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En Revista Viento Sur163

plural
Recomenzar hacia una Europa en común
El colapso del Estado de bienestar y sus efectos en las mujeres
Tijana Okic

Estamos viviendo en un periodo de profunda crisis que tiene un efecto particularmente negativo en la vida de las mujeres y un impacto igualmente negativo en ciertas minorías (comunidades migrantes), en las personas con discapacidad y en la comunidad LGBTIQ.

Desde que comenzó la última crisis económica capitalista de 2008, la diferencia entre las tasas de empleo de hombres y mujeres se ha reducido en la mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea (UE), pero los datos varían y existen diferencias entre el centro y la periferia y entre los países miembros y no miembros de la UE, así como entre cada país1/.

Las causas de esta disminución se explican por el hecho de que durante la crisis fueron los sectores típicamente masculinos los más afectados por despidos y recortes, mientras que, por otro lado, las mujeres siguen prevaleciendo en lo que son en gran medida profesiones feminizadas, peor pagadas, pero más estables en tiempos de crisis, como la enseñanza, la sanidad (enfermeras) o la función pública en general. No obstante, esto no implica de ninguna manera que las mujeres ya no sufran desigualdades de género ni discriminación en el empleo, los salarios y las condiciones de trabajo. Las sufren e históricamente las han sufrido, y esta tendencia se mantiene2/. Por ejemplo, la diferencia de género en materia salarial, uno de los rasgos estructurales del sistema capitalista, sigue dándose en todas partes sin excepción. En los países de la UE, la diferencia salarial media entre hombres y mujeres es del 16,2%, con variaciones nacionales significativas. También varía de un ramo a otro y suele ser mayor en el sector privado que en el público3/.

Los estudios pertinentes también demuestran que las mujeres, pese a la disminución de las tasas de paro, son más vulnerables y están más expuestas al riesgo de pobreza. Esta tendencia también se mantiene. La investigación confirma asimismo que a pesar de que se haya reducido la diferencia entre las tasas de desempleo de hombres y mujeres, y que en algunos casos incluso las mujeres superan a los hombres en la realización de estudios superiores, ello no aminora el hecho de que las mujeres tienen más probabilidades de verse expuestas al riesgo de violencia, enfermedad y pobreza. Se comenta desde hace mucho que en tiempos de crisis las mujeres entran en el mercado laboral porque en general representan una fuerza de trabajo más precaria y menos estable, con tasas globalmente más bajas de participación, y de este modo vienen a sustituir temporalmente el modelo general del hombre como sustento de la familia4/.

Las estadísticas oficiales de la UE confirman, por ejemplo, que las mujeres, en comparación con los hombres, son más propensas a aceptar contratos de trabajo a jornada parcial5/. Desde que estalló la crisis económica y el Estado de bienestar comenzó a desintegrarse, la disciplina presupuestaria, los recortes del gasto social y de los fondos públicos en general han reducido significativamente las inversiones en educación, sanidad y cuidados (también en este caso podemos observar las diferencias entre el centro y la periferia de la UE y entre los Estados miembros y los países no comunitarios).

Esto significa a su vez que la carga de la reproducción social recayó en las familias y en particular en las mujeres: estas se ven forzadas entonces a aceptar empleos temporales con el fin de cubrir algunos gastos y aportar al presupuesto familiar y, además, dedicarse al cuidado de los hijos y de los ancianos. En otras palabras, los servicios que antes se compraban han sido sustituidos ahora por el trabajo femenino intensivo, particularmente en tareas domésticas. Las madres solteras son especialmente vulnerables y tienen más probabilidades de sufrir diversas formas de pobreza y otras desventajas sociales: “Algunos grupos de mujeres se caracterizan por una mayor propensión a trabajar a jornada parcial, concretamente las de los grupos más jóvenes y de más edad y las madres de niños pequeños” (Salladarré y Halimi, 2014).

