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50° aniversario de “El Cordobazo”
Un momento de libertad
31/05/2019 | Eduardo Lucita

Las jornadas del 29 y 30 de mayo de 1969 conformaron una protesta obrero-estudiantil de una magnitud inesperada, acorralaron a la dictadura militar de entonces y abrieron un proceso de lucha de clases que, con altos y bajos, se proyectó hasta las Coordinadoras de Gremios en Lucha de 1975. Fue necesario el terrorismo de estado de 1976 para poner fin a ese ciclo.

El Cordobazo no surgió de la nada. Forma parte y se recorta, con formas y dinámica propias, en las grandes movilizaciones de masas que en nuestro país [Argentina] y en el mundo, se desenvolvieron en la segunda mitad del siglo pasado.

Internacionalmente está emparentado con el cúmulo de acciones de solidaridad y esperanzas compartidas que se expresaban en los acontecimientos mundiales que se sucedían: el Mayo francés, la Primavera de Praga, el Otoño Caliente italiano, los movimientos estudiantiles en México y Japón… En lo local fue la culminación de largos años de resistencias, precedido por las movilizaciones estudiantiles en Corrientes y Rosario y por las puebladas de Casilda y General Roca. El Cordobazo fue expresión de la combinación de ese doble proceso, también parte constitutiva. En conjunto crearon el marco socio-político en el cual se desenvolvieron las jornadas.

Social y político

La protesta tuvo como marco un conjunto de medidas de la dictadura encabezada por el General Onganía: una fuerte devaluación del peso, que impactó en la carestía de la vida, junto a la congelación de los salarios por dos años mientras buscaba modificar las condiciones laborales. A esas medidas generales se le incorporaron reivindicaciones regionales –alza de los precios y eliminación del sábado inglés y de las quitas zonales entre otras- debatidas y rechazadas en las organizaciones de base de las fábricas y en asambleas masivas en las que se desenvolvía una fuerte conciencia antiburocrática. El abogado laboralista Lucio Garzón Maceda, asesor en ese entonces de varios sindicatos cordobeses, pone el acento en las direcciones y en el contenido político democrático“…fue la decisión de tres dirigentes sindicales -Elpidio Torres, de SMATA; Atilio López, de UTA; y Agustín Tosco, de Luz y Fuerza- de dar una pelea en las calles de Córdoba contra la expresión coercitiva del Estado, que era la Policía, y si era posible derrotarla, como finalmente ocurrió”. "Esto porque era una de las formas más decididas de enfrentar a la dictadura planteando el restablecimiento de la democracia y terminar con las proscripciones, pero fundamentalmente la recuperación de las libertades públicas".

Más allá de las distintas interpretaciones hay coincidencias en que el Cordobazo fue, al menos hasta ese momento, la movilización de masas más potente y violenta desde la Patagonia Trágica en 1919. Los informes periodísticos de la época avalan esta conclusión: 34 muertos, 400 heridos y 2000 detenidos.

Dinámica de lo impensado

Estaba convocado un paro de 24 horas para el día 30, Tosco propuso 36 horas con movilización, lo que fue aceptado y especialmente promovido por la asamblea del SMATA, la mayor concentración obrera de Córdoba en ese entonces.

Todo se inició en la media mañana del 29 cuando las columnas obreras comenzaron a marchar para concentrarse frente a la sede de la CGT, donde desarrollarían el acto. Fueron reprimidas por destacamentos policiales que tenían la orden de no dejarlos avanzar. Todo se desenvolvía en una serie de escaramuzas hasta que se conoció que Máximo Mena, un obrero mecánico, había caído muerto bajo las balas de la policía. La noticia corrió de boca en boca como un reguero de pólvora, a las columnas obreras se unieron las estudiantiles. Primero resistieron y luego hicieron retroceder a la policía. La ciudad se llenó de fogatas y quedó bajo el control de la alianza obrero-estudiantil a la que se le sumaron numerosos vecinos, mientras los negocios cerraban. El detonante fue la muerte de un obrero, pero hubo un factor impensado, un imponderable: que la policía se retirara, temerosa del desborde de los manifestantes, cuando se le acabaron las bombas de gases. Los contingentes obreros y estudiantiles se desplegaron por toda la ciudad, hubo ataques e incendios a objetivos bien definidos, pero no saqueos ni destrozos gratuitos.

Quienes en Buenos Aires seguíamos con interés y ansiedad los acontecimientos, nos enterábamos con preocupación de que desde nuestra ciudad se había dado la orden de que el III Cuerpo del Ejército avanzara sobre la ciudad para retomar el control. Las masas obreras se replegaron y los estudiantes ocuparon el Barrio Clínicas, se nombraron delegados por manzana mientras que desde las casas y edificios se auxiliaba a los insurrectos, se les facilitaban los desplazamientos y se hostigaba a las tropas represivas. Por unas horas el barrio fue zona liberada.

“Tuve el privilegio de aspirar ese olor tan particular de la libertad total que existe en esos momentos… El sistema dominante se quiebra, aunque sea por 24 horas y el pueblo tiene la sensación de que puede ganar… Ese día vale por un millón, nadie lo podrá olvidar” (Carlos Scrimini. Presidente de la FUC y protagonista de las jornadas)

Así la represión convirtió una concentración pacífica en insurrección popular. Una vez más se comprobó que la dinámica de la lucha de clases no siempre es predecible, los imponderables juegan y desatan la espontaneidad de las masas. “Una huelga política de masas que no fue pensada como levantamiento insurreccional” (así lo analiza el militante Abel Boholavsky, participante de aquellas jornadas cuando cursaba el 5° año de medicina). La relación entre organización y espontaneidad en el desenvolvimiento de las jornadas, de la que se deriva qué pesó más, la decisión de los dirigentes o la de las organizaciones de base, forman pare de todo debate que con seriedad intente extrapolar esas conclusiones al presente.

Nuestro ‘68

El Cordobazo de 1969 fue nuestro Mayo de 1968. Claro que con diferencias. Aquí fue impulsado por las y los trabajadores, a quienes rápidamente se sumaron las y los estudiantes; en Francia fue protagonizado por estudiantes, a quienes lentamente se sumaron los sindicatos, con la oposición del PCF. El Mayo francés cerró una etapa; el Cordobazo abrió un nuevo período de la lucha de clases en nuestro país. Los sectores combativos del peronismo se sumaban a los clasistas, y los objetivos socio-económicos y políticos se fusionaban en una dinámica que cuestionaba el orden capitalista existente. Desde entonces, y por varios años, las consignas de unidad obrero-estudiantil y gobierno obrero y popular se hacían presentes en todas las manifestaciones.

Cinco décadas después en un escenario social y político muy diferente, el Cordobazo, como también la figura de Tosco, nos interpelan. Recuperar aquellos acontecimientos es no solo un acto de reconocimiento a aquellas jornadas que están inscritas con tinta indeleble en la historia viva de las y los trabajadores y el pueblo, sino una necesidad para incorporar sus enseñanzas a los debates actuales.

Para quiénes fuimos contemporáneos de aquellas jornadas este 50° aniversario es una nueva oportunidad para transmitir a las jóvenes generaciones aquellas experiencias y también para recuperar la esperanza. La razón de ser de aquellos hombres y mujeres que protagonizaron esas jornadas y que en muchos casos todavía estimulan las luchas del presente, sin la cuales no hay utopía posible.

Eduardo Lucita. Integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda-. Argentina.

Más información:

Documental sobre el Cordobazo

Argentina, mayo del 69: Los caminos de la liberación





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