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En Revista Viento Sur165

voces miradas
Del otro lado
Adriana Hoyos

Versátil y de amplia mirada, la poesía de Adriana Hoyos (Bogotá, 1986; reside desde 1978 en España) se caracteriza por la riqueza de matices, la capacidad de resonancia de sus imágenes, un persistente velo de misterio que tamiza los versos, la celebración de la vida, la continua exaltación del presente y del goce de los cuerpos, la indagación metafísica sobre la muerte y una reflexión sobre las capacidades del lenguaje y la escritura.

Con un ritmo pausado y cuidadoso en la elaboración de su poesía (es autora de La torre sumergida –2009–, La mirada desobediente –2013– y Del otro lado –2017–), su trabajo en el ámbito cinematográfico le ha permitido disponer de una plasticidad muy visual en sus versos. De hecho, su significativo ritmo construido a base de ausencia de signos de puntuación y oraciones yuxtapuestas, que enfatizan la ausencia de separación entre las percepciones (para “borrar las fronteras”), nos remiten a una comprensión visual de las escenas.

De entre las numerosas líneas que aborda en sus poemas, recogemos aquí una serie de piezas que ahondan en una de sus dimensiones más inquietantes: el desarraigo y la conciencia de la pérdida. Aparece, entonces, la perspectiva más oscura de su obra, con trazas de pesadilla. Dolorosa y con implicaciones metafísicas, Adriana Hoyos plasma una experiencia que une lo personal, lo político y lo filosófico. La soledad, la angustia ante el desconcierto y una desorientación que no parece tener fin se ponen en primer plano. Además, incide en la desubicación en la cual el sujeto observa, siente y vive con un ritmo distinto, fuera del contexto de su entorno, incapaz de amoldarse porque no quiere renunciar ni a su identidad ni a su pasado. Así, estremeciéndonos, la poesía de Adriana Hoyos abarca la fragilidad de la vida y sus miedos precisamente para resaltar y encontrar el brillo y las posibilidades que acumula.

Alberto García-Teresa


EXILIO

Te dirán que esperes
Que empieces de nuevo
Que todo cuanto sabes
Es lo mismo que nada

Ayer mismo no existe
El tiempo se vacía
Se dibuja otra puerta
Y ya nada preguntas

Cuando irrumpa la vida
Con esgrima elegante
Y dé paso a otras vidas
Tal vez ya no sientas

NIÑEZ

De la calle se levanta el rumor de esos días

Ayer resplandores de gozo
Gestos intrépidos
Cielos de tiza tus sueños

Quizás cabalgas el tiempo
–para no sentir el vacío–
Las cartas están boca arriba
La noche desierta en tu boca

Hay un muñeco de nieve
Los ojos abiertos ya no se cierran
Un trineo rueda en la montaña

Todo el paisaje está blanco
Y tú al fondo una mancha
Breve y fugaz te pierdes
AL MIRAR ESTAS CALLES, 3

Despertar lejos de la ciudad
En medio de ninguna parte

Esa fracción de tu mirada
Congelada en el blanco puro
Al extremo mismo de la nada

Todo a mi alrededor es horizonte

SUITE, 2

Al sentir en tu espalda
El escalofrío de la muerte
La vida entre paréntesis

Nos fuimos desgarrando
Deshilvanando como vestidos
Quimeras de la infancia
Sublime región de la memoria

Nos fuimos alejando
En paraísos artificiales
Tamizamos los recuerdos
Aclaramos la garganta

Fuimos felices –a veces–
Contemplamos el río
Formulamos las preguntas
Y huimos cual lagartijas

Abrazados a las piedras
Olvidamos la angustia
La sordidez impúdica
El miedo en los ojos infantiles

Aprendimos a ser de todas partes
Y no fuimos de ninguna

TIERRA DE NADIE

¿Cuántas veces descenderemos al abismo
para alcanzar al fin una partícula de cielo?

1

Camino a oscuras
La llama azul de gas
Finge pájaros celestes

Me mezclo con los niños
De cabellos enmarañados
Que huelen pegante
Pócima del silencio

Remonto las aguas del Leteo
Anestesiada por las luces

2

Al contemplar esta tierra de nadie
Las aristas de estos muros
Donde anidan el odio y los celos
El zumbido de las puertas giratorias

Salvaje la ciudad emite señales
En los rostros hay fracturas interiores
Gestos que no se ven pero transforman

Los niños clavan sus negros ojos en mí
Transitan los desbarrancaderos del sueño
Con un sudor pegajoso abandonarán su niñez

3

Ellos conocerán cara a cara la muerte
Ante la pasmosa indiferencia de los otros

A lo lejos un futuro sin rostro

VENDRÁ UNA MAÑANA

Piensan que he vuelto, cuando aún no me he ido

A solas en los parques
Observo a la gente
–Estupores y gestos–
Cavilo mi vida

Recorro los tejados
Las huellas del viaje
Los traslados de casa
La mudez en los rostros

Busco señales –lugares–
Experiencias de niña
En un mapa escolar
Desvaído y borroso

Reconozco estas manos
Esta música honda
–De infancia lejana–

Reconozco esta voz
–Parte no dicha de la oración–
Espuma de ultramar

Vendrá una mañana
Como postal antigua
Emitirá pálidas luces

Habrá exceso de nubes
Caricias de hielo
Vendrá una mañana
Y te robará la mirada

INSTANTÁNEAS

3

Repaso la imagen
Me detengo en el gesto

Aterrada descubro
La fisura sutil
Por donde huye la vida

4

En los márgenes del sueño
Florece el instante
Congelado en una fotografía

Así vuelve la vida
Al espacio soberano

AL ENCUENTRO CON TU SOMBRA

El arte de la fuga contrapunto a esta vida

Al extremo mismo de la vida
Mientras el animal baja la mirada
El hombre interroga la oscuridad
Hecho de tiempo y desencanto

Al encuentro con su sombra
–No todo será tormento–
Quien experimenta la luz del sonido
Se adentrará sin temor en la sombra

Restituyendo la música anterior a la palabra
Donde se funda irrevocable el tiempo





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