Además, “los puestos de trabajo a jornada parcial son a menudo de peor calidad y se pagan con salarios por hora más bajos, comportan menos formación y menos oportunidades de promoción profesional y merman los derechos a pensión. Muchas más mujeres que hombres trabajan a jornada parcial. En 2015, en promedio del conjunto de la UE, el 8,9% de los hombres trabajaba a jornada parcial frente al 32,1% de las mujeres”6/. El empleo temporal también es un medio de promover la flexibilidad de mercado, y en algunos países, particularmente en Italia, Grecia y España, las mujeres son más propensas a tener contratos de trabajo indefinidos a jornada parcial. Más en general, bajo el impulso del Consejo de la Unión Europea, se revierte la legislación laboral y los convenios de empresa prevalecen sobre los de ramo, lo que permite a las empresas imponer a las mujeres unas condiciones de trabajo flexibles, así como rebajar las normas de seguridad e higiene y los sistemas de protección del trabajo.

En su informe Migrants, minorities and employment exclusion and discrimination in the 27 Member States of the European Union-Update 2003-2008, publicado en 2010, la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea señala:

“Los datos disponibles indican que las mujeres migrantes y de otras minorías ocupan los puestos de trabajo peor pagados y menos cualificados en los segmentos más marginados del mercado laboral. A menudo, sus oportunidades de empleo se ciñen al trabajo en el ámbito doméstico, con un alto riesgo de inseguridad laboral y, en muchos casos, con unas condiciones de trabajo irregulares. Además, las experiencias de discriminación de las mujeres migrantes y de otras minorías varían en función de las diversas posiciones sociales y legales que ocupan y de las actitudes de la población mayoritaria con la que tratan”.

Los países balcánicos, que no todos forman parte todavía de la UE, también muestran rasgos similares. En el periodo de la llamada transición, casi todos estos países experimentaron graves problemas económicos y sociales que se han visto exacerbados por la crisis actual. La desindustrialización general, la consiguiente elevación de la tasa de paro y el crecimiento basado en el endeudamiento, seguidos de los programas de ajuste estructural impuestos por el FMI, el BCE y la UE, han tenido efectos devastadores en sociedades enteras y en las mujeres en particular. En casi todos estos países, las diferencias entre las tasas de participación de mujeres y hombres en el trabajo son pasmosas.

En algunos países, como Bosnia y Herzegovina, la tasa de analfabetismo es casi del 3%, y la mayoría de la población analfabeta la forman mujeres. El porcentaje de analfabetismo funcional es más elevado, y el de analfabetismo informático asciende a alrededor del 40%7/. Todos estos países se vieron forzados a adoptar el programa económico neoliberal, a cambiar la legislación laboral, proporcionar incentivos al gran capital mediante la implantación de unos tipos fiscales planos muy bajos y diversas formas de imposición indirecta regresiva, además de liberalizar los mercados. Por mucho que las estadísticas oficiales de la UE afirmen que la tasa de pobreza se ha reducido a raíz de la ampliación o de la firma de acuerdos de estabilización y asociación, lo cierto es que todos estos países han conocido una ola emigratoria masiva que no queda reflejada. En términos económicos, esto es parecido a la ola de emigración de los países periféricos de la UE: se exporta mano de obra para compensar desequilibrios comerciales y amortizar la deuda privada y pública.

En suma, de acuerdo con las estadísticas oficiales europeas, alrededor del 24% de la población de Europa se halla en riesgo de pobreza y exclusión. Casi una de cada cuatro personas europeas sufre alguna forma de pobreza, sin contar a los Estados que no son miembros de la UE, donde los porcentajes son todavía mayores8/. Como ya hemos señalado, las mujeres tienen más probabilidades de experimentar formas de exclusión, pobreza y violencia, tanto en casa como en el trabajo.

