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Debates
La apuesta estratégica europea
02/07/2019 | Catherine Samary - Costas Lapavitsas

La proximidad de las elecciones europeas impulsó la producción de varias obras colectivas que compartían una óptica anticapitalista e internacionalista así como una caracterización radicalmente crítica de la UE: es el caso del libro publicado por Attac-Copernic 1/, como el del Colectivo “Chapitre 2” 2/ que fueron objeto de una presentación cruzada en Paris el 13 de mayo 3/. Como lo es el de la compilación de Europa alternativas democráticas, Analyses et propositions de gauche 4/. Todos defienden la idea –basada fundamentalmente en la experiencia de Syriza- de que una política progresista implica una confrontación y una ruptura necesarias con los tratados y políticas dominantes.

Ahora mismo, esta base común -que se omite a menudo – no implica elaboraciones e intercambios, dentro de los diversos colectivos o entre ellos, de un análisis consensuado de la historia, de las crisis y de las contradicciones de esta construcción europea y del capitalismo globalizado post 1989 en el que se inscribe. Se trata de elaboraciones parciales, pero asociadas a experiencias de resistencia y planteando preguntas legítimas: son productiva y, a su vez, expresan la urgente necesidad de salir de un anticapitalismo abstracto así como la voluntad de superar una verdadera crisis estratégica del movimiento antiglobalización –puesto de manifiesto tanto en el fracaso de Syriza como frente al Brexit en la víspera de las elecciones europeas.

A estas tareas urgentes contribuye el libro Europe, alternatives démocratiques, Analyses et propositions de gauche, coordinada por Benjamin Bürbaumer, Alexis Cukier y Marlene Rosato, que se inscribe en el movimiento del Manifeste pour un nouvel internacionalisme des peuples d’Europe 5/. El conjunto de las contribuciones que reúne se reparten en tres grandes apartados: el primero titulado “La crisis de la Unión europea”, introduce los grandes desafíos estratégicos a los que se enfrenta la izquierda de transformación social 6/. El segundo ("Unión económica y monetaria") versa principalmente sobre las desigualdades estructurales entre países del centro y las diversas periferias de este conjunto 7/.El tercero, “Deuda, euro, empleo”, presenta ejemplos significativos de las luchas nacionales (Francia, España, Grecia) alrededor de estos importantes desafíos 8/. El epílogo, “¿Qué hacer en Europa? Propuestas de izquierda", salió de un coloquio organizado en 2017 por la red EReNSEP (European Research Network on Social and Economic Policy) de Francia.

La introducción de los tres autores que coordinan el libro [Benjamin Burbaümer, Alexis Cukier y Marlène Rosato] destaca la línea general abierta a diversas hipótesis de escenarios: “La ruptura con la Unión Europea (y en primer lugar, con lo que constituye su núcleo, la Unión económica y monetaria) es […] un momento inevitable de una política de izquierda que aspira a la satisfacción de los derechos fundamentales de las personas, pero debe estar estrechamente vinculada a la construcción de una federación solidaria entre los Estados europeos al servicio de los intereses populares”. Esta segunda parte de la frase (sobre el proyecto europeo) no se reproduce en la contraportada, que conserva aquello que suscita el mayor consenso (la ruptura con la UE) en la diversidad de situaciones y sensibilidades expresadas en la obra. En cualquier caso, la introducción a la recopilación no elude la dificultad de concretar un proyecto europeo alternativo: “sería ilusorio, por supuesto, creer que semejante federación popular y solidaria podría crearse de un día para otro “(pág. 26). Los tres autores invitan a reflexionar sobre los escenario (¿etapas?) que puedan darse y presentan el “recorrido de la obra”.

Más que seguir paso a paso y en toda la riqueza a cada una de las contribuciones y las tres partes citadas -lo que sobrepasaría los límites de esta recensión- intentaré dar cuenta de sus aportaciones y de los planteamientos que puedan estimular, en el plano analítico y estratégico, de forma temática tal como están articulados según los argumentarios propuestos.

  1. Desarrollo desigual, relaciones entre centro(s)/periferias y relaciones sociales de la UE

El texto de Joachim Becker (que introduce las segunda parte centrada en las desigualdades de la Unión Económica y Monetaria, pág. 93) critica las ilusiones de una parte de la izquierda en la posibilidad de “transformar profundamente la Unión Europea desde dentro”. Asocia este enfoque con lo que caracteriza como un “keynesianismo de izquierda europeísta”. Considera que los partidarios de este enfoque se basan en una “estrategia de creación de la unidad de las clases subalternas en Europa a través de luchas comunes”. Según Becker, “las representaciones de quienes defienden esta posición sobrestiman las posibilidades de una movilización común en la medida en que subestiman la amplitud del desarrollo desigual en la Unión Europea”. Su error estaría reforzado porque estas corrientes “abordan de forma insuficiente el significado central del régimen monetario” de la Unión para la “cristalización de relaciones sociales y de un modelo de desarrollo desigual”. Dicho en otras palabras, destaca Becker, los “regímenes de acumulación en la Unión Europea en estos veinte o treinta últimos años no pueden caracterizarse únicamente como dirigidos por las finanzas”.

Evidentemente, los efectos desiguales específicos de una moneda única impuesta a un conjunto de Estados con niveles de desarrollo y estructuras heterogéneas, unido a la competencia del mercado son recordados en varios textos, y son ampliamente reconocidos. Pero también se combinan con relaciones centro/periferia específicas. A menudo, se habla de ellas omitiendo integrar en el análisis las diferencias entre periferias (dentro de la UE) del Este y del Sur, lo que es extraordinariamente importante. Los tres artículos de esta parte, por el contrario, y es una ventaja de este libro, sí los tienen en cuenta. Aún estamos lejos de una visión que integre plenamente y de forma coherente los contextos, las fases y discontinuidades de la construcción europea, de la CEE a la UE, antes y después del giro internacional (y continental) de 1989 9/. Sin embargo, lejos de enfoques simplificadores de una unión simplemente dominada por el capitalismo financiero, la obra se esfuerza en estimular un análisis histórico concreto. El que impone la unificación alemana y sus efectos sobre el proyecto europeo. Este elemento está muy presente, justamente, en el texto de Becker o el de Lapavitsas, lo que contribuye a los debates necesarios.

