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Rusia
Mujeres listas para la revolución
29/07/2019 | María Cruz Santos

1917 y llegó la revolución. Esa que llevaba tiempo anunciándose y que nadie se la esperaba en Rusia. E inmediatamente después toda una eclosión de novedades que pasmaban más allá de la organización social y política. ¿Era casualidad? ¿Fue casualidad las nuevas formas de la cultura y el arte? Yo no lo creo. Basta un leve repaso de los nombres más sobresalientes de principios del siglo XX para comprobar cuántos de ellos son rusos, artistas como Tatin o Kandinsky. Y escritores, los mejores del siglo XIX y casi todos comprometidos con movimientos que predicaban una forma u otra de socialismo, que buscaban una alternativa a la Rusia autocrática, como Turguenev o Tolstoi.

Y otro tanto ocurre con la lucha de las mujeres para acceder a sus plenos derechos y libertades. En aquel febrero-marzo de 1917 las mujeres estaban listas para hacer historia, para hacerla ellas, no para que se la hicieran. Todavía hace dos años, en la larga bibliografía que se editó para celebrar el centenario, encontramos la mención al hecho de que el inicio fuera justamente el día de la mujer trabajadora como algo casual y anecdótico. Una decisión repentina y festiva. ¿Qué iba a ser si no? Eran mujeres, seres frívolos e irreflexivos, algo simpático. No era cierto. Seguramente no sabían que iban a cambiar el rumbo de un país y de un siglo, ¿alguien podía predecirlo? Pero la huelga estaba preparada y bien preparada.

La primera vez que en Rusia se celebró el día de la mujer trabajadora fue en 1913. No muchas se añadieron al paro; un año después se insistió. 1915, ya estamos en guerra y ya son habituales las colas, las protestas de las soldatki y los insultos a Dios y al zar de que hablaba la orjana. A la altura de 1917 las condiciones de la vida cotidiana habían empeorado mucho y ese año las mujeres socialistas redoblaron su esfuerzo en las fábricas y en las clases que ya hacía muchos años que daban a las trabajadoras. Clases que aquí hubiéramos llamado de cultura general pero con final cargado de intencionalidad. No era fácil. Había mujeres policía que estaban presentes, algunas infiltradas, otras a cara descubierta y no se podía hablar con claridad.

Poco llevamos dicho y ya hemos visto que había mujeres bolcheviques que no eran ni Inessa Armand, ni Nadia Krupskaia ni Alexandra Kollontai. Y mujeres policías y obreras, muchas obreras. Ya en 1896, cuatro de cada diez obreros eran mujeres y la proporción continuará creciendo. De 1900 a 1901 el número de obreras creció en 12.000 mujeres al tiempo que los hombres empleados disminuía en 13.000. La proporción ya era de una mujer por cada tres obreros. La mayoría estaban empleadas en la industria textil, en los oficios de más baja cualificación. Eran prácticamente la totalidad de los obreros que trabajaba en las fábricas de tabaco. La otra ocupación mayoritaria era el servicio doméstico. Después de las huelgas de 1905 muchos empresarios cubrieron la mano de obra que necesitaban con mujeres porque decían que eran más sumisas y menos reivindicativas. Efectivamente ese es el concepto que se tiene de la mujer todavía hoy en día, algo que no coincide con la realidad.

Si repasamos aunque sea someramente los conflictos podemos constatar cómo la mujer rusa se rebeló con frecuencia en defensa de mejoras en su trabajo. Como ocurre a menudo, muchas veces las reivindicaciones no eran exclusivamente salariales. Es lo que encontramos en las fábricas de tabaco de San Petersburgo. Las condiciones de trabajo en esos establecimientos eran especialmente penosas. Las cigarreras (usaremos esta denominación a la que estamos más habituados aunque no sabemos si en algún momento llegó a emplearse en Rusia) pasaban las largas jornadas de trabajo en un ambiente húmedo (condiciones que no eran exclusivas de ese sector), respirando vapores químicos. La mayoría estaban enfermas. Ya en 1878 pararon todas las fábricas de tabaco de San Petersburgo. En 1895 volvieron a dejar el trabajo 1.500 cigarreras de la fábrica La ferme, también de San Petersburgo.

