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Entrevista a Juan Retana
Fiesta, amistad y represión. Versión novelada de los Sanfermines de 1978
01/06/2019 | Begoña Zabala

Juan Retana (Estella, Nafarroa, 1961) escribió, ahora hace un año, una novela sobre los Sanfermines de 1978 con un título un poco despistante, a primera vista, 22 de septiembre San Fermín (Pamiela). Como todo el mundo sabe, San Fermín se celebra el día 7 de julio, pero en el caso del año 1978, los trágicos sucesos acaecidos el día 8, conllevaron la suspensión de la fiesta, después de la entrada de la policía en la plaza de toros y la posterior represión que siguió por las calles de Iruñea. En el mes de septiembre, con la celebración de los Sanfermines txikitos, fiestas de la parte vieja de Pamplona, se recuperó algo, por la gente del barrio, de la fiesta truncada.

Begoña Zabala: Para empezar me gustaría que nos ofrecieses una visión general. Estamos en Sanfermines de 1978 y en el libro cuentas, muy detalladamente, casi minuto a minuto, los cinco días de estos Sanfermines que resultaron tan trágicos, y, sin embargo, dentro de la tragedia casi habitual de la Dictadura-Transición. Para encuadrar el libro, ¿situarías éste dentro de un libro de historia o de memoria, o lo catalogarías de alguna forma genérica? O quizá, ¿es más bien un libro de relato, para contrarrestar el relato hegemónico?

Juan Fernández de Retana: Al principio, cuando empecé a escribirlo y a pensarlo, me resistía mucho a decir que era un libro de memoria histórica porque me hacía muy viejo. Sin embargo, después, me di cuenta de que, cuando lo escribía, hacía cuarenta años de aquellos sucesos. Y cuando yo viví esos Sanfermines, hacía también cuarenta años de la guerra civil, que a mi me parecía la prehistoria. Entonces yo estudiaba ese período para escribir mis relatos. Reflexionando así es evidente que sí, es memoria histórica.

Además, yo he hecho un esfuerzo, creo que grande, por recoger recuerdos, sabiendo que la memoria es traidora, aunque las memorias, no, pues se complementan aunque se contradigan. Y así se recoge un relato bastante real. Y el esfuerzo es para recoger las memorias de testimonios de mucha gente que ha vivido aquí. Desde ese punto de vista es Memoria.

Es también novela, está claro. Ello me permite recrear, o reinventar, todos esos pequeños huecos con los que me encontraba y que no podía contar con la no ficción, con bastante libertad. Pero he hecho un esfuerzo para obtener una información real de todo lo que he podido, y así crear una estructura narrativa literaria, con material real, con material periodístico, con material de memoria histórica.

Al margen, también es cierto que yo he querido explicar los Sanfermines como yo, alguien de Pamplona, los ha vivido y evitando lo que se explica desde determinadas televisiones con ciertos enfoques muy centrados, sobre todo, en el encierro y en el tema toros. Y para mí era importante darle la vuelta a eso y enseñar algo que en esta fiesta es, desde mi punto de vista, muy peculiar, por lo auto-organizativo, por lo poco organizado desde lo institucional que tiene, por ser la calle el sitio donde esencialmente se abre la fiesta,...

B. Z.: Entonces estás relatando desde un prisma excepcional: la voz que relata está en un bar trabajando de camarero en pleno centro de Iruñea, cerca de Comisaría-Gobierno Civil, de la Plaza de Toros y de la Calle de Roncesvalles, que es donde cae Germán Rodríguez, asesinado por balas de la Policía. Y eses relator eres tú. Además de ese testigo, hay un relato muy coral, de mucha gente, de las cuadrillas, gobernador, policías, fachas, Peñas, gente real y gente inventada, pero que, en todo caso, obedece a lo que sucede normalmente en Sanfermines y a lo que sucedió en aquellos días. ¿No te expones quizá demasiado en tu personaje, que es real, pues tú estabas en ese bar y cuentas muchas cosas que tú mismo viste? ¿Qué te ha impulsado a ser tu mismo el que relata?

J. F. R.: Mira, yo estaba realmente trabajando en ese bar. Se trata de la cafetería Roma, que estaba a cien metros de donde mataron a Germán, a cien metros del Gobierno Civil, y a doscientos cincuenta de la Plaza de Toros. Yo trabajaba allí en esos días. Pero cuando empecé a escribir lo hice en tercera persona, así que me camuflé. Era un personaje más, con la idea de que no quede claro, o mejor, que no se sepa que soy yo. Según iba escribiendo la novela me daba la sensación de que realmente era yo. Y al final, en la primera corrección, pero acabada la novela, cambié la tercera persona por la primera. Entonces fue cuando decidí ya adoptar el papel. Y siendo el escritor podía avanzar cosas que van a pasar, que otra gente no puede hacer, pero yo sí, pues además del escritor, soy la persona que está ahí.

