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Argelia
Ruptura política o revolución como proyecto
24/05/2019 | Nadir Djermoune. Mustapha Benfodil

En su decimotercer viernes de movilización, el movimiento popular que vive Argelia desde el 22 de febrero confirma su serena y apacible exigencia de un cambio fundamental y radical del sistema de gobernanza política. Esta exigencia viene acompañada en segundo plano de cuestionamientos de orden teórico y metodológico, hasta ahora olvidados y rebatidos por el universo político e intelectual argelino.

Son cuestionamientos que van desde procedimientos jurídicos hasta mecanismos económicos, desde lógicas sociológicas hasta dinámicas históricas, que abarcan el pasado y el futuro del país. Son cuestionamientos que no tienen un mero valor académico, sino que estructuran el pensamiento y también la práctica política. Para abordar estos aspectos analíticos que vehiculiza el movimiento, que se halla en fase de estructuración y maduración política, partiremos de lo que está en juego en el momento histórico que vivimos.

La institución militar y la dinámica del movimiento

El momento preciso que vive actualmente el movimiento de protesta está marcado por las detenciones espectaculares de Said Buteflika, hermano y consejero especial del presidente depuesto, de los ex generales Athmane Tertag y Mohamed Mediène, antiguos jefes de los servicios de seguridad, seguidas de la citación de Louisa Hanoun, del PT [Partido de los Trabajadores], para ser interrogada en el marco de la misma investigación, y su posterior encarcelamiento.

¿Qué significan estos encarcelamientos? ¿Qué presagian para el porvenir del movimiento de protesta al que están dirigidos? “No es ilegítimo pensar”, señala el periodista y ensayista Yassine Temlali, “que la implicación de la justicia militar en este asunto está destinada a impedir que el eventual juicio contra los acusados revele aspectos del funcionamiento del régimen de Abdelasis Buteflika demasiado comprometidos para el régimen de facto instaurado desde su destitución. Tampoco es ilegítimo creer que un juicio ‘controlado’ ante un tribunal militar permite evitar a dos poderosos ex generales, Mohamed Mediène y Athmane Tartag, una humillación pública susceptible de provocar inquietud en el seno del ejército.”

La detención de Hanoun, en cambio, parece obedecer a un doble registro. En primer lugar, en el ámbito político-jurídico, la presidenta del PT se halla ligeramente a contrapelo con respecto al movimiento popular, no en vano estuvo del lado de Buteflika durante todo su reinado, so pretexto de defender el Estado nacional frente a los complots imperialistas, y se movió demasiado cerca de los servicios de seguridad. Posturas que por lo demás ella nunca ha ocultado. Sin embargo, esto no la convierte en criminal o complotista, sino que es fruto de sus opiniones y su línea política.

Claro que no cuesta nada ofrecerla a la vindicta popular como cómplice del “complot que se trama contra el ejército” y del desbarajuste del poder. Además, el caso ofrece un sólido argumento en el terreno ideológico y simbólico a Gaid Salah, el jefe de estado mayor que busca una posición bonapartista, atacando primero a los oligarcas mafiosos, después al antiguo poder corrupto y finalmente a la persona que “representa a los trabajadores”. Con esto pretende situarse por encima de las ideologías. De paso evita la contradicción artificial árabe/cabila a la que quiso arrastrarle, en algún momento, cierta oposición.

Sin embargo, una institución militar que trata de ganar popularidad llevando a estas personalidades –que, por cierto, no están libres de culpa– ante la justicia militar es tal vez el preludio de algo políticamente más grave. Ver en la actitud de Gaid Salah un acercamiento al pueblo y una respuesta al movimiento, que reclama actos, y no ver las intimidaciones que se perfilan en el seno de este mismo movimiento, se asimila a un apoyo puro y simple a la institución militar.

Alternativa política a la altura del movimiento

Esta institución es hoy por hoy la única estructura organizada, como fue el caso del Estado mayor, su ancestro, frente al GPRA1/ en 1962. Trata de asegurar una transición sin chocar con la protesta. Intenta tapar la brecha abierta por el propio movimiento y se considera legitimada para imponer su hoja de ruta, que se pretende constitucional, con los riesgos que esto supone para las libertades democráticas y la soberanía popular.