Y en toda la década de 1870-1880 las huelgas fueron habituales en las fábricas de tejidos, 176 se produjeron en ese tiempo y uno de cada cuatro trabajadores en paro fueron mujeres que pedían mejores condiciones al lado de sus compañeros y, además, igualdad en el trato porque, de media, su salario era la mitad del salario de los hombres. 1896 vio la primera huelga general de Rusia, alrededor de 250.000 trabajadores pararon y de éstos, una cuarta parte, más de 60.000, eran mujeres.

Con estos antecedentes se comprenderá perfectamente que al llegar 1905 la presencia de mujeres en todo tipo de protestas fuera normal. Hay palabras y fechas que al leerlas o al pronunciarlas nos evocan todo un mundo. 1905 es una de esas fechas. 1905 y el Domingo Sangriento, esa manifestación que, según se nos ha dicho, descubrió a los rusos que el Zar, su Zar, no era un padrecito… Y ahí nos quedamos, con la magnífica toma de Eisenstein de la escalinata en su película El Acorazado Potemkin. Grande Eisenstein pero la revolución no fue esa demostración pacífica y la carga despiadada que la disolvió. Eso es la parte más gráfica. La revolución continuó. Fueron meses de lucha y enfrentamientos hasta que Nicolás II decidió cambiar algo para que nada cambiara. En esas manifestaciones, en esos motines, ejecutando oficiales zaristas, ahí también encontramos a las mujeres. Mujeres que habían llegado del campo donde la liberación de los siervos en muchísimas ocasiones ha llevado al campesino a endeudarse, incapaz de pagar la indemnización por su libertad, y que no tenía más salida que la emigración, aunque fuera estacional. Fueron las mujeres quienes mayoritariamente abandonaron los pueblos y en la ciudad encontraron, a pesar de la dureza de la vida en la fábrica, más libertad e independencia. En la fábrica entraron en contacto con nuevas ideas que oían a sus compañeros y también porque en la fábrica aparecían otras mujeres decididas a que tuvieran acceso a algún tipo de formación y de información sobre cuáles eran sus derechos.

Hasta ahora nos hemos concentrado en esa mayoría de mujeres que formaban parte de la clase obrera. Antes de seguir un pequeño recordatorio: en la inmensidad de Rusia eran minoría porque en 1917 más de las tres cuartas partes de la población era campesina. Pero el cambio se inició en las ciudades y, sobre todo, en San Petersburgo.

En las ciudades el régimen autocrático y cerrado de los zares no había podido impedir la lenta entrada de ideas y corrientes que llegaban del oeste de Europa. Es posible que el hermetismo y la falta de libertad fueran la causa del nihilismo y el terrorismo que prendieron en Rusia con más fuerza que en cualquier otro sitio. Eran ideologías sin salida que contenían un importante contenido místico y, quizás por la educación femenina tan enfocada al sacrificio, también ahí hallamos muchas mujeres como Sofia Perovskaya que organizó el asesinato de Alejandro II en 1881. Alguna, como Vera Zasúlich, pasó del nihilismo y el terrorismo al marxismo, fundó el Grupo para la Emancipación del trabajo y, a principios de los ochenta, la encontramos carteándose con Marx. Zasúlich era una de las tres hijas de un noble arruinado y ejemplifica bien una aspecto de la evolución de las mujeres de clase media alta en la segunda mitad del siglo XIX.

Los cambios económicos llevaron a transformaciones sociales más allá del proletariado. La necesidad de funcionarios y personal de administración hizo crecer la clase media al mismo tiempo que abrió puertas a la ocupación de la mujer. Paradójicamente, en el país más atrasado de Europa y donde la mujer apenas tenía consideración pronto la formación y el estudio entraron a formar parte de las niñas rusas de clase media. Ya en 1860 los institutos de secundaria y las clases nocturnas se abrieron a las mujeres. Y en la década de los 80 el grupo de mujeres que estudiaban en la universidad era mucho más numeroso que en España y a principios de siglo eran habituales mujeres médico o en puestos administrativos. Por ejemplo, el censo electoral para la convocatoria de elecciones en 1905 lo hizo un equipo de mujeres donde solo el coordinador era hombre. Y recordemos que al principio se ha hablado de mujeres policía que se infiltraban en las clases dirigidas a las obreras. Estamos, pues ante una masa crítica de mujeres preparadas y con una formación académica no despreciable. Conviene detenerse en esa década de 1860 y remontarse a un momento anterior, la guerra de Crimea.

