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Francia. Congreso de la CGT
"Dijon ha sido el congreso del desencanto"
28/05/2019 | Michel Noblecourt, Raphaëlle Besse Desmoulieres

El congreso del desencanto

Michel Noblecourt

Cuando empiezan a arder los establos hay que proteger el edificio principal. Al abrir el 52 Congreso confederal de la CGT, celebrado en Dijon del del 13 al 17 de mayo, Philippe Martinez era consciente del estado crítico de su central: afiliación en caída libre, pérdida de la primera posición sindical entre todos los sectores, fracaso de la estrategia consistente en multiplicar jornadas de movilización sin eco ni resultados. “Si no se hace nada, había reconocido, me preocupa mi organización”. Signos de decadencia que, por contraste, el movimiento de los chalecos amarillos ha puesto de manifiesto.

La CGT necesitaba urgentemente un electrochoque, un sobresalto para intentar superar la pendiente. Pero durante cinco días, los 238 delegados y delegadas, han jugado a bomberos pirómanos y han quemado la casa sin que Martinez haya buscado apagar el fuego. El congreso concluyó el 17 de mayo, a los sones de la Marsellesa y la Internacional. El secretario general, reelegido para un nuevo mandato de tres años, tuvo derecho a una ovación final de rigor, mientras que quienes han abandonado los órganos directivos -una comisión ejecutiva de 60 miembros y un secretariado confederal de 12 miembros -, a partir de ahora paritarios, no tuvieron derecho al tradicional saludo fraternal. Dijon ha sido el congreso del desencanto.

En su discurso inaugural el 13 de mayo, Martinez había dado pruebas de apertura. Sabiendo que se iba a enfrentar a una ofensiva de quienes, en su ala izquierda, militan para volver a la Federación Sindical Mundial (FSM), la Internacional sindical comunista que la CGT abandonó en 1995, destacó que su central se sentía “cómoda” en las afiliaciones europeas e internacionales, buscando “el contacto y la unidad con el mayor número de organizaciones sindicales”. Aseguró que la CGT no quería ser ni “una vanguardia, incluso iluminada”, ni “una especie de élite sindical” dando un pequeño paso en la dirección del “sindicalismo unido” querido por su antecesor Louis Viannet. Considerando que la “fosa se abre” con la CFDT en relación a la concepción del sindicalismo, invitó a sus camaradas a no ofender a su rival.

Reveses y agravios

Philippe Martinez hizo de la adaptación de las estructuras de la CGT -anunciadas en cada congreso y abandonadas enseguida- un “objetivo prioritario” proponiendo un refuerzo del papel de los comités regionales, “una gota de agua en relación a los cambios necesarios”. También se anticipó a la batalla que, como un ritual, la iba a plantear su extrema izquierda a favor de una “huelga general” y de un “bloqueo de la economía”. “Se puede gritar alto y fuerte huelga general -previno -, pero de entrada, planteemos el problema de la ausencia en las movilizaciones profesionales o interprofesionales de una parte importante de nuestra afiliación”. Una serie de lúcidas observaciones.

La CGT adoptó, como en el congreso de Marsella en 2016, un llamamiento a “ampliar y generalizar las movilizaciones a favor de la huelga y las manifestaciones”. A pesar de su fracaso, se sigue en la misma línea.

A cambio, Martinez encajó reveses y agravios. Pagó el precio de un congreso -el primero para el 80% de las personas delegadas -, mal preparado, moderado con un amateurismo torpe y con debates superfluos donde se hablaba de “salir del capitalismo” pero no de negociación y sin que las y los militantes se interroguen sobre las causas del declive de una CGT, ignorada por la gran mayoría de las personas asalariadas. El primer revés fue a cuenta de la FSM, cuando según Ph. Martinez, el 85% de los afiliados no conocían esta internacional, hoy fantasmagórica, que reúne entre otros, al sindicato norcoreano, sirio y cubano. A la dirección se le impuso, contra su criterio, la relación con las organizaciones de la FSM. Las federaciones de la industria química y, poco después, del comercio, que están afiliadas [a esa federación], cantaron victoria.

La segunda bofetada fue a cuenta de la CFDT, de nuevo objetivo de las delegaciones. El nombre de Laurente Berger, su secretario generalde la CFDT , fue silbado. Y un militante para el que “ser el primero o el último sindicato se la trae floja” (sic) triunfó calificando a la central cefdetista de “asociación de ayuda mutua con al patronal”. Suprema humillación, la dirección tuvo que retirar -aplazar, según sus palabras– la reforma de los estatutos sobre los comités regionales. Y la guinda: la CGT adoptó, como en el congreso de Marsella en 2016, un llamamiento a “ampliar y generalizar las movilizaciones para la huelga y las manifestaciones en la unidad y la convergencia más amplia posible para conseguir la retirada de los proyectos de retroceso social y ganar nuevas conquistas sociales”. Una estrategia fracasada, pero da igual.

Método Coué

Sin embargo, a la salida del congreso, de donde sale más debilitado de lo que entró, Ph. Martinez dijo sentirse “muy satisfecho” y “confiado”. “Recuperaremos el primer puesto” - aseguró aplicando el método Coué [automejora basada en la autogestión], viendo en la CGT “una fuerza considerable que hay que poner en movimiento”. Su oposición está organizada y fortalecida formando, según los votos del informe de actividad y del documento de orientación, un bloque que representa entre el 30% y 35% de los sindicatos. Y se puso de manifiesto en el comité confederal nacional -el parlamento de la CGT -que reeligió al secretario general el 17 de mayo. Seis federaciones votaron contra su reelección : las federaciones de comercio y de la industria química, las uniones departamentales (UD) de Bouches-du-Rhône, de Val-de-Marne y de Haute-Garonne. Once se abstuvieron: las federaciones de banca y seguros, de la sanidad, de los organismos sociales y de muelles y puertos, las UD de Yvelines, de Pyrenées-Orientales, de Ariège, de Loiret, de Tarn-et-Garonne, de Indre y de Loir-et-Cher. Una mala señal.

