aA+
aA-
Grabar en formato PDF

En Revista Viento Sur165

el desorden global
Unión Europea
Desarrollo desigual y movilización desigual en la Unión Europea
Joachim Becker

* Una parte de la izquierda espera poder transformar profundamente la Unión Europea (UE) desde su interior. Desde el punto de vista de la política económica, este enfoque está vinculado a la idea de un keynesianismo de izquierda europeizado. Políticamente está asociado a la estrategia de “creación de la unidad de las clases inferiores en Europa a través de las luchas comunes” (Demirovic y Sablowski, 2012: 103). En mi opinión, los representantes de dicha posición sobreestiman las posibilidades de una movilización común en la misma medida que subestiman la amplitud del desarrollo desigual en el seno de la UE. Además, abordan de manera insuficiente el significado central del régimen monetario, en particular de la unidad monetaria, para la consolidación de las relaciones sociales y de un modelo de desarrollo desigual.

Los regímenes de acumulación en la UE en estos últimos veinte o treinta años no se pueden caracterizar únicamente como dirigidos por las finanzas. Partiendo de bases más antiguas de un modelo de desarrollo desigual en Europa, asistimos más bien a una imbricación entre, por una parte, un desarrollo industrial orientado a la exportación así como a la exportación de capitales y, por otra parte, una marcada financiarización y la importación de mercancías y de capitales (Becker y Jäger, 2009). El bloque orientado hacia la exportación gira sobre todo alrededor de la economía alemana y comprende al Benelux, Austria, la Italia del norte, así como, desde los años 1990, la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Polonia y Hungría. Un modelo similar también se puede observar en los países escandinavos. El polo opuesto está formado por las economías altamente financiarizadas y dependientes de importaciones en Europa del sur y, desde los años 1990, en Europa del sudeste y en los países bálticos. La economía británica se caracteriza también por una considerable dependencia de las importaciones, pero en su centro se encuentra –a diferencia de las economías periféricas del sur y del este de Europa– un centro financiero. Antes de la crisis, Italia y Francia se distinguían por fuertes tendencias a la desindustrialización y por ligeros déficits estructurales en la balanza corriente. Mientras en Italia la economía tenía un mayor carácter industrial, en Francia jugaba un papel más importante la financiarización (Álvarez, Luengo y Uxó, 2013).

El desarrollo desigual

Los esquemas de desarrollo industrial son antiguos en Europa y el proceso de integración no ha roto con estos esquemas, los ha acentuado. Ya en el curso de los años 1980, la adhesión a la UE de las economías de Europa del sur estuvo acompañada de una desindustrialización parcial. López y Rodríguez (2010) señalan que los márgenes de maniobra industriales de España se redujeron significativamente por su adhesión a la UE, y en la política regional de la UE no se han integrado programas de política industrial. Esta orientación de la política económica correspondía a los intereses de la industria exportadora alemana. Así, la acumulación de capital en España se ha orientado cada vez más hacia el sector inmobiliario y el turismo. Esta derivación fue reforzada por la sobrevaloración de la peseta que, debido al descenso de los precios de las importaciones, debilitó a la industria orientada hacia el mercado doméstico. Asimismo, sobre todo desde los años 1990, la burguesía griega se concentró cada vez más en los sectores de los servicios y las finanzas y en la importación (Fourkas, 2012: 34).

La adhesión a la zona euro reforzó este modelo de desarrollo desigual. Desde el punto de vista de los intereses financieros, el reto de la creación del euro fue instaurar una moneda de reserva internacional relativamente fuerte. Más allá de esta dimensión, existía una constelación de intereses diferentes en los países del centro y de la periferia de Europa. El capital industrial alemán veía en la creación del euro la posibilidad de reforzar su competitividad en otras economías del centro (ante todo Francia) e impedir a las economías de la periferia del sur que se devaluaran. Por tanto, el objetivo del capital industrial alemán fue mejorar su posición; y lo alcanzó. A la inversa, los países de Europa del sur perdieron los últimos mecanismos de protección para su industria. España, Portugal y Grecia fueron los países miembros de la UE cuya parte de la producción industrial en el PIB cayó de forma más fuerte desde finales de los años 1990. En 2008, Grecia ocupaba, con un 13,3% de la industria en el PIB, el antepenúltimo lugar de los países de la UE, justo antes de Chipre y de Luxemburgo, que es un centro financiero (Becker y Jäger, 2010: 27).

Las diferencias estructurales se reforzaron por la política alemana de deflación salarial, sobre todo a través de las contrarreformas Hartz IV y la promoción de un sector con salarios bajos por el gobierno del SPD y los Verdes. En cambio, con el euro los países de Europa del Sur pudieron acceder a créditos más baratos. Los tipos de interés bajaron de forma significativa. Esto estimuló la acumulación financiarizada, sobre todo en España y en Grecia. España se transformó en un caso típico de modelo de acumulación a través de un boom en la construcción y el sector inmobiliario, financiado por créditos (Rodrigues, Cordeiro y Teles, 2016). También en Portugal el elevado nivel de endeudamiento privado jugó un papel importante en la acumulación, aunque teniendo en cuenta su débil nivel inicial, no podía desarrollarse con tanta fuerza como en España. En Grecia también aumentó el endeudamiento privado, pero el crédito se utilizó mucho más para el presupuesto público (Stathakis, 2010). Desde ese punto de vista, el caso griego se puede considerar más bien como una forma estatal de financiarización dependiente.