En Crimea, Rusia fue derrotada por el Imperio otomano en coalición con Gran Bretaña e Irlanda. Rusia, que se veía a sí misma como invencible y superior al resto de la Europa occidental, despertó de ese sueño. Se impuso la necesidad de reformas. Hacía ya tiempo que una parte de la sociedad reclamaba esas medidas fijándose en lo que pasaba en Europa. En los años 50 del siglo XIX, el desarrollo de la revolución de 1848 tenía un gran eco en Rusia, muchas veces para condenar en lo que acabó convirtiéndose, siempre como un modelo a aplicar en el Imperio Zarista. La principal reforma a acometer era la liberación de los siervos pero no fue la única.

El principal obstáculo para el desarrollo social e industrial de Rusia era la pervivencia del sistema de servidumbre y en él se focalizó la reforma y se centra todavía hoy la atención de historiadores y estudiosos. Los siervos se liberaron pero la reforma estuvo mal planteada y resuelta con desgana. La libertad era exclusivamente personal porque la tierra continuaba en las manos del señor que, además, había de ser resarcido por la pérdida que suponía liberar personas que antes eran suyas. La indemnización recayó en los antiguos siervos y la medida acabó siendo una carga para éstos. Para acceder a la tierra tenían que arrendársela al señor, procurarse casa, herramientas y animales, además de pagar el rescate y todo eso sin una línea de crédito asequible. Según avanzó el siglo muchos campesinos se proletarizaron de forma total o parcial, sobre todo aquellos cercanos a alguno de los polos industriales que por los mismos años se estaban creando. Muchas mujeres marcharon a la ciudad.

Aunque la liberación de los siervos fue la principal reforma, había otras que tendrían una trascendencia no menor como la reforma de la educación y de la universidad. Ahí aparecieron los centros para la educación de la mujer de los que hemos hablado. En cuanto a la universidad, los nuevos decretos ampliaron la base de los estudiantes que llegaban y por primera vez se vieron mujeres. No podían matricularse pero podían asistir como oyentes y su número fue significativo, tanto, que surgió la polémica sobre la conveniencia de su presencia y la Universidad de Moscú la prohibió. En San Petersburgo se las admitió y en la década de los 70 ya pudieron matricularse.

El decreto de liberalización había sido criticado por corrientes opuestas al régimen que defendían que el Estado se hiciera cargo del rescate. Eran corrientes que se formaban alrededor de escritores y periodistas. Estaban en contacto con cuanto ocurría en Europa y deploraban el final que había tenido la revolución de 1848. Buscaban nuevas formas de relación y de familia. Esta es la atmósfera que crea Chernichevski en su novela ¿Qué Hacer? Hay autores que le dan un papel protagonista a este relato en la lucha feminista rusa. Franco Venturi, considerado la mayor autoridad en el populismo ruso, no lo presenta así (Venturi, 1975: 431) Sin embargo en esa década de 1860 por primera vez se pedirá la emancipación de la mujer, lo hará Zaichnevski fundador de La Joven Rusia y autor de un manifiesto en el que reclamaba la emancipación de la mujer. Era 1862. Y lo mismo se consideraba en el programa que ese mismo año redactó Zemla y Volia, la primera. En él se decía que “la mujer debe disfrutar de los mismos derechos que el hombre” (Venturi, 1975: 515)

Antes de finalizar la década aparecieron los nihilistas, cuyo ideario y trabajo no casa demasiado bien con el concepto habitual que se le da a la palabra nihilismo. Los nihilistas diluían la liberación de la mujer en la liberación de la sociedad y consideraban que la revolución implicaría la libertad de la mujer. Aspecto que también era defendido por Bakunin. A partir de los años 70 del siglo XIX, la igualdad de derechos de la mujer desapareció de los programas revolucionarios.