El calendario político en curso no se debe a la iniciativa de fuerzas políticas representativas. Lo ha presentado e impuesto el movimiento, aunque sin controlar del todo los plazos y su desarrollo. La apuesta por las elecciones como solución en cada fase de la protesta tampoco es una decisión estratégica, sino una obligación impuesta por este calendario constitucional. De entrada fue revisado y corregido por el movimiento, que anuló la convocatoria del 19 de abril. Después fue aplazado al 4 de julio por los herederos y los partidarios de esta constitución, fecha que rechazan los manifestantes y que responde a una triple apuesta. Es necesario dejar de considerar un hecho la homogeneidad entre los diferentes protagonistas de los acontecimientos que vivimos. Comienza una decantación.

Frente a la institución militar, que reivindica su constitucionalidad para consolidar su poder, la primera apuesta es la que hacen destacados políticos de obediencia neoliberal, que formulan propuestas de cara al sistema oligárquico emergente. Porque una vez apartado Buteflika, quien tenía el monopolio de la iniciativa, estos oligarcas desean pasar rápidamente a una nueva presidencia que, si fuera preciso, emprendería reformas.
Aspiran a controlar la elección presidencial reivindicando una instancia de transición cooptada por el poder de hecho, es decir, ¡los militares! Porque esto es de lo que se trata, ya que todos los candidatos y candidatas a la dirección de esta transición no provienen del movimiento. Las diferentes propuestas solo reciben el apoyo de la prensa, y basta comprobar quiénes son los dueños de esta prensa para comprender esta apuesta. La población y el movimiento, de todos modos, hacen caso omiso de todo representante político.

La segunda apuesta consiste en la propuesta de convocar una Asamblea Constituyente soberana. Este es el único planteamiento, en el estado de cosas actual, que supone una ruptura con el sistema tan repudiado por los y las manifestantes y que permite emprender la construcción de un proyecto político y social legítimo y representativo de las aspiraciones de la mayoría del pueblo en movimiento. Es de sentido común y responde incluso a la lógica matemática: o bien se acepta el orden constitucional actual y se evita un enfrentamiento con el poder, en cuyo caso habrá que ir a la elección presidencial del 4 de julio contando con la movilización popular para que sean justas y transparentes, cosa que rechaza el pueblo en movimiento, pues no confía en los antiguos y desconfía de los nuevos. O bien se abandona esta constitución y se elabora una nueva. ¿Cómo hacerlo? Hará falta una personalidad que reúna el consenso o una estructura representativa y legítima que dirija este proceso.

Estos pocos ejemplos pueden ayudarnos a comprender este símil: cuando en 1958 el Estado francés en plena crisis argelina llamó al general De Gaulle, este, basándose en su legitimidad simbólica y en la hegemonía de la burguesía francesa, a la que representaba, aceptó dirigir una transición de la Cuarta a la Quinta República, pasando por un referéndum sobre una nueva Constitución que estableció el mismo a la medida de su poder y de lo que representaba. Tuvo que producirse Mayo del 68 para poner en tela de juicio aquella legitimidad, pero no la Constitución, que se mantiene en vigor. Cuando Houari Boumédiène, en un contexto diferente, tomó el poder en 1965 en Argelia, esperó hasta 1976, tiempo que necesitó para construirse la hegemonía y la legitimidad necesarias para hacer aprobar su Constitución. Del mismo modo, Mohammed Boudiaf, en 1992, en otro contexto, tenía también la legitimidad simbólica para emprender la refundación de la República, sin prejuzgar el contenido de lo que podría haber hecho. Sin embargo, su ambición romántica y nacionalista pudo más, dejando a Argelia en la tormenta.

Es esta tradición bonapartista la que explica el recurso al general Zeroual por Said Buteflika tan pronto la crisis llamó a las puertas del poder argelino. Y desde entonces, los defensores de la continuidad del sistema buscan a una persona providencial. Gaid Salah parece comprenderlo al apoyarse en la legalidad que le otorga la Constitución vigente. De ahí que no quiera salirse de este marco. ¡Puede que se vea a sí mismo encarnando a este personaje!