¿Vuelta al hogar? Imponiendo la doble carga

Con el ascenso de los movimientos de extrema derecha racista, la izquierda se enfrenta a desafíos en todos los frentes. La eclosión de la llamada ideología de derecha alternativa ha generado otra peculiaridad: un ataque al feminismo y a los movimientos feministas que a partir de la década de 1960 han logrado una influencia pública significativa y han hecho mucho por la liberación y la emancipación de las mujeres en todo el mundo. Los movimientos y partidos políticos de derechas y las asociaciones derechistas, racistas y homófobas de la sociedad civil demonizan cada vez más al feminismo. La violencia contra las mujeres va en aumento de diversas maneras: desde los feminicidios hasta la ofensiva contra los derechos reproductivos de las mujeres y sus condiciones de vida en general.

Los medios en general apoyan a los conservadores y de ahí que presenten toda esta cuestión como un conflicto de valores. De este modo, nos cuentan una historia ideológicamente sesgada en la que el feminismo y los valores feministas se califican de contrarios a la familia y opuestos a los valores heteronormativos y patriarcales que quieren salvar al mundo frente a las feministas. La verdad, sin embargo, es diferente.

A lo que nos enfrentamos de hecho es a la crisis que resulta del colapso del Estado de bienestar. Con ella, toda la carga de la reproducción social se transfiere a las familias en general y a las mujeres en particular. Estas últimas, que ya soportan una diferencia salarial de género de carácter estructural, se ven forzadas, por un lado, a asumir más trabajos remunerados y, por otro, a asumir más labores reproductivas, trabajos domésticos y cuidados de menores y ancianas (y también se ocupan de la familia extensa, especialmente en los países periféricos y extracomunitarios). Lo que a veces se ve como una aberración, la idea de que la ideología de derechas no es más que lo opuesto al status quo actual, es en realidad un intento de naturalizar el capitalismo en su forma neoliberal.

La idea subyacente a esta naturalización consiste en decir que el colapso del Estado de bienestar en los sectores de la enseñanza pública, la sanidad y los cuidados es necesario y que las mujeres han de volver a ser consideradas madres, educadoras y cuidadoras, y que esta es su función natural y la única posible. No son el feminismo para todas (a diferencia del feminismo de clase media o individualista para las mujeres más acomodadas y de rentas altas) ni la izquierda las que socavan la familia, sino que, como señalaron Marx y Engels, es el capitalismo y sus crisis lo que provoca la discordia en el hogar y la violencia contra las mujeres, obliga a los niños a vivir en la calle y aísla a los seres humanos entre sí.

Sin embargo, y justamente debido a la crisis, para mucha gente la familia aparece como el único espacio de seguridad; que representa un mecanismo de ayuda mutua frente a la tiranía del libre mercado. Esta es la base material del apoyo popular a las ideas de la derecha en ausencia de una alternativa de izquierda. De ahí que determinados círculos políticos e ideológicos ataquen el feminismo y traten de anular todo aquello por lo que las mujeres han luchado durante siglos en el seno del movimiento feminista y del movimiento obrero. Esta es la razón por la que pensamos que la movilización feminista en todo el mundo es particularmente relevante. Desde Sudamérica hasta Europa, pasando por África, India y Norteamérica, las movilizaciones feministas han tenido un enorme impacto en este periodo en el que parecía no haber nada en el horizonte.

Desde 2015, el movimiento Ni una menos9/, que tiene su origen en las movilizaciones feministas de aquel año en Argentina, se ha extendido a casi todos los continentes. A partir de entonces, grupos y movimientos feministas han organizado numerosas manifestaciones para reivindicar la igualdad, pero no solo de derechos. Concretamente, fueron mujeres organizadas en torno a varios grupos feministas las que se movilizaron, por ejemplo, en Polonia contra la prohibición del aborto, o en Irlanda a favor de un referéndum que acabó legalizando el derecho al aborto. En otros países europeos, los movimientos feministas son los únicos que actualmente protagonizan la lucha contra el capitalismo y contra un ataque general a la vida (las condiciones en que vivimos, la destrucción del ambiente, sistemas educativo, sanitario y de cuidados…). En 2018 vimos una de las mayores oleadas de manifestaciones de mujeres en todo el mundo con la organización de la huelga internacional de mujeres. Esta forma de lucha sin precedentes, que movilizó a millones de mujeres trabajadoras organizadas en Francia e Italia en una huelga general, juntó quizás por primera vez grandes masas de mujeres que trabajan fuera de casa y mujeres que trabajan en el hogar, superando de este modo la clásica separación burguesa entre lo público y lo privado, que también adopta la forma de separación de género entre las esferas masculina y femenina.

