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Elecciones al Parlamento europeo
Diagnóstico y perspectivas
28/05/2019 | Ruth Ferrero-Turrión

De las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 26 de mayo se pueden extraer varias conclusiones y plantear algunos retos que serán claves a lo largo del ciclo político que ahora comienza.

Si tuviéramos que dar un solo titular éste sería el del incremento de la participación en el proceso electoral que, en esta ocasión ha alcanzado el 50,5% rompiendo la tendencia descendente en todas y cada una de las convocatorias electorales al Parlamento Europeo desde 1979, algo que se ha celebrado desde la institucionalidad como relegitimador del sistema. En todo caso, hay que ser conscientes de que en el marco comunitario si hay algo que no existe es un demos común, sino 28, cada uno con sus propias peculiaridades y características. Valga como ejemplo el caso español, donde es más que evidente el efecto arrastre que ha tenido la coincidencia entre elecciones autonómicas y locales con las europeas, lo que ha hecho repuntar la participación en estas últimas en más de 10 puntos respecto a la anterior convocatoria de 2014 y que alcanzó el 64,3%.

Otros casos significativos serían los países de Visegrado (Rep. Checa, Polonia, Eslovaquia, Hungría) donde la movilización del cuerpo electoral no ha hecho sino reafirmar a los gobiernos actuales y, por tanto, refrendar su acción europea que tanto incomoda en parte de la Europa occidental. En todos ellos la participación ha crecido de 8 en el que menos hasta 20 en el que más, si bien es cierto que los porcentajes de partida eran muy bajos.

En Francia la competición electoral se saldó con un ajustado resultado entre la Renaissance macroniana y el Reagrupamiento Nacional (RN) lepeniano polarizando el voto de manera similar a una segunda vuelta de presidenciales, con el telón de fondo de los chalecos amarillos y la práctica desaparición de otras fuerzas políticas de la competición electoral y un incremento de la participación de 8,6 puntos alcanzando el 51%. Es interesante ver cómo se ha movilizado el voto hacia una extrema derecha que no hace tanto quería seguir la estela del Reino Unido y que se ha caracterizado por una tradicional eurofobia.

Además del incremento de la participación es posible analizar otros factores que podrán ayudar a explicar cuál será la deriva política del próximo ciclo político europeo.

1) Fin de la gran coalición entre socialistas y conservadores. Estas elecciones marcan un fin de ciclo en el triángulo institucional europeo. Las familias políticas que iniciaron el proyecto europeo han perdido por vez primera en el Parlamento la mayoría del 50%. Esta situación les va a obligar a pactar con otros grupos políticos hasta el momento ausentes de la negociación política en la cámara. Liderará el PSE el Partido Socialista de Sánchez, y el PPE, la CDU de Merkel. Ya en la campaña electoral se pudieron observar los guiños del socialista Timmermans a Verdes e Izquierda Europea. El comienzo de un nuevo escenario político se ha comenzado a ver ya desde los primeros resultados. Así, Macron y Sánchez han empezado a posicionarse con el fin de generar sinergias en un marco propicio para un juego de geometría variable. Si el alemán Manfred Weber pensaba que con la victoria del PPE sería el próximo Presidente de la Comisión, estaba muy equivocado. Durante estas últimas horas otros nombres han saltado a la luz pública como potenciales candidatos. El socialista Timmermans o la liberal Magrethe Vestager son los más destacados, aunque la apuesta del presidente francés es por el republicano Barnier. Sin embargo, parece será la actual Comisaria de la Competencia la que cuenta con más apoyos para poder ser la primera Presidenta de la Comisión.Así, quedaría escenificado el fin de la hegemonía de las dos grandes familias políticas europeas.