No me dio vergüenza porque empecé a escribir en tercera persona. Pero al final me podía tanto, no la memoria histórica, sino la personal, que me decidí al cambio, pues era yo y lo viví como lo cuento. Por ejemplo, los momentos de la bronca, es decir, cuando la policía, a partir de las nueve y media, más o menos, ya empieza a cargar en las zonas de alrededor de la plaza son importantes. En esos momentos estuvimos cuatro o cinco horas allí, en el bar, aislados, sin saber qué pasaba. Luego salgo a las 7 de la mañana y me encuentro con un cartel que dice: Garí asesinado, -era el nombre de guerra por el que yo conocía a Germán- y firmado por la LKI (Liga Kominista Iraultzailea). La hostia fue tan grande que me encontré más cómodo volviendo a reescribirlo todo y poniéndolo en primera persona.

He tardado mucho en darme cuenta que había material narrativo en unos sucesos que, evidentemente, a mi me habían impactado enormemente. Yo tenía 17 años, llevaba dos años militando y, claro, la leche fue muy grande. A Germán lo conocía muy poco porque yo estaba en Estella. Coincidimos en la Marcha por la Libertad, en 1977, y en los encuentros normales en la sede que acabábamos de abrir en la calle Zapatería, donde llevábamos unos meses. A menudo me preguntan, ¿lo conocías? Evidentemente nos conocíamos, tampoco éramos tantos.

Para mí el que lo mataran, llevando yo dos años militando, con sólo 17 años, pues era algo muy cercano. Por eso a la hora de escribirlo, la parte personal ha influido mucho. Tanto que yo no sabía si meter a Germán como personaje porque no lo conocía mucho y no sabía cómo enfocarlo. Entonces he optado por relatarlo con los condicionales: “si hubiera estado es probable que…” Así lo introduzco como personaje, porque me apetecía mucho, pero lo hago, eso sí, con un pudor tremendo.

B. Z.:Comenta ahora algo de la estructura narrativa. Has explicado alguna vez que son distintas narraciones de escritura, ligadas a los colores blanco y gris. Además hay muchos protagonistas: las cuadrillas, gente de las peñas, visitantes, tú mismo, los clientes del bar, personajes conocidos,… ¿qué es lo que se mueve ahí?

J. F. R.: Cuando he descrito a posteriori la estructura de la novela la he descrito como una especie de hélice de ADN o de bloque trenza, en la que, por una parte, están las historias personales que van recreando lo que es la fiesta. Pero por otra parte, como existe la tensión política, otra de las sogas lo que va haciendo es reproducir esta tensión extrema en la Navarra de 1978, la Transición, los previos, en fin, la situación política de aquella época. La parte más personal y la parte política se entrelazan hasta el momento final. Cuando hablo de los tonos, de los colores, del gris y del blanco, me acuerdo que desde el principio, y dado que la estructura es de capítulos muy pequeños, hay una treintena de personas, que se van integrando en el mismo marco geográfico, que es la parte vieja de Pamplona, donde coincide este relato coral.

Porque el relato es lineal. Hay que decir que empieza el 6 de julio y acaba, aun que no acabe, en la noche del 8. Yo lo que al principio ponía eran los capítulos grises, que eran los capítulos políticos, y los capítulos blancos, que eran los más festivos. Quería que el inicio de la novela fuera oscuro, para que me permitiera a mí demostrar que la situación política era la que era en aquel tiempo, para luego ir avanzando en la parte más blanca. Porque al final lo que quiero resaltar es que la fiesta acabó imponiendo su lógica. La noche del 7 al 8 da la impresión -y eso lo tengo confirmado por muchos testimonios, y yo también tengo esta impresión- es que la fiesta se había impuesto. Y se llega al día 8, en la novela y desde mi punto de vista, en capítulos en blanco, en capítulos que son festivos, para que después la ruptura, que supone la entrada policial en la plaza y la bronca que se desató después, fuera tan sorprendente como yo creo que resultó para nosotros.

B. Z.: Bueno, y ¿qué me dices de los personajes?, aquí hay de todo tipo de gente…. ¿te parece real, refleja lo que tú veías desde el bar, o lo que conocías de Sanfermines, o lo que te han contado?