En la tercera apuesta hay una nebulosa que se pretende revolucionaria, pero que plantea una revolución abstracta, remitida a las calendas griegas. Considerando que “no se dan las condiciones para esta ruptura”, se niega a impulsar una laboriosa confrontación con la política concreta. Es un pensamiento que está condenado a girar incesantemente alrededor del problema sin abordarlo. El rechazo de la fecha del 4 de julio sin ofrecer una perspectiva realizable en un plazo razonable sitúa al movimiento en un vacío político e institucional. Estos protagonistas que rechazan la solución constituyente se alían objetivamente para hacer sitio a Gaid Salah, quien se prepara para llenar ese vacío.

La batalla constitucional no es suficiente

Lo que está en juego es mucho. Ahora es imprescindible acompañar a esta nueva Argelia, nacida el 22 de febrero, para estar a la altura de esos momentos excepcionales en la historia de un país. No se trata de un simple callejón sin salida jurídico y constitucional. Cualquiera que sea la salida inmediata, la vía de la emancipación ya está abierta; hay que ocuparla antes de que la cierren. De todos modos, no se trata de partir de una crítica o de un programa revolucionario ajeno al tiempo y a la historia real, es decir, abstracto. Se trata de partir de las contradicciones generadas por el propio movimiento.

La necesidad de recurrir a la Asamblea Constituyente soberana no es, desde este punto de vista, un simple subterfugio táctico. Es fundamental y de carácter estratégico para los trabajadores, los desfavorecidos, o sea, para la mayoría de los pueblos con el fin de acceder a su emancipación y a la defensa de su proyecto de una manera libre y democrática. Porque es en estos momentos históricos de gran movilización cuando es posible imponer un avance realmente democrático frente a la clase dominante y a los regímenes autoritarios. De ahí que los defensores de la vía oligárquica rechacen esta vía.

Evidentemente, esta solución a través de la Constituyente será el resultado de un proceso de debate nacional bajo la dirección de un gobierno provisional civil, de una duración razonable con el fin de ofrecer a todas las fuerzas la posibilidad de prepararse para llevar a cabo un debate de fondo sobre la constitución deseada, un debate que es indispensable para situar las cuestiones clave y aclarar las opciones. La calidad y la independencia de esta estructura provisional desempeñan entonces un papel importante, del mismo modo que la verdadera libertad de información, de expresión y de manifestación, en la medida en que permite a todos los sectores populares, bajo el control del movimiento, contribuir al debate sobre la naturaleza de los principios que no podrán ser derogados.

Este recurso a una renovación democrática constituyente también es válido, en este comienzo del siglo XXI, para las grandes potencias económicas capitalistas que han realizado su revolución democrática. Para volver al ejemplo francés citado más arriba, la llegada de De Gaulle en 1958 fue un cuestionamiento del equilibrio democrático introducido por la Asamblea Constituyente de después de la guerra de 1939-1945. Sin embargo, como la burguesía francesa es incapaz de compartir el poder democráticamente, logró imponerse a través de De Gaulle, en plena crisis frente a los avances del movimiento independentista argelino, estableciendo una constitución presidencialista a ultranza. Un poco como Buteflika en 2009, guardando las proporciones en cuanto a la forma.

Todavía hoy, el recurso a un proceso constituyente para una Sexta República entra dentro de lo posible y de lo necesario para una potencia como Francia. Esto también es válido para otra potencia como EE UU, que sigue funcionando con la Constitución de Abraham Lincoln, en la que el poder lo comparten estructuralmente los grandes clanes financieros pomposamente llamados demócratas y republicanos. Por supuesto, podemos ampliar esta estrategia de renovación democrática a las nuevas oligarquías que son Rusia y China.

Combinar la perspectiva política con un programa socioeconómico de transición

Esta necesidad constitucional, que plantea fundamentalmente la cuestión del poder político, abre la vía hacia la cuestión de su contenido, es decir, del proyecto de desarrollo que interesa a los y las argelinas como a todas las sociedades humanas. Desde este punto de vista, lo que reivindica la gente es un profundo cambio de sistema, es decir, una renovación de Argelia para que este país pueda tomar el impulso que se espera de él. A través de la denuncia del sistema se apunta, de momento, contra el control burocrático y oligárquico de la economía, una especie de capitalismo de connivencia. Un capitalismo de connivencia que oculta simplemente otro capitalismo mundial más voraz y en plena crisis.

Estas son las cuestiones que deben acompañar a las apuestas asociadas a la probable convocatoria del 4 de julio e incluso después.

