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In memoriam
Con Karol Modzelewski desaparece una gran conciencia de la Polonia democrática
02/05/2019 | Jean-Yves Potel

Karol Modzelewski falleció el domingo 28 de abril a la edad de 81 años. Con él desaparece una gran conciencia de la Polonia democrática. Este es un retrato póstumo y recuerdo de una conversación con un hombre respetado por todos y que se mantuvo fiel a sus convicciones.

Karol Modzelewski tenía 81 años. Pionero de la oposición desde el movimiento de 1956, en 1965 él y su amigo Jacek Kuron escribieron una Carta Abierta al Partido, cuya influencia marcó a una generación de jóvenes manifestantes en Polonia y más allá. Fiel a los valores forjados en su juventud, participó en todos los combates que marcaron a Polonia en la segunda mitad del siglo XX, comenzando con Solidarnosc, del que fue portavoz en 1980-1981. Compromiso que pagó con ocho años y medio de cárcel.

También fue un gran historiador de la Edad Media, autor de investigaciones originales sobre los orígenes eslavos de Europa. Incluso fue vicepresidente de la Academia de Ciencias de Polonia.

Karol Modzelewski fue un hombre de izquierdas durante toda su vida, lo que sorprenderá a aquellos que desconocen o han olvidado lo que fueron las luchas democráticas en los llamados países del socialismo real. Desde su nacimiento, vivió la gran historia en propia carne. Nació en 1937, el año del Gran Terror estalinista, en Moscú. Su padre biológico, a quien solo pudo ver dos veces en la década de 1950, había sido deportado al Gulag, al igual que su abuelo.

En 1939, su madre se unió a Zygmunt Modzelewski, uno de los primeros comunistas polacos que salía de las cárceles estalinistas. Durante mucho tiempo exiliado en Francia, donde había sido miembro del PCF, fue convocado a Moscú, siendo torturado y encarcelado durante dos años. La pareja se casó, Zygmunt se convirtió en el padre adoptivo de Karol y en 1945 se mudaron a Varsovia, donde Zygmunt Modzelewski, que se convirtió en uno de los fundadores del nuevo régimen comunista, ocupó el cargo de ministro de asuntos exteriores hasta su muerte en 1954.

El joven Karol optó por estudiar historia. Cuando en 1956 conoció a Jacek Kuron, estudiante de pedagogía un poco mayor que él (nació en 1934), ya se interesaba por la realidad. Se sintió atraído por la radicalidad y la clarividencia de éste. Ocurrió en la Universidad de Varsovia, cuando en el país hervía la revolución (octubre de 1956) a iniciativa de los trabajadores enojados de la fábrica de FSO en Żeran; Karol recibió el mandato de hablar en esta fábrica, para anunciar el apoyo de los estudiantes movilizados, y allí encontró a Lechoslaw Gozdzik, el líder de los trabajadores. Estos dos encuentros [Jacek y Lechoslaw] fundaron una amistad que duró toda la vida, al igual que sus indisociables convicciones.

Desnaturalizada por las maniobras de Wladyslaw Gomulka, el nuevo secretario del partido, la movilización de 1956 dio nacimiento a una oposición intelectual calificada de revisionista, un espacio de reflexión en el que Kuron y Modzelewski encarnaron a la izquierda. En 1965, su Carta abierta al Partido Obrero Unificado de Polonia (POUP) propone un análisis marxista revolucionario del sistema comunista existente y llama a la revolución. Inmediatamente detenidos y condenados a tres años de prisión, los autores rompieron con la idea de una reforma del sistema a la manera de Khrushchev. ¡Y su texto, publicado en Francia, recorrió Europa! Se convirtió en una referencia para la generación más joven de la oposición en Polonia, así como en Checoslovaquia, Italia, Francia… [También llegó aquí bajo la dictadura franquista gracias a la difusión de su versión en español pot la editorial argentina Pasado y Presente en marzo de 1971. ndt].