J. F. R.:Como yo he hecho, ya he dicho antes, mucha recogida de información previa, yo no solamente les preguntaba a la gente cómo vivieron los Sanfermines y la bronca del 78, sino cómo eran los Sanfermines. Alguna gente me decía “yo estuve en aquel bar, y aquel bar no estaba entonces….”. Y tanto lo que es la fiesta como mis recuerdos no son exactamente los del 78. Yo estaba encerrado todo el día en el bar trabajando, por lo que de aquellos Sanfermines no puedo recordar nada. Salía de 4 a 6 de la tarde. Pero sí, con los recuerdos de otra gente y con los míos de otros años, pues yo soy muy sanferminero, he podido recoger lo que son las fiestas. Entonces yo puedo reconstruir con ambas cosas, en el sentido temporal, y puedo reflejar el ambiente real que recordamos, que no necesariamente tiene que ser el ambiente real en el que ocurrió. Y que recordamos, no solamente yo, sino toda la gente a la que he preguntado. Porque empezamos hablando de lo que ocurrió el día 8, pero acabamos casi siempre, con casi toda la gente que hablé, derivando en los Sanfermines. Entonces creo que sí he podido ser fiel a lo que ocurrió, tanto a la fiesta en general, como a aquella fiesta en concreto.

Luego están algunos personajes peculiares, reales, pero inventados en su papel en esta historia, como son Mario Gaviria y Henri Lefebvre. Yo viví con Mario y Lefebvre los Sanfermines del 81 o del 82. Algo de experiencia tenía, por tanto, para verlos en ese ambiente. El caso de Lefebvre era gracioso pues ante una fiesta que a él le desbordaba, no sabía si vivirla como un sociólogo marxista, o como a un tío al que le gustaba el vino. No sabía si vivirla o estudiarla a la vez. Y Mario le decía: “eso es imposible, o la vives o la estudias, y ahora hay que vivirla, y si la estudias, que sea después”. Yo tenía entonces, cuando estuve con ellos, 19 ó 20 años, y mi recuerdo tampoco es muy vívido. Pero introduje eso, porque el estudio desde una pareja de sociólogos, el uno navarro y el otro francés, los dos con un componente marxista, me sirve a mí para introducir al lector en determinadas cosas, de los Sanfermines en general y de aquellos Sanfermines en concreto. De alguna manera, Mario hace de anfitrión de Lefebvre y entonces me permite que Mario haga de anfitrión del lector, para ambas cosas. Para explicar cosas de aquellos Sanfermines en concreto y de los Sanfermines en general. Aparte de eso, la idea de encontrarme con un sociólogo que quiere conocer los Sanfermines viviéndolos con un sociólogo como Mario Gaviria, me permite crear situaciones muy humorísticas en sus conversaciones.

B. Z.:Hay ya mucho material y mucho trabajo de investigación sobre los sucesos de Sanfermines 78. Tú mismo has realizado una importante labor de investigación y entrevistas, para ver qué fue lo que realmente sucedió y a qué se debió esa intervención policial. La falta de correlación entre lo que se dice desde el Gobierno, la Policía y las instituciones implicadas frente a lo que se cuenta en las sucesivas comisiones de la verdad, o Sanfermines 78: gogoan!, o las Peñas, es importante ¿Cuál sería tu relato?, ¿el que refleja la novela, así, en trazos gordos?

J. F. R.:Lo que permite la novela, al tener muchos personajes, es dar varias versiones. Lo que sí queda claro en la novela es que la Transición fue como fue, que las fuerzas policiales tenían un poder igual que el de la policía franquista y en muchos casos eran los mismos. El jefe de la policía, por ejemplo, era un ex-comisario de la época de la dictadura de Bizkaia. En la transición el franquismo intentó amoldarse, sin perder las riendas del poder y uno de sus puntales era el ejército, y otro toda la estructura de los llamados cuerpos represivos. Yo ahí sí que quiero transmitir esa idea del poder real de la policía y de los cuerpos represivos. Lo que sí digo es que unos personajes hablan de premeditación y otros personajes, entre otros el mismo gobernador, hablan de que esto se les va de las manos. Lo que ocurrió después de la plaza de toros, la represión brutal en las calles, yo creo que era impensable, visto lo anterior. Lo que sucedió en la contestación se parecía más a una insurrección, que estuvo a punto de tomar el Gobierno Civil. Yo creo que no se lo pensaban ni por el forro. Creo que aquello, estuviera o no pensada y premeditada la intervención en la plaza, lo que ocurrió después, estoy convencido que les desbordó.