Las movilizaciones feministas fueron un éxito precisamente porque lograron demostrar que no se trata de un conflicto de valores, sino de un intento de transferir toda la carga de la reproducción social a la familia y las mujeres. Fue sobre esta base, y mediante la unión con los sindicatos, como las movilizaciones colmaron las expectativas.

Recientemente hemos visto asimismo una oleada de protestas en Google, donde trabajadoras de todos los continentes organizaron una campaña, Walk out (Sal afuera), abandonando sus despachos para protestar contra el extendido acoso sexual dentro de la empresa y las persistentes diferencias salariales de género y exigir que la empresa abordara las acusaciones de acoso sexual contra sus altos ejecutivos y aplicara el principio de igual salario para trabajo igual10/.

Muchas experiencias de todo el mundo demuestran que cuando los inversores atacan los recursos de comunidades locales, las mujeres son las primeras que salen a defender los bienes públicos. Esto es así porque las mujeres son las primeras en sufrir los efectos negativos a largo plazo de la escasez de recursos, el deterioro del medio ambiente, así como las consecuencias de las políticas de austeridad en general. En nuestra época, Silvia Federici es una de las feministas que ha desarrollado ampliamente estas cuestiones y ha señalado varias formas de violencia cometidas por y en pro del gran capital en sus distintas encarnaciones, destacando en particular la relación que guarda esto con los procesos (continuos) de acumulación de capital dentro de una perspectiva histórica.

Por estas razones creemos que no basta con oponerse simplemente a la misoginia, sino también al nacionalismo, el racismo y la xenofobia. Estas luchas deben unificarse con las luchas por la igualdad que vayan más allá del marco de la pura igualdad ante la ley. La arremetida de la política neoliberal, el endeudamiento, la mercantilización de la vivienda y la crisis del Estado de bienestar están cobrándose un enorme peaje en todo el planeta. Necesitamos un movimiento feminista más amplio, unido a las luchas en torno al trabajo, los salarios, la vivienda, los cuidados, la educación, la sanidad y contra los ataques a la vida y a nuestros medios de subsistencia.

Todos los estudios pertinentes señalan el hecho de que hemos alcanzado un umbral crítico y nos hallamos realmente en un punto sin retorno. La única salida es la lucha contra el gran capital a fin de emanciparnos y librarnos de las condiciones en que vivimos. Ni una menos puede servir de uno de los mejores ejemplos y fuentes de inspiración, como resume un colectivo de feministas:

“La violencia contra las mujeres, tal como la definen, tiene muchas facetas: es violencia doméstica, pero también violencia del mercado, de la deuda, de las relaciones de propiedad capitalistas y del Estado; violencia de las políticas discriminatorias contra mujeres lesbianas, transexuales y queer; la violencia de la criminalización por el Estado de los movimientos migratorios; la violencia de los encarcelamientos masivos y la violencia institucional contra los cuerpos de las mujeres mediante las prohibiciones del aborto y la falta de acceso a la atención sanitaria gratuita y al aborto gratuito. Su perspectiva nutre nuestra determinación de oponernos a los ataques institucionales, políticos, culturales y económicos contra mujeres musulmanas y migrantes, contra mujeres de color y mujeres en paro y ocupadas, contra mujeres lesbianas, las que no se conforman a los roles de género y las transexuales”11/.