Liberados tras cumplir dos tercios de su condena, Kuron y Modzelewski se pusieron en contacto de inmediato con los jóvenes contestatarios de la universidad, sobre todo con Adam Michnik, y participaron en sus actividades. En marzo de 1968, juzgados responsables de los disturbios que se extendieron a todas las universidades, tras la prohibición de una obra de teatro y el arresto de estudiantes, fueron detenidos de nuevo y condenados a tres años y medio de la cárcel. Salieron en libertad en septiembre de 1971, después de que Gomulka fuera reemplazado por Edvard Gierek tras una nueva movilizacion de trabajadores en diciembre de 1970, esta vez en Gdansk y Szczecin, que fue reprimida por la policía (44 muertos).

Finalmente, Karol Modzelewski pudo desarrollar su carrera como historiador medieval, pero fue relegado a una universidad de provincia. Se dedicó a la tesis iniciada en la cárcel, mientras apoyaba las luchas de los trabajadores y la acción democrática que se intensificó después de las nuevas huelgas en 1976 y la constitución de un Comité de Defensa de los Trabajadores (KOR) por parte de sus amigos Jacek Kuron y Adam Michnik. En 1980 se unió de inmediato a los huelguistas de los astilleros de Gdansk y participó en el nacimiento del nuevo sindicato independiente.

Elegido delegado del comité de Wroclaw, desempeñó un papel clave en su organización nacional, inventó su nombre Solidarność y se convirtió en su portavoz. En ese momento, escribe en sus memorias, "Solidarność fue el movimiento obrero más grande en la historia de Polonia y puede que de la historia de Europa. Yo era un hombre maduro, razonable, pero para mí, este movimiento era la encarnación del mito con el que soñaba cuando era joven". Él lo describe como incontrolable, incluyendo a Lech Walesa, y asimila a sus miembros a "miles Juana de Arco".

En diciembre de 1981, fue detenido de nuevo como miembro de la Comisión Nacional del Sindicato y encarcelado por dos años. En 1989 fue elegido senador de Wroclaw en la lista de Comités Cívicos presentada por Solidarnosc. Crítico con el neoliberalismo que presidía las medidas radicales de transformación de la economía y especialmente sus consecuencias sociales, abandonó rápidamente las responsabilidades políticas directas y presidió la Academia de Ciencias. Desde entonces, conservó una gran autoridad intelectual y moral en la sociedad polaca contemporánea.

Su intransigencia en los principios, su apego a la clase trabajadora y a la gente sin recursos también le generaron duros conflictos con sus amigos, incluso con Jacek Kuron. En 1981, cuando Walesa firmó un acuerdo con el gobierno sin consultar a la base del sindicato -el país estaba al borde de una huelga general tras una agresión al sindicato-, renunció como portavoz aunque concedía a Walesa y sus asesores que "la decisión de concluir el acuerdo y cancelar la huelga podría ser pertinente".

También se enfrentó en 1989 al gobierno de Solidarność cuando éste optó por la terapia de choque para volver a la economía de mercado, siendo Kuron Ministro de Trabajo. Se basaba fundamentalmente en que esta política golpeaba principalmente a la antigua base social del sindicato a la que el gobierno tenía que “ser leal". Rechazaba la idea de que no había alternativas en relación a las políticas de cambio gradual y las políticas keynesianas.

Karol Modzelewski fue un intelectual y un activista, no un político. No fue un asesor de Solidarność, sino un responsable electo. Tuvo una gran influencia, argumentó y discutió, era un espíritu libre, no un ideólogo. Fue un rebelde a lo largo de su vida, quería revolucionar el mundo dando la palabra y el poder a la gente, a los ciudadanos y ciudadanas. Frente a la dictadura, buscó formas no violentas y democráticas. Ayudó a liberar a su país. Pero hoy, dijo recientemente, asistimos a una "libertad sin fraternidad", y lo lamentó enormemente. Sus análisis y críticas de los actuales nacional-conservadores que están en el poder eran vivos y lúcidos. Se ha apagado una gran voz.

