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Entrevista a Isabel Otxoa
“Hemos de dar objetivos y formas concretas a las luchas en torno a los cuidados”
07/03/2019 | Maite Asensio Lozano

(Versión original en euskara)

Isabel Otxoa (Bilbao, 1952) es profesora de Derecho Laboral en la EHU-UPV y uno de los rostros más conocidos de la Asociacion de Trabajadoras de Hogar de Bizkaia. Ha destinado una gran parte de sus reflexiones y actividad feminista a la cuestión de los cuidados. Piensa que la huelga feminista del 8 de marzo abrirá una nueva fase de reflexión.

El movimiento feminista ha puesto en el centro de la huelga la cuestión de los cuidados. ¿Por qué?

Creo que en el centro se han puesto las vidas, en plural, y me parece muy bien. Pues poner en el centro la cuestión del cuidado, acaso no responde a la realidad de todas las mujeres: pueden ser muy diversos los trabajos de cuidados que se ofrecen y se reciben a lo largo de la vida. Poniendo las vidas en el centro, el objetivo de la huelga es mostrar y poner en evidencia que los cuidados existen, que son necesarios y que las personas somos interdependientes. Y a la vez denunciar lo que está en la base de la acumulación del sistema capitalista: el capitalismo se ha desarrollado mediante la división sexual del trabajo. Y a partir de esta huelga, estaremos forzadas a dar pasos en las reclamaciones en torno a los cuidados. Hemos de empezar a dar objetivos y formas concretas a las luchas en torno a los cuidados. Será muy complejo, porque en ese campo hay muchos debates feministas.

¿Por ejemplo?

Estamos debatiendo sobre los modos de vivir la maternidad, sobre las relaciones de poder entre quienes dan y reciben cuidados…Y hay un debate importante sobre la monetarización de los cuidados: en qué medida se pueden pagar los trabajos de cuidados, qué responsabilidad ha de tener la comunidad… En mi opinión se puede hacer un plantemiento al respecto: ¿Por qué no poner al mismo nivel los cuidados y la educación o el servicio público de salud? En zonas urbanas tenemos garantizadas educación y sanidad públicas, sin estar obligadas a tener un empleo; son universales, intocables. Así pues, ampliemos esos espacios sagrados intocables e incluyamos los cuidados. ¿Pero por qué tenemos que desmonetarizar los cuidados, y no, por ejemplo el pan o la vivienda? ¿Qué le ocurre al trabajo de cuidados para que tenga que ser desmonetarizado?

¿Monetarizar significa hacer del cuidado un negocio? ¿Hay diferencia entre monetarizar y mercantilizar?

Monetarizar significa que el cuidado sea un empleo, y quienes trabajan en ello puedan ganar dinero en el mercado de trabajo. Mercantilizar, en cambio, quiere decir convertir el cuidado en una actividad económica y tener voluntad de hacer negocio con esa actividad. Y ahí empiezan todos los males: recortar la calidad de la atención. En las sociedades neoliberales cada vez menos actividades tienen precio reglamentado por las administraciones. El cuidado pudiera ser una de esas actividades. ¿Por qué no se puede prohibir que en ese campo las empresas tengan animo de lucro? ¿Por qué no se pueden gestionar desde el punto de vista de economía solidaria?

¿Cómo se puede llevar el debate sobre los cuidados a otros campos?

Yo creo que hay muchas luchas en torno a los cuidados: movilizaciones en una fábrica contra el cuarto relevo, o contra la apertura de las tiendas los domingos. Es algo más que conciliar: se trata del propio cuidado y bienestar. La prevención contra los riesgos en el trabajo es también una lucha de cuidados. Por otro lado, siempre he pensado que en el campo del urbanismo se pueden plantear luchas feministas, más allá de los pasadizos y lugares oscuros. Por ejemplo: adecuar las viviendas sociales a conexiones comunitarias, o la cuestión de que en los barrios nuevos haya obligatoriamente centros de mayores y centros de día, tal como hay escuelas y centros de salud. Ello conllevaría una conciencia sobre la necesidad de cuidados que necesitan los vecinos del barrio, más allá de los hijos e hijas.

¿Oyendo algunos discursos, no hay peligro de idealizar los cuidados?

Sí, y creo que tiene que ver con la edad. Las mujeres que plantean que el cuidado es algo delicioso, están pensando en los hijos e hijas. Pero no hay como tener una madre de 90 años para darse cuenta de que no es así. El cuidado de otros, mientras el otro no sea el explotador de tu casa, esto es, cuando es una persona que no se arregla por sí misma, es muy duro; entonces se mezclan el afecto, el sentido de la obligación y el saber hacer frente a la propia frustración, para no perder el control.

Has dicho a veces que las mujeres ancianas deben aportar a este debate: explicar cómo se quiere envejecer.

Es muy importante. Estamos hablando incesantemente sobre los cuidados, y ¿cómo es que no pensamos en cómo queremos ser cuidadas? Vemos a mayores en torno nuestro con necesidad de cuidados y no se nos ocurre pensar que también nosotros seremos los que necesitemos cuidados. Pero, según los datos, el 75% de los mayores de 65 años somos mujeres. Yo vivo sola, no tengo ni hijos ni hijas: ¿qué me ocurriría si me diera un ictus? El caso es que no tenemos interiorizado que los trabajos de cuidados se pueden realizar fuera de la familia. Muchas veces, cuando enferman amigos o amigas que viven solas, voy corriendo hacia ellas, y algunas pensarán que estoy loca, porque eso parece que es cosa de la pareja o familiares. ¿Por qué ellos solos y no algún amigo o amiga? En mi caso, me sería penoso acabar malpagando a un trabajador domiciliario.

¿Qué está pasando con los servicios públicos para que los familiares terminen contratando en malas condiciones a un cuidador o cuidadora?

Que no hay servicio público suficiente. Hay un problema enorme: una persona que no se las arregla por sí mismo tiene una necesidad de cuidados enorme. Las que necesitan atención las 24 horas seguramente estarán mejor en una residencia de ancianos, pero para las personas que no son tan vulnerables, hace falta modos diversos de cuidados: un trabajador, la familia. Hay que reforzar mucho los servicios públicos, pero no creo que una situación de ese tipo sólo se arregle con servicios públicos. Puede ser interesante el bienestar que puede aportar una vida más comunitaria. Y se pueden abrir oportunidades para tomar parte: si en las escuelas hay órganos para relacionarse padres-madres y profesorado, ¿por qué no en las residencias de ancianos?

¿Cómo se lleva adelante una huelga de cuidados? ¿Qué cuidados se pueden realizar y cuáles no?

Una parte importante del cuidado de otros es el que las mujeres hacen a los hombres de casa, y ahí no hay estado: es una lucha personal. En el trabajo pagado, algunas mujeres no podrán hacer huelga. Por ejemplo si son trabajadoras a domicilio y no pueden ni siquiera planteárselo a los empleadores. Pero en lo que se refiere al cuidado no pagado de personas que tienen dependencia, algunas no querrán hacer huelga; yo no dejaré de llamar a mi madre, por ejemplo. Las huelgas se hacen para presionar al poder y mi madre no es poder; a una persona que tiene dependencia, cuando ella no ha provocado esa situación y no puede ponerle remedio, yo no le haré huelga. Además, una parte del cuidado de otras personas me parece que está bien: no hay explotación, es parte de la vida, nadie se siente mal tratado.

05/03/2019





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