Así pues, ¿qué análisis emerge de esta construcción tan desigual? Por una parte, Costas Lapavitsas y Joachim Becker recuerdan acertadamente los ataques frontales sufridos por los trabajadores y trabajadoras alemanes, que se tradujeron en un descenso de las prestaciones sociales y salariales, superiores a las sufridas en otras partes de la UE. Analizan de qué forma esto revelaba una estrategia de producción y de exportación aprovechando así las relaciones de dependencia de los nuevos países vecinos del Este y el euro. Pero, por una parte, como se ha visto más arriba al citar a Becker, este argumento no se utiliza para una estrategia basada en la creación de alianzas de las clases subalternas en la UE. Tampoco se destaca que estas opciones específicas de la política alemana (y los excedentes comerciales alemanes frente a los déficits de otros países), principal fuente de inestabilidad en la UE, giran alrededor de la propia Alemania. Además para Costas Lapavitsas, la Unión económica y monetaria funciona en la práctica como un “mecanismo de dominación económica al servicio del capitalismo industrial alemán basado en la contención de los salarios de la clase trabajadora alemana” (…) “que ella misma permitió la hegemonía económica de Alemania sobre el resto de Europa”. Precisando que, a su modo de ver, se ha producido un giro después de la crisis: “Alemania ha llegado a tomar totalmente el control de la crisis y sus respuestas en Europa subordinando las fuerzas del centro de la Unión Europea a su voluntad y consolidando su posición de dominación sobre la periferia”.

Sin embargo, por una parte, en la crisis griega (como lo recuerda Becker), el ministro alemán de finanzas Wolfgang Schaüble era favorable a una salida de Grecia de la zona euro –Hollande también presentaba en esa época, la renuncia a este escenario como un éxito, de acuerdo con la orientación de Varoufakis (y con las aspiraciones populares en Grecia hostiles a una salida del euro). Por otra parte, desde la perspectiva monetaria, la política absolutamente no convencional del BCE “estuvo en conflicto abierto con los responsables del Bundesbank: las decisiones del BCE chocaban constantemente con las posiciones del Bundesbank. Desde septiembre de 2011, Jürgen Stark, miembro alemán de la dirección del BCE y su economista jefe, prefiere dimitir antes que asumir estas decisiones. Igualmente, Jens Weidmann, gobernador del Bundesbank, se opuso constantemente a las opciones contrarias a la ortodoxia monetaria que defendía” 10/.

Finalmente, ¿dónde está el centro de esta Unión? ¿Está concentrado en Alemania, que habría llegado a subordinar a sus dictados a las otras potencias del centro histórico de los países fundadores de la CEE? ¿Italia esta en el centro o entre los PIGS 11/? ¿Y dónde situamos a Francia? En el plano político, a la luz de los procesos de decisión y de alianza en los momentos claves, la noción de eje franco-alemán es la más pertinente, no sin conflictos y contradicciones concretas y sin posibilidad de imponer una estabilidad en las relaciones de la UE. Pero en el plano socioeconómico, en muchos gráficos, Francia ocupa una posición media entre la periferia del Sur y Alemania/Holanda/Bélgica. Globalmente, la conceptualización centro/periferia contiene muchas confusiones e insuficiencias, incluso si abarca una parte real de los crecientes poderes de los órganos no elegidos de la UE y del informal Eurogrupo. Pero la ofensiva capitalista de los años de 1980, radicalizada después de 1989 y su escenario específico en Europa, se debe analizar en su novedad histórica; si de entrada, en los países capitalistas dominantes, en Estados Unidos y en la CEE convertida en UE, se trató de destruir los beneficios sociales y sus propias clases subalternas, salidos de la fase anterior y de los conflictos entre sistemas: la que comenzó con la destrucción del New Deal en Estados Unidos y el “TINA” (There is no alternative) antisocial y antidemocrático de Margaret Thatcher, se extendió en Alemania después de la unificación y a favor del importante deterioro de las relaciones de fuerza entre clases asociada a la restauración capitalista en el Este (y en China). Como recuerda Éric Toussaint en su texto, la duración de los ataques contra la población griega por parte del Eurogrupo expresaba el miedo al contagio (por tanto, la fragilidad y la falta de legitimidad de las políticas dominantes) y la voluntad de consolidarlas y extenderlas, como lo vemos en Francia. No obstante, la noción de centro/periferia no expresa bien esta realidad.

En otras palabras, existe una periferia social y política en los países del centro, en las diferentes periferias de la Unión: son realidades de clase concretas. Están intrínsecamente combinadas con cuestiones nacionales en sentido amplio, que cualquier orientación internacionalista y a favor de otro proyecto europeo debe hacer frente, combinándolas con los desafíos sociales. ¿No hay que buscar ahí el eslabón débil estratégico de esta Unión?¿No debe construirse en la alianza entre las fuerzas sociales y políticas antiglobalización de algunos países miembros -pero situados en el centro y en dos periferias de esta Unión (imaginemos: Francia, Estado español, Portugal, Alemania y Eslovenia)? ¿No hay que prolongar las diez propuestas expresadas por Éric Toussaint, y los ejemplos suministrados en la tercera parte del libro para proyectos de alianza entre las ciudades rebeldes del máximo número de países, abiertas a migrantes y poniendo en práctica políticas alternativas? ¿O mediante campañas a favor de un fondo público de inversión para crear empleos que respondan a las exigencias de la transición ecológica basados en los derechos sociales y controles democráticos? ¿O incluso una auditoría pública europea sobre la amenazadora fragilidad del sistema bancario europeo y sus créditos tóxicos que infestan las colectividades públicas y los hogares? En fin, ¿ por qué estar tan poco convencido que una incursión progresista en un país como Francia desobedeciendo las políticas dominantes en nombre de objetivos sociales, ecológicos y democráticos que hablen a todos los pueblos (y no en nombre de una voluntad de “soberanía nacional” arrogante) tendría un poder de deslegitimación y de parálisis de esta Unión en provecho de un proceso constituyente democrático 12/?

¿Qué internacionalismo del 99%?

Se sabe, al contrario de las visiones reduccionistas del marxismo, que los proletarios no son solo hombres, blancos, ateos, heterosexuales y sin conciencia nacional; y Benjamin Bürnbaumer tiene razón al recordar que esta no implica necesariamente un nacionalismo en sentido chovinista. El capitalismo del siglo XXI confirma también que las clases subalternas pueden ser, con o sin empleo pagado, pequeños productores de bienes y servicios en las ciudades; a veces, dotados de un estatus de “trabajadores independientes”, o pequeños campesinos (hoy organizados en Vía Campesina a escala internacional). ¿Qué internacionalismo corresponde a estas poblaciones subalternas y ese 99% frente al internacionalismo del capital y del 1%?