Los reformistas, se callaron, están desamparados. “Es el peor congreso que haya habido jamás. Nunca había visto semejante fiasco. Mezclando incompetencia y falta de orientaciones, Martinez se ha enredado”. Los Jours heureux (Los días felices)título del programa del Consejo Nacional de la Resistencia, frecuentemente recordado, tendrán que esperar.

Le Monde 20/05/2019

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En el congreso de la CGT, los chalecos amarillos ocupan las mentes

Raphaëlle Besse Desmoulieres

Desbordado en la calle por el movimiento social, el sindicato se pregunta sobre cómo responder a esta nueva forma de movilización

Estaba en la cabeza de todo el mundo, pero no estaban en el centro de los debates del 52 congreso de la CGT que debía terminar el 17 de mayo en Dijon. Los chalecos amarillos estuvieron presentes en varias intervenciones en la tribuna. Si toda las confederaciones han sido arrolladas por esta movilización social, una de cuyas características es haber emergido fuera de los sindicatos, la el sindicato de Montreuil (Seine-Saint-Denis) [sede central de la CGT] se vio especialmente afectada por estas nuevas protestas han venido a competir en su terreno predilecto: la calle. Sin tener en cuenta que en seis meses han obligado a Emmanuel Macron a soltar 17.000 millones de euros cuando la CGT no ha doblegado al gobierno a pesar de sus repetidas jornadas de lucha contra la revisión del reglamento de las leyes laborales o la reforma ferroviaria. Sin embargo, la dirección de la CGT no parecía querer hacer frente a este tema. Algunas personas se encargaron de recordarlo. “Por primera vez ha estallado, un potente movimiento en el que no estamos para nada”, lanzó desde el micrófono un cuadro de la metrópolis de Lyon. “Esto nos debe hacer reflexionar (sobre la estrategia que hay que adoptar)”, continúo una de sus camaradas. Se remarcó la postergación del número uno de la central, Philippe Martinez. Si la confederación “se puso de perfil” al comienzo del movimiento, para un representante de la CGT Educ’action 5, “ hay que hacer una autocrítica y no simplemente constatar que el movimiento ha evolucionado”. Hizo un llamamiento a sus “camaradas” a “hablar, confraternizar”.

“Mega negación”

En los pasillos del congreso, [el movimiento de chalecos amarillos] es tema de debate. Stanislas Baugé, del sector de transporte terrestre de La Rochelle, explica haber tenido problemas, al comienzo, para incorporarse a un movimiento que se resumía en algunas palabras: “abajo los impuestos y las tasas”. Su experiencia no fue de las más felices. “Recibí muchas leches en Facebook, asegura. Y en las rotondas, nos han dado lecciones de militancia y me han tratado casi de colaborador, diciéndome que la CGT quería salvar el pellejo a costa de los chalecos amarillos”. Y que no vengan a decirle que estos últimos han triunfado donde la CGT habría fracasado. “No han obtenido nada, el carburante sigue a 1,60 euros y estamos lejos de los 100 euros de más para quienes cobran el salario mínimo [una de las promesas de Macron a principios de diciembre]...”

Christophe, de la federación de sanidad, es más crítico. Considera que “Está revuelta es interesante, es sintomática del malestar en la sociedad. Pero es una pena que la ciudadanía pase de largo de una herramienta sindical como la CGT”. Lolita, ella, no da el brazo a torcer: “Hay una enorme negación en la CGT en relación a los chalecos amarillos, juzga esta militante de la federación del espectáculo; es muy fácil esconderse detrás del hecho de que hay tíos del FN sin intentar comunicarse con ellos”. Para la joven, “lo que cuestiona este movimiento es la forma de construir una nueva forma de luchar”. “Una parte de la CGT, especialmente gente joven, dice que lo que ha hecho hasta ahora no funciona, añade. Hemos logrado algunas cosas pero aún no hemos encontrado la forma de combatir radicalmente el capitalismo”.

Un elemento parece suscitar consenso, como respuesta a las declaraciones de Philippe Martinez que, de nuevo, consideró, en su discurso inicial del lunes que los chalecos amarillos eran “el reflejo del desierto sindical” de la CGT. “Esto incluye toda una franja de la población que jamás se había movilizado porque no se reconocían en el funcionamiento sindical, añade Lolita. Han logrado una cohesión de grupo y ha relacionado a gentes que antes estaba sola y eso ya es grande”. Stanislas Baugé lo reconocía: “Hay quienes están en estructuras pequeñas y que no ven jamás un sindicato, que no nos conocen”. Para él, el objetivo es claro: hay que “ir a recuperar estas pequeñas bolsas”.

Christophe destaca una de las dificultades del ejercicio de este tipo de iniciativa. “Es evidente que tenemos dificultades para implantarnos, señala. Muchas personas asalariadas no se acercan a las organizaciones sindicales por miedo. La represión sindical es tan fuerte que la gente prefiere mantenerse a distancia”. Y concluye: “Crear una herramienta en sintonía con la realidad, es un cuestionamiento permanente en la CGT, es el objetivo de este congreso”. Un discurso que se escucha desde hace años en la central cegetistas sin que se haya concretado hasta el presente.

Le Monde 17/05/2019

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article48964

Traducción: viento sur





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