En los últimos veinte años del siglo XIX la politización de la mujer rusa era intensa y apareció la división. Mujeres que consideraban que la lucha por su emancipación era paralela e independiente de la lucha por la igualdad de toda la sociedad y quienes consideraban que la libertad de la mujer y la lucha por los derechos sociales iban de la mano. Encontramos muchas mujeres en la fundación del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia y aún más en el origen del Partido Social-Revolucionario. Las primeras hicieron campaña para conseguir el sufragio y ser elegibles. Mientras, mujeres que no compartían el ideario socialista, defendían la igualdad de la mujer dentro de un sistema liberal y constitucional. Llegaron a formar un partido y en la Duma de 1906 no solo hubo representación femenina sino que también tuvo representación el Partido Progresista de las Mujeres, algo único en la Historia.

Entre las preocupaciones de las militantes de ambas formaciones (POSDR y PS-R) estuvo enseguida la de elevar el nivel cultural y de conciencia política y social de las mujeres trabajadoras. Desde bien temprano crearon las aulas de formación de las que hemos hablado al principio de este trabajo. Y, a pesar de la vigilancia a la que eran sometidas en sus clases, se las arreglaban para preparar huelgas, transmitir consignas y convocar movilizaciones. Acudiendo a los talleres y puertas de las fábricas para repartir impresos, con altos y bajos porque también sufrían la represión, con interrupciones pero aprovechando cualquier posibilidad sobre todo cuando la vigilancia se relajaba. Así se preparó el día de la mujer de 1917, con muchas mujeres, eseritas, mencheviques, anarquistas, bolcheviques…

A esas alturas, 1905, los bolcheviques ya se habían separado de los mencheviques y mantenían una actitud completamente enfrentada a las representantes del Partido Progresista de las Mujeres. Asimismo, consideraban banal y una pérdida de tiempo acudir a la Duma. Y esta es la política y la posición que se mantuvo a nivel oficial antes y después de la revolución; lo importante es la revolución social y ésta implicará necesariamente la liberación femenina. Con esa excusa casi todas las iniciativas que tuvieron lugar para organizar actos, simples actos, o secciones femeninas fracasaron estrepitosamente. Las que consideraron la necesidad de una política expresamente dirigida a la mujer incluso fueron víctimas de la burla de sus compañeros bolcheviques. Eso es lo que le ocurrió a Kollontai en 1905. Cuando quisieron reunirse en los clubs de trabajadores que fueron permitidos después de la revolución de 1905 y las reuniones y actividades que se programaban en los mismos iban dirigidos a las mujeres, se veían postergadas a favor de actos organizados por los dirigentes varones. Los bolcheviques solo cambiaron su actitud después de que las reuniones de la Unión por la Igualdad de la Mujer tuvieran un éxito remarcable. Finalmente, en 1907, se consiguió la creación del Club Femenino para la Ayuda Mutua. No obstante, pronto tuvo que cerrar ante las críticas y trabas que muchos bolcheviques pusieron a su continuidad.

Y no es que la contribución de las compañeras fuera despreciable. La opinión que en general se tiene y se ha tenido de la fragilidad de la mujer ha facilitado que no sea objeto de la misma vigilancia política que los hombres en épocas de clandestinidad. Esto también sirve para la Rusia zarista. No obstante, sufrieron el exilio y el destierro igual que los hombres. Por ejemplo, en París en 1914 había la misma cantidad de exiliados bolcheviques que de exiliadas. Precisamente en París, Kollontai volvió a intentar convocar reuniones enfocadas exclusivamente a las mujeres con el mismo resultado que el que había habido en Rusia pocos años antes: no eran pertinentes.

Primer Congreso de Todas las Mujeres Rusas

En 1908 se convocó el Primer Congreso de Mujeres de toda las Rusia. La convocatoria la realizaron mujeres burguesas y se dirigió tanto a aquellas que estaban en organizaciones de caridad como a aquellas que habían estado involucradas en la Unión de las Mujeres para la igualdad. De forma significativa, se excluyó a las organizaciones que agrupaban a criadas y lavanderas. A pesar de ello, algunas trabajadoras decidieron asistir y se prepararon la intervención, entre ellas Alexandra Kollontai.