Conclusión

Los gobiernos de izquierda han de sintetizar las luchas de los movimientos e ir más allá de las simples demandas de igualdad formal para combatir la división sexual del trabajo y el carácter privatizado y feminizado de la reproducción social. Las raíces de la forma contemporánea del patriarcado se sitúan en el carácter privatizado de la reproducción de la fuerza de trabajo y en la responsabilidad de las mujeres sobre su crianza y mantenimiento. Existe una unidad entre el carácter de la fuerza de trabajo como mercancía y la división sexual del trabajo, la idea del trabajo y del papel de las mujeres en la sociedad, que se presenta en la división entre lo privado y lo público, la familia y la sociedad, la emoción y la razón, las distintas formas de cuidados feminizados y la producción de valor. Son estas separaciones y alienaciones las que convierten a la familia en un lastre central de un sistema en crisis, un apoyo a ideas reaccionarias que intentan obligar a las mujeres a pagar la crisis del capital y que tenemos que combatir.

Hemos de formular propuestas creíbles para la financiación pública de la socialización de la reproducción social. Hemos de invertir masivamente en guarderías, restaurantes y lavanderías municipales con el propósito a medio o largo plazo de ofrecer estos servicios como bienes públicos gratuitos en el punto de demanda. De este modo crearemos las condiciones necesarias para la integración de hombres y mujeres en todos los sectores económicos en pie de igualdad y con salario igual. Comenzaremos a sentar las bases para el final del trabajo de las mujeres en el hogar y en la economía, transformando de esta manera la división sexual del trabajo de una manera verdaderamente igualitaria y libertaria.

En el periodo de transición tendremos que aplicar cupos para asegurar que las mujeres e inmigrantes estén debidamente representadas en los sectores económicos de su elección, pero en particular en el sector público. En este último, nuestro propósito es crear formas de flexibilidad que no estén al servicio de los intereses del capital, que impone una reproducción de la fuerza de trabajo a bajo coste en la familia a expensas de las mujeres, sino que permitan a las mujeres decidir si desean tener o no tener descendencia, trabajar menos horas o no para criar a los hijos e hijas, emprender o no una carrera profesional, ejercer el derecho de autodeterminación reproductiva y desplegar todo su potencial en el trabajo y la sociedad. De este modo, el sector público socializado será la palanca para introducir cambios más amplios en la sociedad. Nuestro propósito es cooperar con los movimientos de liberación para transformar la reproducción social desde abajo mediante iniciativas de movimientos autoorganizados.

Así, las medidas concretas que deben adoptar los movimientos sociales podrían ser:

- Batallar en pro de la plena igualdad para todos y todas, contra todas las formas de violencia y discriminación por motivos de género, clase, raza y edad.

- Exigir la descriminalización de las manifestaciones y acciones de solidaridad con migrantes y otros grupos vulnerables.

- Reclamar y luchar por un salario igual para un trabajo igual.

- Luchar por la socialización de la carga de la reproducción social: por la inversión en guarderías, restaurantes y lavanderías municipales.

- Luchar por una mayor participación ciudadana en las decisiones políticas a nivel municipal.

- Luchar por la protección de las fuentes de agua potable y todos los demás medios de subsistencia.

- Movilizarse contra la soberanía de las altas finanzas, la deuda y las políticas de austeridad.

- Movilizarse en torno a las cuestiones de salud reproductiva y derechos reproductivos.

- Movilizarse en torno a las cuestiones de migración y apertura de fronteras.

- Luchar contra las guerras imperialistas dirigidas por la coalición de la OTAN, que destruyen sociedades enteras.

Y las medidas concretas que deben adoptar los gobiernos de izquierda:

- Aumentar los impuestos al gran capital para financiar una expansión masiva del sector público y promover el empleo en sectores asociados con la transición ecológica y la economía verde.

- Ampliar el empleo a jornada completa de mujeres en el sector público.

- Hacer cumplir la legalidad vigente sobre la igualdad salarial por un trabajo igual en el sector público y aplicar medidas punitivas contra las empresas privadas que incumplen las leyes.

- Liberar a las mujeres de toda la carga de la reproducción social:

– Invirtiendo en la socialización de la reproducción social mediante la ampliación de la oferta de guarderías, restaurantes y lavanderías municipales; al comienzo, estos servicios estarían fuertemente subvencionados con vistas a su uso como bienes públicos gratuitos.