B. Z.:El asunto este de que hubo al menos algo de premeditación es curioso. Porque la gente puede pensar que lo lógico era que la policía hubiese entrado por el patio de caballos y no por la entrada principal, precisamente en el momento en el que están entrando los txikis de las Peñas.

J. F. R.:Claro, porque quien entra por el patio de caballos precisamente es la Compañía de reserva, que es la que estaba preparada, podíamos decir. Y luego hay otro dato llamativo. Y es que de paisano están todos los jefes de la Policía Nacional de Pamplona, pues de paisano están: el comandante Ávila, dos capitanes, … O les gustan mucho los toros o es extraño que todos los jefes de la policía armada estén en fiestas allí, al que le toca porque le toca y luego, el comandante, dos capitanes y un teniente de paisano.

Lo que si me creo un poco más es la sensación de incredulidad del Gobernador Civil, cuando ve aquello. El no era de una familia afincada en Navarra. En cuanto lees lo que él dice, lo que dice entonces, en las entrevistas de radio, sobre todo cuando se le oye hablar, te crees que se siente engañado. Porque es muy verídico. Hay un momento en el que dice: “lo único que podía hacer era bajar. Y entonces mi cuñado me dice: no bajes. Y yo le digo, claro que no, ¿crees que estoy loco?” Reconocer eso es que le está saliendo de las tripas. Como pensando: “te piensas tú que voy a bajar ahí, con la que están dando”. Yo en este caso me creo lo que dice. De todo lo demás no me creo nada. Sobre todo en lo relativo a Germán, cuando dice que no hubo ningún disparo de la policía. O cuando dicen que no hubo disparos a esas hora, o que había uno de camisa blanca que después de disparar se va hacia el hotel Yoldi y no van a averiguar a ver quién es. Hay así muchos datos que recuerdan desde ese punto de vista la premeditación de aquello.

Hay otra cosa también, que es importante, y es que en la Junta de Orden Público del día 1 de julio, se había decidido no reunir masa policial en la plaza. Y el día 8, además de los policías correspondientes a los vomitorios (accesos de entrada y salida), dos por cada uno de ellos, hay una Compañía de reserva. Eso de alguna manera contradice lo que habían decidido.

B. Z.:Se habla en los informes y en muchos documentos y reportajes de un pre-ambiente de los Sanfermines. Es un ambiente, que está absolutamente alterado, donde hay muchas movilizaciones, protestas y también mucha represión. Realmente ¿quieren atajar algo de esto, terminar con las movilizaciones? ¿Era tan peligrosa la fiesta, para ellos, quiero decir para el poder político establecido? ¿Era realmente la fiesta y la subversión? Desde luego que hay muchas movilizaciones y está siendo respondida con una represión muy fuerte. Pero en el momento de la fiesta, ¿es tan grave esto que tienen que abortarlo?

J. F. R.:Uno de los personajes de la novela es Ávila, el comandante. También lo introduzco de una manera extraña, porque me intento meter en su pellejo de aquella manera y tiene sus reflexiones. Este hombre vino para sustituir a su camarada Imaz que se lo había cargado ETA. Venía de la legión, no tenía nada que ver con la Policía Armada, y viene para sustituir a su camarada caído, en enero o febrero. Se decía que era miembro de Fuerza Nueva. Hay un reconocimiento indirecto por parte de Fuerza Nueva: “dicen que Ávila es militante nuestro, pero eso no puede ser porque los militares tienen prohibido expresamente militar”. Yo pongo en su boca lo que a mi me parece que es realmente importante. Navarra era un provincia leal a Franco. Tenía la laureada de San Fernando. Había aportado el Requeté en el 36, que era la joya de la corona del franquismo, pues constituía el soporte popular. Aportó estas fuerzas carlistas del requeté, como pocas provincias. Y, sin embargo, en 1978 ya se ha convertido en una provincia traidora. Al franquismo recalcitrante esto le dolía un huevo. El hecho de intervenir en Navarra tenía sentido, ya fuera para reconquistarla, ya para castigarla por su rebeldía. Es un poco lo que ocurre en las religiones, pues a un infiel se le castiga de una manera, pero a un apóstata más. Navarra era entonces una provincia apóstata. ¿Qué poder tuvo esto en aquellos sucesos? Pues no lo se.

