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Iruñea
Qué hacer con el Monumento a los Caídos
21/02/2019 | Ramon Contreras López

A partir de los años 70 del siglo pasado y de forma más intensa en los primeros del actual, el surgimiento de la denominada Memoria Histórica ha puesto en primera línea de la actualidad socio política de Navarra el debate sobre el contenido simbólico y la revisión del uso y función pública del edificio conocido como los Caídos. Sobre todo, desde el año 2015 donde se han dado pasos importantes tanto en la significación del edificio como de la plaza existente en su entorno, encontrándonos en estos momentos ante la posibilidad de adoptarse una decisión definitiva sobre el mismo.

El Monumento a los Caídos es un edificio que contiene una profunda carga histórica y simbólica que remata el segundo ensanche de la ciudad de Iruñea. Su nombre oficial es el de Monumento de Navarra a los muertos en la Cruzada Nacional. Se trata de un templo ideado como sepultura y reconocimiento público a los generales golpistas Emilio Mola y Miguel Sanjurjo (ahi arriba ambos en la foto) y, en extensión, a los navarros que murieron defendiendo los ideales del golpe contra la II república en julio de 1936.

El proyecto se comenzó a diseñar en el año 1941 y los trabajos se iniciaron en 1944. El edificio lo construyó la Diputación de Navarra sobre una parcela cedida por el Ayuntamiento. La decoración del interior de la cúpula contiene pinturas murales representando toda la parafernalia construida en torno a la triada Dios-Patria-Rey. Al monumento acompaña un estanque para que el mismo se refleje como signo de espiritualidad. En los años sesenta se añadieron dos edificios laterales autónomos, uno destinado a la parroquia de Cristo Rey y otro dotacional.

En el año 1947 la Diputación ofrece el edificio votivo a la diócesis para que le diera el destino de iglesia. Cesión que es reiterada por Acuerdo de la Diputación Foral de Navarra de 2 de marzo de 1957. Desde ese mismo año la Hermandad canónica de Caballeros Voluntarios de la Cruz tiene su sede oficial en el Monumento, organizando misas y funerales en homenaje al “glorioso alzamiento nacional”, hasta 1997 en la basílica y desde entonces y hasta nuestros días en la cripta.

Cabe aquí recordar que en diciembre de 2018 tuvo lugar un juicio en Pamplona, pendiente aún de sentencia, contra dos documentalistas por un delito de “revelación de secretos". La Fiscalía defendía que grabar en la cripta donde estaban las tumbas de los generales golpistas es como "grabar en el salón de casa" de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Santa Cruz, y considera que su derecho a la intimidad ha sido violado, por lo que solicitaba 2 años de prisión para los encausados.

No es hasta el 18 de julio de 1961 cuando se trasladan a la cripta del templo los restos mortales de los generales golpistas Mola y Sanjurjo, a quienes acompañan otros seis sepulcros con fallecidos del denominado bando nacional de cada una de las merindades navarras, así como el muerto más joven y el de mayor edad durante la contienda. También se fijan placas con los nombres de los navarros fallecidos en el bando golpista durante la guerra.

El Monumento completa un conjunto urbano donde la plaza llevó el nombre de Plaza Conde de Rodezno (Tomás Rodríguez Arévalo), en homenaje al carlista golpista que fue ministro de justicia durante el primer gobierno del dictador, firmando sentencias de muerte contra desafectos al régimen. Tuvo que ser el ayuntamiento del cambio el que en 2015 decidiese que la plaza tenga el actual nombre de Plaza de la Libertad.

El 19 de mayo de 1998 el Arzobispado de Pamplona firma un convenio con el Ayuntamiento, por el que a este el Monumento a los Caídos, debido a la necesidad de renovación que requería el edificio. Y fue el Consistorio el que corrió con los gastos de mantenimiento como contrapartida. La escritura de esa donación contenía algunas condiciones interesadas, como el uso y disfrute a perpetuidad por parte de la parroquia, y mientras el edificio donado se mantuviera en pie, de la cripta central en la que se podrán celebrar los actos de culto que la parroquia estimase conveniente, así como el uso y disfrute de las dependencias ubicadas bajo la arquería lateral izquierda.

Se desacraliza el templo para, en el año 2002, convertirlo en una sala de exposiciones, se ocultan parte de las inscripciones, no así los frescos de la cúpula, pero se segrega la cripta, que mantiene su carácter funerario y sacro y, como hemos comentado, su uso por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Santa Cruz.

A lo largo de los años ha habido una cierta acción pública sobre el edificio, pero ninguna ha llegado a cuestionar a fondo su significado. Es a partir del año 2015 cuando se comienza a dar auténticos pasos públicos para intervenir de forma seria en el contenido simbólico del edificio. Al cambio de nombre de la plaza le sigue en el año 2016 la exhumación de los restos mortales enterrados en la cripta, no sin que, previamente, los familiares de Sanjurjo recurran a los tribunales, que finalmente en el año 2018, dan la razón al Ayuntamiento.