Los procesos de desarrollo desigual se han reflejado en un desarrollo desigual de las balanzas corrientes. Al considerable ascenso del excedente de la balanza corriente alemana desde los años 2000 corresponde el aumento de los déficits de la balanza corriente de los países de Europa del sur. En 2007, en concreto, Grecia había alcanzado un déficit en la balanza corriente de casi el 15% del PIB, el triple del umbral considerado como crítico. En 2008, las exportaciones griegas solo cubrían el 28,6% de las importaciones, aun cuando ya en 2000 este indicador solo alcanzaba la pobre cifra del 35,1%. Este agujero debía rellenarse por medio del endeudamiento en el extranjero. Esto se refleja en la relación entre la deuda exterior y el PIB: 179,6% en Grecia, 165,3% en España, 231,5% en Portugal. El proceso de acumulación y de financiarización dependió íntegramente de la afluencia de capital extranjero. Grupos financieros del centro, en particular franceses y alemanes, participaron en la financiarización dependiente en Europa del sur y estimularon dicho proceso. Estos flujos financieros también financiaron las exportaciones de los países con balanza corriente excedentaria, ante todo de Alemania. Con el fin de los flujos financieros, el hundimiento de los modelos de acumulación y la crisis abierta de las balanzas de pagos amenazaban de forma previsible. El modelo de Italia se distinguía ligeramente de los otros países del sur de Europa. Durante los años que precedieron a la crisis, la economía italiana, más industrializada, se caracterizó por tendencias al estancamiento y tasas de crecimiento entre las más débiles de la zona euro: 1,6% entre 2000 y 2007. Con solo un 0,8%, el crecimiento fue especialmente débil en la industria manufacturera. El euro reforzó los problemas estructurales ya existentes de la industria italiana (Bagnai, 2012: 194). Además, las diferencias entre el centro y la periferia de Italia se acentuaron aún más; en el sur el crecimiento fue más débil que en el resto del país.

Tendencias análogas se podían observar en los países bálticos y los países del sudeste de Europa: la norma monetaria consolidó formas de desarrollo financiarizado dependiente. Incluso cuando esos países no eran directamente miembros de la zona euro, estaban estrechamente ligados a la zona euro por el régimen de cambio y por formas extendidas de eurorización informal. Bulgaria, Estonia y Lituania optaron por cajas de emisión en las que se establece un tipo de cambio fijo en relación a una moneda de reserva, y donde la emisión monetaria está garantizada por las reservas de cambio, lo que reduce a muy poco el margen de maniobra de la política monetaria nacional. Letonia introdujo un régimen de cambio extremadamente restrictivo que en relación a las consecuencias reales apenas se distingue de una caja de emisión. Aunque Rumanía mantuvo un tipo de cambio flexible, las políticas de tipos elevados llevaron a una apreciación de su moneda (Becker, 2007).

Alimentando ante todo el boom inmobiliario (sobre todo en los países bálticos), pero también el consumo privado, estos flujos pocas veces han financiado inversiones. El endeudamiento de los hogares explosionó, literalmente, y la ratio de endeudamiento de los hogares/PIB se dobló entre 2003 y 2006 (Frangakis, 2009). En la distribución doméstica de créditos, los bancos –en gran medida propiedad sueca en los países bálticos, y austríaca en Rumanía– impusieron préstamos en divisas extranjeras. Así, la clase media endeudada quedó estrechamente asociada al régimen de cambio. Para este grupo, una devaluación significaría una revalorización de la deuda expresada en otra moneda y por tanto el peligro del sobreendeudamiento. Al igual que en el sur de Europa, las estructuras industriales en los países bálticos y en el sudeste de Europa se debilitaron, con las consecuencias más extremas en el caso de Letonia. Los tipos de cambio sobrevalorados condujeron a un boom de las importaciones y a una dramática degradación de las balanzas corrientes. Antes de la crisis, el déficit de la balanza corriente llegó a superar el 20% del PIB en Letonia y en Bulgaria. La deuda exterior aumentó fuertemente. De esta manera, los modelos de acumulación se caracterizaron por una dependencia extrema de los flujos de capital extranjero y una vulnerabilidad a las crisis.

La dinámica de crisis desigual

Los efectos de la crisis económica en la UE han sido tan desiguales como los modelos de desarrollo. En los países con gran orientación hacia la exportación y la financiarización interna limitada, la contracción de finales de 2008 y comienzos de 2009 fue relativamente fuerte y pasó ante todo por el canal de las exportaciones. Sin embargo, pasado ese momento, se produjo una recuperación frágil (y temporal) en la economía alemana, y también en Austria y en algunas economías del este de Europa orientadas hacia la exportación. Cuanto más elevado el grado de financiarización interna o externa en las economías que gravitan en torno al núcleo alemán, más duraderos se han mostrado sus problemas económicos.

En lo inmediato, el hundimiento económico fue más notable en las economías del este de Europa, caracterizadas por una financiarización dependiente. Los flujos de capital fueron interrumpidos o se volvieron hacia la brusca necesidad de liquidez de las economías del centro. La base del modelo financiarizado desapareció. Políticas muy procíclicas reforzaron la recesión. Las mayores disminuciones en términos de PIB se registraron en 2009 en los países bálticos: en Letonia fue el 18%. En estos países el desempleo se disparó abiertamente. En Rumanía y en Bulgaria parece ser que una parte de esta gente en paro se retiró a la agricultura a muy pequeña escala, y en Rumanía aumentó fuertemente la migración para encontrar trabajo.

