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Las porteadoras: las desposeídas de la frontera Sur
Heridas abiertas en la frontera hispano-marroquí
28/04/2019 | Mohamed Merabet

En la frontera entre Marruecos y el Estado español hay mujeres que cargan en sus espaldas el peso del sistema racista, colonial y patriarcal. Ellas encuentran como porteadoras la única salida económica para responder a las necesidades básicas de sus familias como resultado de la falta de acción del Estado marroquí y de la irresponsabilidad del Estado español y sus cuerpos de seguridad que mientras aplican una inhumana política de control fronterizo hacen la vista gorda en el paso del contrabando y el negocio ilícito que gangrena la zona norte de Marruecos desde hace décadas. Un fenómeno que se nutre del contexto patriarcal y de la precarización de la zona fronteriza adquiriendo dimensiones delictivas mafiosas muy peligrosas que impactan directamente sobre la población autóctona, su modo de vida y su entorno sociocultural y ambiental.

Hablar de las porteadoras implica hablar de Ceuta y Melilla, de la relación hispano- marroquí con su especificad y con su compleja carga histórica. Los dos regimenes a ambos lados de la orilla presumen que se trata de una relación de buena vecindad, colaboración y una fluida complicidad estratégica. Pero para nosotros, sobretodo los pueblos del Magreb, la realidad histórica y el contexto actual evidencian en líneas generales otros hechos y otros desequilibrios en esa larga relación. Las desigualdades y las injusticias nunca han faltado y se han convertido de forma permanente en semilleros de violencia, de racismo, de guerras y tensiones dolorosas (guerra de África, Barranco del lobo, guerras de Marruecos, desastre de Annual, inicio de la guerra civil española…).

La sobrecarga de las mujeres porteadoras se sostiene sobre tres ruedas. La primera rueda es la colonialidad. Hay un hecho colonial en Ceuta y Melilla y no podemos ignorarlo. El Norte de África permaneció siempre condenado a las conquistas españolas y portuguesas mucho antes de las expediciones colonialistas hacia Latinoamérica y otras partes de África. Tenemos que entender el contexto histórico y geopolítico de la región, y también los intereses en la zona de las grandes potencias mundiales materializadas en Gibraltar. Ceuta y Melilla, con su muy peculiar estatus jurídico y político, siempre se han configurado como plataformas militares en el norte de África, pero también, especialmente desde la independencia de Marruecos, como plataformas de grandes intereses comerciales. Con la incorporación de España a la Unión Europea, la situación se envolvió en una serie de contradicciones e incoherencias con las normativas que dicta Bruselas. Una de ellas son las competencias en el control migratorio y las particularidades del régimen fronterizo instalado. No hay que olvidar que los dos enclaves son las dos únicas fronteras terrestres no comunitarias de España. Las plazas no forman parte del espacio aduanero de la Unión Europea y el acuerdo de Schengen se despliega sobre ellas con notables singularidades. Todo ello establece un régimen fronterizo de movilidad humana incompatible con los derechos humanos.

Ambas plazas además se hallan fuera del paraguas de protección de la OTAN. Pero aunque no están incluidas, la organización transatlántica está en Cádiz, en Rota, a muy pocos kilómetros de nuestras casas, en una base militar cuya justificación es amenazar el norte de África y Oriente Medio. En los últimos tiempos con la coyuntura del incremento de la inmigración y de la amenaza del yihadismo esa influencia militar se ha extendido hacia toda África con la cobertura del llamado nuevo desafío de seguridad.

La segunda rueda es la economía. Sobre la frontera Sur se proyecta un amplio entramado de actores estatales y privados donde prima la economía y la seguridad. La movilidad humana que se registra en el paso fronterizo se tolera exclusivamente por razones del negocio que marcan los intereses comerciales. La globalización capitalista pretende la homogeneización del mundo según el modelo occidental. La sociedad de consumo opera desde esa frontera y encuentra su puerta grande para desplegarse y contagiar a las sociedades del Norte de África y mas allá. Una nueva ruta de la seda a la española se despliega en silencio, y la condición de puertos francos exentos de impuestos de Ceuta y melilla les concede una posición de privilegio en ese papel de plataformas comerciales avanzadas de Europa en África, envueltas en un opaco circuito de transacciones comerciales, cambio de divisas y blanqueo de capitales procedentes del hachís que les ofrece mas del 50% del PIB que producen.

La tercera rueda es el hecho de ser mujer. El contrabando ha sido una forma tradicional de ganarse la vida para miles de mujeres y hombres del norte de Marruecos, una región marginada y castigada secularmente por el poder central y mal descolonizada. La actividad se practicaba de forma autónoma, pero a lo largo de estos últimos años se ha visto apoderada por las mafias que rigen rigurosamente el tráfico de los productos transformándola y encubriéndola, con la complicidad de las autoridades españolas y marroquíes, con el eufemismo de comercio atípico. El aspecto feminizado de ese nuevo contrabando -la actividad se lleva acabo en su inmensa mayoría por mujeres divorciadas, madres solteras, con responsabilidades familiares o con discapacidades- refleja la crueldad de esta explotación y la condición de mano de obra desposeída, esclavizada y olvidada por las políticas desarrollistas que afloran en la región.

Las tensiones de las que hablamos no han cesado en la región. Basta recordar el tormentoso intento de aplicar la ley de extranjería sobre la población arabófona y bereber de Ceuta y Melilla en los años ochenta, los incidentes de El Ejido (Almería), las disputas sobre los islotes, la incontenible inmigración, los atentados de Atocha y de Barcelona, la emergencia del yihadismo amenazante como actor geopolítico que trasciende su amenaza a las dos orillas, el conflicto que protagonizan las temporeras en los campos de fresa en Huelva… todo ello es reflejo de las anomalías existentes.

Descolonizar esa relación vuelve a ser tarea urgente que tenemos que afrontar para resistir a los modelos hegemónicos y proyectar alternativas que desplazan hacia el Sur su centro de gravedad. Hay que desarrollar a ambas orillas un pensamiento contra-hegemónico que opere en varios niveles. Un pensamiento que rompa con el mundo colonial y con las dependencias de nuestras sociedades hacia Occidente y reestructurar nuestros equilibrios como pueblos del Sur y apropiarnos de espacios soberanos donde puedan emerger modelos y experiencias propias que luego nosotros mismos podamos universalizar para contribuir a ese mundo multipolar y plural.

Esa relación hispano marroquí que refleja de alguna manera la relación Norte-Sur -pero que también refleja la relación mítica entre Oriente y Occidente- divulgada por los impulsores del entonces nuevo orden mundial como choque de civilizaciones, traducida posteriormente en guerras, terrorismo y seguridad, hay que llevarla a nuestros debates públicos y someterla a nuevos enfoques. Abrir ese melón y adentrarnos en esas dinámicas donde opera todo este amplio entramado sin duda nos va ayudar a descubrir nuevos campos de lucha y a construir la solidaridad y el porvenir de nuestros pueblos. Nunca es tarde. Hay que ser optimista. Siempre optimistas a pesar de esa enorme destrucción que han causado y provocado alrededor de nuestros entornos.

Mohamed Merabet. Presidente de la Plataforma de solidaridad con los pueblos del Mediterráneo y miembro del Comité Nacional de Vía Democrática.

27/4/2019





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