20/05/2019

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article48985

Traducción: viento sur

Notas

1/ Gobierno Provisional de la República Argelina


La movilización estudiantil continúa: ¡hasta ganar!

Mustapha Benfodil

A menos de 48 horas después de la fuerte movilización del domingo anterior durante la Jornada nacional estudiantil, la comunidad universitaria volvió a manifestarse ayer [20 de mayo] de forma masiva, marcando de forma brillante el 13º martes consecutivo de movilización contra el sistema.

Cronología de la movilización

10:25h. La movilización se organiza a la altura del instituto Delacroix y el ambiente comienza a calentarse. Comienzan a gritarse las primeras consignas: Djazaïr horra dimocratia ! (¡Argelia libre y democrática!), Makache intikhabate ya el issabate (No a las elecciones con la banda [el sector que controla el poder ahora. ndt]), Hé, viva l’Algérie, yetnahaw ga3! (¡Que se vayan todos!), Dawla madania, machi askaria (Estado civil y no militar), Gaïd Salah dégage! (¡Gaid Salah [jefe del Estado mayor. ndt) dimisión!), «Silmiya, silmiya! Matalibna charîya (Pacífica, pacifica, nuestras reivindicaciones son legítimas)… Las banderas y las pancartas que se portan también dan el tono de la manifestación: "Nuestros sueños no caben en vuestras urnas", "Eleccciones el 4 de julio: imposible", "Los objetivos de las elecciones del 4 de julio: esquivar las reivindicaciones populares, legitimar a la banda, acabar con la ambición de las y los argelinos".

Una gran pancarta acusa al jefe del Estado mayor de la Armada Nacional Popular: “Gaid Salah, estás [en el poder] contra la voluntad del pueblo". En otras pancartas, se mezcla todo: "Las detenciones arbitrarias son la prueba irrefutable de que este sistema intenta reproducirse", "Las y los estudiantes rechazan las elecciones trampa", "¡Las ovejas a las urnas, sistema dimisión!", "No a las elecciones bajo el régimen militar", "No queremos un régimen militar", "Basta ya de maniobras. Callaos y prestar atención al hirak [movimiento]", "Que el ejército no se meta en política"... Una estudiante enarbola un mensaje irónico: "4 de julio de 2019: día nacional del yo no voto. Su excelencia el Pueblo decide".

Las y los estudiantes eluden el cordón policial

La procesión humana tomó la dirección de Correos [edificio emblemático en el centro de la ciudad]. Un impresionante despliegue de fuerzas antidisturbios y de camiones azules [blindados de la policía] les disuade de seguir en esa dirección. El cortejo pasa al bulevar Khemisti antes de girar a la izquierda hacia la avenida Pasteur. Las masa gritan: "¡Liberad Argelia!", "¡Gaid Salag, dimisión!", Lebled bledna wendirou rayna (Este es nuestro país y haremos lo que deseemos)... Algunos estudiante marchan blandiendo libros. Uno de ellos, Les Geôles d’Alger [Las cárceles de Argelia] de Mohamed Benchicou. Un cordon policial se interpone entre el cortejo y el túnel de las facultades.

¡Qué más da! Tras una pequeña trifulca, la manifestación se dirige hacia la a calle Doctor Saadane, a través de la calle 19 de Mayo 1956. De forma admirable, logró una vez más eludir los diques policiales adaptando su itinerario con ingeniosidad. Tan pronto como llega a la calle Saadane, la marea humana se dirige con paso firme hacia el Palacio gubernamental, gritando: Djazair Horra dimocratia. El cortejo pasa ante la sede de la Comisión Nacional Electoral que anteriormente era la sede de la Unión Nacional de la Juventud Argelina (UNJA), al frito de Makache intikhabate ya el issabate (No a las elecciones con la banda).

Sorprendidos por esta inesperada incursión, la policía descendió la gran escalera de la explanada del Palacio gubernamental para intentar bloquear a la improvisada marea. La manifestación logró superar el primer cordón policial (a la altura de la sala Ibn Khaldoun) repitiendo Silmiya, silmiya! [Pacífica]. La entrada principal del imponente inmueble que alberga el eguipo de M- Bedoui, el primer ministro invisible, está a la vuelta de la esquina. Nuevo cordón policial... que termina por ceder antes los uh-uh-s y el aplauso de las y los manifestantes.