En los países de la zona euro del sur de Europa, el modelo financiarizado también tuvo que hacer frente a un hundimiento, pero solo a comienzos de 2000 fueron plenamente golpeados por problemas de financiación internacional. Durante un período de transición su pertenencia a la zona euro –y por tanto su situación de espacio de inversión financiera– ofreció una cierta protección frente a las dificultades de financiación externa. Ahora bien, el problema fundamental de las estructuras industriales débiles, con déficits elevados en la balanza corriente y una necesidad permanente de financiación externa, era similar. Esto también es cierto para la dinámica de crisis. La crisis de sobreacumulación abierta en las economías del centro se traducía en la periferia europea en una crisis de la balanza de pagos. Las dinámicas de crisis en las dos periferias europeas, al este y al sur, que se caracterizan ante todo por la financiarización, corresponden por tanto a dos modelos similares pero temporalmente desplazados.

Se pueden formular conclusiones similares sobre las pretendidas políticas anticrisis. Mientras que en el Centro las fuerzas dominantes combinaron en un primer momento un apoyo masivo al sector financiero con algunas medidas anticíclicas limitadas, los diferentes gobiernos de las economías financiarizadas de Europa del este adoptaron desde otoño de 2008 severos programas de austeridad –en parte, en el marco de programas del FMI y de la UE (Hungría, Letonia y Rumanía)–. Tendencialmente, la política de austeridad ha sido más fuerte en los países con elevadas deudas en divisas. Esto refleja ante todo los intereses de los bancos europeos occidentales, que no deseaban una devaluación de sus activos en la región, y que temían las consecuencias negativas de una devaluación en el ámbito de los préstamos en divisas extranjeras, pero también los intereses de las clases medias endeudadas en divisas. Este aspecto de las políticas anticrisis que apenas ha sido cuestionado públicamente, fue casi hegemónico. En lugar de aplicar una devaluación abierta, se puso en marcha una política de recortes presupuestarios, reducciones de pensiones de jubilación y de salarios, lo que con eufemismo se denomina devaluación interna. En Rumanía, por medio de sus condiciones, el FMI y la Comisión Europea impusieron la destrucción del bastante extendido sistema de convenios colectivos. También se pudo observar un debilitamiento significativo de los acuerdos neocorporativistas en Eslovenia y en Hungría (Greskovits, 2015). En algunos países los sindicatos quedaron debilitados. Los déficits de la balanza corriente y de la balanza comercial, y la consiguiente necesidad permanente de financiación externa, debían ser reducidos por medio de una brutal reducción de la demanda doméstica. Este objetivo fue alcanzado. Al mismo tiempo, el problema de la deuda se acentuó a través de la recesión y el aumento del desempleo.

El esquema fundamental de estas políticas fue transpuesto a los miembros de la zona euro del sur de Europa en la primavera de 2010. En el contexto de la zona euro se debía poner en marcha una devaluación interna. Así, los salarios fueron transformados en variable de ajuste central. En la medida en que institucionalmente los sindicatos poseen un poder mayor en Europa del sur, la Troika y los respectivos gobiernos de derechas no solo pretendieron políticas sociales y salariales restrictivas, sino también y de manera sistemática atacar el derecho a la convención colectiva. Los ataques se dirigieron en particular contra la obligación sectorial de convenios colectivos. Las constelaciones de intereses tras estas políticas de ajuste estructural en el sur de Europa eran similares a las del este de Europa. Se dio prioridad a los intereses de las finanzas y los acreedores. También en el sur, el vínculo entre la clase media y el régimen neoliberal –aunque menor– pasa por la relación monetaria. Amplios sectores de la población continuaban apoyando la pertenencia a la zona euro a causa de las consecuencias imaginables en sus depósitos y créditos (cuyo tipo de cambio habría sido objeto de una intensa lucha política) y de las turbulencias monetarias previsibles en caso de salida o exclusión de la zona euro. Políticamente, la pertenencia a la zona euro se revela como una dura restricción monetaria. Los programas de la UE y del FMI permitieron a los bancos extranjeros una reducción sustancial de sus obligaciones en la Europa del sur. Y este fue también un objetivo central de estos programas.

Las dinámicas económicas del centro

y las periferias de la UE después de la crisis

Como consecuencia de la crisis en la UE aparecieron dinámicas económicas muy diferentes. La economía alemana reforzó tendencialmente su orientación hacia la exportación y se orientó con más fuerza hacia países fuera de la zona euro. El excedente de la balanza corriente alemana continuó aumentando hasta alcanzar el 8% del PIB en 2017. Simultáneamente, políticas salariales menos restrictivas estabilizaron la coyuntura doméstica. La política de tipos bajos del BCE así como la posición dominante de Alemania en el seno de la UE aliviaron por una parte el presupuesto alemán y por otra reforzaron la dinámica de la financiarización. En algunos países pequeños, aunque no en Alemania, la relación entre el endeudamiento privado y el PIB aumentó entre 2007 y 2015. Las políticas económicas y sociales de Francia durante los últimos años parecen muy inspiradas por el modelo alemán neomercantilista. Para los gobiernos presididos por Hollande y después por Macron, esto ha significado ante todo una flexibilización del mercado de trabajo. Al mismo tiempo, Hollande mantuvo políticas presupuestarias bastante restrictivas en detrimento de los hogares y a favor de las empresas. En su conjunto, las políticas gubernamentales presionaron sobre la demanda interior. La depreciación del euro y el descenso del precio del petróleo actuaron como estímulo exterior (Decoudré et al., 2016). De 2012 a 2016, la recuperación fue más débil que en Alemania pero claramente más fuerte que en Italia. Durante la crisis y después de ella, el desarrollo industrial fue más fuerte en Francia que en Italia.