2) Crecimiento de liberales y verdes y retroceso de la izquierda europea. Sin duda los grupos ganadores de estas elecciones han sido los liberales, pero, sobre todo, los partidos verdes que han crecido exponencialmente en países del centro europeo llegando a superar, como en el caso alemán, a los socialistas. A la espera de los datos postelectorales no sería demasiado arriesgado apuntar que el voto joven haya sido esencial para esta victoria. Las movilizaciones contra el cambio climático han sido probablemente el detonante de un voto masivo a estas fuerzas políticas en detrimento de socialistas y de la izquierda radical que no han sido capaces de leer las demandas ciudadanas en este sentido, como se ha demostrado en los casos alemán o francés. El gran derrotado, en todo caso, es la izquierda, mayoritariamente incapaz de articular una estrategia diferenciada del social-liberalismo y, en ocasiones, cayendo en las trampas de los discursos anti-inmigración más nacionalpopulista, con la clara excepción del Bloco de Esquerda, que ha conocido un notable ascenso.

3) Consolidación del bloque de la derecha nacionalpopulista. Si durante la campaña electoral hubo un fantasma que sobrevoló el cielo comunitario fue el representado por los partidos de extrema derecha, nacionalpopulistas y de corte xenófobo. Quizás de lo que más se haya hablado en campaña sea del intento de articulación de todos ellos como fuerza alternativa a los partidos tradicionales y el establecimiento de un eje Roma-Budapest. El resultado electoral refuerza a Orban y Salvini, pero en general no se ha experimentado un crecimiento sustantivo en la cámara en relación con 2014. Veremos si FIDESZ finalmente abandona las filas del PPE, donde, y esto es importante, constituye el segundo partido en orden de importancia tras los alemanes. En todo caso, la representación de estos partidos sólo ha crecido 2 puntos, pasando a ser el 22% de la eurocámara. Suponiendo que todos ellos se pusieran de acuerdo, no conseguirían alcanzar una minoría de bloqueo en la cámara que era su principal objetivo. Así que a todas luces y como apuntara Cas Mudde en 2015, más que una ola populista, es una olita de partidos nativistas y soberanistas.

4) El discurso verde ha vencido frente al de la anti-inmigración o la amenaza rusa. El análisis preliminar de los resultados electorales nos permite afirmar que en los países centrales de la UE una parte significativa de la ciudadanía ha querido introducir en un lugar destacado de la agenda política la cuestión del cambio climático frente a otros que, aparentemente, iban a ser los grandes movilizadores como la anti-inmigración o las relaciones con Rusia y la ciberseguridad. Los espectaculares resultados obtenidos por los partidos verdes demuestran que hay espacio para un cambio de tendencia.

En cuanto a los retos sobre los que reflexionar a partir de ahora varios serían los ejes temáticos. El primero, sin ningún género de dudas, debería ser el del cuestionamiento del rumbo económico-social actual y la apuesta firme por la democratización en el sentido radical del término. Sin ambos, la desafección ciudadana ante lo que representa la UE no dejará de profundizarse.

El segundo eje sería el de la reflexión sobre qué valores debería continuar avanzando. ¿Una Europa donde sigan operando las políticas neoliberales de la austeridad y los recortes o una social que recupere el espíritu de los primeros europeístas de postguerra? ¿Una Europa que se preocupe más de la estabilidad y la seguridad que de la regeneración democrática y del bienestar de los ciudadanos? ¿Una Europa que pelee por la justicia social y luche contra la desigualdad o una Europa que cierre las fronteras a los que le piden ayuda y alimente el enriquecimiento de las grandes multinacionales y su libre circulación de capitales? ¿Una Europa que combata el cambio climático radicalmente y se enfrente a las contradicciones de la sociedad de consumo o una Europa que continúe sin dar respuesta a la necesidad de poner en marcha una política energética no dependiente de los recursos fósiles?

Y finalmente, el tercer eje de reflexión sería el del papel que la UE quiere jugar como actor global. En un entorno geopolítico que cambia rápidamente hay que decidir por qué estrategia optar: si una seguidista con la OTAN como eje fundamental o una autónoma, pacifista y solidaria con los pueblos del Sur.

28/05/2019

Ruth Ferrero es investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.







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