Becker recuerda que una parte de la izquierda europea legitima una estrategia de lucha dentro de la UE como internacionalista; es decir, concebida para defender los intereses de clase. Pero todas las instituciones del capitalismo incorporan semejante carácter y tienden a acentuarla en el contexto de las políticas ordoliberales. El Estado-nación francés -y sus representaciones – no está abierta a las clases subalternas y a las luchas progresistas a las que criminaliza cada vez más. ¿Por qué las luchas sociales y económicas no podrían desarrollarse en/contra y fuera de la UE 13/? Importantes movilizaciones fueron capaces de bloquear el antiguo TAFTA (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones) y en el plano europeo, se despliegan contra las multinacionales y sus ataques a los derechos de los pueblos y del medioambiente. La idea de que se puede resistir a las imposiciones y que se puede desobedecer no hace más que ampliarse. ¿Por qué, en sentido amplio, un internacionalismo proletario no podría defenderse mas que saliendo previamente de la UEM o de la UE y cuando las poblaciones de esta Unión están sometidas a las mismas instituciones y tratados? Aunque no exista una burguesía europea unificada -ni capacidad del capital para estabilizar la construcción capitalista europea–, no obstante, existe una construcción institucional ordoliberal burguesa, que incluso el Brexit está lejos de haber destruido, cuyo poder de interferencia hay que impedir y deslegitimar – que contrasta con la percepción popular (especialmente entre la juventud) de que es a esta escala que sería creíble otra lógica económica, social, ecológica y solidaria con los pueblos del resto del mundo.

¿Qué internacionalismo hay que oponer al internacionalismo del capital y a sus relaciones de opresión y de dominación? Para concluir, quisiera insistir sobre las respuestas que aporta Josep Maria Antentas en el libro. Se interroga sobre “el internacionalismo del 99%" en el contexto del pasado y del presente de la globalización capitalista. Lo que exige, en primer lugar, “superar cualquier eurocentrismo” y “asumir la definitiva desprovincialización de Europa en el contexto mundial”. Destaca cómo la globalización provoca una nueva jerarquización de los Estados” y “una contradicción flagrante entre democracia y capitalismo”. De ahí la centralidad de la “pulsión de democracia real ya que hay que llevar hasta el final”. Sin embargo, añade “la estrategia de ruptura con la Unión Europea del capital no puede quedar estancada a una retórica de recuperación de la soberanía nacional”. Más bien, debe “relacionarse en un programa de transición hacia un modelo y una perspectiva de internacionalización de la lucha de clases”. Al hacerlo, es necesario “realizar algunos desplazamientos internos en el concepto de soberanía” (subrayado en el texto), que “no puede definirse en términos exclusivamente nacionales, sin relacionar soberanía nacional con soberanía popular ("abarcando todas las dimensiones de la vida social y estando en íntima conexión con la lucha contra toda forma de opresión y explotación”). Señala en este pasaje, cómo “el movimiento campesino y su concepto de soberanía alimentaria constituyen “ejemplos de ampliación del concepto”. Además, dice, hay que “articular la soberanía política formal con la soberanía real en relación al capital financiero” ¿a qué escala?

Josep Maria Antentas se opone a cualquier funcionamiento por etapas así como a cualquier jerarquización entre lo local, lo nacional-estatal, lo continental y lo global, en la lucha y el pensamiento estratégico anticapitalistas, tomando prestadas de Daniel Bensaïd la fórmula y la dialéctica de una “escala móvil de los espacios”. Al explicitar las tensiones que atraviesan la izquierda frente a los desafíos europeos, destaca: “el problema de fondo” en el plano estratégico es que, de una parte, “aquellas corrientes que más han insistido desde la izquierda en la ruptura con la Unión Europea y el euro, son las que más han tendido a privilegiar la arena de la lucha nacional-estatal”; y, de otra parte, “las corrientes que más han enfatizado la necesidad de la acción internacional coordinada han tendido a formular una crítica mas vaga a la lógica de la UE”. En consecuencia, “el altereuropeísmo corre el riesgo de fusionarse con posiciones de reforma de la UE y las propuestas de quiebra de la UE con posiciones de repliegue nacional”. Frente a este doble riesgo, es esencial elaborar una “estrategia de ruptura internacionalista con la Unión Europea que defienda la necesidad de proyectos de cooperación entre Estados y, en lo que concierne a los movimientos, intentar construir una espacio europeo de lucha, un pueblo europeo de las luchas… firmemente opuesto a la Unión Europea y sus políticas. Todo proyecto de destrucción de la UE no debe suponer un retraimiento estratégico del terreno de lucha en el Estado-nación, sino reforzar la acción internacional. Destruir la UE del capital precisa una mayor y mejor internacionalización de las luchas”.

Esperemos que la izquierda transformadora social (política, sindical, asociativa) se encargue de la construcción de semejante espacio socio-político en el que las tácticas adaptadas a situaciones heterogéneas y la desincronización de las luchas salgan de su aislamiento, pensadas y articuladas permanentemente en un proyecto común y donde un espacio de espacios como el Altersummit o el Observatorio de las luchas (como el proyecto Attac) visibilicen todas la campañas autónomas. La aportación de este libro -y de la red de la que emana- es estimular reflexiones de este tipo.

21/05/2019

https://france.attac.org/nos-publications/les-possibles/numero-20-printemps-2019/debats/article/l-enjeu-strategique-europeen-debats-necessaires-et-possibles-depassements-de#nb10

Notas:

1/ Attac-Fondation Copernic, Cette Europe malade du néo-libéralisme. L’urgence de désobéir. Les Liens qui Libèrent, 2019, coordinado por Pierre Khalfa, Dominique Plihon, Jacques Rigaudiat et Aurélie Trouvé.

2/ Aurélien Bernier, Morvan Burel, Clément Caudron, Christophe Ventura, Frédéric Viale, La Gauche à l’épreuve de l’Union européenne, Éditions du croquant, 2019.

3/ Pierre Khalfa y Aurélie Trouvé para el primero, Morvan Burel y Christophe Ventura para el segundo presentaron estas obras después de una introducción del periodista especializado en izquierdas europeas, Fabien Escalona, el 13 de mayo en el CICP, 21ter rue Voltaire, Paris 11e.

4/ Coordinada por Benjamin Bürbaumer, Alexis Cukier et Marlène Sosato, miembros de la red EReNSEP (European Research Network on Social and Economic Policy), La Dispute, 2019.

5/ Emana de un proceso de discusión “ Recommons Europe” impulsado por EReNSEP, el CADTM y el sindicato vasco ELA, en el que me inscribí y al que contribuyeron varios autoras y autores de la primera recopilación reseñada aquí (“Europe alternatives”). Se puede leer y también la lista de sus firmantes de varios países europeos.