Como consecuencia del nuevo auge de la industria exportadora alemana hubo un nuevo aumento de la producción de exportación dependiente en los países del grupo de Visegrád y en Eslovenia. Después de un crecimiento débil entre 2009 y 2014, la gran reducción del desempleo en los países de Visegrád aumentó las oportunidades de imponer subidas salariales de manera que, partiendo de un nivel inicial muy por debajo del oeste europeo, los salarios crecieron fuertemente. En una parte de los países de Visegrád, el endeudamiento de los hogares continuó aumentando durante la crisis (Becker y Cetkovic, 2015). Eslovaquia se distingue actualmente por el aumento más rápido del endeudamiento de los hogares en la zona euro. La dinámica de endeudamiento rápido de los hogares y el boom inmobiliario en las grandes ciudades van de la mano. Así, se pueden identificar (Becker, 2016) claros paralelismos con respecto a la dinámica anterior a la crisis y similares vulnerabilidades ante la crisis debido a la estrecha especialización en la exportación y un endeudamiento creciente de los hogares. Sin embargo, en Hungría y Eslovenia, donde la crisis fue especialmente fuerte a causa del endeudamiento de las empresas y del endeudamiento en divisas, el mercado de créditos conoció una prolongada caída. Al mismo tiempo, la evolución de los salarios fue menos ventajosa: en Hungría, los salarios reales cayeron incluso varios años.

Mientras que en la periferia de Europa del centro y del este se pueden identificar continuidades en el modelo de acumulación entre el período anterior y el período posterior a la crisis –a través de la industrialización para la exportación y la financiarización–, los regímenes de acumulación de la periferia financiarizada de Europa del sur se caracterizaron por mayores discontinuidades. Las políticas económicas de estos países se caracterizaron por la devaluación interna y esto se aplica a la vez a los países de la zona euro y a los Estados con fuertes vínculos con el euro, como es el caso de Croacia. De manera menos eufemística, estas políticas también pueden ser calificadas como deflacionistas. El elemento central de las políticas deflacionistas fueron unas políticas salariales extremadamente restrictivas que, por ejemplo, modificaron institucionalmente el derecho relativo a los convenios colectivos en detrimento de los sindicatos. En una parte de los países de Europa del sur los salarios reales bajaron entre 2009 y 2017: en Grecia (-26%), en Croacia (-13,3%), en Chipre (-7,5%), en Portugal (-4,8%), en Italia (-2%) y en España (-1%). A pesar de las ligeras mejoras en los últimos años, la tasa de desempleo se encuentra, por lo general, por encima del nivel de antes de la crisis. Además, los efectos de las políticas salariales restrictivas se reforzaron debido a políticas presupuestarias restrictivas (recortes en gastos sociales). El objetivo era disminuir de forma duradera las importaciones a través de la reducción de la demanda interna. Además, esta reducción forzó a cierto número de empresas a orientarse hacia la exportación. En efecto, la balanza corriente de los países del sur de Europa mejoró claramente. La mayor parte de ellos anuncian ya un pequeño excedente de la balanza corriente. Pero a pesar de las extremas políticas de austeridad, las balanzas corrientes de Grecia y Chipre son respectivamente deficitarias en un 0,8% y 6,7% del PIB. La tendencia hacia déficits de la balanza corriente es también perceptible en Letonia y Lituania. Por lo general, la mejora de la balanza corriente se ha debido más al debilitamiento de las dinámicas de importación que al incremento de las exportaciones. Las estructuras industriales han quedado más debilitadas aún por las políticas de austeridad. En España, por ejemplo, han aumentado las exportaciones, pero el tipo de exportación se ha desplazado hacia materias primas y a bienes con escaso contenido tecnológico (García y Paz, 2018: 169). La balanza corriente de los países mediterráneos se pudo beneficiar además del turismo en pleno desarrollo.

Ahora bien, los problemas estructurales de los sectores productivos –ante todo de la industria– se han agravado por la crisis y las estrategias de lucha contra la crisis. Por esta razón, la balanza corriente persiste en representar una presión exterior. A falta de industria de bienes de equipo, cada empuje importante de inversión llevaría a una degradación de la balanza corriente. Además, el neomercantilismo europeizado se enfrenta ya a la falta de voluntad por parte de Estados Unidos de actuar como consumidor en última instancia.

También persisten, en amplia medida, los problemas en el sector financiero. Las políticas deflacionistas provocaron en primer lugar una subida del peso relativo de las deudas (endeudamiento privado/PIB, deuda pública/PIB). Hoy en día, los indicadores son peores que antes de la crisis. En Italia, los problemas del sector bancario están menos condicionados por los excesos del pasado en materia de financiarización que por la profunda recesión y el largo estancamiento (Megale y Cicala, 2013: 66).

Aunque los esquemas de desarrollo desigual en la UE se hayan transformado a través de la crisis, las asimetrías entre el centro y la periferia, sobre todo la del sur y sudeste, se han profundizado más. Las consecuencias sociales de la crisis han sido particularmente duras en la periferia financiarizada.