– Asegurando que el trabajo en la enseñanza, la sanidad y los cuidados a nivel municipal no se feminice, es decir, que en estos sectores haya un equilibrio entre trabajadores y trabajadoras.

- Promulgar leyes que aseguren que las mujeres que vuelven al trabajo después del parto o después de cuidar de su hijo o hija no se vean discriminadas en su carrera profesional.

- Promulgar leyes y hacer cumplir la legalidad vigente en defensa de los derechos civiles y laborales de las personas LGBTIQ.

- Establecer cupos legales para que la población inmigrante encuentre trabajo, en igualdad de condiciones salariales, en el sector público.

- Complementar la legislación en materia de igualdad con campañas públicas y apoyo material a las comunidades y movimientos que luchan contra el racismo y la opresión y discriminación de género.

- Reformar la legislación vigente para apoyar a las víctimas de violencia sexual y doméstica, incluidos los y las menores: apoyar la legislación con campañas públicas y apoyo material a las mujeres que responden a las agresiones y a los movimientos juveniles que articulan sus propias demandas.

- Aumentar la participación ciudadana en los asuntos que afectan a su vida cotidiana mediante la implantación de mecanismos de autogestión en todas las unidades de trabajo del sector público y de mecanismos de autogestión comunitarios para acompañar los procesos de socialización de la reproducción social.

Tijana Okić es militante de la izquierda bosnia y balcánica. Es doctoranda en filosofía en la Scola Normale Superiore de Pisa

Traducción: viento sur

Referencias:

Salladarré, Fréderic y Halimi, Stéphane (2014) “Women and part time work in Europe”, International Labour Review, 153, 2.

Notas

1/ https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Unemployment_statistics#Male_and_female_unemployment

2/ Ibid

3/ Véase por ejemplo: https://ec.europa.eu/eurostat/documents/2995521/8718272/3-07032018-BP-EN.pdf/fb402341-e7fd-42b8-a7cc-4e33587d79aa y Veronika Hedija (2017), Sector-specific gender pay gap: evidence from the European Union Countries, Economic Research-Ekonomska Istraživanja, 30:1, disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.1080/1331677X.2017.1392886.

4/ http://www.euroframe.org/files/user_upload/euroframe/docs/2011/EUROF11_Cochard_Cornilleau_Perivier.pdf; y también: http://berkeleyjournal.org/2016/03/from-the-archives-the-circular-trap-women-and-part-time-work/.

5/ https://eige.europa.eu/rdc/eige-publications/gender-equality-and-economic-independence-part-time-work-and-self-employment-report.

6/ http://ec.europa.eu/social/main.jsp?langId=en&catId=1196&newsId=2535&furtherNews=yes.

7/ http://fzs.ba/index.php/popis-stanovnistva/popis-stanovnistva-2013/konacni-rezultati-popisa-2013/. Por ejemplo, en cuanto a las estadísticas relativas al analfabetismo funcional en los países desarrollados de la UE, véase: https://ec.europa.eu/epale/fr/blog/analfabetyzm-funkcjonalny-doroslych-w-krajach-bogatego-zachodu

8/ https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Unemployment_statistics#Male_and_female_unemployment,

https://borgenproject.org/facts-about-poverty-in-europe/,

https://europeanwesternbalkans.com/2017/01/24/poverty-in-the-balkans/

9/ http://niunamenos.org.ar/category/manifiestos/

https://radio.uchile.cl/2016/10/22/ni-una-menos-el-movimiento-que-promueve-la-proteccion-y-organizacion-entre-mujeres/

10/ https://www.theguardian.com/technology/2018/nov/01/google-walkout-global-protests-employees-sexual-harassment-scandals

11/ Texto disponible en: https://www.viewpointmag.com/2017/02/03/beyond-lean-in-for-a-feminism-of-the-99-and-a-militant-international-strike-on-march-8/. En castellano: http://vientosur.info/spip.php?article12192.





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