El profesor Josep Fontana en su libro "La formació d’una identitat, una història de Catalunya" nos explicó la raíz primordial de lo que constituye un pueblo. Argumentos similares utiliza el historiador Vicente Baydal referidos al PV en su libro "Els Valencians, des de quan són valencians?"

El mismo Fontana, y otros historiadores como Jaume Vicens, nos hablan sobre la diferencia de desarrollo político entre los diversos componentes de la Corona de Aragón, y como la unidad lingüística y cultural con València no se correspondía tampoco con un grado equivalente de similitud con respecto del progreso político en el Principat.

Haciendo un gran salto en el tiempo, podemos comprobar cómo, con políticas estatales muy parecidas, los efectos de su aplicación continúa generando particularismos. Un dato que lo refleja bastante bien es el PIB per cápita de los diversos territorios en 2018: Catalunya 30.769 €, las Illes 26.764 €, el PV 22.659 €.

Por lo que respecta a la situación de la lengua, podemos decir que en estos 50 años el valenciano, como el resto del catalán, ha sido despenalizado, pero nosotros no hemos disfrutado de ninguna ley de normalización lingüística. Ahora sigue retrocediendo en número de hablantes, y sobre todo en el uso de la lengua en el seno del hogar. Hemos pasado del 61% de hablantes en el año 95 al 50%. Y el retroceso del uso casero cayó durante el mismo período en 20 puntos... después de 35 años de la Llei d’Ús i Ensenyament del Valencià, solo un 30% del estudiantado no universitario estudia en valenciano... Afortunadamente, en el mundo cultural se mantiene vigente el unitarismo de todo el ámbito lingüístico como única posibilidad de continuar cultivando cualquier disciplina cultural más allá del provincianismo de una cultura sometida.

3. Construir un proyecto ilusionante de PV

Nosotras y nosotros vamos trabajando desde 2013 con una serie de ideas que creemos que pueden ayudar a ir construyendo un imaginario colectivo del PV como sujeto político que sea ilusionante y que ayude a potenciar el orgullo de ser valenciano:

  • Una verdadera ley de los derechos lingüísticos.

  • Potenciar la sociedad civil.

  • Asumir la realidad política, social y psicológica de nuestro pueblo y dejar progresivamente de operar sólo desde la ideología. Asumir esa realidad para poder operar sobre la ideología.

  • Asumir el PV en su totalidad y diferenciación. Que es el PV y la totalidad de sus 5 millones de habitantes los que tienen que decidir en cada momento qué somos y qué queremos ser. También tenemos que decidir cómo relacionarnos con España y con Catalunya y las Illes Balears i Pitiüses.

  • Trabajar y desarrollar iniciativas como la Crida pel Finançament (llamamiento por la financiación) y poder acabar con la infrafinanciación, la deuda, el expolio fiscal y social, y poder desarrollar un nuevo modelo económico, social y territorial. Avanzar hacia la soberanía alimentaria, hídrica y energética del PV.

  • Trabajar para avanzar en los derechos de las personas y los colectivos, profundizando el modelo de democracia hacia una más participada.

  • Potenciar la cultura de la responsabilidad y de la fidelidad al PV

  • Desde el Derecho a Decidir y la radicalidad democrática se puede construir un potente movimiento de intervención popular basado en los valores, republicanos, antifascistas y solidarios, y en la defensa de los derechos sociales, civiles y políticos y los derechos nacionales del País Valencià.

4. El concepto de factibilidad. Hablar menos, hacer más.

Encuentro muy sugerente para nuestro caso, el concepto de factibilidad del historiador, filósofo y teólogo Enrique Dussel. Se trata primero de evaluar el grado de factibilidad de un proyecto y posteriormente dotarnos de un plan, de una estrategia con posibilidades de éxito. En cuanto al PV, no soy capaz de ver ninguna factibilidad al proyecto de los PP CC, sino es a partir del mismo empoderamiento social, político, económico y psicológico del PV. Obviar esta etapa previa no sólo lo condena a no ser factible, sino que es claramente una quimera.

El resultado de la confrontación con el estado, el movimiento blaver-fascista, las proclamas excesivamente vanguardistas, el simplismo, las renuncias, algunas intervenciones políticas eleboradas desde el Principat que imponen una agenda política principatina por encima de la valenciana (por ejemplo, pera el 9-Octubre o para el 25-Abril) y un largo etc, nos han llevado a una situación donde el concepto de PP CC, en el PV, no suma. ¿Hay que renunciar, pues, a los PP CC? Evidentemente no, pero, parafraseando el título de un libro del gran estratega de la revolución soviética, Lenin, creo que hay que hacer dos pasos atrás para poder dar un paso adelante: hablar menos de PP CC, hacer más a favor de la interrelación de los territorios y hacer más PV.

Respecto a hacer más, creo que podríamos trabajar en varias líneas de intervención que seguramente darían resultados a medio plazo.

  • Continuar trabajando los lazos lingüísticos y culturales. Conseguir un espacio comunicativo y una industria audiovisual integrada.

  • Potenciar los vínculos institucionales a partir del hermanamiento de los municipios de todos los territorios.

  • Potenciar el turismo cultural interterritorial.

  • Extender el movimiento de consumo estratégico autocentrado1/ al conjunto de los territorios.

  • Potenciar las relaciones de la economía social, cooperativa y del bien común.

  • Potenciar las relaciones del movimiento sindical, feminista y ecologista del conjunto.

  • Potenciar el papel de la Confederació d’Entitats Sobiranistes (Assemblea Nacional de Catalunya, Assemblea Sobiranista de Mallorca y Plataforma pel Dret a Decidir del País Valencià) como motor de estas iniciativas.

Antoni Infante. Plataforma pel Dret a Decidir del País Valencià

21/8/2019.

Notas

1/ Un movimiento auspiciado por la Assemblea Nacional de Catalunya que supone autocentrar el consumo y las relaciones comerciales en el tejido económico de Catalunya, potenciando las empresas catalanas comprometidas con Catalunya por encima de las empresas ligadas al capital español o susceptibles de aceptar el chantaje estatal (ndt)





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