El año pasado, durante una de nuestras habituales largas conversaciones, le pregunté qué valoración hacía de las transformaciones, veinticinco años después del plan de Balcerowicz [el plan de choque para insertar a Polonia en la economía de mercado]. Esta es la transcripción de la misma.

Conversación con Karol Modzelewski

J. Y. Potel: Polonia tiene excelentes resultados económicos. Su ingreso per cápita es mucho más alto que el de la década de 1980, es un país democrático miembro de la Unión Europea. A largo plazo, el progreso es obvio. Pero, ¿ cómo explicas la locura nacionalista conservadora de los últimos años?

Karol Modzelewski: Creo que estamos pagando el precio por los métodos utilizados para estas transformaciones. La modernización de Polonia se hizo con las recetas neoliberales como en todo el mundo en esa época. No logramos oponernos a ellas de manera efectiva. La izquierda europea y los poscomunistas polacos que la tomaron como modelo no lo impidieron. En Polonia esto significó que las grandes fábricas construidas por los comunistas, solo estoy hablando de la industria, fueron en su mayoría desmanteladas y los trabajadores dispersados.

Algunos se reconvirtieron en pequeñas empresas nacidas en la nueva estructura económica, muchos quedaron al margen. A menudo me los encuentro en mi barrio. Son antiguos empleados de la gran fábrica de acero de Huta Warszawa. Viven de trabajos ocasionales, con contratos cortos, se juntan, beben cerveza o vodka, y están enfadados con el mundo, sobre todo con la democracia polaca que los echó a la calle. También me cruzo con sus hijos y sus nietos que a menudo solo obtienen contratos basura.

Quienes conocieron el Solidarnosc de los años ochenta tienen esta fórmula en la boca: los camaradas nos han robado nuestra victoria. Los más jóvenes no lo dicen, no saben nada de la victoria, pero se sienten humillados por el régimen. Se han encontrado excluídos del barco de la modernización, y además de las dificultades materiales, sufren con dolor el desprecio. El desprecio hacia los perdedores. Así se acumula una frustración muy agresiva. Estas personas generalmente no votan y, cuando lo hacen, eligen el PiS [derecha católica conservadora].Constituyen el núcleo duro de su base electoral. Esto no es suficiente para explicar el éxito de este partido en 2015 porque a estos sectores hay que añadir la juventud frustrada.

J. Y. P.: Este fenómeno no es propio de Polonia. Se puede ver en todas partes en Europa, incluso en Francia.

K. M.: Es cierto. La democracia es víctima de la globalización que acrecienta las desigualdades y aumenta el número de personas excluidas a las que se considera, erróneamente, cantidades despreciables. Y, sobre todo, transforma la democracia en una forma vacía de contenido, como estos huevos vacíos de Pascua. ¡Solo existe a nivel del Estado central, y aún! Las decisiones económicas de las que dependen las condiciones de vida de la gente dependen del movimiento del capital financiero global. Esto explica la debilidad, si no el colapso, de la democracia.

J. Y. P.: ¿Se trata de un repliegue, de un rechazo del mundo?

K. M.: Prefiero decir que las opiniones se cristalizan en torno a la defensa o el rechazo de la democracia. Los partidarios de PiS se sienten rechazados por la democracia. Para ellos, es el origen de la degradación de su existencia. Se oponen a los demás, probablemente a la mayoría que ve la democracia como la encarnación de la libertad. En las elecciones de 2015 la democracia ha perdido mucho y esta situación continúa.

No te puedo decir a dónde vamos. Es cierto que ahora esta división atraviesa a todos los estratos sociales y es muy grave. Toma la apariencia de una división cultural entre dos mundos que ya no tienen un lenguaje común, una posible comunicación. Como si ya no fuéramos la misma nación. Un abismo nos divide, divide las familias, los grupos de amigos o viejos amigos. Ni los conceptos ni los valores parecen capaces de llenarlo. Estamos frente a una sociedad realmente en crisis, profundamente enferma. No creo que seamos los únicos.

Jean-Yves Potel es escritor e historiador de la Europa central.

30/04/2019

Publicado en el blog del autor en el diario digital mediapart.fr

Traducción: viento sur





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