La desigual movilización social

Los esquemas de desarrollo desigual y las fases de crisis asincrónicas también han repercutido en las movilizaciones contra las políticas de austeridad. En algunas economías del centro de Europa orientadas hacia la exportación, y con un nivel de financiarización débil (por ejemplo, con un endeudamiento limitado de los hogares), la primera fase de la crisis fue relativamente corta y atenuada socialmente por medidas como el paro parcial. En esos países ha tenido lugar una recuperación temporal. Ahora bien, esta se ha debilitado ya a causa de la crisis y de las fuertes políticas de austeridad en la periferia europea. El anclaje de las políticas de austeridad y la considerable injerencia en las políticas salariales y presupuestarias nacionales debidas a la transformación de la gobernanza económica de la UE han sido, a pesar de la desdemocratización creciente de las políticas económicas a que está asociada, poco destacadas en el debate público y no han provocado por ahora movilizaciones sociales de amplitud, aunque existen iniciativas a contracorriente en el plano político y jurídico. Como consecuencia de la crisis se ha promovido la puesta en marcha de formas de política económica obedeciendo a reglas precisas, siguiendo la concepción neoliberal de Hayek. Refiriéndose a conceptos de Antonio Gramsci, Cédric Durand y Razmig Keucheyan (2013: 107) caracterizan este reforzamiento de órganos no democráticos, burocráticos, en el marco de una “crisis orgánica”, como “cesarismo burocrático”. Por consiguiente, incluso los márgenes de maniobra de políticas económicas de tipo keynesiano se han reducido claramente. Así, a escala de la UE, los sindicatos, partidos de izquierda y movimientos progresistas, que ya de todas maneras eran débiles desde el punto de vista institucional y organizativo, en adelante tienen que hacer frente a menos posibilidades institucionales que antes de la crisis para avanzar sus preocupaciones.

A nivel europeo, y por el hecho mismo del nivel europeo, la selectividad estratégica (Jessop, 2012) de la forma Estado europeo se ha desplazado aún más hacia los grandes grupos de capital, sobre todo del sector financiero. Una transformación de esta selectividad estratégica a nivel de la UE tendría como condición necesaria, pero insuficiente, una movilización europea muy fuerte y sincronizada a favor de un proyecto alternativo para la UE. Hasta ahora, las movilizaciones sociales contra las políticas anticrisis han sido asincrónicas y sobre todo limitadas al nivel de cada Estado nación.

En Europa del este las políticas de austeridad han desencadenado protestas sociales limitadas; probablemente la más fuerte tuvo lugar en Rumanía. Hubo manifestaciones y también varias huelgas (ante todo en la función pública). Las consecuencias sociales de las políticas de austeridad extrema han estado por lo general en el centro de las protestas sociales (Dale y Hardy, 2011). En cambio, el objetivo de la estabilización de los tipos de cambio apenas ha sido cuestionado públicamente. Las consecuencias políticas más importantes han sido probablemente causadas por la deslegitimación de los antiguos partidos de gobierno y el descontento social en Hungría. Provocaron un desplazamiento político en favor de Fidesz, que es una mezcla entre neoliberalismo y nacionalconservadurismo. Fidesz se ha destacado como administrador de la clase media alta. Así, a diferencia del anterior gobierno social-liberal, se ha ocupado del problema del endeudamiento en divisas y ha desencadenado un conflicto restringido con los bancos europeos occidentales. Fidesz ha permitido a los deudores en divisas reembolsar su deuda a tipos de cambio más ventajosos, que reflejaban el nivel de antes de la crisis. Temiendo un precedente, los bancos reaccionaron con vigor. De manera sistemática, Fidesz ha consolidado las posiciones del capital doméstico en sectores de servicios específicos, en particular el sector bancario (Várhegyi, 2017), pero también en la construcción. Así ha emergido una burguesía dependiente del partido gubernamental. En todo caso, Fidesz no ha atacado en absoluto los intereses del capital extranjero en la industria de exportación. Sin embargo, el caso húngaro muestra una fractura parcial en la alianza entre el capital extranjero y la clase media alta, de la que se ha apoderado la derecha. De igual manera, en Polonia, donde la crisis ha sido menos fuerte que en los otros países de la UE, el partido nacionalista Prawo i Sprawiedliwosc (PiS) llegó al poder en 2015. Durante la campaña electoral, PiS criticó los reversos de la medalla de la transformación, como los contratos de trabajo precarios y las grandes disparidades regionales. A diferencia de Hungría, la política del PiS pretende un cambio de la posición polaca en la división internacional del trabajo.

En conformidad con las diferentes dinámicas de crisis, la movilización en Europa del sur ha tenido lugar más tarde. Como en Europa del este, las movilizaciones se distinguían por un carácter nacional. En todos los países ha habido movimientos huelguísticos, sobre todo en la función pública. En Grecia las huelgas fueron especialmente fuertes. Tanto en España como en Grecia, jóvenes bien formados jugaron un papel importante, dado el nivel astronómico del desempleo entre la juventud y la falta de perspectivas para el futuro. Ya durante los años anteriores, en particular en diciembre de 2008, jóvenes precarios y parados llevaron a cabo fuertes protestas sociales. También los autónomos participaron en estas movilizaciones, en Grecia, con una participación muy importante de pequeños comercios, a causa de las medidas de desreglamentación de sus actividades promovidas por la UE.

En 2015 en Grecia las protestas llevaron al poder al partido de izquierdas Syriza, que defendía un programa antiausteridad. Sin embargo, la Troika impuso al gobierno de Syriza políticas de austeridad, lo que demuestra los límites del margen de maniobra de un partido de izquierdas en el seno de la zona euro. En España, un nuevo partido, Podemos, surgido del movimiento de protesta, consiguió alcanzar resultados electorales similares a los del PSOE. Pero, por una parte, se han ido expresando los límites del proyecto cada vez más electoral de Podemos y, por otro, la experiencia de Syriza ha cuestionado la estrategia de transformación desde el interior de la zona euro. En un contexto más favorable que el de Syriza en Grecia, el gobierno del Partido Socialista en Portugal, apoyado por el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista, se ha contentado por ahora con un abandono progresivo de la austeridad en el marco de la zona euro. Ahora bien, para una política alternativa de izquierdas, la zona euro representa una restricción muy fuerte.