El día anterior a la apertura del Congreso, las mujeres obreras inscritas en el certamen recibieron la visita de las organizadoras pidiéndoles que no acudieran. No obedecieron y participaron en el debate de los puntos del orden del día al tiempo que de los asientos que ocupaban sus compañeras surgían gritos y observaciones con el reproche “¿Qué sabéis vosotras de nuestra vida?” El primer día acabó en un caos y al día siguiente las asistentes tuvieron que pasar por en medio de la policía y sufrir que las cachearan.

También habló Alejandra Kollontai, quien estableció la diferencia entre las feministas y las trabajadoras como algo insalvable porque, según Kollontai, el feminismo no cuestionaba el sistema mientras que la revolución social iba dirigida a la transmutación integral de la sociedad. Hasta 1918, ya en época soviética, no volvió a reunirse un congreso de y sobre la mujer, el Primer Congreso de las Mujeres Trabajadoras de Rusia.

Prensa y propaganda escrita

Más éxito tuvieron con la prensa. En 1900 ya apareció una publicación especialmente dirigida a la mujer trabajadora, Iskra, (La chispa), periódico que tomaba el nombre de otro que se publicó por los populistas en 1861 (Venturi, 1976: 533) publicada en Ginebra y distribuida clandestinamente en Rusia. Tuvo el mérito de estimular la participación de las obreras, que empezaron a explicar sus experiencias en las fábricas en colaboraciones espontáneas. Después de 1905, la actividad aumentó. Apareció la conocida Rabotnisa, que no se publicó hasta 1914, solo después de que se hubiera celebrado el primer Día de la mujer en Rusia, en 1913, y que Pravda hubiese dedicado un número especial a la mujer con motivo de dicha celebración

Conclusiones

Y a pesar de todo lo aquí dicho, el Partido Bolchevique era el único que llevaba la liberación de la mujer como un objetivo en su programa. Después de 1918 los derechos y libertades que alcanzó la mujer rusa no tenían parangón en ningún otro país. La institución del Zhenotdel 1/ fue fundamental en la transformación y mejora de la vida cotidiana de mujeres y niños. ¿Cuál fue su alcance real? La enorme extensión de Rusia, la tozudez con que las tradiciones y costumbres se resisten a ser modificadas, me hace pensar en sus limitaciones. Algunos de los proyectos que en algún momento se plantearon, sobre todo por Kollontai, no encontraron la simpatía ni siquiera de sus propias compañeras de lucha. El Zhenotdel recogía el espíritu y el ambiente creado por Chernivschevski en ¿Qué hacer? No buscaba solamente dar respuesta a necesidades femeninas. Los jóvenes se reunían y discutían de nuevas formas de organización de la sociedad, de nuevas formas de familia, de sexualidad, de libertad personal más allá de la propiedad de los medios de producción. De relaciones en libertad. Encontró muy poco apoyo en una mayoría de bolcheviques. Sus propuestas de una socialización de la familia y otras formas de organización, no fue entendida ni por las mismas mujeres bolcheviques, sin duda también traspasadas por la educación tradicional más de lo que es correcto y conveniente admitir. La existencia del Zhenotdel se sustentaba en un buen porcentaje en la voluntad expresa de Lenin. La desaparición de éste llevó a una muerte lenta del organismo y además al retroceso de muchos de los logros a favor de las mujeres.

Pocos nombres de heroínas he incluido, aunque haberlas, haylas. No se hace la transformación de sistema con nombres sino con la voluntad de muchos hombres (perdón, personas) que lo deseen y estén dispuestos a conseguirlo. En 1917, las mujeres rusas, las mujeres trabajadoras, eran mujeres revolucionarias que habían luchado y conquistado cada uno de los derechos que les fueron reconocidos. Sabían luchar y sabían organizarse, y habían pagado con la represión, su libertad en la misma medida que lo habían hecho los hombres. No se les dio nada porque era suyo por derecho propio. En todo caso, les volvieron a quitar los derechos conseguidos porque en 1917 estaban listas, perfectamente listas para la revolución.

27/07/2019

María Cruz Santos es historiadora.

Notas:

1/ Departamento de Mujeres Trabajadoras y Mujeres Campesinas del Partido Bolchevique de la Rusia Soviética, creado en 1919 por Aleksandra Kolontái e Inessa Armand. (nde)

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