Lacrimógenos, desvanecimientos, arrestos

Las y los estudiantes continúan presionando. La policía establece un cordón más hermético. La situación se agría. Varios estudiantes se tumban en el suelo, a pesar de que el asfalto está caliente. Parten las consigmnas, los manifestantes gritan levantando los brazos al cielo: H’naya tollab, machi irhab (Somos estudiantes, no terroristas). Pero en balde. Estallan enfrentamientos. Un estudiante muestra un cartel muy apropiado: Ghammitouna (Nos asfixiáis). Continúan gritando Djeich-chaâb, khawa-khawa, Gaïd Salah maâ el khawana (El pueblo y el ejército son hermanos, pero Gaid Salah está con los traidores).

Ante el ensañamiento de la policía que se enfrenta violentamente con los estudiantes, la masa grita: Ya lil âre, ya lil âre, poulici wella haggar, Pouvoir assassin! El cordón de los antidisturbios es reforzado con una fila de camiones que impide cualquier acceso a la entrada principal del Palacio gubernamental. La policía vuelve a cargar... Carreras, gritos...

Los gases lacrimógenos hacen irrespirable el aire. Los cuerpos están al límite. Una estudiante pierde el conocimiento. El khell, El khell! Vinaigre! gritan quienes acuden a socorrer a sus camaradas asfixiándose por los lacrimógenos. Los valientes socorristas voluntarios evacúan a un estudiante. Un equipo de la Cruz Roja argelina alivia a la gente herida. Les rociamos con agua. Un joven se desploma ante nuestros ojos. Otro estudiante es salvajemente arrestado por una jauría de policíaas ante la sala Ibn Khaldoun. Chicas que protestan enérgicamente: Libérez les étudiants! Se nos informa de varios arrestos, que son difundidos en vivo a través de Facebook, si bien la policía ha comenzado a apalear a quienes filman con su teléfono.

"Esta elección es un timo"

Fateh, 21 años, estudiante de derecho, no puede respirar bien a causa de los gases lacrimógenos que ha inhalado. "Se nos agrede y lincha. Es la hogra! [abominable postura de las autoridades argelinas]. Es la hogra de siempre;(la policía) no ha cambiado. Pero estamos aquí y continuaremos!" reitera. En relación a las elecciones que Ahmed Gaid Salah defiende con uñas y dientes, previene: "Estas elecciones son un timo. Van a plantear su candidato y tratar de imponerlo, ¡pero pasará así!". Amine, de 18 años, estudiante de segundo de medicina, muestra la misma determinación: "¡Estas elecciones son una mascarada!", dice, "para nosotras, son unas elecciones amañadas. Unas elecciones organizadas por esa gente no lleva a ninguna parte. Es como si no hubiéramos hecho nada. Vamos a continuar con la presión popular, la presión estudiantil, no vamos a parar! (…) Ni la represión ni el Ramadán van a desmotivarnos. Estamos a favor de una transición democrática que parta del pueblo, con nuevas caras. Y queremos que sea libre, no gestionada por esta mafia!"

11:40h. La manifestación vuelve a ponerse en marcha tras permanecer 45 minutos ante la sede gubernamental. La marea desciende por la calle 19 de Mayo 1956. El cortejo pasa delante de la Facultad central y se dirige hacia la Grande-Poste.

La policía cierra el paso a la calle Asselah Hocine, al bulevar Zighoud Youcef y a la calle Larbi Ben M’Hidi. Las y los estudiantes deciden tomar el bulevar Amirouche. Suben por la calle Mustapha Ferroukhi, giran hacia la plaza Audin, fuertemente custodiada por la policía, y continúan de nuevo en dirección a la Grande-Poste.

Son las 13:30. Más de tres horas de manifestación bajo un calor mortífero, en pleno Ramadán, y continúan hablando. Un estudiante lo expresa así: "En Canes o en Argel, moqueta roja o negra, el mensaje es el mismo: tetnahaw ga3 (Marchaos todos!). De verdad, él y sus camaradas merecen una moqueta roja hacia… El Mouradia [donde se encuentra la sede presidencial].

21-05-2019

https://www.elwatan.com/edition/actualite/jusquau-bout-22-05-2019

Traducción: viento sur





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