También a partir de esa fecha resurge el debate social sobre el futuro del monumento y el espacio que le rodea. Han tenido que pasar más de 40 años desde la muerte del dictador para que se pueda replantear la existencia y valor simbólico de uno de los grandes memoriales en recuerdo de los golpistas del 36 que existe en el Estado español. Esto nos da una idea del tipo de transición que hemos tenido, de su frágil contenido rupturista y de la pervivencia no solo de simbología sino de ideología e instituciones que todavía entroncan con elementos fundamentales del régimen franquista.

Son abundantes los escritos de opinión que aparecen en la prensa. El colectivo ZER organizó unas jornadas el 27, 28 y 29 de enero de 2017, con una asistencia masiva y participativa, en donde aparece claramente la disyuntiva: derribar o resignificar. En marzo de 2018 es el propio Ayuntamiento quien organiza otras jornadas con participación de personas expertas y de algunas asociaciones memorialistas. Se organizan recogidas de firmas por el derribo al entender que el edificio es una exaltación del golpismo para su mayor gloria y no un lugar que contenga elementos que deban ser resignificados. Por el contrario, surgen colectivos como “Caídos Irauli” que apuestan por reutilizar el edificio como espacio para “un proyecto de perfil pedagógico sobre la memoria del 36, abierto a otras memorias alternativas antibelicistas y anti totalitarias, también feministas, donde ubicar un centro de investigación, documentación, exposición y reunión que contribuya al cuidado memorialista de la ciudadanía y especialmente de las nuevas generaciones”.

En septiembre de 2018 el Ayuntamiento de Iruñea convocó un concurso internacional de ideas sobre el Monumento. Sus bases admiten todo tipo de planteamiento incluyendo el derribo total y en el supuesto de que las propuestas opten por el mantenimiento, total o parcial del edificio, se le deberá de dotar de nuevos significados cívicos, compatibles con el mantenimiento de una memoria histórica crítica, eliminando la apología del bando vencedor.

Al concurso se han presentado 49 propuestas de las cuales un jurado ha elegido siete, una de las cuales incluye el derribo total del edificio. A partir del 19 de marzo de 2019, se iniciará un proceso participativo que aportará ideas y opciones sobre las siete propuestas, no necesariamente ceñidas a las mismas, sino que pueden coger y mezclar elementos de unas y de otras. Y finalmente será el Ayuntamiento que surja de las elecciones de mayo de 2019 el que adopte y lleve a cabo el proyecto definitivo.

Es evidente que ha existido una dilatación en el tiempo excesiva entre las jornadas ZER de enero de 2017 y la decisión final que se pospone a la corporación que surja de las elecciones de mayo de 2019. El proceso participativo no ha tenido regularidad, han existido periodos álgidos seguidos de parones inexplicables lo que le ha restado eficacia. Los tiempos administrativos han marcado en exceso y de forma negativa la actuación sobre el edificio que debería haberse adoptado y llevado a cabo en este mandato municipal.

Por otra parte, el contraste de ideas y la aportación de proyectos concretos por parte de los colectivos memorialistas ha sido claramente insuficiente. Se ha primado más la autoafirmación y el cierre de filas que el debate integrador. A pesar de todo ello, aún estamos a tiempo de aprovechar una oportunidad histórica para debatir e impulsar dinámicas participativas, con el objetivo de construir nuevos contenidos para la memoria democrática, trabajando por un proyecto memorialista, reflexionando sobre la batalla ideológica basada en el relato democrático y antifascista.

Se trataría de convertir la memoria del antifranquismo, la memoria democrática, en un proyecto no anclado en el pasado ominoso, sino en las luchas de resistencia desarrolladas en esta ciudad y en Navarra, que mire al futuro, actualizando un mensaje de libertad y de valores democráticos.

Seguimos estando en medio de una batalla contra la impunidad por los crímenes generados por el golpe del 36, la dictadura y la mentirosa transición que le siguió. Una batalla entre la memoria y la desmemoria y en ese sentido necesitamos ponernos de acuerdo en un proyecto que constate la fortaleza del movimiento memorialista y que abra el escenario adecuado para conseguir un consenso ciudadano sólido. El tema es de tal calado que, solamente un proyecto dinamizado por el conjunto de colectivos memorialistas, con apoyo institucional y respaldo social mayoritario, puede ser garantía de solución. Romper la impunidad es una de las tareas fundamentales de todas las organizaciones y personas que trabajan en el terreno de la memoria histórica desde el lugar de las víctimas.

El monumento y su espacio es un claro ejemplo de cómo la dictadura utilizó la arquitectura y el urbanismo como instrumentos difusores de su ideología, como compendios de propaganda ideológica y ensalzamiento del golpe militar fascista, utilizando elementos del pasado mezclado con aportaciones religiosas, todo ello para inventar una tradición, que justificase su alzamiento contra la legalidad democrática de la república.

Por todo ello, y a pesar de todos los errores que se hayan podido cometer, no podemos desaprovechar la oportunidad de actuar en ese espacio, es una necesidad pública para levantar una respuesta ciudadana contundente que ayude a acabar con la impunidad y avanzar en el terreno de la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

18/02/2019

Ramón Contreras López es activista de organizaciones memorialistas tales como Sanfermines 78: Gogoan!, Autobús de la Memoria y Coordinadora de Pueblos por la Memoria Amapola del Camino.







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