6/ Con las contribuciones de Éric Toussaint (portavoz internacional del CADTM y coordinador científico de la auditoría sobre la deuda griega), Josep Marie Antentas (militante e investigador de izquierda radical en Barcelona) y Benjamin Bürbaumer (uno de los coeditores EreNSEP de la obra).

7/ Son analizadas por los investigadores Joachim Becker (Austria), Costas Lapavitsas (R-U), Ana Podvršić (Eslovenia).

8/ Con “sobre la deuda pública en Francia” la experiencia y las propuestas de Patrick Saurin (sindicalista en Sus Solidaires y miembro de CADTM), sobre empleo, el euro y la crisis en España, el análisis de los investigadores Pablo Cotarelo y Segi Cutillas y un extracto del texto de 2015 de Heine Flassbeck (Hamburgo) y Costas Lapavitsas para un “programa de rescate social y nacional para Grecia”.

9/ Las diferentes fases y contextos de las relaciones de los países del Sur en la CEE (en el contexto del mundo “bipolar” anterior a 1989), después en la UE y el giro de las restauración capitalista en el Este no se aclaran con precisión en los dos primeros textos de esta parte (con sus diferentes opciones presupuestarias). El texto de Ana Podvršić por el contrario, aporta de manera más clara una presentación crítica de los indicadores utilizados generalmente sobre el “crecimiento” y la “productividad” detrás de la “desindustrialización” y de las nuevas periferias asociadas a la restauración capitalista en Europa Central Y Oriental.

10/ Cf. Attac-Fondation Copernic, Cette Europe malade de néo-libéralisme, p.81”.

11/ Acrónimo poco elogioso que engloba a los países más frágiles frente a la crisis: Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España.

12/ Es muy interesante que la obra La Gauche à l’épreuve de l’Union européenne, citada en la nota 2, contempla en su última parte de manera muy creíble tal escenario – mientras que despliega una crítica radica a la UE y sus yugos jurídicos.

13/ CF. especialmente, “Pas une sortie de gauche de l’UE sans une outre Europe debout-dans/contre/hors de l’UE”

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Un centro y dos periferias: las consecuencias de la hegemonía alemana en la Unión económica y monetaria1

Costas Lapavitsas

Durante la crisis de la zona euro, gran parte de la izquierda europea, a veces en nombre del internacionalismo, se declaró partidaria de mantenerse en la Unión económica y monetaria (UEM) y en la Unión Europea (UE), intentando desarrollar alianzas políticas amplias contra la austeridad y el neoliberalismo. Sin embargo, la UEM funciona en la práctica como un mecanismo de dominación económica al servicio del capitalismo industrial alemán, que a su vez se basa en la compresión de los salarios de los trabajadores y trabajadoras alemanes. La crisis de la zona euro ha dado lugar a un reforzamiento de la división económica, entre un centro de Europa inestable y dominado por Alemania, una periferia del Sur de Europa desprovista de perspectivas de crecimiento, y una periferia del Este de Europa 14/ dependiente de la industria alemana. Frente a esta cruda realidad, una estrategia de izquierdas, basada en la lucha de clases, debe incluir el rechazo de la UEM, la confrontación con la UE y la exigencia de soberanía popular. Es lo único que permitiría constituir la base de un verdadero internacionalismo en Europa.

Los dilemas políticos de la izquierda después de la crisis del euro

La crisis de la zona euro se desencadenó en 2010, tras la gran recesión de 2007-2009. Formó parte del hundimiento de las finanzas y de la producción, expresando las contradicciones de la financiarización y de las políticas económicas neoliberales desarrolladas durante este período de recesión a nivel global. Pero en Europa la crisis fue particularmente virulenta y duró un periodo considerable al haber estado determinada por las relaciones específicas de clases y por la rígida jerarquía de los países miembros de la UEM. En este sentido, el factor más importante fue la dominación económica, en Alemania, del capital industrial sobre las y los trabajadores, que permitió la hegemonía económica de Alemania sobre el resto de Europa.

A finales de los años 1990 y comienzo de 2000, el capital atacó duramente a la clase trabajadora en Alemania, debilitando sus estructuras corporativas y relegándola a una posición política claramente subordinada. El camino se abrió con un largo periodo de estancamiento de los salarios y de recortes en los gastos sociales en Alemania. En el marco de la UEM, este cambio de relación de fuerzas entre las clases permitió a la industria exportadora alemana reafirmar su supremacía en términos de competitividad en el conjunto del espacio europeo. Durante el mismo período, el capital industrial alemán realizó muchas y muy importantes inversiones directas en el extranjero, sobre todo en los países vecinos que fueron miembros del bloque del Este. La emergencia de estas cadenas logísticas [supply chains] contribuyó a su vez al crecimiento de la competitividad y de la supremacía comercial de Alemania.

Esta hegemonía del capital industrial alemán preparó el terreno para la construcción de nuevas formas políticas y de nuevos acuerdos institucionales en la UE, que permitían traducir esta primacía económica en una dominación política. El momento decisivo de esta evolución fue el predominio de Alemania respecto a sus otros socios europeos en la determinación de las respuesta de la UE a la crisis económica. Esto fue posible por su posición de primer acreedor en Europa, basado en la realización de enormes excedentes comerciales durante el período anterior. De ese modo, Alemania pudo obligar a los países deudores de la periferia de la UEM, en particular Grecia, a aceptar asfixiantes políticas de austeridad y de liberalización, a cambio de un rescate monetario. También impuso cambios en la UE, institucionalizando la austeridad y el neoliberalismo en países del centro, como Italia y Francia.

Se puede decir que en 2017 Alemania tomó el control pleno de la crisis y de sus respuestas en Europa, subordinando a su voluntad a las fuerzas del centro de la UE y consolidando su posición dominante sobre la periferia. Lejos de establecer una cooperación y permitir la convergencia, el nuevo orden europeo expresa esta dominación política y produce desigualdad económica. El centro incluye a Alemania, Francia, Países Bajos, Italia y otros países, pero su eje económico es desde luego el complejo industrial de la industria exportadora alemana, y en primer lugar la industria del automóvil, productos químicos y máquina herramienta. En relación con este centro, existen al menos dos periferias, que hay que diferenciar. Por un lado, la periferia del Sur de Europa, esto es, España, Portugal y Grecia, que han sido las primeras en sufrir la crisis y cuyas capacidades industriales son débiles, con una alta tasa de desempleo. Por otro, la periferia del Este de Europa, que incluye a Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia y Hungría, que ha jugado un papel crucial en la creación del complejo industrial alemán y que ha seguido una trayectoria diferente, tanto desde un punto de vista económico como político.