También representa una potencial restricción para políticas económicas estatalistas de derecha que quisieran moldear activamente el desarrollo y por tanto, al menos parcialmente, separarse de los esquemas neoliberales. A causa de la crisis, la derecha nacionalista ha podido prosperar. Pero en pocos programas de estos partidos figuran elementos económicamente nacionalistas o proteccionistas de importancia. Esto es cierto, por un lado, para algunos partidos como Fidesz y PiS que se encuentran en la periferia centro-este de Europa integrada en la industria exportadora alemana. Ambos partidos apuestan en particular por el mantenimiento de la moneda nacional en el marco de su nacionalismo económico selectivo. Por otro lado, también es cierto para la Lega en Italia y el Frente Nacional (en adelante Rassemblement National) en Francia: en estas dos economías del centro se señalan tendencias claras a la periferización y a la desindustrialización. En cuanto a programa, la Lega defiende una posición crítica del euro más consecuente que el FN, puesto que la existencia en Italia de un pequeño y mediano capital orientado hacia la exportación proporciona una base social más sólida para la salida del euro.

La zona euro como obstáculo al desarrollo

Como reacción a la restricción monetaria de la zona euro existen diferentes opciones de salida a la derecha y a la izquierda (Lapavitsas, 2013; Louça y Ferreira, 2014). Los defensores de la salida del euro de derechas apuestan ante todo por un aumento casi automático de la competitividad por medio de una devaluación. Con esta medida también esperan una presión sobre los salarios, por ejemplo, en la medida en que las subidas salariales sean inferiores a la inflación provocada por la devaluación. La estrategia de izquierda concibe la salida del euro como elemento de una estrategia de transformación socioeconómica más amplia, que tiene como objetivo una transformación de las estructuras productivas y un modelo social más igualitario.

Los partidos de izquierda de Europa del sur han sido los primeros en encontrarse confrontados prácticamente a la cuestión de la salida del euro. Fuera de los partidos comunistas considerados ortodoxos, como el KKE en Grecia y el Partido Comunista Portugués, que han sido consecuentes en su crítica del euro y de la UE, los otros partidos de izquierda han adoptado posiciones más prudentes y han seguido la opinión mayoritaria en favor de una transformación fundamental en el seno de la zona euro. Esto se explica probablemente por la estructura productiva así como por la estructura de clase: a excepción de Italia, la industria es débil en los países mediterráneos. Y este hecho se refleja en la manera de interpretar la crisis. Por ejemplo, la debilidad de las estructuras productivas de España, como uno de los factores estructurales de crisis, no ha jugado ningún papel en el análisis de la crisis por parte de los Indignados. Además, la débil estructura industrial limita económicamente los efectos positivos de una devaluación, ya que en caso de devaluación sería precisamente la industria manufacturera la que se encontraría en condiciones de venta más favorables en el mercado doméstico y extranjero. De igual manera, la clase obrera industrial es relativamente pequeña. En el debate sobre el régimen monetario, el consumo juega un papel más importante que la producción. Este ángulo de enfoque está estrechamente ligado a un determinado imaginario. En una entrevista aparecida en la New Left Review, Stathis Kouvelakis (2016) constata que “el hecho de disponer de la misma moneda que los países más avanzados tiene efectos enormes en el imaginario de la gente: la misma moneda que los alemanes y los holandeses, aunque seas un jubilado o un trabajador griego mucho peor pagado”. Por esta razón, no hay que “subestimar la popularidad del euro en los países de la periferia del sur –Grecia, España y Portugal– para quienes la adhesión a la UE significaba una adhesión a la modernidad económica y política”. Y además, una salida de la zona euro es un paso político muy conflictivo y técnicamente exigente.

Después de la victoria electoral de Syriza en 2015 y la formación de un gobierno de coalición con el partido nacional-conservador ANEL a partir de un consenso antiausteridad, la mayoría del partido ponía el acento en la negociación de una suavización de las políticas de austeridad con la Troika. Por una parte, Syriza esperaba encontrar aliados para una inversión política; por otra parte, esperaba que el miedo ante las consecuencias de las turbulencias griegas en la estabilidad de la zona euro daría una ventaja negociadora al gobierno griego. Por tanto, había que utilizar la amenaza implícita de una salida de la zona euro (Varoufakis, 2015). Sin embargo, en los países del centro existía una fracción que consideraba como una opción real una salida organizada de Grecia. Así, Wolfgang Schäuble, ministro alemán de finanzas, proponía a Grecia –aunque sin el apoyo de la canciller– una salida temporal y financieramente organizada de la zona euro. La esperanza de Syriza de encontrar aliados en la zona euro no se materializó. Grecia quedó expuesta a un ataque frontal de la Troika que quería dar una lección ejemplar. La posición negociadora de la Troika fue reforzada por la decisión del Banco Central Europeo de limitar el acceso a la liquidez por parte de los bancos griegos. Como consecuencia de la agravación del conflicto, el gobierno de Syriza reaccionó con un referéndum, en el que un 61,3% votó No a las políticas de austeridad de la Troika. Ahora bien, aunque había voces que abogaron en este sentido, el gobierno griego no había preparado un plan B: la creación de una moneda paralela o la salida directa de la zona euro. Para el primer ministro griego Alexis Tsipras, que representaba la corriente mayoritaria de Syriza, una moneda paralela como medida de urgencia no era aceptable. Por consiguiente, a fin de cuentas, el gobierno de Syriza se vio obligado a aceptar el memorándum de la Troika. Como consecuencia, sus márgenes de maniobra en términos de políticas sociales y económicas quedaron reducidas a un nivel mínimo. El ejemplo griego muestra la importancia política central del control sobre el Banco Central. En caso de conflicto abierto, es necesaria la recuperación del control sobre el Banco Central, sobre todo en países de la periferia, con el fin de asegurar de manera autónoma el acceso a la liquidez de los bancos y por tanto disminuir la presión potencial de los oponentes políticos.