Es cierto que la transición en Navarra fue conflictiva. Hubo siete muertos por violencia política en los ocho meses anteriores. Eran muertos por la policía, que cargaba contra manifestantes; militantes de ETA que morían en enfrentamientos; hay también gente que muere después de un altercado con grupos ultraderechistas;…. Si eso lo extendemos a todo el Estado, estaríamos hablando de mil ochocientas personas muertas por violencia política. Pues sí, en aquel tiempo la situación en Pamplona era explosiva. Porque la Transición era explosiva. Realmente al sector más ultraderecha del franquismo le parecía que se le estaba traicionando. Esto es lo que trato en la novela.

B. Z.: Siguiendo con Sanfermines, y actualizando un poco, me gustaría preguntarte por algo que obviamente está fuera de la novela. Estos Sanfermines que en el año 2008 vivieron el asesinato de Nagore Laffage, por violencia machista y posteriormente, en el año 2016, la violación en grupo de una joven madrileña. ¿Hay una disputa del espacio de la fiesta a donde deben acudir las fuerzas más reaccionarias y machistas? ¿Tienes algún comentario sobre este tema?

J. F. R.: Yo pienso que hay dos cosas. El asesinato de Nagore y la violación de la manada, ocurrió en plenas fiestas, y también han ocurrido hechos similares en otras fiestas, por ejemplo en las Fallas. ¿Por qué se ha dado tanta importancia a lo acontecido en Sanfermines? Yo creo que hay dos cosas. Una es por la dimensión de la fiesta en sí, que es internacional. Y sobre todo, hay que ver la reacción que tuvieron estos dos hechos en Pamplona, la reacción antimachista. Especialmente en el segundo caso, la reacción fue descomunal. Al final se ha dado más relevancia a la reacción antimachista en Pamplona que a las fiestas en sí. Viene mucha gente de fuera, hay alcohol, es cierto. Y esto se ve en la novela. Pero hay algo que asombra a propios y extraños, y es la escasa violencia festiva en un lugar con tanta gente y con tanto alcohol.

El eco que ha tenido es por la reacción. Que es lo que luego menos sale. Ya está incorporado en la fiesta el antimachismo. La presencia de la chapita de la mano es espectacular.

B. Z.: Ya ha pasado tiempo desde que has presentado el libro, ya llevas el año rondando por ahí con la novela. ¿Qué reacciones has tenido y qué nos quieres contar de los comentarios? Especialmente me refiero, aparte de la gente amiga, de los que se puedan dar como aludidos porque su verdad no se sostiene.

J. F. R.:Por parte de lo que pudiéramos decir la autoridad, o los que se señalan como autores y culpables, no han reaccionado. Una novela como esta no les duele. He pisado algunos callos, pero pasan desapercibidos. Quien está leyendo el libro es la gente amiga. Lo está leyendo también gente que no tenía ni idea de lo que había pasado. Esa gente sí me plantea y me pregunta si he exagerado, sobre todo de lo que ocurre el día 8. Claro, porque estoy hablando de una intervención policial desmesurada y de una reacción popular muy intensa, muy fuerte. Una respuesta que está manteniendo el cerco al Gobierno Civil durante cuatro horas como respuesta a la agresión sufrida. Era un cerco o medio cerco, pero que la Policía era incapaz de desmontarlo. Yo pienso que no he exagerado nada, ni en la intervención policial ni en la contestación. Pero es lo que más sorprende a sectores de fuera, o a gente que no recuerda.

Me hicieron una entrevista en TV-3 hace unos meses. En el momento previo estuvimos hablando con el que me entrevistaba, que tiene mi edad, más o menos. No recordaba en absoluto nada. Antes de documentarse, cuando le hacen el resumen de la novela, se pensó que yo había exagerado, ideológicamente hablando. Hasta que vio toda la información existente por Internet, y comprobó que efectivamente había ocurrido. No se pensaba de ninguna forma qué había ocurrido. En realidad lo lee con cariño, no es que niegue lo que ha pasado, es que la parece increíble.

La ha leído también gente norte-americana, que ha estado en Sanfermines, recientemente. Yo les pedí que leyesen, pero sin entrar en Internet, para que me comentaran. Al principio les pareció que estaban leyendo una interpretación japonesa de los Sanfermines. De alguien que no conocía la fiesta. No les cuadraba en absoluto la violencia policial dentro de la propia fiesta en aquella sociedad navarra, conociendo los Sanfermines más o menos actuales.

Begoña Zabala forma parte de la redacción de la web de viento sur.





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