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Tribuna viento sur
16-M: Manifestación en Madrid para acusar al Estado
09/03/2019 | Martí Caussa

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La Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium cultural, con el apoyo de muchas entidades, organizaciones y partidos, participan el próximo 16 de marzo en Madrid en una manifestación para exigir la libertad de los presos políticos y los exiliados independentistas, para recordar que la autodeterminación no es delito, que el derecho a decidir forma parte de las libertades democráticas, que el juicio que se celebra en el Tribunal Supremo es un juicio contra la democracia y una muestra más de la deriva del Estado español hacia la autoritarismo y la restricción de las libertades.

Desde Catalunya se están organizando muchos autocares y mucha gente ya ha reservado billetes de tren y de avión o ha decidido desplazarse en coche. Se espera la participación de representaciones de otros pueblos del Estado español y, especialmente, de la ciudad de Madrid. La manifestación comenzará a las 18 Atocha y finalizará en la plaza de Cibeles hacia las 20 h.

Es la primera vez que las entidades independentistas convocan una manifestación en Madrid y, además, lo hacen conjuntamente con diferentes organizaciones sociales y políticas de la Comunidad de Madrid. El 7 de diciembre de 2018 se convocó una marcha en Bruselas que reunió entre 45.000 y 60.000 personas según cifras de la policía municipal y la federal. La marcha del 16-M fue recibida inicialmente con reticencias por algunos sectores independentistas, pero estas han disminuyendo con el paso del tiempo y los últimos días se constata una fuerte voluntad de participación. Aun así es difícil hacer un pronóstico sobre el número de participantes más allá de que será importante.

Este artículo quiere remarcar la importancia de esta iniciativa, tanto desde el punto vista de Catalunya, como del conjunto del Estado español.

Llevar la lucha catalana en Madrid

En el Tribunal Supremo de Madrid se está a juzgando 12 presos y presas independentistas, la mayoría acusados de rebelión, con una petición fiscal de 177 años de cárcel por haber organizado el referéndum del 1 de octubre de 2017 y de haber hecho una declaración política de independencia el 27 de octubre del mismo año. En estos momentos difíciles es necesario que los presos y presas noten que la ciudadanía está con ellos, como lo notaron con las concentraciones frente a las prisiones o como lo comprobaron los exiliados en Bruselas.

Madrid es la capital del Estado, donde también está el Rey, el parlamento, la sede de los principales medios de difusión... A ellos también hay que hacerles notar la fuerza y la determinación del movimiento de solidaridad con el presos y de lucha por la democracia.

El 16-M puede ser importante para favorecer el encuentro y la confluencia con las entidades, organizaciones y personas que son solidarias con Catalunya, luchan contra la involución represiva del Estado y comparten la opinión de que hay que unificar las luchas por la democracia, los derechos sociales y el régimen monárquico. A veces se dice que estos sectores, fuera de Euskal Herria y Galiza, no existen. Pero no es verdad: están ahí, trabajan, se mueven y hay condiciones para que se hagan más fuertes. Momentos de confluencia como el 16-M pueden ayudar a reforzarnos mutuamente.

La manifestación es una oportunidad para mostrar al pueblo de Madrid cómo es realmente el movimiento soberanista catalán: popular, transversal, pacífico y comprometido con la democracia. El Estado y los medios han logrado imponer a la opinión pública de fuera de Catalunya la imagen deformada de un movimiento manipulado por la burguesía, etnicista, que quiere marginar el castellano y que es insolidario con los otros pueblos del Estado. Debemos visibilizar la afirmación de Jordi Cuixart ante sus acusadores: somos pueblos hermanos y no conseguirán confrontarnos.

Durante los intensos últimos años un sector de gente de Catalunya se ha visto tan atacado por el Estado que se siente totalmente ajeno, considera que su lucha ha recibido muy poco apoyo de los partidos, entidades y personas que se declaran demócratas y que esto no cambiará, y finalmente ha decidido desconectar de lo que ocurra en España. Pero esto es tirar piedras al propio tejado. Porque el Estado no sólo no desconecta de nosotros sino que nos quiere aplastar y para ganar el referéndum que reclamamos necesitamos encontrar aliados en los otros pueblos del Estado, lo cual es perfectamente posible. Precisamente por eso necesitamos conectar con ellos, seducirlos hacia el objetivo de construir luchas conjuntas en defensa de la democracia y los derechos sociales.

Confluir con los otros pueblos del Estado

Muchas entidades, organizaciones y personas en toda España comparten un análisis similar y están trabajando por esta confluencia.

Una buena muestra son estos párrafos del Manifiesto del sindicalismo alternativo y de clase que convoca a la manifestación del día 16 en Madrid: "la lucha por el derecho a la autodeterminación en Catalunya ha constituido no sólo uno de los principales factores políticos de desestabilización del régimen del 78, sino que también se ha convertido en un nuevo campo de pruebas para ensayar la agenda oculta del Estado español, es decir, todo el arsenal de excepcionalidad represiva del poder legislativo, mediático, político, judicial o policial que luego, con diferentes intensidades, se aplica al conjunto de los pueblos, de los movimientos y de las clases trabajadoras".

En una orientación similar trabajaron los firmantes del Manifiesto "No hay justicia" que convocaron una manifestación en Madrid el pasado 15 de diciembre: "Queremos poner en evidencia que la judicialización de la vida política es un mecanismo que se aplica sistemáticamente contra toda forma de discrepancia política que quiere ser transformadora y que pretende actuar para superar el régimen de 1978 ".

Si, como ha dicho el Rey, sólo es democracia lo que es legal, si lo que no es legal es delito, si las leyes y su interpretación son cada vez más restrictivas de las libertades, si las manifestaciones pacíficas son tumultos y la desobediencia es rebelión, entonces todos los movimientos sociales transformadores están seriamente amenazados.

Para oponerse a esta deriva reaccionaria del Estado hace falta algo más que resoluciones de congresos, declaraciones e intervenciones parlamentarias. Hace falta acción en la calle. Esto lo debería entender Podemos que, a nivel de Estado, es una organización de izquierdas fuerte, que teóricamente comparte buena parte de estos argumentos, pero que hasta ahora está ausente de la movilización en la calle.

El Manifiesto del sindicalismo alternativo y de izquierdas no se queda en declaraciones: "ante los ataques a la soberanía popular, ante la involución democrática, los recortes, la represión, las privatizaciones y la precariedad, necesitamos trabajar para unificar las luchas y construir entre todas una agenda común de los movimientos sociales y del sindicalismo combativo para llevar las reivindicaciones de la calle a todos los centros de trabajo y a las instituciones "... y hace un llamamiento a llenar las calles de Madrid el sábado 16 de marzo.

Si no nos movilizamos conjuntamente, seremos aplastados por separado, en primera instancia o en segunda. Un buen ejemplo de esto es el resultado de la apelación de los jóvenes de Altsasu en la Audiencia Nacional: la pelea de bar ha dejado de ser terrorismo, pero se mantienen las condenas entre 2 y 13 años porque se ratifica que fue una agresión por motivos ideológicos, por el hecho de haber lesionado a guardias civiles. Pero en cambio no se considera que los policías y guardias civiles que golpearon a la gente el 1-O, por el simple hecho de que querían votar, lo hicieran por motivos ideológicos –a pesar de la campaña de "A por ellos!"– sino en defensa de la democracia.

El 16-M es un a buena ocasión para intentar detener esta dinámica perversa, para denunciar que la justicia se está utilizando para reprimir derechos y libertades fundamentales, para acusar al Estado y su deriva autoritaria.

9/03/2019





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