El segundo caso sudeuropeo se refiere a Portugal. De manera inesperada, el Partido Socialista formó un gobierno minoritario a finales de 2015, que fue apoyado por el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués. El consenso mínimo de este acuerdo se basa en suavizar las políticas de austeridad, subir el salario mínimo, aumento de salarios en la función pública, subida de las pensiones y mejora de algunas prestaciones sociales. La suavización de la austeridad se realiza en el seno de la zona euro, puesto que el Partido Socialista se oponía a toda salida. La UE concedió a esta política unos márgenes de maniobra mayores que al gobierno de Syriza en Grecia. Según Catarina Principe (2017), esta mayor flexibilidad de la UE hacia Portugal se explica por la voluntad de dar una posibilidad de recuperar la legitimidad en el marco institucional existente a las fuerzas social-liberales asediadas. A diferencia de Syriza, el Partido Socialista forma parte de los partidos dominantes. Además, los indicadores económicos de Portugal eran similares a los de España, donde gobernaba el Partido Popular, uno de los pilares de la democracia cristiana en Europa. La Comisión Europea no tenía ningún interés en desestabilizar al PP, y un tratamiento diferente entre Portugal y España no hubiera podido ser justificado políticamente.

La suavización de la austeridad figura entre los factores que han hecho posible una recuperación económica en Portugal. Ahora bien, esta última no ha ido acompañada de un aumento de las inversiones y se basa fundamentalmente en las capacidades existentes. Así, persisten los graves problemas estructurales de la economía portuguesa, lo que delimita las posibilidades de la recuperación económica. La discusión sobre el euro no ha concluido en Portugal: “Incluso en el PS, algunos economistas consideran al euro como no duradero en ausencia de cambio político en Europa. El PC y el Bloco defienden el mismo punto de vista”, declaraba Francisco Louça (2018) en una entrevista.

La Lega en Italia ha incluido el euro en la agenda política de manera más ofensiva que los partidos de izquierda de la Europa del sur. En sus documentos la Lega destaca que el euro actúa como un obstáculo al desarrollo. Para reforzar la competitividad de la economía italiana y volver a ganar márgenes de maniobra de política económica, la Lega exige la salida del euro. Al contrario que Grecia y Portugal, Italia es un país clave de la zona euro. Potencialmente, esto da un poder de negociación más importante al gobierno italiano ante las instituciones de la UE.

En la trastienda de las negociaciones de coalición entre la Lega y el –políticamente heterogéneo– Movimento Cinque Stelle, a comienzos de verano de 2018, se contempló la salida del euro. Ahora bien, esta última no forma parte del programa de la coalición, cuyas prioridades en materia de política social y económica reflejan de forma explícita las posiciones de la Lega favorables al capital. La propuesta de nombrar para el puesto de ministro de Finanzas y Economía a Paolo Savona, un conocido crítico del euro, encontró una fuerte resistencia por parte del presidente Sergio Matarella. Amenazó con imponer un gobierno de tecnócratas. Finalmente, la Lega y el Movimento Cinque Stelle nombraron un ministro menos crítico con el euro y Savona ocupa un ministerio menos central, que se encarga de los asuntos europeos. Pero en el seno del gobierno continúa el debate sobre la zona euro. Sin embargo, las cuestiones económicas están actualmente marginalizadas por la agresiva campaña contra los refugiados por parte del ministro del Interior, Matteo Salvini.

Estos tres ejemplos muestran, por una parte, los importantes efectos de la restricción monetaria y, por otra, la continua pertinencia de la cuestión de la salida del euro. La izquierda puede sacar dos lecciones de Grecia y de Portugal. El ejemplo griego muestra la importancia central del control sobre el Banco Central y del acceso a la liquidez para los bancos, en la lucha por una alternativa. El ejemplo portugués muestra que, bajo condiciones políticas determinadas, es posible una acentuación limitada de la política macroeconómica, pero que esta no permite una reorientación del aparato productivo. Sin embargo, para ganar una autonomía política duradera para una política de izquierda alternativa, es indispensable la reestructuración de la producción.

Conclusiones

Después de la crisis, las condiciones para una transformación de izquierdas de la UE –incluso en el marco de una política neokeynesiana– son aún peores que antes. Como consecuencia de la crisis, se han reforzado esquemas y reglas de la política económica neoliberal, así como instituciones sin legitimidad ni control democrático. La crisis ha reforzado también tendencias a la desintegración de la UE y el referéndum del Brexit es solo la más explícita. A través de la crisis, los esquemas de desarrollo desigual se han modificado en cierta medida, pero las asimetrías fundamentales entre el centro y las periferias persisten. El desarrollo desigual ha hecho nacer también desfases en las movilizaciones sociales y dinámicas políticas diferentes. Actualmente, para las fuerzas de izquierda solo existen oportunidades políticas en algunos Estados de la UE. O dicho de otra manera, para realizar políticas alternativas deben ampliar los márgenes de maniobra nacionales. Entre las mayores restricciones a que se enfrentan está el orden monetario y esto es más cierto aún en el caso del corsé neoliberal de la zona euro. Frente a la selectividad estratégica de la UE y a las relaciones de fuerzas particularmente desfavorables a nivel de la UE para las fuerzas progresistas de la clase obrera y de las capas medias, es dudoso que otra Unión Europea sea verdaderamente posible.

