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Euskal Herria y las víctimas del conflicto violento
Tiempo de miradas recíprocas
27/02/2019 | Maider Galardi F. Agirre

El Foro Social Permanente del Pais Vasco ha organizado unos encuentros con víctimas de diferentes violencias. Maria Jauregi y Pedro del Hoyo, entre otros, han participado en una mesa redonda, celebrada en Donostia el día 23 de febrero. Todos y todas han pedido una memoria “total” y “completa”. (Original en euskera)

“No se puede olvidar lo que ha ocurrido. Lo más básico es entenderse unos a otros, y todos debiéramos estar de acuerdo en realizar este esfuerzo”. Son palabras de Maria Jauregi en los encuentros de víctimas organizado por el Foro Social en el palacio Miramar de Donostia. Ese era, en efecto, el objetivo central de las jornadas: escuchar unos a otros quienes allí se habían reunido, y tener conocimiento directo del dolor del semejante, para poder asentar las bases de convivencia cara al futuro. Este año, personas que han sufrido violencia de diversos orígenes se han juntado en esa mesa redonda. Primero hablaron Peru del Hoyo (hijo del preso Kepa del Hoyo, muerto en prisión) y María Jauregi (hija de Juan Mari Jauregi, muerto por atentado de ETA). Después de ello tomaron la palabra Petri Romero (cargo electo del PSE), Pablo Martínez (extrabajador de la cárcel de Langraiz-Araba-), Isidro Murga (expreso político vasco) y Jone Artola (familiar de un preso político vasco); (en la foto del artículo –de Jon Urbe- de izquierda a derecha, Isidro Murga, Petri Romero, María Jauregi, Peru Del Hoyo, Jone Artola y Pablo Martinez.

María Jauregi comenzó a hablar emocionada y trajo al recuerdo el día que mataron a su padre. Mencionó que ya habían hablado sobre ello antes de ocurrir. “Después del juicio sobre Lasa y Zabala me dijo que no sabía quién le mataría antes, si ETA o el mismo Galindo”. María tenía 19 años entonces, pero nunca ha sentido “odio”.

Peru del Hoyo también tenía 19 años cuando su padre murió en la cárcel el 31 de julio de 2017. Nunca vio a su padre en libertad y contó que su infancia y pubertad han estado condicionadas porque su padre estaba preso. Explicó que si bien ya anduvo con sicólogos antes, ha contado con ellos después de la muerte de su padre. Remarcó que en ese proceso lo más enriquecedor fueron las sesiones realizadas con otros niños y jóvenes que tienen a los padres y/o las madres presos y presas. “Sentí que ellos sentían las mismas cosas que yo”.

Pusieron sobre la mesa y compartieron sus sufrimientos, y plantearon la necesidad de lugares de encuentro: “Hay que levantar puentes. Hemos de respetarnos mutuamente, aunque seamos distintos”, dijo María Jauregi. Lo mismo señaló Peru del Hoyo, pero llamó la atención sobre el hecho de que las instituciones todavía no hacen el mismo reconocimiento a unos y otros.

Reconocimiento y memoria.

“No se puede ocultar que somos víctimas”, subrayó del Hoyo. Además de la muerte del padre, también ha habido más cuestiones en todos estos años. En primer lugar, todos los viajes que ha tenido que hacer debido al sistema carcelario y la dispersión. “Sin salir de la península en los viajes a las cárceles no sé cuántas veces le he dado la vuelta al mundo”. Denunció también que después de muerto su padre, Peru ha quedado sin pensión de orfandad porque la ley dice que hay que cotizar quince años para tener ese derecho [los 15 años exigidos se debe a que la situación de prisión da lugar a la baja en la seguridad social y, con ello, el período de cotización, en lugar de 500 días en los 5 años anteriores al fallecimiento pasa a ser de 15 años. ndr].

María Jauregi destacó que “todas las víctimas” deben ser reconocidas y que hay que trabajar para condenar “los terrorismos” de todos los lados: “No me gusta hacer comparaciones, pero me parece grave que un estado utilice todos sus aparatos para actuar con violencia”. Por ello, subrayaba que, vengan de donde vengan, todas las violencias deben ser condenadas: “No se puede justificar ningún tipo de violencia. Es igual de donde viene. Hay que defender los derechos de todas las personas”. La memoria que hay que conformar, por tanto, ha de ser, señala Jauregi, inclusiva, pero siempre basada en el respeto.

Y tirando del mismo hilo, habló sobre las bienvenidas que se hacen a los presos políticos vascos: “Entiendo que, después de años, volver a ver libre a un familiar tiene que producir una gran alegría, pero hay que entender también que las víctimas de ETA también se pueden sentir dolidas”. De otro modo lo ve del Hoyo: “Las bienvenidas no son una exaltación del terrorismo, sino hacer una bienvenida a quienes han cumplido el castigo. Se celebra el que esos familiares al final sean libres”. De todos modos, sugirió que, entendiendo el dolor expresado, quizá se pudiera pensar en hacer las bienvenidas en espacios privados.

Ambas víctimas explicaron que todavía queda un largo camino por andar, y subrayaron que uno de los pasos más importantes en esa línea sería cambiar la política penitenciaria.

Sobre trabajo pendiente.

Creo en la segunda oportunidad. El objetivo de la política penitenciaria es la socialización, y, para que ello sea positivo, cada cual debe ver qué ha hecho y reconocer que está mal lo que hizo” señaló María Jauregi. Peru del Hoyo, en cambio, dijo, que la política penitenciaria no socializa y que la dispersión incide en ello. Jauregi lo dijo bien claro: “Los presos han de estar cerca de sus casas. El alejamiento es un castigo para los familiares”.

Precisamente, Artola, la madre del preso político vasco Ugaitz Pérez, dijo que por el sólo hecho de ser familiares han tenido que soportar violencia, y que a día de hoy los familiares siguen sufriendo esa violencia. Los demás partícipes en la mesa redonda pusieron sobre la mesa otros tipos de violencia. Romero, por ejemplo, recordó que vivir con guardaespaldas “es como no ser dueño de tu vida”, y que todos esos años le produjo una especie de “vergüenza”. Martínez comentó que tuvo que sufrir exclusión en doble dirección: “Por ser trabajadores en las cárceles, teníamos amenazas de ETA, pero por ser miembros de ELA nos excluían los compañeros de trabajo”. Murga habló sobre el perjuicio económico soportado durante años.

Romero señaló, que para llevar a cabo el trabajo pendiente, es necesario tener “madurez”, y puso esperanza en las próximas generaciones. Murga señaló que “acaso, en aquellos tiempos, yo no saludaría al padre de María. Pero ya sé que hoy, mi hija junto con María, podrían tener una hermosa conversación”. Empatía, conocimiento mutuo, entender y reconocer. Con esto sí, con esto todos y todas estaban de acuerdo.





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