Esta nueva situación constituye un enorme desafío histórico para la izquierda en Europa, en la medida en que ha estado completamente dividida en lo que se refiere a la UEM y la UE. La corriente dominante no ha querido reconocer que la crisis de la zona euro y el régimen de austeridad y de liberalización que ha resultado de ello han sido inducidos por una UEM bajo dominación alemana. Esta corriente ve más bien estos procesos como la expresión de la hegemonía ideológica del neoliberalismo, que lleva a una mala distribución de los recursos y a una débil demanda económica y que expresa los intentos de los gobiernos nacionales para salir de la situación con ventaja para el capital y en detrimento del trabajo. La conclusión lógica es que la izquierda debería llevar a cabo de forma prioritaria una contraofensiva frente a la ideología neoliberal, luchando por medidas que permitan reforzar al trabajo contra el capital en cada país, a la vez que facilitando la unidad transnacional.

En esta perspectiva, la UEM y la UE son consideradas, en el fondo, como un terreno entre otros donde se debe llevar a cabo la lucha política. En vez de constituir características inherentes al funcionamiento de estas instituciones, las políticas neoliberales dirigidas contra la clase obrera serían el reflejo de las relación de fuerzas, en particular en países cruciales como Alemania y Francia. Por ello, los llamamientos a salirse de la UEM o a su desmantelamiento no sólo no tendrían sentido, sino que además podrían abrir la vía a un reforzamiento de las fuerzas nacionalistas y autoritarias. Por tanto, la conclusión política es que la izquierda debería orientarse a extirpar el neoliberalismo de los mecanismos de la UEM y de la UE, para que éstas puedan promover la solidaridad entre las y los trabajadores europeos. En definitiva, para esta corriente dominante de la izquierda en Europa, no hay duda alguna de que la UEM y la UE deben ser defendidos en nombre del internacionalismo, aunque criticando sus actuales orientaciones neoliberales.

Sin embargo, esta perspectiva dominante desconoce por completo el papel de la UEM y de las instituciones europeas asociadas en la configuración del capitalismo en Europa. La UEM no constituye un conjunto neutro de instancias, instituciones y prácticas que, potencialmente, podrían ser puestas al servicio de cualquier fuerza, partido o gobierno, y de cualquier objetivo sociopolítico apoyado en una adecuada relación de fuerzas. Desde el inicio, sus instituciones han sido estructuradas al servicio del capital y contra el trabajo. Y aún más, sus instituciones se han ido haciendo indisociables del mantenimiento de las ventajas económicas, y por tanto de los objetivos internacionales, de una clase dominante particular, el capitalismo alemán, y en primer lugar el capitalismo industrial orientado a la exportación. Así, la UEM se ha vuelto el garante de una jerarquía internacional entre las economías de los países miembros de la UE. Esta jerarquía está vinculada principalmente a la dominación de Alemania, tanto sobre las otras economías del centro como sobre las de las periferias. A causa de sus instituciones, sus normas y su funcionamiento, la UEM ha permitido a Alemania adquirir un considerable predominio en materia de competitividad, una balanza comercial con enormes excedentes, y una posición privilegiada como acreedor por excelencia. Sobre esta base, Alemania se ha convertido en la nación dominante en el seno de la UE y en la fuerza hegemónica en Europa.

Hay que insistir en un elemento que tiene una importancia crucial para la elaboración de una estrategia de izquierdas en Europa: el papel destructor de la UEM no se deriva principalmente de su recubrimiento por una ideología y una política neoliberales cuya derrota permitiría poner al euro al servicio de los intereses de las y los trabajadores. La UEM es un conjunto rígido de instituciones que se ha convertido en la columna vertebral de la UE. Lo que se suele llamar habitualmente su fracaso no designa otra cosa que su papel en la construcción y la reproducción del predominio de Alemania, por medio de la reconfiguración de facto de la UE. Desde un punto de vista histórico, ésta es la función principal del euro, aunque no fuera la intención de quienes crearon la unión monetaria en los años 1990. Teniendo en cuenta esta realidad, hay que admitir que la esperanza de una transformación de la UEM y de la UE por medio de la elección simultánea de gobiernos de izquierda en los países del centro, lo que permitiría la puesta en marcha de políticas anticapitalistas apoyadas por el movimiento obrero, es completamente fantasioso. La vacuidad política de esta perspectiva ha quedado en evidencia, de manera diferente, por el fracaso de Syriza en Grecia y por el ascenso del Labour Party en Gran Bretaña tras el Brexit.

Europa necesita políticas económicas nuevas, capaces de hacer cambiar de verdad la relación de fuerzas a favor del trabajo contra el capital. En Europa son posibles estas medidas económicas y sociales orientadas a una perspectiva socialista. Pero para que pueda ocurrir esto, la izquierda debe recuperar su radicalidad histórica, rechazando los mecanismos transnacionales del capitalismo europeo que han reforzado las dominaciones políticas y la desigualdad económica en Europa. La izquierda debe enfrentarse directamente al funcionamiento de la UE y abogar por una salida de la UEM y por una abolición de las masivas deudas públicas acumuladas en el último periodo.

Ésta debe ser la posición de la izquierda tanto en los países del centro como en la periferia, y en primer lugar en Alemania, la potencia hegemónica de Europa. Sobre esta base la izquierda podrá defender los derechos fundamentales, en particular en los países de la periferia, y proponer nuevas formas de acuerdos transnacionales en Europa.

Más en general, el enfrentamiento con las instituciones de la UEM y de la UE es una condición necesaria para proteger los derechos de los ciudadanos y de los migrantes y para reforzar la democracia en Europa. En efecto, la emergencia de la hegemonía de Alemania y la adhesión de las élites europeas a estas instituciones transnacionales también han tenido por consecuencia el debilitamiento de la representación y de las prácticas democráticas en toda Europa. Más aún, la crisis de acogida de migrantes y refugiados desde 2015 ha mostrado claramente la xenofobia que reside en el corazón de Europa. Rechazar los mecanismos transnacionales existentes y desafiar la hegemonía de Europa en una perspectiva de izquierdas, no tendría por consecuencia abrir la válvula del nacionalismo y del autoritarismo, sino por al contrario apaciguar las fricciones y las tensiones entre los pueblos europeos.

En suma, la izquierda necesita una estrategia que enlace con su historia de radicalidad y de internacionalismo. Debe liberarse del falso internacionalismo de la UEM y de la UE, que sólo puede servir a las grandes empresas y promover la hegemonía del capital industrial alemán. Cuanto antes se dirija la izquierda en esta dirección, antes podrá mejorar de verdad las condiciones de vida de la clase obrera y las clases populares de las diferentes naciones europeas 15/.