Joachim Becker es investigador en la Universidad de Economía y Comercio de Viena

Traducción: viento sur

* Este texto corresponde al capítulo 4 del libro colectivo Europe, alternatives démocratiques. Analyses et propositions de gauche, coordinado por Benjamin Bürbaumer, Alexis Cukier y Marlène Rosato (La Dispute, París, 2019).

Referencias

Álvarez, Ignacio; Luengo, Fernando y Uxò, Jorge (2013) Fracturas y crisis en Europa. Buenos Aires/Madrid: Clave Intelectual.

Bagnai, Alberto (2012) Il tramonto dell’euro. Como e perché la fine della moneta unica salverebbe democrazzia e benessere in Europa. Reggio Emilia: Inprimatur.

Becker, Joachim (2007) “Dollarisation in Latin America and Euroisation In Eastern Europe: Parallels and Differences”, en Joachim Becker y Rudy Weissenbacher (dir.), Dollarisation, Euroization and Financial Instability: Central and Eastern Europe berween Stagnation and Financial Crisis?Marburg: Metropolis.

Becker, Joachim y Jäger, Johannes (2009) “Die EU und die grosse Krise”, Prokla, 39, 4.

Becker, Joachim (2016) “La otra periferia de Europa”, New Left Review, nº 99, pp. 42-70.

Becker, Joachim y Jäger, Johannes (2010) “Development Trajectories and the Crisis in Europe”, Journal of Contemporary Central and Eastern Europe, 18, 1.

Becker, Joachim y Cetkovic, Predrag (2015) “Patterns of Financialisation in Sotheast European and Visegrad Countries”, en Dubravko Radosevic y Vladimir Cvijanovic (dir.), Financialisation and Financial Crisis in South-Eastern European Countries. Frankfurt: M. Peter Lang.

Dale, Gareth y Hardy, Jane (2011) “Conclusions: the ‘Crash’ in Central and Eastern Europe”, en Gareth Dale (dir.), First the Transition, then the Crash. Eastern Europe in the 2000s. Londres: Pluto.

Demirovic, Alex y Sablowski, Thomas (2012) “Finanzgetriebene Akkumulation und die Krise in Europa”, Prokla, 42, 1, p. 103.

Ducoudré, Bruno et al. (2016) “Bilan préliminaire du quinquennat de François Hollande”, OFCE, L´économie française 2017.

Durand, Cédric y Keucheyan, Razmig (2013) “Un césarisme bureaucratique” en Cédric Durand (dir.), En finir avec l’Europe. París: La Fabrique.

Fourkas, Vassulis K. (2012) “Insight Greece: The Origins of the Present Crisis”, Insight Turkey, 14, 2.

Frangakis, Marica “Europe’s financial system under pressure”, en John Grahl (dir.), Global Finance and Social Europe. Cheltenham: Edward Elgar.

Galgôczi, Bela (2017) “Why central and eastern Europe needs a pay rise”, End Working Paper 2017.01, Bruselas.

García, Manuel y Paz, María José (2018) “Spain’s external insertion. Peripheral or not?” en Luis Buendía y Ricard Molero-Simarro (dir.), The Political Economy of Contemporary Spain. From Miracle to Mirage. Londres y New York: Rourledge.

Greskovits, Béla (2015) “The years of enlargement and the forces of labour in Central and Eastern Europe”, Transfer, 21.

Jessop, Bob (2008) El futuro del Estado capitalista. Madrid: Los Libros de la Catarata.

Kouvelakis, Stathis (2016) “Ascenso y caída de Syriza”, New Left Review, n° 97, pp. 45-72.

Lapavitsas, Costas (2013) “L’euro en crise ou la logique perverse de la monnaie unique”, en Cédric Durand (dir.), op. cit.

López, Isidro y Rodríguez, Emmanuel (2010) Fin de ciclo. Financiarización, territorio y sociedad de propietarios en la onda larga del capitalismo hispano (1959-2010). Madrid: Traficantes de Sueños.

Louçã, Francisco (2018) “Der Euro dient der Unterwerfung der Schuldner”, Junge Welt, 23/07.

Louça, Francisco y Ferreira do Amaral, Joao (2014) A soluçao Novo Escudo. O que fazer no dia seguinte à saída de Portugal do euro. Alfragide: Lua de Papel.

Mateo, Juan Pablo y Montayà, Miguel (2018), “The accumulation model of the Spanish economy. Profitability, the real estate bubble, and sectoral imbalances”, en Luis Buendía y Ricardo Molero-Simarro (bajo la dirección de), The Political Economy of Contemporary Spain. From Miracle to Mirage. Londres y New York: Routledge.

Rodrigues, Joao; Cordeiro, Ana y Teles, Nuno (2016) A financeirizaçâo do capitalismo em Portugal. Lisboa: Actual.

Megale, Agostino y Cicala, Nicola (2013) Una buona finanza e la bache al servizio del Paese. Roma: Ediesse.

Principe, Catarina (2017) Anti-Austerity and the Politics of Toleration in Portugal. A way for the Radical Left to develop a transformative project. Berlín: 2017.

Stathakis, George (2010) “The fiscal crisis of the Greek economy”, Kurswechsel, 3.

Várhegyi (2017) “The Banks of the Mafia State”, en Bálint Magyar y Júlia Vásárhelyi (dir.), Twenty- Five Sides of a Post-Communist Mafia State. Budapest: CEU Press.

Varoufakis, Yanis (2017) Adults in the Room. My Battle with Europe’s Deep Establishment. Londres: Bodley Head.





Facebook Twitter Telegram RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons