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Elecciones 28A 2019
País Valencià: del 28A al 26M
07/05/2019 | Andreu Tobarra

La peor hipótesis para el 28-A no ha llegado a cumplirse: tanto a nivel del estado como del País Valencià, no tendremos un gobierno de Ciudadanos, PP y Vox. El PSPV gana en las tres provincias, con un margen entre un cinco y el seis por cien sobre el PP que es la segunda fuerza. El tercer lugar en todas ellas es para Ciudadanos, aunque a muy poca distancia del PP.

En términos de escaños, la suma de PSPV mas Compromís y Unidas Podemos consigue dos escaños por encima de la mayoría absoluta necesaria y garantiza que se tendrá una nueva reedición del pacto del Botánico como en la anterior legislatura. Se trata por tanto de ver en qué términos de contenidos de programa se realiza el nuevo acuerdo tripartito de gobierno autonómico y, conjuntamente con ello, de la decisión de entrar o no a formar parte del gobierno autonómico por parte de Unidas Podemos, que en la pasada legislatura pactó gobierno sin entrar en él.

Se ha producido un voto contra la derecha y la amenaza que representa ésta de una parte importante de la ciudadanía. Una de las consecuencias es que el PSPV mantiene una posición hegemónica que no disfrutaba desde hace varias décadas; desde 1995 hasta el 2015 la presidencia autonómica fue ocupada por el PP.

Sin embargo, esta nueva legislatura en la que el PSPV es la fuerza que más votos consigue, lo hace con una subida de un 3,5% de votos respecto a las anteriores, quedándose cerca del 24%, cifra que sigue estando muy lejos de las que históricamente había conseguido en el pasado. La derrota de las derechas no se consigue sólo por la subida relativa del PSPV; hay que sumar los votos que aportan, aunque perdiendo electores, Compromís y Unidas Podemos; sobre todo en el caso de esta última, que amplía de forma importante su pérdida de votos.

Para el PP, el resultado supone aparecer como el gran derrotado en caída libre. Cada convocatoria electoral de este último periodo se salda con una nueva perdida sustancial de votantes. El giro hacia las posiciones abiertamente más reaccionarias y ridículas ha sido modificado a las pocas horas de la jornada electoral por una nueva pose de viaje al centro que tras las próximas europeas y municipales veremos con que postureos discursivos nos sorprende Isabel Bonig (la dirigente del PP en el territorio valenciano), si además tiene que enfrentarse a un escenario de abandonos y de cuestionamientos dentro del PP, arrastrada en la probable caída de Pablo Casado.

Ciudadanos se ha quedado a las puertas del sorpasso y de conseguir hegemonizar el bloque de derechas, pero con una fuerte sensación de victoria ya que en cada convocatoria electoral no hace sino mejorar sus resultados y ahora están acompañados por la fuerte entrada de los neofascistas de Vox que obtienen 66.000 votos más que la alianza electoral de Podemos y Esquerra Unida (EU), que queda por detrás de todas las demás en un sexto puesto. Un reciente análisis de la distribución de votos de Vox, para la ciudad de Valencia, confirma que su voto esta correlacionado con indicadores de clase, como renta, paro, barrios con mayor inmigración, nivel de estudios…, de tal forma que se ve con claridad cómo se vota mucho más a Vox allá donde hay más renta, menos inmigración, más estudios, menos paro. Así pues, Vox es un voto de clase y no de clase obrera, a pesar de los bulos de algunos grandes medios.

La caída de votos de Unidas Podemos ha sido realmente mucho más grande de lo que expresan las cifras de las candidaturas ahora y en el 2015, puesto que ahora iban juntas Podemos y EU, mientras que en las anteriores autonómicas iban separadas y al no conseguir EU superar la barrera del 5% se quedó sin representación institucional.

La pérdida, por tanto, no es de 66.000 votos, sino de 172.000, que son los votos que se pierden al sumar las candidaturas de Podemos y de EU en el 2015. En definitiva, de un 15,5% se ha pasado al 7,97%, un resultado que supera el 5% que hubiera supuesto desaparecer de las instituciones, amenaza que ha estado flotando durante todo el periodo electoral y que afortunadamente no se ha cumplido. Sin embargo, el resultado a pesar de los 8 diputados de 13 que se tenían, solo puede ser calificado de malo ya que no permite visualizar que pueda ir acompañado de algún rumbo de recuperación en lo inmediato.

Si examinamos en el territorio autonómico los votos que se obtienen para las elecciones a Cortes del Estado, los resultados son igualmente insatisfactorios de tal forma que en cada convocatoria electoral nos dejamos más de cien mil votantes (a nivel estatal de las generales del 2019 a las del 2016 se pierden 1 millón trescientos mil votos). Es un claro reflejo de una organización en declive que no puede explicarse, como algún sector de Podemos había hecho incorrectamente, atribuyendo el núcleo de problema al hecho de ir de la mano con IU y no como deseaban sólo como Podemos. La polémica ya se planteó con las elecciones autonómicas andaluzas, aderezada antes y después de ellas por opiniones poco afortunadas como la de Monedero en artículos y declaraciones. Ahora ya parece obvio que hay que mirar a otro lado y no buscar el enemigo entre filas ajenas, que suele ser la mejor excusa para no reconocer errores y así no tener que cambiar nada relevante.

Lo que puede ocurrir en las próximas municipales

Los escaños (que como bien sabemos no suponen una asignación proporcional) dan una ventaja al tripartito más aparente que real. Si nos fijamos en los votos conseguidos el pequeño margen sobre la derecha se reduce a nivel autonómico a poco más de cuarenta mil votos (a falta de incluir el voto por correo), expresión de que los resultados están muy igualados.

Y si hacemos la comparación de bloques con los resultados de votos al Congreso obtenidos en nuestro territorio autonómico, la diferencia se hace ínfima y ahora favorable a las derechas por poco más de cuatro mil papeletas.

El sistema electoral poco democrático que se diseñó en la transición, no proporcional en la asignación de escaños, en esta ocasión ha desfavorecido a la derecha al ir separados y no ocupar el primer lugar en los resultados de la votación del 28-A.

Si examinamos a nivel de las tres circunscripciones provinciales, los votos obtenidos en cada una son los siguientes, por los dos bloques considerados:

En la provincia de Valencia es donde el bloque reaccionario obtiene su peor resultado y ello va unido a que Compromís queda en segundo lugar muy cerca del PSPV, desplazando a las derechas al tercer, cuarto y quinto puesto, cerrando la lista de los que superan el 5%, Unidas Podemos en el sexto puesto.

Más preocupante es el examen de los votos obtenidos en las autonómicas del 28-A a nivel municipal en cuatro de las ciudades más importantes por tamaño poblacional del País Valencià. El único lugar en que hay una cierta ventaja, de apenas un 1,7 por ciento es en Castelló, mientras que en Elx y Alacant el bloque de derechas gana con una cierta diferencia. En la ciudad de Valencia, esos poco más de dos mil votos de diferencia no suponen una diferencia relevante, la situación es de un empate que podría resolverse en cualquier sentido en las próximas elecciones. Es decir, se pueden perder ayuntamientos tan importantes como el de la ciudad de Valencia.

Todo ello es bajo la hipótesis de que los resultados se pueden extrapolar a las próximas elecciones municipales, lo cual creemos que no va a producirse porque no deberíamos trasladarlos mecánicamente ya que hay varias cuestiones que deben ser consideradas. En primer lugar, las próximas elecciones municipales del 26-M son un terreno más favorable para Compromís, desvinculado de las elecciones generales pasadas y es posible contar con una cierta subida en sus resultados, mientras que para Unidas Podemos ocurre lo contrario.

Hay que tener en cuenta que en las elecciones para los ayuntamientos, Podemos y Esquerra Unida ya no se presentan bajo el paraguas de la figura de Pablo Iglesias que indudablemente jugó un papel decisivo inyectando algunos votos e ilusiones en la recta final de las generales. El 26-M cada organización municipal de Unidas Podemos se presenta sobre todo con su propio bagaje e imagen de lo conseguido en los últimos años. No son pocos los municipios en que el balance no es excesivamente positivo, con problemas de construcción de listas y programas con muy escasa o nula participación de los movimientos y del activismo social, con un vaciado de candidatas y candidatos que tengan que ver con ellos. Lo cual es un elemento de resta que se añade al declive en que ha entrado Podemos a nivel estatal y sitúa como primera hipótesis que Unidas Podemos no va a mantener los resultados de las autonómicas o estatales en muchos municipios, perdiendo más votos.

Esto va de la mano de la crisis, por no calificarla de desaparición, de una buena parte de las candidaturas de unidad popular con las que nos presentamos en las últimas elecciones a los ayuntamientos. Y no se trata de que hayan dejado de existir como puede ser el caso de València en Comú, que dicho sea de paso ha ocurrido de no muy buenas maneras por parte de la dirección de Podemos en Valencia ciudad, sino, y es lo más importante, que buena parte del caudal de ilusiones y apoyos se haya perdido y no se puede esperar que a nivel de votos se traslade y mantenga en algunas de las propuestas y listas municipales que está haciendo Podemos.

La situación en la ciudad de Valencia, con mayoría de Compromís, por encima del PSPV, en las elecciones del 2015, permitió que añadiéndose las tres concejalías que obtuvo València en Comú se superase por una sola a la suma del PP y Ciudadanos. Con un pronóstico, en el mejor de los casos, de dos representantes para Unidas Podemos el 26-M, si todo lo demás continua igual, el ayuntamiento se pierde. Pero, desgraciadamente las cosas pueden ir peor: no hay ninguna garantía solida de que Unidas Podemos ni siquiera llegue a superar la barrera del 5% y quede completamente fuera, que es lo que le ocurrió a EU que se presentó por separado en las elecciones del 2015 y sus casi 20.000 votos se perdieron, aunque por suerte no hicieron falta para conseguir que la derecha no mantuviese el gobierno.

Ni tan siquiera el acuerdo de últimas horas con Esquerra Unida, largamente estancado y aireado como una vulgar disputa entre aparatos por los puestos en las listas que se consideran con posibilidades reales de alcanzarse, sin diferencias políticas conocidas, se puede presentar como un buen paso adelante, por más que el contrario, no haber tenido un acuerdo, sí que hubiese empeorado, y mucho, los magrísimos resultados que se vaticinan. Poco que ver con la confluencia que se realizó en Andalucía, en que las bases de Podemos y de Izquierda Unidas fueron actores reales de un debate con votaciones finales refrendando la unidad. Aquí en Valencia simplemente se puede explicar el acuerdo electoral de tal forma que en la mayoría de barrios de la ciudad los colectivos de Podemos y de EU, iniciaron la campaña autonómica del 28-A hace unas semanas sin haberse encontrado ni conocido y seguramente acabarán la campaña municipal del 26-M en las mismas condiciones.

En sentido contrario juega el hecho de que el PP históricamente aporta cifras de votantes inferiores en elecciones locales que en autonómicas, añadido a la crisis casi de caída libre en la que está sumido y que le hace descender varios escalones en cada elección respecto a la anterior. Sin embargo, esto no tiene necesariamente porque suponer una reducción de los votos globales en el bloque de derechas: PP, Ciudadanos y Vox, con los datos que tenemos en la mano, no parece confirmarse para nada la hipótesis de que Vox iba a conseguir recaudar muchos más votos entre los sectores laborales más desfavorecidos o que Ciudadanos vaya a robar votantes sustanciales en el que el PSPV considera su caladero. De momento lo que tenemos fundamentalmente en presencia es una transferencia de votos entre PP, Ciudadanos y Vox, que mantiene aproximadamente la suma de bloque de derechas, con una reasignación interna entre ellos, fundamentalmente del PP que pierde para que los otros dos ganen.

En condiciones como éstas llegamos a la encrucijada para saber quién gobernará bastantes de las ciudades del País Valencià. Si la perdida que pueda tener en las municipales Unidas Podemos no es compensada claramente por Compromís o por Compromís más el PSPV, el resultado será probablemente un nuevo ciclo de gobiernos municipales del bloque de derechas, con duros agravantes como la presencia de Vox que abre la puerta al neofascismo hasta ahora ausente a nivel institucional.

Entrar o no en el ejecutivo valenciano

Respecto a lo que cabe esperar en las próximas semanas de las conversaciones para configurar el gobierno autonómico que, por ese pequeño margen, pero suficiente, le permite acordar ejecutivo al PSPV, Compromís y Unidas Podemos, es válido lo que afirmábamos en otro artículo antes de las elecciones sobre la opción que se repite con fuerza dentro de Podemos de reeditar un nuevo pacto del Botánico, pero esta vez sin quedarse fuera, entrando a gobernar con el PSPV y Compromís. Ya que la decisión que se tomó en su momento de apoyar en el Parlament Valencià el gobierno del PSPV y Compromís, sin entrar a formar parte de él, se considera por una buena parte de cargos institucionales de Podemos como un error a corregir.

Las preguntas son obvias, ¿cuáles son las líneas rojas de una hoja de ruta que no suponga una entrada al gobierno valenciano a cualquier precio? Y unido a esto habría que tener muy clara cuál es nuestra propia hoja de ruta como Podemos, ¿nuestro programa seguirá siendo el mismo o se va a modificar en función de las negociaciones y las posibles responsabilidades en el ejecutivo valenciano? ¿Nos da igual acceder a unas carteras u a otras, o tenemos claras prioridades?…

Sigo pensando que el déficit democrático de Podemos no juega a favor en absoluto de encontrar buenas respuestas a estas preguntas. Desgraciadamente, sin ningún tipo de debate colectivo ya parece decidido que se tiene que entrar a formar parte del gobierno. Las últimas declaraciones del cabeza de lista autonómica de Unidas Podemos, Rubén Martínez Dalmau, son clarísima expresión del deseo en entrar a formar parte del gobierno valenciano y busca diferenciarse de Pablo Iglesias en el sentido de que el proceso estatal y el valenciano estén vinculados (Pablo Iglesias quiere que Pedro Sánchez les acepte en el gobierno estatal condicionando a ello los pactos en los ejecutivos autonómicos como el valenciano, donde sea necesario sumar la izquierda). Si la negociación estatal en la que Pablo Iglesias quiere hacer jugar el acuerdo valenciano en el que Unidas Podemos es la minoría imprescindible, sale mal porque Pedro Sánchez decide hacer gobierno en solitario con apoyos exteriores (que se pueden conseguir sin el independentismo catalán), u otra cosa muchísimo peor con Ciudadanos, esto deja fuera a Unidas Podemos y Dalmau quiere gobernar sin verse condicionado por lo que ocurra en Madrid.

Es completamente lícito desear que lo que ocurra en Madrid no debería arrastrar inevitablemente a lo que ocurra en nuestro territorio, sin embargo, esto es algo que deberíamos hablarlo entre nosotros primero y decidirlo colectivamente en Unidas Podemos con el mejor debate posible antes de las votaciones correspondientes de los colectivos del PV. Compartimos plenamente que sean procesos sin vinculación obligatoria entre Madrid y entre el País Valencià pero además no deberían acabar por simple deseo de las cabezas de listas en formar parte sí o sí de los ejecutivos.

Sigo sosteniendo la opinión de que esta entrada en un gobierno de amplia mayoría socialdemócrata es un error muy importante, Podemos necesitaría para afrontarla un nivel que está un tanto lejos de esa situación deseable y necesaria de profunda democracia y horizontalidad. Ni el reciente Vistalegre II, ni el Vistalegre autonómico valenciano nos sitúa en las proximidades de una organización que esté dotada de frenos de emergencia que le permitan corregir rumbos y frenar una trayectoria a un posible desastre. Cuando las posibilidades de control y corrección son muy pequeñas por parte de la mayoría de miembros de Podemos, cuando de hecho estas capacidades pertenecen en gran parte a los mismos que ejercen el papel de imágenes públicas y han decidido ser miembros del gobierno, en definitiva, la capacidad de Podemos de evitar la autonomización de sus cargos y de corregir decisiones políticas de los mismos en un ejecutivo son muy escasas y por tanto el más elemental criterio de prudencia reclama evitarlos, no participando en el gobierno.

Añadamos que el hecho de ser una fuerza en inferioridad en el seno del ejecutivo no nos libraría de cargar con las consecuencias negativas de las políticas que practican como mayoría del gobierno, que de repetirse el acuerdo del Botànic, formarían PSPV y Compromís. Seríamos considerados, con todas las razones, copartícipes de las mismas con mucha mayor responsabilidad e implicación al formar parte del mismo gobierno. En el PSOE-PSPV hay que confiar lo justo, tiene ya una larga trayectoria y evolución hacia un social liberalismo que le hace una organización bastante aceptable por las élites y el IVEX35, de tal forma que sus altos cargos son sistemáticamente recompensados con puestos en los consejos de las grandes empresas y de los despachos que trabajan para ellas.

La revisión de los procesos vividos en diferentes momentos y territorios más o menos cercanos, nos proporciona también argumentos muy poderosos para rechazar la participación en gobiernos con la socialdemocracia: desde los Verdes en Alemania, pasando por las prácticas de parte de la izquierda en Italia (Rifondazione), hasta la experiencia de Izquierda Unida entre nosotras, concretamente en Andalucía como una de las perlas principales o del Bloque en Galicia. El precio pagado ha sido muy alto y favorable al deslizamiento al neoliberalismo que ha realizado la socialdemocracia, y siempre ha ido acompañado de una crisis, incluso al borde de la desaparición de la representación institucional, hundiéndose en una marginalidad, por parte de la organización que se compromete en un gobierno con los socialdemócratas.

Los atajos gobiernistas no pueden sustituir a los procesos de emancipación y lucha. El 26-M votar por Unidas Podemos es la mejor opción, lo que no obvia para que desde el día siguiente de las elecciones, sin duda, tengamos por delante un ciclo en el que construir procesos y proyectos que no vivan en exclusiva para las batallas electorales y la vida de las cúpulas.



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