Un centro inestable y dos periferias distintas

Cuando el ascenso económico de Alemania se ha vuelto indiscutible, es obvio ya que la UE se ha dividido entre un centro y una periferia. Por una parte, el centro, que bien entendido pertenece a la unión monetaria, ha mostrado signos incontestables de debilidad económica, mientras que Francia e Italia han sido incapaces de enfrentarse al predominio de Alemania 16/. Por otra parte, la periferia, entre ellos todos los países que no pertenecen a la UEM, ha tenido un proceso de diferenciación considerable. Más en concreto, en adelante hay que distinguir la periferia del Sur de la periferia del Este 17/. Estas divisiones tienen una importancia crucial, y van a determinar el futuro del desarrollo de Europa 18/. Una cosa es cierta: en el seno de la UE no habrá convergencia entre las economías de estos países. A ese mundo debe confrontarse la izquierda europea.

La divergencia de resultados económicos en el seno del centro, entre el centro y la periferia, y entre las dos periferias, pueden ser resumidas de la siguiente manera: Gráfico 1.

Por una parte, los excedentes de la balanza corriente de Alemania registraron un alza histórica, debida principalmente a la exportación de bienes de consumo producidos por su industria. Hasta 2007, este excedente se basaba sobre todo en exportaciones en el seno de la UEM, así como en una mayor competitividad ligada a una congelación de los salarios nominales. Entre 2007 y 2010, estos excedentes disminuyeron, debido a la gran recesión global y en relación con la crisis del euro. No obstante, la industria alemana se ajustó pronto a estas nuevas condiciones y se recuperó el aumento de excedentes después de 2011, hasta alcanzar cimas extraordinarias por encima del 8% del PIB. Lo que permitió esta nueva ola de excedentes de la balanza comercial de Alemania fue la restricción de los salarios, pero también el mantenimiento de un tipo de cambio bajo del euro respecto al dólar estadounidense y a las otras principales monedas implicadas en la crisis del euro. De ese modo, el capital alemán dirigido a la exportación se benefició de más de una manera de la UEM.

El contraste con Francia e Italia es llamativo. Las balanzas corrientes de estos dos países, situados en primer plano de la economía de la zona euro, registraron −en conjunto− déficits en los años 2000 y débiles excedentes en los años 2010. El reciente excedente en Italia se debe a la aplicación sistemática de medidas de austeridad, que han reducido la demanda doméstica, y por tanto las importaciones. En cuanto a Francia, ha continuado registrando déficits estos últimos años, en la medida en que no ha aplicado una política de austeridad drástica. En todo caso, lo que es manifiesto es la incapacidad de estos dos países para rivalizar con Alemania en el marco de la UEM.

El contraste entre centro y periferia es considerable, pero también lo es el contraste entre las dos periferias. La periferia del Sur registró grandes déficits en los años 2000, que fueron la causa inmediata de la crisis de la zona euro. Estos déficits se transformaron en débiles excedentes en los años 2010, cuando la UE impuso la austeridad y los planes de rescate. Por su parte, la periferia del Este registró débiles déficits en los años 2000 y débiles excedentes en los 2010. Pero sus relaciones comerciales externas fueron muy diferentes y mucho más dinámicas que las de la periferia del Sur.

Las diferencias entre el centro y las periferias, y entre estas últimas, también son muy visibles en el Gráfico 2, que muestra las diversas trayectorias de la producción industrial. El gran resultado de la industria alemana y el relativo declive de las industrias francesa e italiana es evidente. Pero lo más llamativo es el contraste entre las dos periferias. La periferia del Sur posee una base industrial débil, incluye economías con un amplio sector de servicios, una competitividad poco elevada y, desde hace mucho tiempo, un sector público bastante importante que constituía antes un empleador masivo. La periferia del Este, por el contrario, ha conseguido un personalidad industrial mucho más fuerte, logrando mantenerse competitiva desde un punto de vista económico.

Varios factores domésticos explican el continuo progreso de la industria en la periferia del Este (mucho mayor por tanto que en la periferia del Sur), sobre todo una fuerza de trabajo bien formada y relativamente acomodada a las exigencias patronales. Sin embargo, también hay que considerar otros dos factores.

Por una parte, se ha asistido a una expansión sostenida del capital industrial alemán en la Europa del Este, en forma de inversiones directas en estos países, que han adquirido así una capacidad productiva, y cuya economía se ha integrado de hecho en la de la industria alemana. Las inversiones directas en el extranjero ha estado orientadas a la industria, con una gran proporción de inversiones en nuevas plantas. Se ha creado una amplia cadena logística, en la que la parte fundamental de la producción industrial dirigida a la exportación se realiza en los países de la periferia, mientras el acondicionado final de los bienes exportados se efectúa en Alemania, lo que permite reducir los costes. Esto ha producido un desarrollo considerable del comercio intra-industrial europeo que ha contribuido a estimular las capacidades industriales del centro de Europa y que en los países de la periferia del Este ha proporcionado oportunidades económicas a gran número de pequeños proveedores a escala local.

Por otra parte, Polonia, República Checa y Hungría, que son los países que han recibido la mayor parte de las inversiones directas del capital alemán en el extranjero en la periferia del Este, no son miembros de la UEM. Por tanto, estos países han podido evitar la trampa del caída de la competitividad y el vicio austeritario de la zona euro, al contrario de lo que ha pasado en la periferia del Sur. Y cuando ha sido necesario, estos países han podido cambiar los tipos de cambio, lo que no permite la pertenencia a la UEM.

El Gráfico 3, que muestra la distribución de las inversiones directas de Alemania en el extranjero, permite continuar el análisis. Se aprecian cambios notables, sobre todo el rápido declive de las inversiones alemanas dirigidas hacia Estados Unidos, mientras que aumentan de forma llamativa las inversiones hacia otros tres países del centro de la UEM: Holanda, Luxemburgo y Austria. Aunque no figuran en el gráfico, las inversiones directas de capital alemán hacia Francia e Italia se han estancado o incluso han disminuido, y en todo caso han sido menos importantes que hacia los otros países del centro antes citados. Así mismo, Asia (incluida China) sólo ha recibido un modesto volumen de estas inversiones, a un nivel similar al de Gran Bretaña. Así, en general, desde el momento de la creación del euro, se constata que las inversiones directas de Alemania en el extranjero se han dirigido hacia un área geográfica contigua a su territorio nacional.

Se puede constatar también que la proporción de inversiones asignadas a la periferia del Este de Europa sigue siendo una parte relativamente pequeña del conjunto. El capital industrial de Alemania −es decir, el centro productivo de Europa− continúa estando dirigido principalmente hacia los otros países del centro más que hacia la periferia. Las cadenas logísticas dominadas por el capital alemán siguen teniendo sólidas bases en el centro de la UE.

En fin, y esto es crucial, a final de los años 1990, más o menos en el momento en que se puso en marcha el euro, se asistió a una redirección de las inversiones directas de capital alemán en el extranjero, entre las periferias del Sur y del Este de Europa. La preferencia del capital industrial alemán va claramente hacia la Europa del Este. No obstante, la proporción de inversiones directas en el extranjero distribuida en Europa del Este dejó de aumentar, e incluso comenzó a declinar, a partir de los años 2000. Las implicaciones y peligros para estos países están por determinar.

Continuemos precisando la argumentación considerando el Gráfico 4 que muestra una imagen más detallada de las inversiones directas de Alemania entre las dos periferias, midiendo su peso relativo respecto al PIB de esos países.

Polonia, República Checa y Eslovaquia recibieron la mayor parte de las inversiones directas de capital alemán dirigidas a la periferia. El flujo de inversiones directas ha constituido y continúa representando una proporción sustancial del PIB de Hungría y República Checa. También han sido importantes en Eslovaquia, aunque esta proporción haya disminuido estos últimos años. Polonia, una gran economía, ha sido también un importante destinatario de las inversiones directas en el extranjero de capital alemán. Ahí está la base de esas cadenas logísticas que han llevado al desarrollo de un importante comercio intra-industrial así como a la emergencia de una base industrial doméstica en esos países 19/. En este sentido, es sorprendente el contraste con la periferia del Sur. El peso de las inversiones directas en el extranjero de capital alemán en la periferia del Sur ha sido insignificante, incluso en España, que ha absorbido la mayor parte. En realidad, no hay cadena logística industrial significativa que conecte la periferia del Sur y el capital industrial alemán, es decir el centro económico dominante en Europa.

Desde la perspectiva de centro, las diferencias entre las dos periferias son por tanto considerables. El Este de Europa ha adquirido una gran capacidad industrial y está cada vez más integrado en el centro bajo hegemonía alemana, lo que tiene también consecuencias en términos de estructura de los intercambios comerciales. La disponibilidad de una fuerza de trabajo poco onerosa también ha permitido al capital alemán mantener una fuerte presión sobre los salarios en Alemania. Al mismo tiempo, las economías de la periferia del Este han venido a depender masivamente de la economía alemana en lo que se refiere a transferencias tecnológicas. Sus movimientos cíclicos están estrechamente conectados a los de la economía alemana. Si Alemania conoce una fuerte recesión, con toda probabilidad ocurrirá lo mismo en los países de la periferia del Este. El desempleo ha disminuido en estos países, y los salarios tienen incluso tendencia a aumentar, pero el peligro de la dependencia de la industria alemana es evidente. Por el contrario, la periferia del Sur ha seguido un camino de declive industrial, su integración en el centro económico alemán no es tan fuerte, y las estructuras de sus intercambios comerciales reflejan esta debilidad. Estas economías se basan principalmente en los servicios, incluido el turismo, y su tecnología está en conjunto poco avanzada. Sin embargo, hay que señalar que las dos periferias han exportado mano de obra cualificada hacia Alemania, lo que ha contribuido, desde luego, a debilitar sus capacidades productivas.

Para acabar, hay que comprender que del ascenso de Alemania en la UE se deriva el resurgimiento del continente europeo como una importante fuerza productiva en la economía mundial. Se puede considerar a este respecto el Gráfico 5 que muestra la inversión doméstica de los países en proporción a sus PIB. Se puede ver ante todo que el capital industrial alemán no invierte en Alemania, y que sus gigantescas ganancias tienden a convertirse en excedentes monetarios poseídos por las grandes empresas. Dicho de otra forma, las partes de salario perdidas por las y los trabajadores alemanes se convierten tendencialmente en capital disponible para préstamos al extranjero. Los resultados domésticos de la economía alemana han sido débiles, con el mantenimiento de una austeridad en Alemania que ha debilitado su infraestructura y sus gastos sociales. Las tasas de crecimiento desde la crisis han sido débiles en Alemania, apenas un 2% de media, en lo esencial derivado de las exportaciones. No hay ningún milagro alemán. Su ascenso económico se basa en la presión incesante que ejerce el capital sobre los trabajadores y trabajadoras alemanes.

Hay que añadir que la debilidad de la inversión también se manifiesta en Francia y en Italia, mientras que ninguna de las dos periferias ha producido mejores resultados en este sentido. La inversión se ha hundido por completo en la periferia del Sur, produciendo una retractación de la demanda global que ha contribuido a que la crisis de la zona euro haya sido tan aguda. La inversión doméstica global también se ha reducido en la periferia del Este, a pesar de un resultado industrial creciente. La debilidad de la inversión se ha reflejado en la debilidad del crecimiento. Bajo el liderazgo de Alemania, no se ha asistido a una recuperación de la acumulación capitalista en la UE, ni en el conjunto del continente europeo.

Desde esta óptica, no hay duda de que la UEM ha constituido un fracaso histórico, aunque haya permitido al capital industrial alemán establecer su supremacía. Una estrategia de izquierdas para Europa, basada en la lucha de clases, debe tomar estas realidades como punto de partida, en vez de basarse en generalidades abstractas sobre el neoliberalismo, el nacionalismo, la unidad europea, etc. Esta estrategia debe tomar también como punto de partida la experiencia social y política concreta de los años que han seguido a la apertura de la crisis económica. Hay dos acontecimientos históricos de alcance global que han formado parte de esta experiencia: en primer lugar, el ascenso y después la capitulación absoluta de Syriza en Grecia y, tras la votación del Brexit, el auge del Labour Party en Gran Bretaña 20/

Conclusión: internacionalismo y lucha de clases

Los programas económicos necesarios para cambiar las relaciones de poder en favor del trabajo deben ser adaptados a las condiciones específicas de cada país y tener en cuenta estas diferencias entre centro y periferia. El establecimiento de una soberanía popular y nacional y el reforzamiento de la democracia constituirían procesos diferentes en los países de la periferia y en los países del centro.

La izquierda de los países de la periferia, por una parte, debería volver a abordar la lucha por la restauración de la soberanía nacional frente al ascenso de Alemania. Pero para la izquierda de los países del centro, la cuestión de la soberanía nacional no se plantea de la misma manera, aunque la conquista de la soberanía popular constituye un reto de la mayor importancia. Por otra parte, en los próximos años, la legislación laboral y la protección social podrían debilitarse aún más en algunos países, tanto del centro como de la periferia, en comparación con el conjunto de la UE. La izquierda debería tomar la iniciativa de proponer mecanismos e instituciones que permitan defender los derechos individuales y los derechos de los trabajadores y trabajadoras en cada uno de los países, buscando la solidaridad entre los pueblos de Europa.

Durante la última década, el populismo de extrema derecha y el autoritarismo, que a veces toman una forma fascista, han arraigado en diversas partes de Europa, incluida la periferia. Este fenómeno está directamente relacionado con el ascenso de Alemania y la correlativa estratificación que se ha solidificado en Europa. También tiene una relación directa con el reflujo de la democracia implicado por la operación política de respuesta a la crisis conducida por la UE y dirigida por Alemania. La democracia parlamentaria se ha vuelto ineficaz en Europa, como lo muestra por encima de todo el caso de Grecia, y los sistemas políticos se han alejado de las preocupaciones de los trabajadores y trabajadoras para no servir más que los intereses del capital.

La aceleración de la llegada de personas migrantes y refugiadas durante el mismo período, en parte hacia la UE y en parte hacia los países limítrofes en sus fronteras del Sur, se ha saldado con un fracaso catastrófico de la UE que ha sido incapaz de acogerlos de una manera humana y racional, lo que ha exacerbado la percepción ciudadana de una inestabilidad y una pérdida de control de las instituciones europeas. De manera global, la reacción popular a las crisis ha tomado la forma de una exigencia de soberanía sobre las condiciones de vida y de trabajo, y de un cuestionamiento de los procesos de decisión y de puesta en marcha de las leyes así como de las formas de responsabilidad política. En otro tiempo las fuerzas de izquierdas en Europa habrían formulado estas exigencias de manera política para expresar las necesidades y las aspiraciones de los trabajadores y trabajadoras, relacionándolas con la oposición a las grandes empresas y a la dominación del capital alemán. Por desgracia, la izquierda ha dejado de jugar este papel en Europa hace ya mucho tiempo, y el resultado ha sido la tendencia de la derecha a sustituirla, incluso apropiándose de los modos de expresión pertenecientes a la izquierda, buscando dar un giro autoritario a estas exigencias populares.

No hay nada inevitable en este proceso, y no se constata vinculación sólida de las y los y de la gente pobre con la extrema derecha en Europa. El reto crucial es responder a esta cuestión: ¿retomará la izquierda la iniciativa, en una línea de lucha de clases, para recuperar su papel histórico en Europa? Por desgracia, se ha olvidado el principal hilo conductor: el internacionalismo de la izquierda no tiene ninguna relación con el internacionalismo de la UE. Esta última, basada en el poder del capital, no deja de plantear nuevas fronteras y de producir jerarquías entre las naciones del continente, pretendiendo garantizar un flujo ininterrumpido de mano de obra de bajo coste, de mercancías y de moneda. Europa tiene por el contrario necesidad de un nuevo internacionalismo, basado en el predominio del trabajo en detrimento del capital.

Dicho internacionalismo radical constituiría la verdadera base de la solidaridad en Europa, por medio de políticas económicas cooperativas, tanto a nivel nacional como internacional. Constituiría también una base adecuada para reelaborar una concepción amplia e inclusiva de la ciudadanía, renovando el contenido de la soberanía popular y de los derechos democráticos. Cuanto antes se comprometa la izquierda en un debate abierto en esta perspectiva política, antes podrán mejorar las condiciones de vida de los pueblos del continente europeo.

[Nota del traductor francés] Este texto es la traducción de tres secciones de: Costas Lapavitsas, "A Socialist Strategy for Europe", Catalyst, vol. 1, nº 3, 2017.

Notas:

14/ [Nota del traductor francés] En esta traducción, hemos traducido sistemáticamente "Central European periphery" por "periferia del Este de Europa", tanto porque esta designación (Europa del Este en vez de Europa central) es más habitual en francés como para evitar la confusión entre la "periferia del centro de Europa" ("Central European periphery") y el "centro de Europa" ("the core of Europe").

15/ [Nota del traductor francés] En el artículo original publicado por Costas Lapavitsas, esta introducción va seguida de dos secciones, tituladas respectivamente "De los desequilibrios de la zona euro al ascenso de Alemania" y "De la crisis de las balanzas de pagos a la hegemonía alemana", que no hemos traducido por su longitud y para concentrarnos, en esta parte, en la cuestión de las relaciones entre centro y periferia de Europa.

16/ Siguiendo nuestro enfoque, el centro de la UE comprende a Alemania, Francia e Italia. Es cierto que Holanda, Austria y otros países pueden también ser incluidos en el centro, pero esto no haría sino complicar el análisis sin cambiar en lo fundamental sus resultados. También es útil mantener una separación en el análisis entre Alemania, por una parte, y Francia e Italia por otra, para poner en evidencia las divisiones emergentes en el seno del centro.

17/ La periferia del Sur comprende aquí a España, Portugal y Grecia, y la periferia del Este de Europa comprende a Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia y Eslovenia.

18/ Trabajos empíricos en este sentido han sido emprendidos de forma sistemática en el Vienna Institute for International Economic Studies; ver por ejemplo Michael Landesmann y Doris Hanzl-Weiss, «Structural Adjustment and Unit Labor Cost Developments in Europe’s Periphery: Patterns before and during the Crisis», Research Raport 390, The Vienna Institute for International Economic Studies, setiembre 2013; Michael Landesmann y Sandra Leitner (en colaboraciónn con Robert Stehrer), «Competitiveness of the European Economy», The Vienna Institute for International Economic Studies, mayo 2015; Doris Hanzl-Weiss y Michael Landesmann, «Correcting External Imbalances in the European Economy», The Vienna Institute for International Economic Studies, abril 2016.

19/ Ver los gráficos 1 y 2. El FMI se ha dado cuenta de estos desarrollos desde hace ya varios años, como lo muestra su informe de 2013: Fondo Monetario Internacional, "German-Central European Supply Chain – Cluster Report", IMF Multi Country Report nº 13/263, agosto 2013.

20/ [Nota del traductor francés] En el texto original publicado por Costas Lapavitsas, esta sección va seguida de otra, titulada ·El desastre de Syriza y la promesa del Brexit". La conclusión que se presenta en este texto es una traducción de los últimos párrafos de la siguiente sección, titulada "Las grandes líneas de una estrategia de izquierdas basada en la lucha de clases", con la que concluye el artículo.





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